Adán y Eva: La Historia de Adán y Eva y los Hechos

Génesis 1:[26] Y el [Dios] dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza: y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra y todos los animales que se arrastran por el suelo. [27] Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. [28] Y los bendijo, diciéndoles: "Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra". [29] continuó diciendo: "Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. [30] Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde". Y así sucedió.

[26] Hagámos al hombre a nuestra imagen: Esta imagen de Dios en el hombre, no es en el cuerpo sino en el alma, que es una sustancia espiritual, dotado de entendimiento y libre voluntad. Dios habla aquí en plural, para insinuar la pluralidad de personas en la Deidad, dándonos un buen ejemplo en el Antiguo Testamento de la doctrina de la Trinidad.

[28]
Sean fecundos, multiplíquense: Esto no es un precepto, ya que algunos protestantes controversiales lo tendrían como tal, sino una bendición, haciéndolos fructíferos, porque Dios había dicho las mismas palabras para los peces y las aves, (vers. 22) que eran incapaces de recibir un precepto.

[31] Y vio Dios todas las cosas que Él había hecho y que eran muy buenas. Y la noche y la mañana fueron el sexto día.

Génesis 2: [7] Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su rostro el aliento de vida y el hombre se convirtió en un alma viviente. [8] Y el Señor Dios había plantado un paraíso de placer desde el principio: en el que El puso al hombre que había formado. [9] Y el Señor Dios sacó de la tierra toda clase de árboles, justo a la vista, y agradables para comer: el árbol de la vida en medio del paraíso: y el árbol del conocimiento del bien y del mal. [10] Y un río salía del lugar de placer para regar el paraíso, que a partir de allí se divide en cuatro brazos.


[9] El árbol de la vida: Así llamado porque tenía esa cualidad, que al comer de su fruto, el hombre se habría sido conservado en un estado constante de salud, vigor y fuerza y no habría muerto en absoluto.

[9] El árbol del conocimiento: Porque la serpiente engañosa falsamente atribuyo el poder de dar una clase de conocimiento superior, más allá de aquello que Dios tuvo a bien dar.

[15] Y el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el paraíso de placer, para que lo decorase y lo guardase.

[16] Y él le mandó, diciendo: De todo árbol del paraíso haz de comer: [17] Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás. Porque el día que comas de él, morirás con la muerte. [18] Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle una auxiliar semejante a él. [19] Y el Señor Dios había formado de la tierra todas las bestia de la tierra y todas las aves del cielo, se los trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; Y el nombre de todo ser viviente había de ser el que Adán le había dado. [20] Y Adán llamó a los animales por sus nombres, y todas las aves del cielo y a todos los animales de los campos; mas para Adán no se halló un ayudante como él.

[21] Entonces el Señor Dios hizo caer en un profundo sueño a Adán y cuando éste se durmió. El le sacó una de sus costillas y rellenó el hueco con carne. [22] Y el Señor Dios de la costilla que le había sacado al hombre, formó una mujer y se la llevó a Adán. [23] Entonces Adán exclamó: «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer porque del hombre ha sido tomada.» [24] Por eso el hombre dejara a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y pasan a ser una sola carne. [25] Ambos estaban desnudos: a saber, pero no sentían vergüenza.

Génesis 3: [1] Pero la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales de la tierra que el Señor Dios había hecho. Y le dijo a la mujer: ¿Por qué Dios les ha mandado a ustedes, que no deben comer de todos los árboles del paraíso? [2] Y la mujer le contestó, diciendo: Del fruto de los árboles que se encuentran en el paraíso comemos: [3] pero del fruto del árbol que está en medio del paraíso, Dios nos ha mandado que no debemos comer y que no hay que tocarlo, no sea que muramos. [4] Y la serpiente le dijo a la mujer: No, no morirás la muerte. [5] Porque Dios sabe muy bien que en ese día que comáis de la misma, sus ojos se abrirán y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.

[6] Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a los ojos, y delicioso para ver: y tomó de su fruto, y comió, y le dio a su marido para que comiera. [7] Y los ojos de ambos les fueron abiertos y cuando se vieron a sí mismos, cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. [8] Y cuando oyeron la voz del Señor Dios que caminaba en el paraíso en el aire de la tarde, Adán y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios, en medio de los árboles del paraíso. [9] Y el Señor Dios llamó a Adán y le dijo: ¿Dónde estás? [10] Y él respondió: Oí tu voz en el paraíso, y tuve miedo, porque estaba desnudo y me escondí.

