Doctrina y Dogma Católicos Infalibles que Debe Saber Para Salvarse

Doctrina y Dogma Católicos Infalibles que Debes Conocer

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, El Credo Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolado, sin duda alguna perecerá en la eternidad.” (Decretos de los Concilios Ecuménicos, Vol. 1, pp. 550-553; Denzinger 39-40).
PARTE 1.

DOCTRINA Y DOGMA CATÓLICOS INFALIBLES QUE DEBES CONOCER


INTRODUCCIÓN

El dogma invariable, Fuera de la Iglesia Católica No Hay Salvación, así como la necesidad del Sacramento del Bautismo para la Salvación, fueron definidos por nuestro primer Papa, el mismo San Pedro, como una verdad.

... el nombre de Nuestro Señor Jesucristo… Y tampoco existe salvación en ningún otro. Porque no existe otro nombre, bajo el cielo, que les haya sido dado a los hombres, por el cual debemos de salvarnos.” (Actos 4:12).

No existe salvación fuera de Jesucristo, y la Iglesia Católica es Su Cuerpo Místico. Debido a que no hay ingreso en la Iglesia Católica de Cristo sin el Sacramento del Bautismo, esto significa que únicamente los católicos bautizados que mueren en estado de gracia (y aquellos que se vuelven católicos bautizados y mueren en estado de gracia) pueden esperar ser salvados.

El que no permanece en mí, será echado fuera como el sarmiento inútil, y se secará, y le cogerán y arrojarán al fuego y arderá.” (Juan 15:6)

Papa Pío XII, Mystici Corporis (#22), 29 de junio, 1943: “Realmente, únicamente han de estar numerados entre los miembros de la Iglesia aquellos que han recibido la jofaina de la regeneración [bautismo de agua] y profesen la verdadera fe.

Papa Pío XII, Mystici Corporis (#27), 29 de junio, 1943: “Él (Cristo) también determinó que a través del Bautismo (cf. Jn. 3:5) aquellos que creyeren serían incorporados en el Cuerpo de la Iglesia.


LAS LLAVES DE SAN PEDRO Y SU FE INDEFECTIBLE

Es un hecho de la historia, las escrituras y la tradición que Nuestro Señor Jesucristo fundó Su Iglesia universal (la Iglesia Católica) sobre San Pedro.

Mateo 16:18-19- “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas o poder del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos.”

Nuestro señor hizo a San Pedro el primer Papa, le confió todo Su rebaño y le dio la autoridad suprema en la Iglesia universal de Cristo.

Juan 21:15-17. “ Acabada la comida, dice Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas tu más que éstos? Dícele: Sí Señor, tu sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Segunda ves le dice: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Respóndele: Sí Señor, tu sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Dícele tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se contristó de que por tercera vez le preguntase si le amaba; y así respondió: Señor, tu lo sabes todo; conoces bien que yo te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas.”

Y con la autoridad suprema que Nuestro Señor Jesucristo le confió a San Pedro (y a sus sucesores, los Papas) viene lo que se llama la Infalibilidad Papal. La infalibilidad papal es inseparable de la Supremacía Papal – no había razón para que Cristo hiciera a San Pedro la cabeza de Su Iglesia (como Cristo claramente lo hizo) si San Pedro o sus sucesores, los Papas, podrían errar cuando ejercieran esa autoridad suprema de enseñar sobre un punto de Fe. La autoridad suprema debe de ser infalible sobre asuntos valederos y obligatorios de Fe y moral, de lo contrario no sería una verdadera autoridad de Cristo.

La Infalibilidad Papal no significa que un Papa no puede errar alguna vez y tampoco significa que un Papa no puede perder su alma y condenarse al Infierno por un pecado grave. Significa que los sucesores de San Pedro (los Papas de la Iglesia Católica) no pueden errar cuando enseñen autoritariamente sobre un punto de Fe o moral que la Iglesia entera de Cristo debe de sostener. Encontramos la promesa de la fe indefectible para San Pedro y sus sucesores, a la que se refiere Cristo, en Lucas 22.

Lucas 22:31-32- Dijo también el Señor: Simón, Simón mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos, como el trigo cuando se criba: Mas yo he rogado por ti a fin de que tu fe no perezca; y tú, cuando te conviertas y arrepientas, confirma en ella a tus hermanos.”

Satanás deseó pasar por la criba a todos los Apóstoles (plural) como el trigo, pero Jesús oró por Simón Pedro (singular), para que su fe no pereciera. Jesús dice que San Pedro y sus sucesores (los Papas de la Iglesia Católica) tienen una fe infalible cuando enseñan autoritariamente un punto de fe o moral que toda la Iglesia de Cristo ha de sostener.

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, ex cátedra: ENTONCES, ESTE DON DE VERDAD Y DE FE QUE NUNCA FALLA FUE CONFERIDO DIVINAMENTE SOBRE PEDRO Y SUS SUCESORES EN ESTE TRONO...”

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, ex cátedra: “... el Trono de San Pedro siempre permanece incólume de cualquier error, de acuerdo a la divina promesa que nuestro Señor el Salvador hizo al jefe de Sus discípulos: ‘he rogado por ti [Pedro] a fin de que tu fe no perezca ... ‘”

Y esta verdad se ha sostenido desde los primeros tiempos de la Iglesia Católica.

Papa San Gelasio I, Epístola 42, o Decreto de recipiendis et non recipiendis libris, 495: “acordemente, el trono de Pedro el Apóstol de la Iglesia de Roma, es primero, sin mácula, ni arruga, ni cosa semejante (Efesios 5:27).”

La palabra “infalible” realmente significa “no puede fallar” ó “indefectible”. Por lo tanto, el mismo término Infalibilidad Papal viene directamente de la promesa de Cristo a San Pedro (y sus sucesores) en Lucas 22, que Pedro tiene una Fe indefectible. A pesar que esta verdad se creyó desde el inicio de la Iglesia, fue definida específicamente como un dogma en el Primer Concilio Vaticano en 1870.

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, Sesión 4, Capítulo 4: “... el Pontífice Romano, cuando habla ex cátedra [del Trono de Pedro], es decir, cuando realiza el deber del pastor y maestro de todos los cristianos, de acuerdo a su autoridad apostólica suprema, explica una doctrina de fe o moral que la Iglesia universal ha de sostener... opera con esa infalibilidad con la cual el divino Redentor deseó que Su Iglesia fuese instruida al definir la doctrina sobre fe y moral; y así, dichas definiciones del Pontífice Romano provenientes de él mismo, pero no del consenso de la Iglesia, son inalterables.”

Pero, ¿cómo sabe uno cuando un Papa ejerce su Fe indefectible para enseñar infaliblemente desde el Trono de San Pedro? La respuesta es que sabemos por el lenguaje que el Papa usa o la manera en la cual enseña el Papa. El Vaticano I definió dos requerimientos que deben de cumplirse: 1)cuando el Papa realiza su deber como pastor y enseña a todos los cristianos de acuerdo a su autoridad apostólica suprema; 2) cuando explica una doctrina sobre fe o moral que toda la Iglesia de Cristo ha de sostener. Un Papa puede cumplir ambos requerimientos en una sola línea, al anatematizar una opinión falsa (como muchos concilios dogmáticos) o al decir “Por nuestra autoridad apostólica declaramos...” o al decir “Creemos, profesamos y enseñamos” o al usar las palabras de importancia y significado similares, que indican que el Papa está enseñándole un tema de Fe de manera definitiva y obligatoria a toda la Iglesia.

Entonces, cuando un Papa enseña desde el Trono de Pedro en la manera que ha sido estipulada arriba, no puede equivocarse. Si pudiese estar equivocado, entonces la Iglesia de Cristo sería guiada oficialmente a error, y la promesa de Cristo a San Pedro y Su Iglesia fracasaría (lo cual es imposible). Lo que se enseña desde el Trono de Pedro por parte de los Papas de la Iglesia Católica es la enseñanza del mismísimo Jesucristo. Rechazar lo que enseñan los Papas desde el Trono de Pedro es simplemente despreciar al Mismo Jesucristo.

Lucas 10:16 – “El que os escucha a vosotros, me escucha a mí; y el que os desprecia a vosotros, a mí me desprecia...”

Mateo 18:17 – “Y si no los escuchare, díselo a la Iglesia; pero si ni a la misma Iglesia oyere, tenlo como por gentil y publicano.”

Papa León XIII, Satis Cognitum, 1896: “... Cristo instituyó un Magisterio viviente, autoritario y permanente... Si de alguna manera pudiese ser falso, sigue una contradicción evidente; porque entonces el Mismo Dios sería el autor del error en el hombre.


NINGUNA SALVACIÓN FUERA DE LA IGLESIA CATÓLICA

Las siguientes declaraciones que se encuentran en Fuera de la Iglesia Católica No Hay Salvación son de la más alta autoridad educadora de la Iglesia Católica. Existen los decretos Papales ex cátedra (decretos del Trono de San Pedro). Por lo tanto, constituyen las enseñanzas dadas a la Iglesia Católica por Jesucristo y los Apóstoles. Dichas enseñanzas son invariables y están clasificadas como parte del magisterio solemne (la autoridad educadora extraordinaria de la Iglesia Católica).

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra (declaración infalible del Trono de Pedro): La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos y herejes o cismáticos, no pueden compartir la vida eterna y se irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas; que la unidad de este cuerpo eclesiástico es de tal importancia que solamente para aquellos que moran en él contribuyen los sacramentos de la Iglesia a la salvación; y el ayuno, la caridad y otras obras de piedad y prácticas de la milicia cristiana producen recompensas eternas; y que nadie puede ser salvado, sin importar cuánto haya regalado en beneficencia y cuánta sangre haya derramado en nombre de Cristo, a menos que haya perseverado en el seno y en la unidad de la Iglesia Católica.”

Como podemos ver a partir de esta declaración infalible por parte del Trono de Pedro, nadie puede ser salvado a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas... Sin embargo, muchas personas hoy en día que se llaman a sí mismos católicos o cristianos, temeraria y obstinadamente afirman el opuesto directo de esta declaración y claman que los protestantes, herejes, judíos, cismáticos y aún los paganos pueden alcanzar la vida eterna.

Papa Gregorio XVI, Summo lugiter Studio (#2), 27 de mayo, 1832: “Finalmente algunas de estas personas malguiadas intentan persuadirse a sí mismos y a otros que los hombre no son salvados únicamente en la religión Católica, sino que aún los herejes pueden alcanzar la vida eterna.”

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, El Credo Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolado, sin duda alguna perecerá en la eternidad.” (Decretos de los Concilios Ecuménicos, Vol. 1, pp. 550-553; Denzinger 39-40).

Papa Inocente III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 1, 1215, ex cátedra: Ciertamente hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie se salva, en la cual Jesucristo es tanto el sacerdote como el sacrificio.”

Papa Bonifacio VIII, Unam Sanctam, 18 de noviembre, 1302, ex cátedra: “Con la Fe urgiéndonos, somos forzados a creer y sostener la única, santa, Iglesia Católica y que, apostólica y firmemente creemos y simplemente confesamos esta Iglesia fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados... Además, declaramos, decimos, definimos y proclamamos a toda criatura humana que ellas, por absoluta necesidad para la salvación están enteramente sujetas al Pontífice Romano.”

Aquellos que rehusan creer en el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación hasta que ellos comprenden cómo está la justicia en el mismo, simplemente están reteniendo su Fe en la revelación de Cristo. Aquellos con la verdadera Fe en Cristo (y en Su Iglesia) aceptan Su enseñanza primero y luego comprenden la verdad en ellas (es decir, el por qué es verdadera). Un católico no retiene su creencia en la revelación de Cristo hasta que la puede comprender. Esa es la mentalidad de un hereje sin fe que posee un orgullo insufrible. San Anselmo resume la verdadera perspectiva católica sobre este punto.

San Anselmo, Doctor de la Iglesia, Prosologion, Capítulo 1: “Porque no busco comprender lo que pueda creer, sino creo para poder comprender. Porque también creo esto, a menos que crea, no debiera comprender.”


EN RELACIÓN A AQUELLOS INFANTES BAUTIZADOS VÁLIDAMENTE POR LOS MIEMBROS DE LAS SECTAS NO-CATÓLICAS

La Iglesia Católica siempre ha enseñado que cualquiera (incluyendo un laico o un no-católico) puede bautizar válidamente si se adhiere a la materia y a la forma apropiadas y si tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo,” 1439: “En caso de necesidad, sin embargo, no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico o una mujer, sí, aún un pagano y un hereje pueden bautizar, en tanto preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Denzinger 696)

La Iglesia siempre ha enseñado que los infantes bautizados en las iglesias heréticas y cismáticas se hacen católicos, miembros de la Iglesia y sujetos al Pontífice Romano, aún si las personas que los bautizaron son herejes que están fuera de la Iglesia Católica. Esto es porque el infante, siendo menor a la edad de la razón, no puede ser hereje ni cismático. No puede tener un impedimento que prevendría que el bautismo lo hiciese un miembro de la Iglesia.

Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión. 7, Canon. 13 sobre el Sacramento del Bautismo: “Si alguien dice que los infantes, debido a que no tienen una fe real, después de haber recibido el bautismo no han de estar numerados entre los fieles ... será anatema.”

Esto significa que todos los infantes bautizados, donde quiera que estén, aún aquellos bautizados en iglesias herejes no-católicas por los ministros herejes, se hacen miembros de la Iglesia Católica. También están sujetos al Pontífice Romano (si hay uno). Por lo tanto, ¿en que momento este infante católico bautizado se hace no-católico, cortando su membresía con la Iglesia y con la sujeción al Pontífice Romano? Después que el infante bautizado alcanza la edad de la razón, él o ella se vuelve hereje o cismático y corta su membresía con la Iglesia y corta su sujeción al Pontífice Romano cuando él o ella rechaza obstinadamente cualquier enseñanza de la Iglesia Católica o pierde la Fe en los misterios esenciales de la Trinidad y la Encarnación.

Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre, 1351: “... Preguntamos: En primer lugar, ya sea que ustedes y la Iglesia de los Armenios, la cual les obedece, creen que todos aquellos que en el bautismo han recibido la misma fe católica, y después se han retirado y se retirarán en el futuro de la comunión de esta misma Iglesia Romana, la cual por sí sola es católica, son cismáticos y herejes, si permanecen obstinadamente separados de la fe de esta Iglesia Romana. En segundo lugar, preguntamos si ustedes y los Armenios que les obedecen, creen que ningún hombre de los caminantes fuera de la fe de esta Iglesia, y fuera de la obediencia al Papa de Roma, puede ser finalmente salvado.”

Por lo tanto, uno debe estar claro en estos puntos: 1) Los no-bautizados (judíos, musulmanes, paganos, etc.) deben unirse a la Iglesia Católica, recibiendo el bautismo y la Fe Católica o todos se perderán. 2) Entre aquellos que fueron bautizados siendo infantes, se hacen católicos, miembros de la Iglesia y sujetos al Pontífice Romano por medio del Bautismo. Únicamente se separan de esa membresía (que ya poseen) cuando rechazan obstinadamente cualquier dogma católico o creen en algo que sea contrario a los misterios esenciales de la Trinidad y la Encarnación. En las enseñanzas anteriores del Papa Clemente VI, vemos este segundo punto enseñado claramente: todos que han recibido la Fe Católica en el Bautismo, pierden esa Fe y se vuelven cismáticos y herejes si se “separan obstinadamente de la fe de esta Iglesia Romana.”

El hecho es que todos los protestantes que rechazan la Iglesia Católica o sus dogmas sobre los sacramentos, el Papado, etc., se han separado obstinadamente de la Fe de la Iglesia Romana y, por lo tanto, han cortado su membresía en la Iglesia de Cristo. Lo mismo es cierto con el “Ortodoxo Oriental”, que rechaza obstinadamente los dogmas sobre el Papado y la Infalibilidad Papal. Ellos necesitan convertirse a la Fe Católica para obtener la salvación.


HEREJÍA MATERIAL

Los niños o las personas que son bautizados en las comunidades heréticas no pueden volverse herejes hasta que alcanzan la edad de la razón o hasta que adoptan cualquier punto de vista herético que es opuesto a la Iglesia Católica. Esto significa que algunas de esas personas bautizadas, que ahora van a una “Iglesia” hereje o cismática, pueden no ser todavía herejes, aunque todos los demás en la misma iglesia sean herejes. Sin embargo, cuando estos niños alcanzan la edad de la razón, muchos de ellos caen en el error llamado “herejía material”.

El término “herejía material” se usa para describir a personas que creen en una herejía sin saber que están contradiciendo la enseñanza oficial e infalible de la Iglesia Católica. No existe tal cosa como un hereje material dentro de la enseñanza dogmática de la Iglesia. Existen los herejes; existen los cismáticos; y existen los católicos. El hereje material es simplemente un nombre para un católico que yerra en buena fe sobre un dogma. En otras palabras, es otro nombre para un católico equivocado. Es una persona que sostiene una posición falsa – una que es estrictamente incompatible con el dogma católico. Sin embargo, esa persona no está obstinada en contra de ese dogma. Cambiaría inmediatamente su posición al ser informado sobre la verdadera posición. El “hereje material” es un católico. Esto es muy importante de comprender. Muchos santos católicos han sido herejes materiales. Santo Tomás, por ejemplo, no creía que María fue concebida inmaculadamente (Summa Theologica, Parte III, Q. 14, Art. 3, Respuesta a Obj.) a pesar que ahora es un dogma definido que María fue concebida inmaculadamente, y no es de extrañarse que hasta los santos han errado en sus enseñanzas, porque es muy difícil de imaginar que un humano pueda conocer todas las enseñanzas existentes de la Iglesia.


LA LEY NATURAL

La ley natural está escrita en el corazón de todos los hombres, de manera que todos los hombres saben que ciertas cosas están en contra de la ley de Dios y que ciertas cosas están de acuerdo a la ley natural de la caridad, etc.

Tal como lo explican correctamente la Biblia y el Comentario de Haydock sobre los romanos 2:14-16,

estos hombres son una ley en sí mismos, y la han escrito en sus corazones, en cuanto a la existencia de Dios, y su razón les dice que muchos pecados son ilegales: también pueden hacer algunas acciones que son moralmente buenas, como dar caridad para aliviar a los pobres, honrar a sus padres, etc. , no que estas acciones, moralmente buenas, sean suficiente para su justificación de sí mismos, o que los hagan merecedores de una recompensa sobrenatural en el reino del cielo; pero Dios, en Su infinita misericordia, les dará algunas gracias sobrenaturales” las cuales, si continúan cooperando con ellas, obtendrán más gracias y eventualmente quedarán expuestos a la Fe Católica, la cual deben de tener para ser salvados.”

Todos los infantes bautizados son católicos, aunque hayan sido bautizados en una iglesia metodista – edificio, etcétera. Esto es de fide. Estos católicos bautizados, cuando alcanzan la edad de la razón en un edificio protestante, si creen en, y sostienen, la Trinidad y la Encarnación (los cuales son dos misterios esenciales de la Fe Católica) sostienen los misterios absolutamente esenciales de la Fe Católica.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Credo de Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolable, sin duda alguna precederá por toda la eternidad. – Pero la fe católica es esto: que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad... Pero es necesario para la salvación eterna que los fieles crean también en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo... que el Hijo de Dios es Dios y hombre... Esta es la fe católica; a menos que cada uno crea esto fiel y firmemente, no puede ser salvado.”

Si no conocen otros dogmas católicos (distintos a la Trinidad y a la Encarnación) entonces no son herejes sino católicos [cristianos], a menos que mantengan una posición que sea incompatible con la Fe en la Trinidad y la Encarnación, o nieguen una verdad que todos sepan sobre Dios y la ley natural, o nieguen algo que sepan que ha sido enseñado claramente en las Escrituras. Por ejemplo, si la persona bautizada, descrita anteriormente, declara que cree en la Trinidad y en la Encarnación pero sostiene que todas las religiones son más o menos buenas, entonces es un hereje y no tiene la Fe Católica (aún antes de saber que dicha posición está condenada por la Iglesia) porque su creencia es incompatible con la verdadera Fe en la Trinidad como el único Dios verdadero, cuya creencia debe de tener para decirse que tiene la Fe Católica en sus componentes más simples.

Papa Pío XI, Mortalium Animos (#2), 6 de enero, 1928: “... esa opinión falsa que considera a todas las religiones más o menos buenas y dignas de alabanza... Aquellos que sostienen esta opinión no sólo están en error y son engañados, sino también al distorsionar la idea de la verdadera religión, la rechazan ...”

Otro ejemplo sería si la persona bautizada que cree en la Trinidad y en la Encarnación (los cuales son los componentes más simples de la Fe Católica) y nunca ha oído de otros dogmas católicos, sostiene que el hombre no tiene un libre albedrío (lo cual enseñan algunos protestantes). Esta persona también se volvería hereje aún antes que hubiese visto su posición condenada por la Iglesia y antes que hubiese escuchado de otros dogmas católicos (distintos a la Trinidad y a la Encarnación) porque está rechazando una verdad que todos saben es verdad a partir de la ley natural, es decir, que el hombre tiene un libre albedrío. Por lo tanto, está negando una verdad que todos saben sobre el hombre a partir de la ley natural y, entonces él es un hereje.

Otro ejemplo sería si la persona bautizada que cree en la Trinidad y en la Encarnación (la Fe Católica en sus componentes más simples) y nunca ha oído de otros dogmas católicos, rehusa creer que Dios es alguien que recompensa y que castiga. Esta persona es un hereje, a pesar que nunca ha visto que su posición sea condenada por la Iglesia y nunca ha escuchado de otros dogmas católicos, porque él rechaza una verdad que él sabe es verdadera a partir de la ley natural, que Dios es alguien que recompensa y que castiga nuestras acciones (ver Hebreos 11:6).

Una gran mayoría de protestantes hoy en día creen en las doctrinas de “solo la fe” y “seguridad eterna”. Estas doctrinas contradicen tanto la ley natural como la razón, que dicen que todo hombre será recompensado o castigado por sus obras. También contradicen, palabra por palabra, las enseñanzas de Santiago 2 en las escrituras, que enseñan que la fe sin obras está muerta y que el hombre no se salva únicamente por la fe. Esta persona que cree únicamente en la fe o en la seguridad eterna es un hereje, aunque nunca haya visto que su posición sea condenada por la Iglesia y nunca haya escuchado de otros dogmas católicos, porque él rechaza una verdad que él sabe es cierta por la ley natural, que Dios es alguien que recompensa y que castiga las acciones, y que solo la fe no justifica al hombre sino también nuestras obras.

Otras herejías comunes en contra de la ley natural son: sostener que es aceptable el control de la natalidad o la planificación familiar natural, también llamada PFN, que muchos “Católicos” practican para evitar la concepción, (que los hace culpables del pecado mortal de la contracepción), o si una persona ha de sostener que es aceptable el aborto, o si una persona ha de sostener que es aceptable consumir drogas que alteran la mente hasta el punto en el cual se impide la conciencia.

Estos ejemplos caerían todos bajo la categoría de pecado mortal, porque él rechaza una verdad que todos saben es verdad a partir de la ley natural, es decir, 1) que el aborto es asesinato, 2) que la contracepción o la PFN frustra el poder natural para generar vida, 3) que las drogas que alteran la mente como el fumar marijuana, es un pecado mortal, igual que lo es emborracharse.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuán grave puede ser, es tal que de su propia naturaleza separe al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace el cisma o la herejía o la apostasía.”

Podemos ver que son las enseñanzas de la Iglesia Católica que dicen que el hombre es separado de la Iglesia y de la Salvación por la herejía, el cisma o la apostasía.

Los niños bautizados que alcanzan la edad de la razón en edificios de iglesias protestantes, cismáticas orientales, etc., y creen en la Trinidad y en la Encarnación (los componentes esenciales de la Fe Católica) y que no rechazan ningún dogma católico porque no conocen otro aparte de la Trinidad y la Encarnación, y no abrazan ninguna de las posiciones como las descritas anteriormente, las cuales son directamente incompatibles con la Fe en Dios, Jesucristo, la Trinidad, la Ley Natural o lo que ellos saben que es enseñado claramente en las Escrituras, serían católicos en un edificio de iglesia hereje.


NO HAY SALVACIÓN PARA LOS MIEMBROS DEL ISLAM, JUDAISMO U OTRAS SECTAS HEREJES O CISMÁTICAS NO-CATÓLICAS

Hasta ahora hemos visto que es un dogma definido infaliblemente que todos aquellos que mueren no-católicos, incluyendo los judíos, paganos, herejes, cismáticos, etc. no pueden salvarse. Necesitan ser convertidos para tener la salvación. Ahora, debemos ver brevemente más de lo que la Iglesia dice específicamente sobre algunas de las religiones no-católicas prominentes, como el judaísmo, islamismo y las sectas protestantes y cismáticas orientales. Esto ilustrará, una vez más, que aquellos que sostienen que los miembros de las religiones no-católicas pueden salvarse, no solo van en contra de las declaraciones solemnes que ya se han citado, sino también de las enseñanzas específicas que se citan a continuación.

LA ENSEÑANZA CATÓLICA ESPECÍFICA EN CONTRA DEL JUDAISMO

Los judíos practican el Antiguo Testamento y rechazan la Divinidad de Cristo y de la Trinidad. Los judíos rechazan a Nuestro Señor Jesucristo y lo llaman un engañador, sin embargo, ¿muchos “cristianos” dicen que son buenos? ¡Esto es algo desquiciante! La Iglesia enseña lo siguiente sobre la cesación de la Antigua Ley y sobre todos aquellos que continúan observándola.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, 1441, ex cátedra: La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y enseña que el asunto que pertenece a la ley del Antiguo Testamento, la ley Mosaica, que está dividida en ceremonias, ritos sagrados, sacrificios y sacramentos... cesó después de la venida de nuestro Señor y comenzaron los sacramentos del Nuevo Testamento; y que quienquiera, después de la pasión, le haya puesto esperanza a estos asuntos de la ley y se haya sometido a ellos como necesarios para la salvación, como si la fe en Cristo no podría salvarlos sin ellos, pecaba mortalmente. A todos, por lo tanto, que después de ese tiempo (la promulgación del Evangelio) observan la circuncisión y el Sabat (no hay que equivocarse con el Sabat Cristiano) y los otros requerimientos de la ley, la santa Iglesia Romana los declara ajenos a la fe cristiana y de ninguna manera aptos para participar en la salvación eterna.”