[7] Y los ojos: No es que estuvieran ciegos antes, (porque la mujer vio que el árbol era agradable a los ojos, ver 6.) Ni tampoco que sus ojos se abrieron a un conocimiento más perfecto de lo bueno, sino sólo a la mala experiencia de haber perdido el bien de la gracia original y la inocencia e incurrieron en el terrible mal del pecado. ¿De dónde surgió la vergüenza de estar desnudos, que no les importaba antes, porque ahora son despojados de la gracia original, que comenzaron rápidamente a estar sujetos a las rebeliones vergonzosas de la carne.

[11] Y él le dijo: ¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo, sino que has comido del árbol del cual te mandé que no debías comer? [12] Y Adán dijo: La mujer que me diste, para ser mi compañera me dio del árbol y yo comí. [13] Y el Señor Dios le dijo a la mujer: ¿Por qué has hecho esto? Y ella respondió: La serpiente me engañó y comí. [14] Y el Señor Dios le dijo a la serpiente: Porque has hecho esto, maldita serás entre todas las animales y fieras de la tierra: Sobre tu pecho andarás y comerás tierra todos los días de tu vida. [15] Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: ella te aplastará la cabeza y tú yacerás al acecho de su talón.

[15] Ella aplastará: Ipsa, la mujer, por lo que los buscadores de los padres lean en este lugar, conforme al latín; otros lo leen ipsum, o sea, la semilla. El sentido es el mismo: porque es por la descendencia de ella, Jesucristo, que la mujer aplasta la cabeza de la serpiente.

[16] A la mujer también dijo: Yo multiplicaré tus dolores y tus concepciones: con dolor darás a luz los hijos, y estarás bajo el poder de tu marido, y él tendrá dominio sobre ti. [17] Y al hombre le dijo: Porque obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol de que te mandé que no debías comer, maldita será la tierra en tu trabajo, será con trabajo y fatiga que tú comerás todos los días de tu vida. [18] Los Espinos y cardos que eso salga te producirán y comerás las hierbas de la tierra. [19] Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, de la cual saliste: pues polvo eres y al polvo volverás. [20] Y Adán le dio a su mujer el nombre de Eva: porque ella fue la madre de todos los vivientes.

[21] Y el Señor Dios les hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. [22] Y dijo: He aquí que Adán es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, no sea que alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. [23] Y el Señor Dios lo echó del paraíso de placer, para que labrase la tierra de la que fue tomado. [24] Y echó fuera a Adán, y puso frente al paraíso de placer querubines, y una espada encendida, girando por todos lados, para cuidar el camino del árbol de la vida.

[22] He aquí que Adán: Esto fue dicho como un medio de reprocharle con su orgullo, en pretender un conocimiento que podría hacerlo como Dios.

LOS HECHOS

Adán (en hebreo: Adán, "hombre") y Eva (en hebreo: Havva, "viviente") fueron el primer hombre y la primera mujer creados por Dios, según la Biblia. La historia de Adán y Eva es central a la creencia generalizada de que Dios creó a los seres humanos para vivir en un paraíso en la tierra, aunque se alejaron de ese estado y formaron el mundo actual lleno de sufrimiento e injusticia. Proporciona la base para la creencia de que la humanidad es, en esencia, una sola familia, con todo el mundo descendiente de un solo par de antepasados originales. También proporciona gran parte de la base bíblica de la doctrina del pecado original, una creencia importante en el cristianismo, aunque no compartida por el judaísmo o el islamismo.

La historia de Adán y Eva se cuenta en los primeros capítulos del libro del Génesis, que describe la creación del hombre y de la mujer, la tentación y la caída, la expulsión del Edén, la historia del primer asesinato, y el subsecuente poblamiento del mundo fuera del Jardín del Edén. Es la fuente de muchos de los símbolos más importantes de la cultura occidental, incluyendo el Jardín del Edén, el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, el fruto prohibido y la serpiente como Satanás.

LA HISTORIA

La historia en el Génesis nos dice muy específicamente, y sin ninguna otra interpretación posible, que tanto el hombre, los cielos, la tierra y todas las criaturas de la tierra fueron creados por el Señor - que no evolucionaron progresivamente durante cierto período de tiempo. El primer versículo de la Biblia nos dice que Dios creó los cielos y la tierra. Helo aquí:

Al principio Dios CREO los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)

La Biblia continua diciéndonos que Dios entonces procede a crear la luz, la noche y el día, los mares, las estrellas, las criaturas viven en los mares, las criaturas que viven en la tierra y finalmente, el hombre Adán - todo en 6 días. Adán fue creado en el 6º. día.

Aquí está el versículo que nos dice que el primer hombre, Adán, fue creado también por Dios, y que no evoluciono progresivamente a través de cualquier clase de período de tiempo:

Y el Señor FORMÓ AL HOMBRE del polvo de la tierra y sopló en sus fosas nasales el aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente " (Génesis 2:7).

Entonces Dios puso a Adán en el Jardín del Edén y le dio dominio total sobre todas las cosas en él - incluyendo todos los peces, las aves y todo ser viviente que se mueve sobre la tierra. Después de un cierto período de tiempo, entonces Dios vio que no era bueno que Adán siguiera estando solo - por lo que Él entonces crea la primera mujer Eva, al causando que le diera un profundo sueño a Adán y luego saca una de sus costillas.

Dios crea literalmente a la primera mujer de la costilla de Adán. Dios quiso que Eva fuera una ayuda idónea para él y Él le dice a ellos dos sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla. Aquí está el versículo que nos dice específicamente que Eva fue creada también en lugar de ser un producto de algún tipo de proceso evolutivo.

Y el Señor Dios hizo que Adán cayera un sueño profundo y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró poniendo carne en su lugar. Y de la costilla que el Señor Dios tomó del hombre, EL HIZO UNA MUJER y se la llevo al hombre." (Génesis 2:21)

Una vez más, estos dos pasajes muestran que ambos Adán y Eva fueron creados por Dios y que no evolucionaron a partir de algún tipo de proceso evolutivo o de cualquier tipo de primates.

Después de que Dios le lleva Eva a Adán para ser su ayudante, Adán hace una declaración muy poderosa que tiene implicaciones futuras para todas las personas casadas. He aquí lo que dice respecto a Eva:

Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne..." (Génesis 2:22)

Por lo tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne." (Génesis 2:24)

A continuación, la Biblia dice que Dios ahora pone al hombre en el Jardín del Edén, para que lo atendiera y lo guardase.

Ambos han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Ahora se tienen el uno al otro como compañeros de matrimonio. Dios les ha dado el dominio total sobre todo en la tierra. Se les ha dicho que tienen la libertad de ser fecundos y multiplicarse - lo que significa que son libres para empezar a tener hijos dentro de la unión matrimonial. Y los dos tienen contacto directo y comunión con Dios mismo, ya que este pasaje dice que Dios caminó en el jardín del Edén donde ahora estaban viviendo.

Después de que Dios establece perfectamente el escenario anterior para Adán y Eva y literalmente les da todo bajo el sol, les dice que ahora hay una cosa que no pueden hacer. Específicamente les dice que pueden comer de todos los árboles que se encuentra en el jardín - con la excepción de un solo árbol. Este árbol se llamaba el "árbol del conocimiento del bien y del mal."

Piense sobre esto. Dios hace que esta prueba que ambos tuvieron que pasar para la implicación futura de toda la humanidad fuera tan fácil como le fue posible. Él les dice que lo único que tienen que hacer es mantenerse apartados de este árbol. Él les dice que, literalmente, pueden comer de todos los otros árboles que se encuentra en este jardín.

La Biblia no nos dice cuántos árboles había en el jardín - pero podría haber miles de ellos. Todo lo que tenían que hacer era obedecer a la orden de Dios, simple, pequeña de mantenerse apartados de este árbol - y que tarde o temprano habrían pasado la prueba - y todos nosotros podríamos haber nacido en este ambiente perfecto. Pero lo echaron todo a perder - no sólo para ellos - sino también para el resto de la humanidad que iba a venir después de ellos.