Muchas personas, que se llaman católicos, también afirman temerariamente contradiciendo esta declaración infalible por parte del Papa Eugenio IV en el Concilio de Florencia, que los judíos que rechazan a Cristo y no han encontrado o aceptado a Cristo como su Mesías, pueden salvarse. También contradicen las palabras de nuestro Señor que se encuentran en el evangelio.

Juan 3:36 “Aquel que cree en el Hijo de Dios, tiene vida eterna; pero quien no da crédito al Hijo, no verá la vida, sino que al contrario, la ira de Dios permanece siempre sobre su cabeza.”

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. I-II, Pregunta 103, Respuesta 4: “De igual manera las ceremonias de la Antigua Ley presagian que Cristo todavía tiene que nacer y sufrir: mientras que nuestros sacramentos señalan que El ya nació y ya sufrió. Consecuentemente, así como sería un pecado mortal ahora para cualquiera, al hacer una profesión de fe, decir que Cristo todavía tiene que nacer, lo que los padres de antaño dijeron devota y verdaderamente; así también sería un pecado mortal ahora observar esas ceremonias que los padres de antaño cumplieron con devoción y fidelidad.”

Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum (#61), 1 de marzo, 1756: “La primera consideración es que las ceremonias de la Ley Mosaica fueron abrogadas por la venida de Cristo y que después de la promulgación del Evangelio ya no pueden observarse sin pecar.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#s 29-30), 29 de junio, 1943: “Y antes que todo, con la muerte de nuestro Redentor, el Nuevo Testamento tomó el lugar de la Antigua Ley, la cual ha sido abolida ... en el patíbulo de Su muerte, Jesús hizo inválida la Ley y sus decretos [Efesios 2:15] ... estableciendo el Nuevo Testamento en Su sangre derramada por toda la raza humana. ‘A tal grado, entonces,’ dice San León el Grande, hablando de la Cruz de nuestro Señor, ‘se efectuó una transferencia de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de muchos sacrificios a una Víctima, ella, cuando expiró nuestro Señor, ese velo místico que cerraba la parte más interna del templo y su secreto sagrado, fue desgarrado violentamente de arriba a abajo.’ En la Cruz, entonces, murió la Antigua Ley, pronto a ser enterrada y ser portadora de muerte...”

Así, aquellos que defienden obstinadamente que los judíos sin fe, quienes rechazan a Cristo, pueden salvarse y voluntariamente contradicen estas enseñanzas infalibles de la Iglesia, son herejes y serán recibidos con toda la fuerza de la condenación automática.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos o herejes y cismáticos, no pueden compartir en la vida eterna y se irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas...”

LA ENSEÑANZA CATÓLICA ESPECÍFICA EN CONTRA DEL ISLAM

Papa Eugenio IV, Concilio de Basilea, Sesión 19, 7 de septiembre, 1434: “... existe esperanza que muchos de la secta abominable de Mahoma serán convertidos a la fe Católica.”

Papa Calixto III, 1455: “Solemnemente prometo... exaltar la verdadera Fe y extirpar la secta diabólica de Mahoma réprobo y sin fe [Islam] en el Oriente.”

La Iglesia Católica considera el Islam como una secta “abominable” y “diabólica”. [Nota: el Concilio de Basilea es considerado ecuménico / aprobado únicamente en las primeras 25 sesiones, como lo señala La Enciclopedia Católica en el Volumen 4, “Concilios”, pp. 425-426] Una “abominación” es algo que es aborrecible ante Dios; es algo para lo cual El no tiene estima ni respeto. Algo “diabólico” es algo del Diablo. El Islam rechaza, entre muchos otros dogmas, la Divinidad de Jesucristo y la Trinidad. Sus seguidores están fuera del límite de la salvación, en tanto permanezcan siendo musulmanes.

Papa Clemente V, Concilio de Viena, 1311-1312: “Es un insulto para el santo nombre y una desgracia a la fe cristiana que en ciertas partes del mundo que están sujetas a los príncipes cristianos en donde viven los Sarracenos [es decir, los seguidores del Islam, también llamados musulmanes] a veces aparte, a veces entremezclados con los cristianos, los sacerdotes sarracenos, comúnmente llamados Zabazala, en sus templos o mezquitas, en las cuales se reúnen los sarracenos para adorar al infiel Mahoma, invocan y ensalzan su nombre todos los días a ciertas horas desde un lugar elevado... Existe un lugar, más aún, en donde una vez fue enterrado cierto sarraceno a quien otros sarracenos veneran como santo. Esto conlleva un descrédito sobre nuestra fe y produce un gran escándalo para los fieles. Estas prácticas no pueden tolerarse sin desagradar la divina majestad. Por lo tanto, nosotros, con la aprobación del sagrado concejo, prohibimos estrictamente dichas prácticas en lo sucesivo en las tierras cristianas. Nosotros ordenamos sobre los príncipes católicos, uno y todos... Ellos deben de remover esta ofensa en forma conjunta de sus territorios y tener cuidado que sus súbditos la remuevan, para que puedan así alcanzar la recompensa de la felicidad eterna. Han de prohibir expresamente la invocación pública del nombre sacrílego de Mahoma... Aquellos que presumen actuar contrariamente han de ser castigados por los príncipes por su irreverencia, para que otros puedan ser refrenados de tal osadía.”

A pesar que la Iglesia enseña que se pierden todos aquellos que mueren siendo no-católicos, también enseña que nadie debe de ser forzado a abrazar el bautismo, ya que la creencia es un acto de libre albedrío.

Papa León XIII, Immortale Dei (#36), 1 de noviembre, 1885: “Y, de hecho, la Iglesia tiene la costumbre de poner atención con ahínco que nadie será forzado a abrazar la fe Católica en contra de su voluntad, porque como nos lo recuerda sabiamente San Agustín, ‘El hombre no puede creer a menos que sea por su propia voluntad’.”

La enseñanza del Concilio de Viena de que los príncipes cristianos harían valer su autoridad civil para prohibir la expresión pública de la religión falsa del Islam, nuevamente muestra que el Islam es una religión falsa que lleva a las almas al Infierno (no al Cielo) y que le disgusta a Dios.

ENSEÑANZA CATÓLICA ESPECÍFICA EN CONTRA DE LAS SECTAS PROTESTANTE Y CISMÁTICA

La Iglesia Católica también enseña que aquellas personas bautizadas que abrazan las sectas herejes y cismáticas perderán sus almas. Jesús fundó Su Iglesia sobre San Pedro, tal y como ya lo vimos, y declaró que quien no escucha a la Iglesia sea considerado como gentil y publicano (Mateo 18:17). También le ordenó a Sus seguidores que observaran “todas las cosas” que El ha ordenado (Mateo 28:20). Las sectas cismáticas orientales (como es la “Ortodoxa”) y las sectas protestantes son movimientos de rompimiento que se han separado de la Iglesia Católica. Al separarse de la única Iglesia de Cristo, dejan el camino de la salvación e ingresan al camino de la perdición.

Estas sectas rechazan obstinada y pertinazmente una o más de las verdades que Cristo claramente instituyó, como es el Papado (Mateo 16; Juan 21; etc.), la Confesión (Juan 20:23), la Eucaristía (Juan 6:54), y otros dogmas de la Fe Católica. Para poder ser salvado uno debe asentir a todas las cosas que la Iglesia Católica, basada en las Escrituras y la Tradición, ha definido infaliblemente como dogmas de Fe.

A continuación se encuentran sólo unos pocos dogmas infalibles de la Fe Católica que son rechazados por los protestantes y (en el caso del Papado) por la “Ortodoxa” Oriental. La Iglesia “anatematiza” (una forma severa de la excomunión) a todos que asienten obstinadamente a lo contrario de sus definiciones dogmáticas.

“Para comprender la palabra anatema... primero debemos de regresar al verdadero significado de herem el cual sería su equivalente. Herem viene de la palabra haram, cortar, separar, maldecir, e indica aquello que está maldito y condenado a ser cortado o exterminado, ya sea una persona o una cosa y, en consecuencia, aquello que está prohibido que el hombre use. Este es el sentido de anatema en el siguiente pasaje de Deuteromonio vii, 26: ‘Ni meterás cosa alguna de ídolo en tu casa, porque no venga a ser anatema, como él lo es. La detestarás como inmundicia y la abominarás como suciedad y horruras; por cuanto es un anatema.’”

Así, un protestante o un “Ortodoxo Oriental” que obstinadamente rechaza estas enseñanzas dogmáticas está anatematizado y cortado de la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación. Es sumamente interesante que, al emitir estos cánones dogmáticos, la Iglesia dice: “Si alguien dijera... que sea anatema [anatema sit]” en oposición a “Si alguien dijera... él es anatema [anatema est].” Esta calificación de “que sea anatema” da lugar a aquellos católicos que pueden no saber de un dogma específico y se adecuarían a la enseñanza del canon en cuanto el mismo se le presentase. La persona que es obstinada, sin embargo, y voluntariamente contradice la enseñanza dogmática de la Iglesia recibe toda la fuerza de la condenación automática.

El punto acá es que si alguien es capaz de rechazar estos dogmas y aún así ser salvado, entonces estas definiciones infalibles y sus anatemas acompañantes no tienen significado, valor o fuerza alguna. Pero sí tiene significado, valor y fuerza – son enseñanzas infalibles protegidas por Jesucristo. Así, todos aquellos que rechazan estos dogmas son anatematizados y están sobre el camino hacia la condenación.

Papa Pío XI, Rerum omnium perturbationen (#4), 26 de enero, 1923: “El santo, Francisco de Sales, no por eso dejó de ser una persona... y pareció haber sido enviado especialmente por Dios para pelear en contra de las herejías engendradas por la Reforma [Protestante]. Es en estas herejías que descubrimos los inicios de esa apostasía de la Iglesia por parte de la humanidad, los efectos tristes y desastrosos que son deplorados, aún en el momento actual, por toda mente justa.”

Papa Julio III, Concilio de Trento, Sesión 13, Canon 1 sobre la Eucaristía, ex cátedra: Si alguien niega que en el sacramento de la Santísima Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente están contenidos el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por lo tanto, Cristo entero, y en vez dice que Él está en ello como signo o figura o fuerza, que sea anatema.

Papa Julio III, Concilio de Trento, Sesión 14, Canon 3 sobre el Sacramento de la Penitencia: “Si alguien dice que las palabras del Señor Salvador: ‘Recibid el Espíritu Santo: quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonareis; y quedan retenidos a los que se los retuviereis’ [Juan 20:22 f.], no han de entenderse como el poder de remitir y retener los pecados en el sacramento de la penitencia... que sea anatema.

Papa Julio III, Concilio de Trento, Sesión 14, sobre la Extremaunción y la Penitencia: “Estas son las cosas que profesa y enseña este sínodo ecuménico sagrado en relación a los sacramentos de la penitencia y la extremaunción, y los estipula para que sean creídos y sostenidos por todos los fieles de Cristo. Más aún, los siguientes cánones, dice, deben de observarse en estado inviolado y condena y anatematiza para siempre a quien asevere lo contrario.

Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión 6, Capítulo 16, ex cátedra: Después de esta doctrina Católica de justificación la cual, a menos que la acepte fiel y firmemente, nadie puede ser justificado- le pareció bueno al santo Sínodo agregar estos cánones, para que todos puedan saber, no sólo lo que deben sostener y seguir, sino también lo que deben de esquivar y evitar.”

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, Sesión 4, Capítulo 3, ex catedra :” ... todos los fieles de Cristo deben de creer que la Sede Apostólica y el Pontífice Romano tienen primacía sobre todo el mundo, y que el Pontífice de Roma en sí mismo es el sucesor del Santo Pedro, el jefe de los apóstoles, y es el verdadero vicario de Cristo y jefe de toda la Iglesia... Además, Nosotros enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, sostiene la soberanía de poder ordinario sobre todos los demás... Esto es la doctrina de la verdad Católica de la cual nadie puede desviarse y aún así mantener su fe y salvación.


EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO ES NECESARIO PARA LA SALVACIÓN

Para mostrar adicionalmente que el Sacramento del Bautismo es necesario para la salvación, citaré numerosas declaraciones infalibles del Trono de San Pedro.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Sesión 7, Canon 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: Si alguien dice que el bautismo [del Sacramento] es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (cf. Jn. 3:5): que sea anatema.”