Además de decirles que no comieran cualquier fruta que había en ese árbol, Dios deja entonces otra cosa que ocurra en esta prueba. Él permitió que Satanás mismo pudiera poder recorrer en este jardín, en forma de una serpiente - a sabiendas de que Satanás trataría de tentarlos a desobedecer su orden directa de no comer cualquier fruta de este árbol prohibido.

¿Adán y Eva escucharán y acatarán las órdenes directas de Dios de no comer cualquier fruta de este árbol - o van a dejarse engañar y dejar que el diablo juegue con ellos?

Como todos sabemos, finalmente cayeron en las mentiras y engaño de Satanás. Satanás primero se dirige a Eva, diciéndole a ella seréis como Dios si comes la fruta de este árbol prohibido. Él le dice que va a tener el conocimiento de Dios del bien y del mal si ella se la come.

Después de que Eva quebranta la orden y come del fruto de este árbol prohibido, se vuelve a Adán y le convence para hacer lo mismo. Adán procede a comer un poco de la misma fruta, y una vez que ambos han comido de este árbol - una cosa increíble, sucede entonces!

Antes de que hubieran comido de este árbol prohibido, la Biblia nos dice que, literalmente, se les permitía correr desnudos en este jardín. No tenían ninguna vergüenza en hacer esto porque eran inocentes y puros. Hasta que quebrantaron la orden al comer de este árbol prohibido, no tenían pecado en sus vidas.

Cuando ellos comieron de este árbol prohibido, habían cometido su primer pecado contra Dios - y que sucedió después de que lo hicieron? La Biblia nos dice que sus ojos estaban "abiertos" y que "sabían" que estaban desnudos. Entonces procedieron a coser hojas de higuera para que pudieran cubrir su desnudez.

EL CASTIGO QUE SIGUIÓ

La naturaleza del pecado original

Este es un punto difícil y muchos sistemas se han inventado para explicarlo: será suficiente para dar la explicación teológica recibida ahora comúnmente. El pecado original es la privación de la gracia santificante como consecuencia del pecado de Adán. Esta solución, que es la de Santo Tomás, se remonta a San Anselmo e incluso a las tradiciones de la Iglesia primitiva (iglesia católica), como podemos ver en la declaración del Segundo Concilio de Orange (529 DC): un hombre ha transmitido a toda la raza humana, no sólo la muerte del cuerpo, que es el castigo del pecado, sino también el pecado mismo, que es la muerte del alma [Denz., n. 175 (145)]. Como la muerte es la privación del principio de la vida, la muerte del alma es la privación de la gracia santificante que, según todos los teólogos es el principio de la vida sobrenatural. Por lo tanto, si el pecado original es "la muerte del alma", es la privación de la gracia santificante.

El Concilio de Trento, la tomo a bien y autorizó su uso (cf. Pallavicini, "Istoria del Concilio di Trento", vii-ix). El pecado original no sólo se describe como la muerte del alma (Sess. V, cap. ii), sino como una "privación de la justicia que cada niño contrae en su concepción" (Sess. VI, cap. iii). Sin embargo, el Consejo llama "justicia" a lo que llamamos gracia santificante (Sess. VI), y como cada nino debe haber recibido personalmente su propia justicia por lo que ahora después de la caída sufre su propia privación de la justicia.

Podemos añadir un argumento basado en el principio de San Agustín ya citado, "el pecado deliberado del primer hombre es la causa del pecado original". Este principio es desarrollado por San Anselmo: "el pecado de Adán era una cosa, pero el pecado de los niños en su nacimiento otra muy distinta, la primera fue la causa, el segundo es el efecto" (De conceptu virginali, xxvi). En un niño el pecado original es distinto de la falta de Adán, es uno de sus efectos. Pero, ¿cuál de estos efectos es? Vamos a examinar los diversos efectos de la falta de Adán y rechazar los que no puede ser pecado original:

(1) La muerte y el sufrimiento -. Estos son males puramente físicos y no pueden ser llamado pecado. Además San Pablo y después de él, los concilios, mencionan que la muerte y el pecado original se consideran como dos cosas distintas transmitidas por Adán.