Esta definición dogmática infalible desde el Trono de San Pedro condena a cualquier que dice que el Sacramento del Bautismo no es necesario para la salvación. El Sacramento del Bautismo es necesario para todos para alcanzar su salvación, primero porque, tal como lo define el Concilio de Trento, todos los hombres (excepto la Santísima Virgen María) fueron concebidos en un estado de pecado original como resultado del pecado de Adán, el primer hombre. El Sacramento del Bautismo también es necesario para todos para alcanzar su salvación porque es el medio por el cual uno es marcado como miembro de Jesucristo e incorporado a Su Cuerpo Místico. Y al definir la verdad que todos los hombres fueron concebidos en el estado de Pecado Original, el Concilio de Trento específicamente declaró que la Santísima Virgen fue una excepción a su decreto sobre el Pecado Original. Pero al definir la verdad que el Sacramento del Bautismo es necesario para la salvación, el Concilio de Trento no hizo excepción alguna.

Papa Eugenio IV, El Concilio de Florencia, “Exultate Deo,” 22 de noviembre, 1439: “El Santo Bautismo, que es la puerta a la vida espiritual, tiene el primer lugar entre todos los sacramentos; a través de él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y debido a que la muerte entró en el universo a través del primer hombre, quien no renaciere por el bautismo de agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios [Juan 3:5]. La materia de este sacramento es agua verdadera y natural.”

Papa Inocente III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Pero el sacramento del bautismo es consagrado en agua con la invocación de la Trinidad indivisa – es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo – y trae la salvación tanto a niños como a adultos cuando es realizada correctamente por cualquiera en la forma que está estipulada por la Iglesia.”

Papa Pío XI, Quas Primas (#15), 11 de diciembre, 1925: “Ciertamente este reino es presentado en los Evangelios como tal, en el cual los hombres se preparan para su ingreso haciendo penitencia; más aún, no pueden entrar en él excepto a través de la fe y el bautismo, lo cual, a pesar de ser un rito externo, significa una regeneración interior y efectúa la misma.”

Vemos acá que uno no puede entrar en el reino del Cielo sin tener fe y el rito externo del bautismo (es decir, el Sacramento del Bautismo). Hoy en día las personas ignorantes contradicen este hecho y dicen que las personas pueden alcanzar el cielo sin un bautismo verdadero y real con agua. Uno podría entender fácilmente si una persona fuese ignorante de estos hechos y creyesen que una persona o infante podría ser Salvado sin el sacramento del bautismo, ya que muchos han estado equivocados en este asunto, aún los Santos. Pero cuando uno ha visto estas declaraciones dogmáticas infalibles por parte de los Papas, y aún así sostener obstinadamente la posición de que las personas o infantes pueden salvarse sin el bautismo real y verdadero con agua, él es un hereje. Un hereje es una persona que obstinadamente, voluntariamente y a sabiendas sostiene una opinión que él sabe está en oposición a lo que enseña la Iglesia.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 2 sobre el Sacramento del Bautismo, Sesión 7, 1547, ex cátedra: Si alguien dijese que el agua verdadera y natural no es necesaria para el bautismo, y en esa cuenta aquellas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: Quien no renaciere por el bautismo de agua, y la gracia del Espíritu Santo’ [Juan 3:5], son distorsionadas en alguna forma de metáfora: que sea anatema.”

Papa Benedicto XIV, Nuper ad nos, 16 de marzo, 1743, Profesión de Fe: “Igualmente (yo profeso) que el bautismo es necesario para la salvación y, por lo tanto, si existe un peligro inminente de muerte, deberá conferirse inmediatamente sin retraso alguno, y que es válido si fuese conferido con la materia y la forma y la intención correctas por cualquier persona, y en cualquier momento.”

Catecismo del Concilio de Trento, El Bautismo hecho obligatorio después de la Resurrección de Cristo, p. 171: “Los santos escritores son unánimes al decir que después de la Resurrección de nuestro Señor, cuando El le dio a Sus Apóstoles la orden de ir y enseñar a todas las naciones: bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, la ley del Bautismo se hizo obligatoria sobre todos que han de ser salvados.”

El que una persona afirme que la salvación puede obtenerse invencible o ignorantemente por los judíos, paganos, herejes o cismáticos sin el bautismo o la Fe Católica, es realmente la doctrina más maligna, ya que hace que la Fe en Jesucristo y la verdadera Fe Católica no tengan sentido. De acuerdo a este punto de vista mundial erróneo, cualquiera que sea “bueno” puede alcanzar la vida eterna.

Muchas personas gustan de objetar en contra de estas verdades como “amargas” o “poco caritativas”. Pero esto no es cierto. El “cimiento de la caridad es la fe pura e inmaculada” (Papa Pío XI, Mortalium Animos, #9). Algunos también dirán que no pueden comprender la justicia detrás de estas declaraciones infalibles por parte de Dios a través de los Papas. Pero no es nuestro trabajo cuestionar las leyes y los decretos de Dios. Nuestro trabajo es creer primero y segundo comprender. Sin embargo, si uno ve esta situación claramente, uno puede comprender la justicia detrás de la misma. Adán y Eva trajeron la muerte y el pecado original sobre cada humano a través de su pecado de comer la fruta prohibida. ¿Cayeron por sólo desear la fruta? ¡NO! Ellos cayeron después de comer una verdadera fruta física. Si no podemos aceptar que toda la humanidad debe de ser bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ¿cómo podemos aceptar que toda la humanidad cayó en pecado porque Adán y Eva comieron de una fruta física?

Aquí se encuentran unas citas muy pertinentes tomadas de las Revelaciones de Santa Brígida, que describen el poder de un bautismo real y cómo el agua verdadera debe de unirse al sacramento del bautismo para que el bautismo sea eficaz:

“La Madre apareció nuevamente y dijo: “Hijo mío, todavía tienes necesidad de un caballo y una silla de montar.” El significado espiritual del caballo es el bautismo. Así como un caballo tiene sus cuatro patas y lleva a un hombre durante el viaje que debe realizar, así también el bautismo, tal como está significado en el caballo, lleva al hombre ante la presencia de Dios y tiene cuatro efectos espirituales. El primer efecto es que los bautizados son liberados del demonio y están ligados a los mandamientos y al servicio de Dios. El segundo efecto es que son purificados del pecado mortal. El tercero es que son hechos hijos y coherederos de Dios. El cuarto es que se les abre el cielo.

Sin embargo, ¡cuántos existen hoy en día que han llegado a la edad de la razón, halan las riendas del caballo del bautismo y cabalgan sobre un camino falso! El camino del bautismo es verdadera y correctamente seguido cuando las persona son instruidas y sostenidas en buenos hábitos morales antes de llegar a la edad de la razón y cuando, al llegar a la edad de la razón y considerar cuidadosamente lo que fue prometido en la pila bautismal, ellos mantienen intactos su fe y su amor por Dios. Sin embargo, ellos cabalgan lejos del camino correcto y frenan el caballo cuando prefieren el mundo y la carne a Dios. La silla de montar del caballo o del bautismo es el efecto de la amarga pasión y muerte de Jesucristo, lo que le dio eficacia al bautismo. ¿Qué es el agua sino un elemento? Tan pronto fue derramada la sangre de Dios, la palabra de Dios y el poder de la sangre derramada de Dios ingresó en el elemento. Así, por la palabra de Dios, el agua del bautismo se convirtió en el medio de reconciliación entre la humanidad y Dios, la puerta de la misericordia, la expulsión de los demonios, el camino al cielo, y el perdón de los pecados. De manera que aquellos que se jactan del poder del bautismo primero deberían considerar cómo fue instituido el efecto del bautismo a través de un dolor amargo. Cuando sus mentes se hinchan con orgullo en contra de Dios, que consideren cuán amarga fue su redención, cuántas veces han roto sus votos bautismales, y qué es lo que merecen por sus recaídas en el pecado.” (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 4, Capítulo 74.)

Como podemos leer de esta espléndida enseñanza por parte de nuestra Santísima Madre, el agua recibió la sangre de nuestro Señor cuando Él murió por nuestros pecados, y es por eso que el agua puede tener una eficacia tan grande que hasta puede lavar el pecado original cuando se usa con la invocación que hace el hombre de la Santísima Trinidad. A continuación hay otro buen ejemplo en las revelaciones de Santa Brígida sobre la eficacia del bautismo:

Cristo describe por qué un niño de tres años de edad es atormentado por un demonio: “Y aunque el niño nació de la semilla del padre y de la madre, el demonio todavía tiene el mayor poder sobre él, porque no ha sido vuelto a nacer a través del verdadero bautismo, sino sólo fue bautizado de la manera en que las mujeres acostumbran a bautizar, quienes no conocen sobre las palabras de la Santísima Trinidad. Es por eso que el niño debe de ser bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; entonces será curado.”


CREAN EN EL DOGMA, TAL COMO FUE UNA VEZ DECLARADO

Hay una única manera de creer en el dogma: tal como la santa madre Iglesia lo declaró.

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, Sesión 3, Capítulo 2 sobre la Revelación, 1870, ex cátedra: “Por lo tanto, también esa comprensión de sus sagrados dogmas debe retenerse perpetuamente, tal como una vez lo declaró la Santa Madre Iglesia; y nunca debe de haber una recesión a partir de ese significado bajo el nombre aparente de una comprensión más profunda.”

Uno de los principales problemas con los grupos “Católicos” más tradicionales y el Segundo Concilio Vaticano hereje – la “Iglesia” de Vaticano II – es la desviación constante y obstinada del verdadero significado literal, tal como fueron una vez declarados infaliblemente los dogmas. Tal como lo aprendimos anteriormente, nunca puede haber una recesión del verdadero significado de los dogmas como una vez fueron declarados bajo el nombre aparente de una comprensión más profunda. Así, estamos forzados a aceptar los dogmas tal como están escritos bajo la pena de pecado mortal.

Esta definición del Primer Concilio Vaticano es críticamente importante para la pureza dogmática, porque la principal manera en que el Demonio intenta corromper las doctrinas de Cristo es haciendo que los hombres retrocedan (se alejen) de los dogmas de la Iglesia tal como fueron una vez declarados. No existe otro significado de un dogma aparte de los que las mismísimas palabras declaran y dicen, de tal manera que el Demonio trata de hacer que los hombres “comprendan” e “interpreten” estas palabras de una manera distinta a la forma en que la santa madre Iglesia las ha declarado.

Muchos de nosotros hemos tratado con personas que han intentado alejar con sus explicaciones el claro significado de las definiciones sobre Fuera de la Iglesia No Hay Salvación diciendo, “ustedes las deben de comprender”. Lo que realmente quieren decir es que las deben de comprender de manera distinta a lo que las palabras en sí dicen y declaran. Y esto es precisamente lo que el Primer Concilio Vaticano condena. Condena su alejamiento de la comprensión de un dogma que la santa madre Iglesia una vez ha declarado, con un significado diferente, bajo el nombre aparente (falso) de una “comprensión más profunda.”

Además de quienes argumentan que debemos de “comprender” los dogmas de manera distinta a lo que las mismas palabras en sí dicen y declaran, existen quienes, cuando se les presentan las definiciones dogmáticas sobre Fuera de la Iglesia No Hay Salvación dicen, “esa es su interpretación”. Ellos menosprecian las palabras de una fórmula dogmática a nada más que la interpretación privada propia. Y esto también es una herejía. Porque no es nuestra interpretación que define los dogmas, los dogmas se definen a sí mismos, tal como han sido mostrados. Una persona que clama lo contrario será culpable de tener testigos falsos. Y esto es también un pecado mortal.


AQUELLOS QUE MUEREN EN PECADO ORIGINAL O EN PECADO MORTAL DESCIENDEN AL INFIERNO

Tal como lo he demostrado arriba, no hay manera posible que los niños sean liberados del pecado original más que a través del Sacramento del Bautismo. Esto, claro está, demuestra que no existe manera alguna que los infantes sean salvados más que a través del Sacramento del Bautismo. De manera que las definiciones siguientes simplemente afirman lo que ya ha sido establecido: ningún niño puede entrar al reino del Cielo sin recibir el agua bautismal; en vez descenderá al Infierno.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Letentur coeli”, Sesión 6, 6 de julio, 1439, ex cátedra: “También definimos que... las almas de aquellos que dejan esta vida en un pecado mortal real, o únicamente en pecado original, se van directo al infierno, pero a sufrir castigos de distinta clase.”

Papa Pío VI, Auctorem fidei, 28 de agosto, 1794:“26. La doctrina que rechaza como una fábula pelagiana, ese lugar de las regiones bajas (a los que los fieles generalmente designan con el nombre de limbo de los niños) en donde las almas de aquellos que se van con la única culpa de pecado original, son castigadas con el castigo de los condenados, exclusivo del castigo de fuego, como si, por este mismo hecho, aquellos que eliminan el castigo del fuego presentaron ese lugar intermedio y estado libre de culpa y de castigo, entre el reino de Dios y la condenación eterna, como aquellos sobre lo cual hablan futilmente los pelagianos” – Condenado como falso, temerario e injurioso para las escuelas Católicas.