(2) La concupiscencia -. Esta rebelión del apetito inferior transmitida a nosotros por Adán es ocasión de pecado y en ese sentido se acerca al mal moral. Sin embargo, la ocasión de una falla no es necesariamente un defecto y aunque el pecado original se borra con el bautismo, la concupiscencia todavía permanece en el bautizado, por lo tanto el pecado original y la concupiscencia no pueden ser una y la misma cosa, como han señalado por los primeros protestantes (ver Concilio de Trento, Ses. V, can. v).

(3) La ausencia de la gracia santificante en el niño recién nacido es también un efecto del primer pecado, porque Adán, después de haber recibido la santidad y la justicia de Dios, perdió no sólo para él sino también para nosotros (loc. cit., puede. ii). Si él la ha perdido para nosotros que íbamos a haberla recibido de él al nacer, con las demás prerrogativas de nuestra raza. Por lo tanto, la ausencia de la gracia santificante en los niños es una privación real, es la falta de algo que debería haber estado en él, de acuerdo con el plan divino. Si este favor no es meramente algo físico, sino algo en el orden moral, si es que es la santidad, su privación puede ser llamada un pecado. Pero la gracia santificante es la santidad y es llamada así por el Concilio de Trento, porque la santidad consiste en la unión con Dios y la gracia que nos une íntimamente con Dios. La bondad moral consiste en esto, que nuestra acción sea conforme a la ley moral, pero la gracia es una deificación, como dicen los Padres, una conformidad perfecta con Dios que es la primera regla de toda moralidad. La gracia santificante por lo tanto, entra en el orden moral, no como un acto que pasa, sino como una tendencia permanente que existe aun cuando el sujeto que la posee no actúa, sino que es un giro hacia Dios, conversio ad Deum. En consecuencia, la privación de la gracia, incluso sin ningún otro acto, sería una mancha, una deformidad moral, un alejamiento de Dios, aversio a Deo y este carácter no se encuentra en ningún otro efecto de la culpa de Adán. Esta privación, por lo tanto, es la mancha hereditaria.

Que tan voluntario

No hay pecado que no sea de carácter voluntario, los instruidos y los ignorantes admiten esta verdad evidente ", escribe San Agustín (De vera relig., xiv, 27). La Iglesia ha condenado la solución opuesta dada por Baius [prop. Xlvi, xlvii, en Denz, n 1046 (926)] el pecado original no es un acto sino que, como ya se ha explicado, un estado, una privación permanente, y esto puede ser indirectamente voluntario -... así como un hombre ebrio está privado de su razón e incapaz de usar su libertad, sin embargo, es por su culpa voluntaria que se encuentra en este estado y por lo tanto su borrachera, su privación de la razón es voluntaria y puede serle imputada.

Pero, ¿cómo puede ser el pecado original ni siquiera indirectamente voluntario para un niño que nunca ha utilizado su libre albedrío personal? Algunos protestantes sostienen que un niño al llegar al uso de razón consentirá en su pecado original, pero en realidad nunca nadie pensó en dar este consentimiento. Además, incluso antes del uso de la razón, el pecado ya está en el alma, según los datos de la Tradición sobre el bautismo de los niños y el pecado contraído por generación. Algunos teósofos y espiritistas admiten la preexistencia de las almas que han pecado en una vida anterior que ahora olvidan, pero aparte de lo absurdo de esta herejía, contradice la doctrina del pecado original, sustituye a un número de pecados particulares por la pecado de un padre común que transmite el pecado y la muerte a todos (cf. Romanos 5:12 sqq.). Toda la religión cristiana, dice San Agustín, se puede resumir en la intervención de dos hombres, uno que nos arruina, el otro que nos salva (Del pecado y del mérito I.24). La mejor solución ha de buscarse en la libre voluntad de Adán en su pecado y este libre albedrio era el nuestro: "todos estábamos en Adán", dice San Ambrosio, citado por San Agustín (Opus imperf., IV, civ.). San Basilio nos atribuye el acto del primer hombre: "Porque nosotros no ayunamos (cuando Adán comió del fruto prohibido) hemos sido expulsados del jardín del paraíso" (Hom. i de jejun, iv.). Anteriormente esta el testimonio de San Irineo: "En la persona del primer Adán ofendemos a Dios, desobedeciendo su precepto" (Haeres., V, XVI, 3).

Santo Tomás explica así esta unidad moral de nuestra voluntad con la voluntad de Adán.