Acá el Papa Pío VI condena la idea de algunos teólogos en cuanto a que los infantes que mueren en pecado original sufren los fuegos del Infierno. Al mismo tiempo, confirma que estos infantes que van a una parte de las regiones bajas (es decir, el Infierno) llamado el limbo de los niños. No van a Cielo, sino a un lugar en el Infierno en donde no hay fuego. Esto está perfectamente de acuerdo a todas las demás definiciones solemnes de la Iglesia, que enseñan que los infantes que mueren sin el bautismo de agua descienden al Infierno, pero sufren un castigo distinto a aquellos que mueren en pecado mortal. Su castigo es la separación eterna de Dios.

Papa Pío XI, Mit brennender Sorge (·25), 14 de marzo, 1937: “ ‘ Pecado original’ es la falta hereditaria pero impersonal de los descendientes de Adán, que han pecado en él (Rom. V 12). Es la pérdida de la gracia y, por lo tanto, de la vida eterna, junto con una propensión al mal, lo cual todos deben, con asistencia de la gracia, penitencia, resistencia y esfuerzo moral, reprimir y conquistar.”


LOS NIÑOS NO BAUTIZADOS Y EL LIMBO DE LOS NIÑOS

La Iglesia Católica enseña que los niños abortados y los infantes que mueren sin el bautismo descienden inmediatamente al Infierno, pero que no sufren los fuegos del Infierno. Van a un lugar en el Infierno llamado el limbo de los niños. La definición más específica de la Iglesia que demuestra que no hay manera posible de que un infante sea salvado sin el Sacramento del Bautismo es la siguiente tomada del Papa Eugenio IV.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Sesión 11, 4 de febrero, 1442, ex cátedra: En relación a los niños, ciertamente, debido al peligro de muerte, que a menudo puede suceder, cuando no se les puede llevar ayuda a ellos por ningún otro remedio más que a través del sacramento del bautismo, por el cual son arrebatados del dominio del Demonio (pecado original) y adoptados entre los hijos de Dios, aconseja que no deberá postergarse el santo bautismo por cuarenta u ochenta días, o ningún tiempo, de acuerdo a la observancia de ciertas personas...” (Denz. 712)

Acá el Papa Eugenio IV definió desde el Trono de Pedro que no existe otro remedio para que los infantes sean arrebatados del dominio del demonio (es decir, del pecado original) más que a través del Sacramento del Bautismo. Esto significa que cualquiera que enseña obstinadamente que los infantes pueden salvarse sin recibir el Sacramento del Bautismo es un hereje, porque está enseñando que existe otro remedio para el pecado original en los niños distinto al Sacramento del Bautismo.

Papa Martín V, Concilio de Constanza, Sesión 15, 6 de julio, 1415 – Condenando los artículos de John Wyclif – Proposición 6: “Aquellos que declaran que los niños de los fieles que mueren sin el bautismo sacramental no serán salvados, son estúpidos y presuntuosos al decir esto.” – Condenados.

El archi-hereje John Wyclif propuso que aquellos (como nosotros) son estúpidos al enseñar que los infantes que mueren sin el bautismo del agua (es decir, sacramental) no pueden ser salvados. Fue anatematizado por esta aseveración, entre muchos otros. Y lo siguiente es lo que dijo el Concilio de Constanza sobre las proposiciones anatematizadas de John Wyclif, como el Nº 6 anterior.

Papa Martín V, Concilio de Constanza, Sesión 15, 6 de julio, 1415: “Los libros y los panfletos de John Wyclif, de memoria maldita, fueron examinados cuidadosamente por los doctores y maestros de la Universidad de Oxford... Este santo sínodo, por lo tanto, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, repudia y condena, por este decreto perpetuo, los artículos antedichos y cada uno de ellos en particular; y prohíbe que todo y cada uno de los Católicos, en lo sucesivo, bajo pena de anatema, predique, enseñe o sostenga los dichos artículos o cualesquiera de ellos.”

De manera que aquellos que critican a los Católicos por afirmar el dogma que ningún infante puede ser salvado sin el Sacramento del Bautismo realmente proponen la herejía anatematizada de John Wyclif. A continuación algunas otras definiciones dogmáticas sobre el tema:

Papa San Zósimo, El Concilio de Cartago, Canon sobre Pecado y Gracia, 417 A.D.- “Se ha decidido igualmente que si alguno dice que por esta razón el Señor dijo: ‘En la casa de Mi Padre hay muchas mansiones’ [Juan 14:2]: puede entenderse que en el reino del cielo habrá algún lugar intermedio o algún lugar donde sea, en donde viven los benditos infantes quienes se fueron de esta vida sin el bautismo, sin el cual no pueden entrar en el reino del cielo, lo cual es la vida eterna, que sea anatema.” (Denz. 102, adición auténtica al Canon 2).

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Sobre el Pecado Original, Sesión V, ex cátedra: “Si alguien dice que los bebés recién nacidos no deberán bautizarse aunque hayan nacido de padres bautizados; o dice que ellos ciertamente son bautizados para la remisión de los pecados, pero no incurren en traza alguna del pecado original de Adán que necesite purificarse con la jofaina del renacimiento para que ellos obtengan la vida eterna, con la consecuencia necesaria que en su caso se entiende como una forma de bautismo para la remisión de los pecados, lo cual no es cierto sino falso: que sea anatema.” (Denz. 791)

Esto significa que cualquier que afirma que los infantes no necesitan la “jofaina del renacimiento” (bautismo de agua) para alcanzar la vida eterna, está enseñando herejía. San Agustín fue quizá el proponente más extrovertido de la verdad apostólica que los infantes que mueren sin el Bautismo están excluidos del Reino del Cielo (ya que tienen el pecado original).

San Agustín, A.D. 415: “Cualquiera que dijera que los infantes que pasan de esta vida sin haber participado en el Sacramento [del Bautismo] se harán vivos en Cristo, realmente va en contra de la prédica del Apóstol y condena a toda la Iglesia, en donde hay gran prisa en bautizar a los infantes porque se cree, sin duda alguna, que no existe otra manera en la cual pueden hacerse vivos en Cristo.” (Jurgens, La Fe de los Primeros Padres, Vol 3: 2016).

Las Revelaciones de Santa Brígida también corroboran esta verdad dogmática infalible revelada por Dios en el Libro 5, Interrogante 6:

Primera pregunta. Nuevamente apareció en su escalera como antes, diciendo: “Oh Juez, os pregunto: ¿Por qué un infante emerge vivo del vientre de la madre y obtiene el bautismo, mientras que otro, habiendo recibido un alma, muere en el vientre de la madre?”

Respuesta a la primera pregunta. El Juez respondió: “Preguntas por qué un infante muere en el vientre de la madre mientras que otro emerge vivo. Hay una razón. Toda la fuerza del cuerpo del niño proviene, claro está, de la semilla de su padre y de su madre; sin embargo, muere rápidamente. Como resultado de la negligencia o descuido de los padres, así como de mi justicia divina, muchas veces sucede que lo que se unió rápidamente se desune rápidamente.

Sin embargo, un alma no se lleva al castigo más duro por esta razón, sin importar cuan poco tiempo tuvo para darle vida al cuerpo, sino, en vez, viene a la misericordia que se me conoce. Así como el sol que brilla dentro de una casa no se ve tal como es en su belleza – únicamente aquellos que ven al firmamento ven sus rayos – así también las almas de dichos niños, a pesar que no ven mi rostro por falta de bautismo, no obstante están más cerca de mi misericordia que del castigo, pero no de la misma manera como mis elegidos.” (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 5, Interrogante 6, Pregunta 1)

Más Prueba:

“¡Pero consideren mi bondad y mi misericordia! Ya que, como lo dice el maestro, le doy virtud a aquellos que no tiene virtud alguna. Por razón de mi gran amor doy el reino del cielo a todos los bautizados que mueren antes de llegar a la edad de la discreción. Tal como está escrito: Ha complacido a mi Padre darle el reino del cielo a personas como estas. Por razón de mi tierno amor, hasta muestro misericordia a los infantes de los paganos. Si alguno de ellos muere antes de alcanzar la edad de la discreción, dado que no puede conocerme cara a cara, ellos, en vez, van a u lugar que no se permite que ustedes sepan pero en donde vivirán sin sufrimiento.” – (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 2, Capítulo 1)

Estas oraciones fascinantes claramente afirman el dogma Católico infalible, enseñándonos que nadie puede ver el rostro de Dios sin el bautismo de agua. Sin embargo, también nos dan una confirmación explícita que estos niños están en un estado de luz y misericordia, a pesar que no de la misma manera que aquellos en el Cielo.


EL BAUTISMO DE SANGRE Y EL BAUTISMO DE DESEO – TRADICIONES ERRÓNEAS DEL HOMBRE

En este documento he mostrado que la Iglesia Católica enseña infaliblemente que el Sacramento del Bautismo es necesario para la salvación. También he mostrado que es sólo a través de la recepción del Sacramento del Bautismo que uno se incorpora a la Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación. También he mostrado que la Iglesia Católica enseña infaliblemente que las palabras de Jesucristo en Juan 3:5 – En verdad, en verdad te digo, respondió Jesús: que quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios – han de entenderse literalmente: tal como están escritas. Esta es la enseñanza infalible de la Iglesia y excluye cualquier posibilidad de salvación sin haber nacido nuevamente con agua y el Espíritu Santo. Sin embargo, a través de la historia de la Iglesia, muchos han creído en las teorías llamadas el bautismo de deseo y el bautismo de sangre: que el deseo que uno tiene del Sacramento del Bautismo o el martirio por la fe, suple la falta de renacer con agua y el Espíritu Santo. Aquellos que creen en el bautismo de sangre y en el bautismo de deseo elevan ciertas objeciones a la absoluta necesidad de recibir el Sacramento del Bautismo para la salvación. Responderé a algunas de las principales objeciones hechas por los defensores del bautismo de deseo y del bautismo de sangre; y en el proceso, daré una perspectiva de la historia de los errores del bautismo de deseo y del bautismo de sangre. Al hacer esto, demostraré que ni el bautismo de sangre ni el bautismo de deseo es una enseñanza de la Iglesia Católica.


LOS PADRES ESTÁN UNÁNIMES DESDE EL PRINCIPIO

Los Padres (o los primeros escritores católicos cristianos prominentes) son unánimes desde el principio en que nadie entra al cielo ni es liberado del pecado original sin el bautismo de agua.

En 140 A.D., el Padre de la Iglesia, Hermas, cita a Jesús en Juan 3:5, y escribe:

“Ellos tenían necesidad de surgir a través del agua, para que pudieran hacerse vivos; porque ellos, de otra manera, no podían entrar en el reino de Dios.

Esta declaración es obviamente una paráfrasis de Juan 3:5, y así demuestra que desde el principio de la era apostólica los padres sostuvieron y enseñaron que nadie entra al cielo sin haber sido renacido con agua y Espíritu, basado específicamente en la declaración de Nuestro Señor Jesucristo en Juan 3:5.

En 155 A.D., San Justino el Mártir escribe:

“… son guiados por nosotros a un lugar en donde hay agua y allí renacen en el mismo tipo de renacimiento en el cual nosotros mismos renacimos... en el nombre de Dios... ellos reciben el lavado del agua. Porque Cristo dijo, ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios. La razón por la cual hacemos esto la hemos aprendido de los apóstoles.”

Nótese que San Justino Mártir, como Hermas, también cita las palabras de Jesús en Juan 3:5, y basado en las palabras de Cristo, enseña que es de la tradición apostólica que nadie puede entrar en el Cielo sin haber nacido nuevamente del agua y del Espíritu en el Sacramento del Bautismo.

En su diálogo con Trifo el Judío, también fechado el 155 A.D., San Justino Mártir escribe adicionalmente:

“... apresuraos a aprender de qué manera pueden ser vuestros el perdón de los pecados y la esperanza de la herencia. No existe otra manera más que esta: conoced a Cristo, lávense en la limpieza anunciada por Isaías [Bautismo]...”

San Cirilo de Jerusalén, 350 A.D.:

“Él dice, ‘A menos que un hombre renazca’ – y El agrega las palabras ‘de agua y del Espíritu’ – no puede entrar en el Reino de Dios... si un hombre fuese virtuoso en sus necesidades pero no recibe el sello por medio del agua, no entrará en el reino del cielo. Un decir atrevido, pero no mío; porque es Jesús quien lo ha declarado.

Vemos que San Cirilo continúa la Tradición apostólica que nadie entra en el cielo sin nacer nuevamente de agua y del Espíritu, nuevamente en base a una comprensión absoluta de las propias palabras de Nuestro Señor en Juan 3:5.

Papa San Damasco, 382 A.D.:

Esto, entonces, es la salvación de los cristianos: que creen en la Trinidad, es decir, en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, y ser bautizado en ella…”

San Ambrosio, 387 A.D._

“... nadie asciende al reino del cielo excepto a través del Sacramento del Bautismo.”

San Ambrosio, 387 A.D.:

“’A menos que un hombre renazca de agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.’ Nadie es la excepción: ni el infante, ni aquel que alguna necesidad se lo previno.”

San Ambrosio, De Mysteriis, 390-391 A.D.:

“Habéis leído, por lo tanto, que los tres testigos del Bautismo son uno solo: agua, sangre y el espíritu; y si retiráis alguno de estos, el Sacramento del Bautismo no es válido. Porque, ¿qué es el agua sin la cruz de Cristo? Un elemento común sin efecto sacramental. Y tampoco, por otro lado, hay misterio alguno de la regeneración sin el agua: porque ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios’ [Juan 3:5] Hasta un catecúmeno cree en la cruz del Señor Jesús, por la cual también está señalado; pero, a menos que sea bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no puede recibir la remisión de los pecados ni ser recipiendario del don de la gracia espiritual.”

San Juan Crisóstomo, 392 A.D.:

“Llorad por los no creyentes; llorad por aquellos que no difieren un ápice de ellos, ¡aquellos que van, en consecuencia sin iluminación, sin el sello! ... Ellos están afuera de la ciudad real... con los condenados. ‘Amén, os digo, quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.

San Agustín, 395 A.D.:

“... Dios no perdona los pecados excepto a los bautizados.

Papa San Inocente, 414 A.D.:

“Pero aquello que asevera Vuestra Congregación que predican los Pelagos, que aún sin la gracia del Bautismo los infantes pueden ser dotados con las recompensas de la vida eterna, es bastante necio.

Papa San Gregorio el Grande, c. 590 A.D.:

El perdón de los pecados nos es conferido únicamente por el bautismo de Cristo.

Teofilacto, Patriarca de Bulgaria, c. 800 A.D.:

Aquel que cree y es bautizado, será salvado. No es suficiente creer; quien cree y todavía no está bautizado, sino es únicamente un catecúmeno, todavía no ha adquirido completamente la salvación.”

Muchos otros pasajes de los padres podrían citarse, pero es un hecho que los padres de la Iglesia son unánimes desde el principio de la era apostólica, en que nadie puede ser salvado sin recibir el Sacramento del Bautismo, en base a las palabras de Jesucristo en Juan 3:5. El eminente Erudito Patrístico Padre William Jurgens, quien literalmente ha leído miles de textos de los padres, fue obligado a admitir lo siguiente (aunque él cree en el bautismo del deseo) en su conjunto de tres volúmenes sobre los padres de la Iglesia.

Padre William Jurgens: “Si no hubiera una tradición constante en los Padres en cuanto a que el mensaje del Evangelio, que dice quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Diosfuese tomado en forma absoluta, sería fácil decir que Nuestro Salvador simplemente no consideró adecuado mencionar las excepciones obvias de la ignorancia invencible y la imposibilidad física. Pero la tradición, de hecho, está allí; y es suficientemente probable encontrarla tan constante como para constituir revelación.”

El eminente erudito Padre Jurgens admite acá tres cosas importantes:

  1. Los padres son constantes en su enseñanza en cuanto a que Juan 3:5 es absoluto sin excepciones; es decir, nadie entra en el cielo sin renacer de agua y del Espíritu;

  2. Los padres son tan constantes en este punto que probablemente constituye una revelación divina, sin ni siquiera considerar la enseñanza infalible de los papas;

  3. La enseñanza constante de los padres en cuanto a que todos deben de recibir el bautismo de agua para la salvación, a la luz de Juan 3:5, excluye las excepciones para los casos de “ignorantes invencibles” o de los “físicamente imposibles”

Y en base a esta verdad, declarada por Jesús en el Evangelio (Juan 3:5), transmitida por los Apóstoles y enseñada por los padres, la Iglesia Católica ha definido infaliblemente como un dogma (como ya lo hemos visto) que absolutamente nadie entra en el cielo sin el Sacramento del Bautismo.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: Si alguien dice que el bautismo es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (Juan 3:5) que sea anatema.”


NO TODOS LOS PADRES PERMANECIERON CONSISTENTES CON SU PROPIA AFIRMACIÓN

A pesar del hecho que existe una tradición constante desde el principio, que absolutamente nadie es salvado sin el bautismo de agua, no todos los padres permanecieron siempre consistentes con su propia afirmación en este punto. Y allí es donde nos encontramos con las teorías del “bautismo de sangre” y el “bautismo del deseo”. Debe de entenderse que los padres de la Iglesia estaban equivocados y eran inconsistentes con sus propias enseñanzas y con la Tradición apostólica en muchos puntos – ya que eran hombres falibles que cometieron muchos errores.

Los padres de la Iglesia son únicamente un testigo definitivo de la Tradición cuando expresan un punto sostenido universal y constantemente, o cuando expresan algo que está en línea con el dogma definido. Tomado individualmente o aún en multiplicidad, ellos pueden estar totalmente equivocados y aún ser peligrosos. San Basilio el Grande dijo que el Espíritu Santo es segundo al Hijo de Dios en orden y dignidad, en un intento horrible y aún herético de explicar la Santísima Trinidad.

San Basilio (363): “El Hijo no es, sin embargo, segundo al Padre en naturaleza, porque Dios-cabeza es uno en cada uno de ellos y, simplemente, también en el Espíritu Santo, aunque en orden y dignidad El es segundo del Hijo (¡sí, esto si lo concedemos!), a pesar que, está claro, no de tal manera El fuese de otra naturaleza.”

Cuando San Basilio dice anteriormente que Dios-cabeza es uno en el Padre, Hijo y Espíritu Santo, está afirmando correctamente la Tradición universal y apostólica. Pero cuando él dice que el Espíritu Santo es segundo en dignidad al Hijo, deja de permanecer consistente con esta Tradición y cae en error (de hecho, una herejía material). Y los padres cometieron incontables errores al intentar defender o articular la Fe.

San Agustín escribió un libro entero de correcciones. San Fulgencio y un sinnúmero de otros, incluyendo a San Agustín, sostuvo que era seguro que los infantes que morían sin el bautismo descendían a los fuegos del Infierno, una posición que más tarde fue condenada por el Papa Pío VI. Tal como lo confirmó el Papa Pío VI, los infantes no bautizados van al Infierno, pero a un lugar en el Infierno en donde no hay fuego.

Pero San Agustín era tan franco a favor de este error que se convirtió en la enseñanza común y básicamente sin reto durante más de 500 años, de acuerdo a la Enciclopedia Católica.

La Enciclopedia Católica, Vol. 9, “Limbo”, p. 257: “Sobre la pregunta especial, sin embargo, del castigo del pecado original después de la muerte, San Anselmo pensaba igual que San Agustín al sostener que los infantes no bautizados comparten los sufrimientos positivos de los condenados; y Abelardo fue el primero en rebelarse en contra de la severidad de la tradición Agustiniana sobre este punto.

Es por esto que los católicos no forman conclusiones doctrinales definidas a partir de la enseñanza de un padre de la Iglesia o de varios padres; un católico se rige por la enseñanza infalible de la Iglesia proclamada por los Papas; y un católico aprueba la enseñanza de los padres de la Iglesia cuando concuerdan universal y constantemente desde el principio y están en línea con la enseñanza dogmática Católica.

Papa Benedicto XIV, Apostólica (#6), 26 de junio, 1749: “El juicio de la Iglesia es preferible a aquel de un Doctor reconocido por su santidad y enseñanza.”

Los Errores de los Jansenistas, #30: “Cuando alguien encuentra una doctrina que está claramente establecida en Agustín, puede sostenerla absolutamente y enseñarla, desatendiendo cualquier disparate del Papa.” – Condenado por el Papa Alejandro VIII.

Papa Pío XII, Humani generis (#21), 12 de agosto, 1950: “Este depósito de fe que nuestro Divino Redentor ha dado para la interpretación genuina, no a cada uno de los fieles, ni siquiera a los teólogos, sino únicamente a la Autoridad de Enseñanza de la Iglesia.

La Iglesia Católica no reconoce infalibilidad en santos, teólogos o en los primeros padres de la Iglesia. Es únicamente un Papa que opera con la autoridad del Magisterium quien está protegido por el Espíritu Santo para no enseñar error sobre la fe o la moral. Por lo tanto, cuando examinamos y mostramos cómo han errado los hombres de la iglesia sobre temas del bautismo del deseo y de la sangre, esto es 24px consistente con las enseñanzas de la Iglesia, las cuales siempre han reconocido que cualquier hombre de la Iglesia, sin importar cuán grande, puede cometer errores, aún significativos.


LA TEORÍA DEL BAUTISMO DE SANGRE – UNA TRADICIÓN DEL HOMBRE

Un pequeño número de padres – aproximadamente 8 de un total de cientos – son citados a favor de lo que se llama el “bautismo de sangre”, la idea que un catecúmeno (es decir, uno que se prepara para recibir el Bautismo Católico), que derramó su sangre por Cristo, podría ser salvado sin haber recibido el Bautismo. Es crucial notar que al principio ni uno de los padres consideró a ninguno, excepto un catecúmeno, como la posible excepción a recibir el Sacramento del Bautismo; todos condenarían y rechazarían la herejía moderna de la “ignorancia invencible” como herética y foránea a la enseñanza de Cristo, salvando a aquellos que mueren como no-católicos. Así, de los padres, aproximadamente 8 son citados a favor del bautismo de sangre para los catecúmenos. Y, únicamente 1 padre entre cientos, San Agustín, puede citarse como aquel que enseña claramente lo que hoy se llama “bautismo de deseo”: la idea que un catecúmeno podría ser salvado por su deseo explícito de recibir el bautismo de agua. Esto significa que, a excepción de San Agustín, todos los pocos padres que creyeron en el bautismo de sangre, realmente rechazaron el concepto del bautismo de deseo. Tomen como ejemplo a San Cirilo de Jerusalén.

San Cirilo de Jerusalén, 350 A.D.: Si cualquier hombre no recibe el bautismo, no recibe la salvación. La única excepción son los mártires...”

Acá vemos que San Cirilo de Jerusalén creyó en el bautismo de sangre, pero rechazó el bautismo del deseo. San Fulgencio expresó lo mismo.

San Fulgencio, 523: “Desde ese momento en el cual Nuestro Salvador dijo: “quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios,’ nadie puede sin el sacramento del bautismo, excepto aquellos que, en la Iglesia Católica, sin tener el Bautismo derraman su sangre por Cristo...”

Acá vemos que San Fulgencio creyó en el bautismo de sangre pero rechazó la idea del bautismo de deseo. Y lo que es irónico y especialmente deshonesto, es que los apologistas del bautismo de deseo (como son los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X) citarán estos textos patrísticos (como los dos anteriores) en los libros escritos, para demostrar el bautismo de deseo, sin señalarles a sus lectores que estos pasajes realmente niegan el bautismo de deseo; porque podemos ver que San Fulgencio, a pesar de expresar su creencia en el bautismo de sangre, rechaza el bautismo de deseo, permitiendo únicamente a los mártires como una posible excepción a recibir el bautismo. (¿Qué diría San Fulgencio sobre la versión moderna de la herejía del bautismo de deseo, que también es enseñado por dichos sacerdotes de SSPX, SSPV, CMRI, etc., con el cual los judíos, musulmanes, hindúes, y pagamos puede salvarse sin el Bautismo?)

Es también importante señalar que algunos de los padres usaron el término “bautismo de sangre” para describir el martirio católico de alguien ya bautizado, no como un reemplazo posible del bautismo de agua. Este es el único uso legítimo del término.

San Juan Crisóstomo, Panegírico sobre San Luciano, Siglo IV, AD: “No se sorprendan que yo llame al martirio un Bautismo; porque aquí, también, el Espíritu viene con gran prisa y se eliminan los pecados y hay una expiación admirable y maravillosa del alma; y así como los que son bautizados se limpian en agua, así también aquellos martirizados son lavados en su propia sangre.”

Acá San Juan describe el martirio del sacerdote San Luciano, una persona ya bautizada. El no dice que el martirio reemplaza el bautismo. San Juan Damasceno lo describe de la misma manera:

San Juan Damasceno: “Estas cosas son muy bien entendidas por nuestros santos padres inspirados --- así, ellos se esforzaron, después del Santo Bautismo en mantenerse... sin mancha e impolutos. De donde algunos de ellos también consideraron adecuado recibir otro Bautismo: Quiero decir aquel que es con sangre y el martirio.”

Esto es importante porque muchos eruditos deshonestos hoy en día (como los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X) tergiversarán las enseñanzas en este punto, ellos citarán un pasaje sobre el bautismo de sangre en el cual San Juan simplemente habla del bautismo de sangre como un martirio católico para alguien ya bautizado, y lo presentarán como si la persona estuviese enseñando que el martirio puede reemplazar el bautismo – cuando eso no se declara en ningún lado.

Algunos pueden pensar por qué el término de bautismo de sangre se usó del todo. Creo que la razón por la cual el término “bautismo de sangre” fue usado por algunos de los padres fue porque Nuestro Señor describió en Marcos 10:38-39, Su pasión venidera como un bautismo.

“Mas Jesús les replicó: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz de la pasión que yo voy a beber?; ¿o ser bautizados con el bautismo de sangre con que yo voy a ser bautizado? Respondiéronle: Sí que podemos. Pues tened por cierto, les dijo Jesús, que beberéis el cáliz que yo bebo y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado.” Marcos 10:38-39.