"Un individuo puede ser considerado ya sea como individuo o como parte de un todo, un miembro de una sociedad... Considerado en la segunda manera un acto puede ser también que no lo ha hecho el mismo, ni ha sido realizado por su libre voluntad, sino por el resto de la sociedad o por su jefe, el país se supone debe hacer lo que el príncipe hace. Para que una sociedad se considera como un solo hombre, de los cuales los individuos son los diferentes miembros (San Pablo, 1 Corintios 12). Así, la multitud de hombres que reciben su naturaleza humana de Adán se han de considerar como una sola comunidad o bien como un solo cuerpo.... Si el hombre, cuya privación de la justicia original se debe a Adán, es considerado como una persona privada, esta privación no es su "culpa", porque una falta es esencialmente voluntaria. Sin embargo, si lo consideramos como un miembro de la familia de Adán, como si todos los hombres fueran un solo hombre, entonces su privación participa de la naturaleza del pecado a causa de su origen voluntario, que es el pecado real de Adán" (De Malo, iv, 1).

Es esta ley de solidaridad, admitida por el sentimiento común, que atribuye a los niños una parte de la vergüenza resultante del crimen del padre. No es un crimen personal, objetaron los pelagianos. "No", contestó San Agustín, "pero es un crimen paternal" (Op. imperf., I, cxlviii). Al ser una persona distinta no soy estrictamente responsable por el delito de otro, el acto no es mío. Sin embargo, como miembro de la familia humana, se supone que debo haber actuado con la cabeza que lo representa con respecto a la conservación o la pérdida de la gracia. Soy, por lo tanto, responsable de mi privación de la gracia, asumiendo la responsabilidad en el sentido más amplio de la palabra. Esto, sin embargo, es suficiente para hacer que el estado de privación de la gracia en un grado determinado voluntario y por lo tanto, "sin lo absurdo se puede decir que es voluntario" (San Agustín, "Retract.", I, xiii).

Así, las principales dificultades de los no creyentes contra la transmisión del pecado son contestadas.

"El libre albedrío es esencialmente incomunicable". Físicamente, sí; moralmente, no, la voluntad del padre, siendo considerada como la de sus hijos.

"Es injusto hacernos responsables de un acto cometido antes de nuestro nacimiento." Estrictamente responsables, sí, responsables en un sentido amplio de la palabra, no; el delito de un padre marca a sus hijos aún no nacidos con vergüenza y acarrea sobre ellos una parte de su propia responsabilidad.

"Su dogma nos hace estrictamente responsables de la culpa de Adán." Esa es una idea falsa de nuestra doctrina. Nuestro dogma no atribuye a los hijos de Adán ninguna propiamente dicha responsabilidad por el acto de su padre, ni decimos que el pecado original es voluntario en el sentido estricto de la palabra. Es cierto que, considerado como "una deformidad moral", "una separación de Dios", como "la muerte del alma", el pecado original es un pecado real que priva al alma de la gracia santificante. Tiene el mismo derecho a ser un pecado igual que el pecado habitual, que es el estado en el que se coloca un adulto por una falta grave y personal, la "mancha" que Santo Tomás define como "la privación de la gracia" (I-II: 109:7; III: 87:2, ad 3) y es desde este punto de vista que el bautismo, poniendo fin a la privación de la gracia ", le quita todo lo que es verdadera y propiamente pecado", porque la concupiscencia que queda "no es real y propiamente pecado", aunque su transmisión fue igualmente voluntaria (Concilio de Trento, Ses. V, can. v.). Considerado precisamente como voluntario, el pecado original es sólo la sombra del pecado propiamente dicho. Según Santo Tomás (en II Sent., Dist. Xxv, Q. i, a. 2, ad 2um), no se llama pecado en el mismo sentido, sino sólo en un sentido análogo.

Varios teólogos de los siglos XVII y XVIII, pasando por alto la importancia de la privación de la gracia en la explicación del pecado original y explicando que sólo por la participación que se supone que tenemos en el acto de Adán, exageran esta participación. Exageran la idea de voluntario en el pecado original, pensando que es la única manera de explicar cómo es un pecado propiamente dicho. Su opinión, que difiere de la de Santo Tomás, dio lugar a dificultades fuera de lugar e insolubles. En la actualidad está totalmente abandonada.

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