Vemos en el pasaje antes mencionado que Nuestro Señor, a pesar de estar ya bautizado por San Juan en el Jordán, se refiere a otro bautismo que El debe de recibir. Este es Su martirio en la cruz, no un sustituto del bautismo de agua. Es Su “segundo bautismo”, si quieren, no su primero. Así, el bautismo de sangre es descrito por Nuestro Señor de la misma manera que lo hizo San Juan Damasceno, y no significa un sustituto del bautismo para una persona no bautizada, sino en vez, un martirio católico que perdona todas las faltas y los castigos debidos al pecado.

El término bautismo se usa en una variedad de maneras en las escrituras por parte de los padres de la Iglesia. Los bautismos de agua, de sangre, del espíritu, de Moisés y de fuego, son todos términos que han sido implementados por los Padres de la Iglesia para caracterizar a ciertas cosas, pero no necesariamente para describir que un mártir no bautizado puede obtener la salvación. Lean el verso de la escritura en el cual el término bautismo es usado para los antepasados del Antiguo Testamento:

“Y que todos bajo la dirección de Moisés fueron en cierto modo bautizados en la nube y en el mar; que todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual (porque ellos bebían del agua que salía de la misteriosa piedra, y los iba siguiendo, cuya piedra era figura de Cristo).” 1 Cor. 10:2-4.

Considero que esto explica por qué cierto número de padres erraron al creer que el bautismo de sangre suple el lugar del bautismo de agua. Ellos reconocieron que Nuestro Señor se refirió a Su propio martirio como un bautismo y ellos erróneamente concluyeron que el martirio para la verdadera fe puede servir como un sustituto de renacer del agua y del Espíritu Santo. Pero la realidad es que no hay excepciones a las palabras de Nuestro Señor en Juan 3:5, como lo confirma la enseñanza infalible de la Iglesia Católica. Cualquiera de buena voluntad que está dispuesto a derramar su sangre por la verdadera fe no será dejado sin esta agua salvadora. No es nuestra sangre, sino la sangre de Cristo en la Cruz, que se transmite a nosotros en el Sacramento del Bautismo, que los libera del estado de pecado y nos permite la entrada al reino del Cielo.

Papa Eugenio IV, “Cantate Domino”, Concilio de Florencia, ex cátedra: “Nadie, sin importar que caridad haya practicado, aunque haya derramado sangre en el nombre de Cristo, puede ser salvado, a menos que haya perseverado dentro del regazo y unidad de la Iglesia Católica.”


RESUMIENDO LOS HECHOS SOBRE EL BAUTISMO DE SANGRE

Tal como ya se declaró, la teoría del bautismo de sangre nunca ha sido enseñada por un Papa, un concilio ni por Encíclica Papal. Por lo menos 5 concilios dogmáticos de la Iglesia Católica emitieron definiciones detalladas sobre el Bautismo y ni una sola mencionó jamás el concepto o el término de bautismo de sangre. El Concilio de Trento tenía 14 cánones sobre el Bautismo, y el bautismo de sangre no se menciona en ningún lado. Y, de hecho, varias declaraciones infalibles de los papas y concilios han excluido la idea.

Papa Eugenio IV, “Cantate Domino”, Concilio de Florencia, ex cátedra:Nadie, sin importar que caridad haya practicado, aunque haya derramado sangre en el nombre de Cristo, puede ser salvado, a menos que haya perseverado dentro del regazo y unidad de la Iglesia Católica.”

El Papa Eugenio IV explícitamente excluye de la salvación, aún de aquellos que “derraman sangre en nombre de Cristo” ¡a menos que vivan dentro del regazo y la unidad de la Iglesia! Y, como ya se demostró, ¡los no bautizados no viven dentro del regazo ni la unidad de la Iglesia (de fide)! Los no bautizados no son sujetos de la Iglesia Católica (de fide, Concilio de Trento, Sesión 14, Capítulo 2); los no bautizados no son miembros de la Iglesia Católica (de fide, Pío XII, Mystici Corporis #22); y los no bautizados no tienen la marca de los cristianos (de fide, Pío XII; Mediator Dei #43).

Si el “bautismo de sangre” realmente sirvió como sustituto del Sacramento del Bautismo, Dios nunca hubiese permitido que la Iglesia Católica comprendiera Juan 3:5 como está escrito en sus decretos infalibles, como El lo ha hecho (Papa Eugenio IV, El Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 22 de noviembre, 1439, etc.). Esto es seguro, porque la comprensión oficial que la Iglesia hace de las escrituras no puede errar.

Además, Dios nunca hubiese permitido que el Concilio de Trento infalible pasara completamente sobre cualquier mención de esta “excepción” en sus cánones sobre el bautismo y sus capítulos sobre la justificación, como una manera alternativa de alcanzar el estado de gracia. El nunca hubiese permitido todas las definiciones infalibles provenientes de los papas sobre un único bautismo como para evitar cualquier mención del “bautismo de sangre.”

Y Dios no hubiese permitido que el Papa Eugenio IV definiera que nadie, aunque hubiese derramado sangre en nombre de Cristo, puede ser salvado a menos que esté en el regazo y la unidad de la Iglesia Católica, sin mencionar la excepción del “bautismo de sangre”. Dios nunca ha permitido que la teoría del bautismo de sangre fuese enseñada en ningún concilio, por ningún papa, ni en ningún decreto infalible, únicamente por teólogos falibles y los primeros padres falibles de la Iglesia. Todo esto es porque el bautismo de sangre no es una enseñanza de la Iglesia Católica, sino una especulación errónea de ciertos padres quienes también erraron frecuentemente en los mismo documentos. Además, no habría necesidad que Dios salvara a nadie por medio del bautismo de sangre (o “bautismo de deseo”), ya que El puede mantener viva a cualquier alma sincera hasta que sea bautizada.


LA TEORÍA DEL BAUTISMO DE DESEO – UNA TRADICIÓN DEL HOMBRE

Aquellos a quienes los apologistas de la teoría del bautismo de deseo les han lavado el cerebro pueden sorprenderse al saber que de todos los padres de la Iglesia, únicamente de 1 puede decirse que los defensores del bautismo de deseo han dicho que ha enseñado el concepto. Eso es correcto, únicamente uno, San Agustín. Los defensores del bautismo del deseo harán un débil intento de decir lo mismo de un segundo padre, San Ambrosio, tal como lo veremos más adelante; pero aunque eso fuese cierto, eso solo haría que fuesen dos padres de cientos, que pueden ser citados como que especularon sobre el concepto del bautismo de deseo. Entonces, ¿qué es lo que se tiene que decir sobre las siguientes declaraciones de los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X (SSPX), que han escrito tres libros separados sobre el “bautismo de deseo”?

Padre Jean-Marc Rulleau (SSPX), Bautismo de Deseo, p. 63: “Este bautismo de deseo suple o compensa la necesidad del bautismo sacramental... La existencia de este modo de salvación es una verdad enseñada por el Magisterio de la Iglesia y sostenida desde los primeros siglos por todos los Padres. Ningún teólogo católico lo ha combatido.

Padre Francois Laisney (SSPX), ¿Es el Feeneyismo Católico?, p. 79, sobre el Bautismo de deseo: “No solo es una enseñanza común, sino una enseñanza unánime; no es únicamente desde la primera parte del milenio, sino desde el inicio de la Iglesia...”

Estas declaraciones son unas mentiras totalmente falsas y graves, que desfiguran completamente la enseñanza de la Tradición y corrompen la fe de las personas, tal como ya lo hemos visto. Los padres están unánimemente en contra del concepto que cualquiera (incluyendo los catecúmenos) podría ser salvado sin el bautismo de agua. Pero examinemos la enseñanza de uno de los padres, San Agustín, quien sí expresó creencia (por lo menos a veces) en la idea que un catecúmeno podría ser salvado sin el Sacramento del Bautismo con solo su deseo de tenerlo.


SAN AGUSTÍN (354-430)

San Agustín es citado a favor del concepto del bautismo de deseo, pero él admitió que luchó con este asunto, a veces claramente oponiéndose a la idea que los catecúmenos no bautizados podrían alcanzar la salvación, y otras veces apoyándola.

San Agustín, 400: “El hecho que el Bautismo es a veces suplido por el sufrimiento, es respaldado por un argumento sustancial al que llega el mismo San Cipriano... Tomando en cuenta esto, una y otra vez, encuentro que no sólo el sufrimiento en nombre de Cristo puede suplir la falta en relación al Bautismo, sino hasta la fe y al conversión de corazón, ... si no se tiene el recurso de la celebración del Misterio del Bautismo.”

Hay dos puntos interesantes sobre este pasaje. El primero está relacionado al bautismo de sangre: nótese que Agustín dice que su creencia en el bautismo de sangre es respaldada por una inferencia o un argumento que hizo San Cipriano, nada enraizado en la Tradición de los Apóstoles de los Pontífices Romanos.

San Cipriano, A Jubaiano (254): “.. en relación a lo que pueda pensar en cuanto al bautismo de herejes... No podemos considerar que este bautismo es válido...”

Como ya lo vimos anteriormente, muchas inferencias de San Cipriano mostraron estar muy equivocadas, por decirlo de buena manera, como es su “inferencia” que se tomó de la “Tradición apostólica” el hecho que los herejes no pueden conferir el bautismo, lo cual está equivocado, ya que aún los herejes pueden bautizar válidamente. Así, San Agustín revela con esta declaración un punto muy importante: que su creencia aún en el bautismo de sangre está enraizada en la especulación humana falible, no en la revelación divina ni en la Tradición infalible. Él admite que podría estar equivocado y, de hecho, lo está.

En segundo lugar, cuando Agustín concluye que él también considera que la fe (es decir, la fe en el catolicismo) y un deseo del bautismo podrían tener el mismo efecto que el martirio, él dice: “Considerando esto una y otra vez...” Al decir que está considerando esto una y otra vez, San Agustín admite que su opinión sobre el bautismo de deseo es también algo a lo que ha llegado a partir de su propia consideración, no a través de la Tradición infalible ni de enseñanza infalible. Es algo sobre lo cual él admitió que luchó y sobre lo cual se contradijo. Todo esto sirve para demostrar nuevamente que el bautismo de deseo, como el bautismo de sangre, es una tradición del hombre, nacida de una especulación humana falible y errónea (si bien de algunos grandes hombres), y no enraizada en cualquier Tradición de los Apóstoles o de los papas, o derivada de los mismos.

De los cientos de padres de la Iglesia, el único otro al cual los defensores del bautismo de deseo tratan de citar es San Ambrosio. Ellos piensan que en su alocución en el funeral de su amigo (el Emperador Valentiniano) enseñó que el emperador (que era únicamente un catecúmeno) se salvó por su deseo del bautismo. Pero la alocución de San Ambrosio en el funeral de Valentiniano es extremadamente ambigua y podría interpretarse de una variedad de maneras. Por lo tanto es injustificado que ellos aseveren que claramente enseña la idea del “bautismo de deseo”.


TRADICIÓN LITÚRGICA Y TRADICIÓN DEL ENTIERRO APOSTÓLICO

Además, estos claros testimonios de los padres en contra de la teoría del bautismo de deseo, quizá lo más impactante es el hecho que en la historia de la Iglesia Católica no hay una sola tradición que pueda citarse para rezar por – o que dé un entierro eclesiástico a – los catecúmenos que murieron sin el bautismo. La Enciclopedia Católica (1907) dijo lo siguiente sobre la Tradición real de la Iglesia sobre este tema:

“Cierta declaración en la oración que San Ambrosio dio en el funeral del Emperador Valentiniano II ha sido usada como prueba que la Iglesia ofreció sacrificios y oraciones por los catecúmenos que murieron antes de ser bautizados. No hay un solo vestigio de dicha costumbre en ningún lado ... La práctica de la Iglesia se muestra más correctamente en el canon (xvii) del Segundo Concilio de Braga (572 AD): ‘Ni la conmemoración del Sacrificio [oblationis] ni el servicio de cantos [psallendi] ha de emplearse para los catecúmenos que han muerto sin el bautismo.’”

¡Allí está la enseñanza de la Tradición Católica! ¡Ningún catecúmeno que murió sin el Sacramento del Bautismo recibió oración, sacrificio o entierro cristiano! El Concilio de Braga, en 572 A.D., prohibió la oración para los catecúmenos que morían sin Bautismo. El Papa San León el Grande y el Papa San Gelasio habían confirmado anteriormente la misma disciplina de la Iglesia – la cual era la práctica universal – el prohibirle a los Católicos que rezaran por los catecúmenos no bautizados que habían muerto. Esto significa que la creencia que existía en los primeros años de la Iglesia era que no había tal cosa de bautismo de deseo. La teoría del bautismo de deseo no se volvió en una creencia ampliamente conocida hasta la edad media, cuando Santo Tomás de Aquino y algunos otros teólogos eminentes lo hicieron propio, lo que hizo que muchos teólogos adoptaran subsiguientemente esa posición por deferencia a ellos, una posición sobre la salvación posible de los catecúmenos que murieron sin el bautismo, lo cual era contrario a la creencia abrumadora y a la tradición litúrgica de los primeros días de la Iglesia, sin mencionar la enseñanza infalible posterior de la Iglesia sobre la escritura de Juan 3:5.

La verdadera enseñanza de la tradición apostólica y Católica sobre este tema también se ve desde la enseñanza de la Liturgia Católica, la cual reconocían y creían todos los católicos devotos en los primeros días de la Iglesia: es decir, que ningún catecúmeno no bautizado o persona no bautizada fuese considerada parte de los fieles. Todos los padres sostenían que los catecúmenos no bautizados no son parte de los fieles porque eso les enseñaba la liturgia a todos los católicos.

Dr. Ludwig Ott, Fundamentos del Dogma Católico, Membresía en la Iglesia, p. 309: “3. Los padres dibujan una línea definida de separación entre los Catecúmenos y ‘los fieles.’”

Esto significa que ninguna persona no bautizada puede ser salvada, porque el dogma católico ha definido que nadie se salva fuera de la única Iglesia de los fieles.

Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio, 27 de mayo, 1832, sobre ninguna salvación fuera de la Iglesia: “Los actos oficiales de la Iglesia proclaman el mismo dogma. Así, en el decreto sobre la fe que Inocente III publicó con el sínodo de Laterano IV, se escriben estas cosas: ‘Hay una única Iglesia universal de todos los fieles, fuera de la cual nadie se salva.’”


PAPA SAN SIRICIO (384-398)

En su carta al Obispo de Tarragona en el año 385, el Papa San Siricio también muestra cómo la creencia que había durante los primeros días de la Iglesia rechazó cualquier concepto del bautismo de deseo.

Papa San Siricio, 385, [en relación a la necesidad del bautismo] “Por lo tanto, así como declaramos que no se disminuya el respecto por el sacrificio de la Pascua [tiempo de Pascua] en el caso de ninguna persona, de igual manera deseamos que se lleve ayuda velozmente a los niños quienes, debido a su edad, todavía no pueden hablar y a aquellos que en cualquier emergencia tienen necesidad del agua del santo bautismo, no sea que podría llevar a la destrucción de nuestras almas si, al rehusarles el agua de la salvación a aquellos que la desean, cada uno de ellos, cuando dejen este mundo, perderían tanto el reino como la vida. Ciertamente, quien quiera que sufra el peligro de un naufragio, un ataque del enemigo, el peligro de ser sitiado o la desesperación que resulte de alguna enfermedad corporal, y solicita lo que en su fe es su única ayuda, dejen que reciba al momento de su solicitud la recompensa de la regeneración que ellos suplican Esto sería suficiente para mi divagación sobre este tema; ahora dejad que todos los sacerdotes que no desean ser arrancados de la roca firmemente fijada de los apóstoles, sobre la cual Cristo ha construido su iglesia universal, se mantengan firmes a la regla antedicha.” (El latín encontrado en Denzinger-Schonmetzer, Edición Latina, 1962, N° 184; una traducción al inglés encontrada en La Fe Cristiana, Sexta edición revisada y ampliada, Staten Island, NY: Casa Alba, 199, p. 540.)

Espero que los defensores del bautismo de deseo lean esto muy cuidadosamente. El Papa declara que el hombre que suplica la regeneración y desea el bautismo de agua, ¡aún así, se le niega el cielo si muere sin el bautismo! Esta cita del Papa San Siricio es impactante en el sentido que claramente muestra nuevamente cómo la Iglesia al principio rechazó la creencia en el concepto del bautismo de deseo. El Papa comienza afirmando que la observancia del tiempo de Pascua no debe de relajarse. (Se refiere al hecho que históricamente los Bautismos se realizaban durante el tiempo de Pascua). Después de afirmar que debe de mantenerse esta tradición, el Papa advierte que los infantes y aquellos en cualquier necesidad o peligro deberían de bautizarse inmediatamente, no sea que aquellos que desean el bautismo mueran y sean “privados del Reino y de la vida” por no haber recibido el bautismo de agua que desean. Este es un claro rechazo a la idea del bautismo de deseo.

Este punto lo hace nuevamente el Papa en la segunda mitad de la cita, en donde dice que cuando aquellas personas no bautizadas “piden lo que, en su fe, es su única ayuda, dejad que reciban en el mismo momento de su solicitud la recompensa de la regeneración que ellos suplican”. Esto significa que el recibir el Bautismo de agua es la única ayuda hacia la salvación para dichas personas, quienes de veras desean recibir el Bautismo. No existe ayuda para la salvación de dichas personas en su deseo o martirio, sino únicamente al recibir el Sacramento del Bautismo.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 2 sobre el Sacramento del Bautismo, Sesión 7, 1547, ex cátedra: “Si alguien dice que no es necesaria el agua real y natural para el bautismo, y en esa cuenta se distorsionan aquellas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo’ [Juan 3:5], en alguna especie de metáfora: que sea anatema.”

Como pueden ver, ¡se está anatematizado si afirman que el bautismo de deseo es una doctrina Católica!


OBJECIONES PRINCIPALES

SESIÓN 6, CAPÍTULO 4 DEL CONCILIO DE TRENTO

OBJECIÓN- En la Sesión 6, Capítulo 4 de su decreto sobre Justificación, el Concilio de Trento enseña ¡que puede llevarse a cabo la justificación por el bautismo de agua o el deseo del mismo! ¡Ahí lo tienen!

RESPUESTA – [Nota preliminar: Si la Sesión 6, Capítulo 4 de Trento estuviese enseñando lo que declaran los defensores de deseo (lo cual no está haciendo) entonces significaría que todo hombre debe de recibir el bautismo o por lo menos tener el deseo/voto real del bautismo para ser salvado. Significaría que sería herejía decir que cualquier persona no bautizada podría salvarse si no tiene por lo menos el deseo/voto del bautismo de agua. Pero el 99% de las personas que cita este pasaje a favor del bautismo de deseo ¡ni siquiera cree que uno debe de desear el bautismo para ser salvado! Ellos creen que los judíos, budistas, hindús, musulmanes, etc., quienes no desean el bautismo de agua, pueden ser salvados. Así, el 99% de aquellos que cita este pasaje, rechaza aún lo que ellos declaran que está enseñando. Francamente, este hecho muestra la deshonestidad y la mala fe de la mayoría de los defensores del bautismo de deseo al intentar citar este pasaje como si fuesen devotos de su enseñanza cuando, de hecho, no creen en el mismo para nada y están en herejía por enseñar que los no-católicos, que ni siquiera desean el bautismo de agua, pueden salvarse.

Habiendo indicado eso, este pasaje del Concilio de Trento no enseña que puede realizarse la Justificación con el bautismo de agua o el deseo del mismo. Dice que la justificación en los impíos NO PUEDE REALIZARSE SIN el bautismo de agua o el deseo del mismo. Esto es completamente diferente a la idea que la justificación si puede realizarse con el agua del bautismo o el deseo del mismo.

Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión 6, Capítulo 4: “En estas palabras se sugiere una descripción de la justificación de los impíos, cómo hay una transición de ese estado en el cual una persona nace como hijo del primer Adán, al estado de gracia y de la adopción como hijos de Dios a través del segundo Adán, Jesucristo nuestro Salvador; ciertamente, esta transición, una vez ha sido promulgado el evangelio, NO PUEDE REALIZARSE SIN la jofaina de la regeneración o un deseo de la misma, TAL COMO ESTÁ ESCRITO: quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5).”

Para empezar, el lector debe de notar que este pasaje crucial de Trento ha sido horriblemente mal traducido en la versión popular al inglés de Denzinger, las Fuentes del Dogma Católico, lo cual se cita arriba.

La frase crítica, “esta transición, una vez ha sido promulgado el evangelio, no puede realizarse sin la jofaina de la regeneración o un deseo de la misma” ha sido mal traducida para que lea: “Esta transición, una vez ha sido promulgado del evangelio, no puede realizarse excepto a travésde la jofaina de la regeneración o un deseo de la misma...” Esta mala traducción de la palabra en latín, “sine” (sin) – que se encuentra en el latín original – a “excepto a través”, altera completamente el significado del pasaje a favor del error del bautismo de deseo. Esto es importante mantener en mente porque esta mala traducción todavía la usan todo el tiempo los defensores del bautismo de deseo (a menudo en forma deliberada), incluyendo las publicaciones recientes de SSPX y CMRI. Habiendo mencionado eso, procederé a discutir lo que el concilio realmente dice acá.

Viendo una traducción correcta, la cual se encuentra en muchos libros, el lector también debería notar que, en este pasaje, el Concilio de Trento enseña que Juan 3:5 debe tomarse tal como está escrito (Latín: sicut scriptum est), lo cual excluye cualquier posibilidad de salvación sin el renacimiento con agua en el Sacramento del Bautismo. No hay manera alguna que el bautismo de deseo sea cierto si Juan 3:5 ha de tomarse tal como está escrito, porque Juan 3:5 dice que todo hombre debe de renacer de agua y del Espíritu para ser salvado, lo cual niega la teoría del bautismo de deseo. La teoría del bautismo de deseo y una interpretación de Juan 3:5 como está escrito son mutuamente excluyentes (no pueden ser ambas ciertas al mismo tiempo) – y todo proponente del bautismo de deseo admitirá esto. Es por eso que todos deben – y lo hacen – optar por una interpretación no-literal de Juan 3:5.

Pero, qué dice el pasaje en Trento que acabamos de discutir: Dice infaliblemente, “TAL COMO ESTÁ ESCRITO, QUIEN NO RENACIERE POR EL BAUTISMO DEL AGUA, Y LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, NO PUEDE ENTRAR EN EL REINO DE DIOS.”

Pero qué hay de la declaración que dicen las personas a favor del bautismo de deseo: que el uso de la palabra “ó” (Latín: aut) en el pasaje anterior significa que la justificación si puede realizarse con el agua del bautismo o un deseo del mismo. Una observación cuidadosa de la traducción correcta de este pasaje muestra que esta declaración es falsa. Supongan que yo digo, “Este baño en regadera no puede realizarse sin agua o el deseo de tomarlo.” ¿Significa esto que un baño en regadera puede realizarse con el deseo de tomar un baño en regadera? No, claro que no. Significa que son necesarios ambos (agua y deseo).

O, supongan que yo digo, “No puede haber un matrimonio sin una novia o un novio.” ¿Significa esto que se puede tener un matrimonio con un novio y sin una novia? Claro que no. Significa que ambos son necesarios para el matrimonio. Se podrían dar cientos de otros ejemplos. Así mismo, el pasaje anterior en Trento dice que la Justificación NO PUEDE REALIZARSE SIN agua o deseo; en otras palabras, ambos son necesarios. ¡No dice que la Justificación sí se realiza ya sea con agua o con deseo!


EL CATECISMO DEL CONCILIO DE TRENTO

OBJECIÓN- El Catecismo del Concilio de Trento enseñaba que la determinación de la persona de recibir el bautismo la podría ayudar hacia la gracia y la rectitud, si le es imposible recibir el bautismo.

Catecismo del Concilio de Trento, Ordinariamente Ellos no Están Bautizados de Inmediato, p. 179: “En los adultos, sin embargo, la Iglesia no ha estado acostumbrada a conferir el Sacramento del Bautismo inmediatamente, sino ha ordenado que sea postergado durante cierto tiempo. No se atiende el retraso con el mismo peligro como en el caso de los infantes, lo cual ya hemos mencionado; si cualquier accidente no previsto llegase a hacer que sea imposible que los adultos sean lavados en las aguas curativas, su intención y determinación de recibir el Bautismo y su arrepentimiento de sus pecados anteriores, les ayudarán a la gracia y a la rectitud.”

RESPUESTA- El Catecismo del Concilio de Treno no es infalible. Los padres John A. McHugh, O.P. y Charles J. Callan, O.P. escribieron la introducción para una traducción del Concilio de Trento al inglés común. Su introducción contiene la siguiente cita interesante del Dr. John Hagan, Rector de la Universidad Irlandesa en Roma, sobre la autoridad del Catecismo.

Catecismo del Concilio de Trento – Décimo Quinta impresión, Libros TAN, Introducción XXXVI: “Los Papas han emitido ocasionalmente documentos oficiales para explicar ciertos puntos de la enseñanza Católica a los individuos o a las comunidades cristianas locales; mientras que el Catecismo Romano comprende prácticamente el cuerpo entero de la doctrina cristiana y está dirigido a toda la Iglesia. Su enseñanza no es infalible, pero tiene un lugar entre los catecismos aprobados y lo que es de fe.”


EL CATECISMO ATRIBUIDO A SAN PÍO X

El Catecismo atribuido al Papa San Pío X nos repite la misma enseñanza de fide de la Iglesia Católica sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua para la salvación.

El Catecismo del Papa San Pío X, Los Sacramentos, “Bautismo”, Pregunta 16: “P. ¿Es necesario el Bautismo para la salvación? Respuesta: El Bautismo es absolutamente necesario para la salvación, porque Nuestro Señor ha dicho expresamente: ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios’”

Así, contrario a la creencia popular, aquellos que rechazan el “bautismo del deseo” realmente siguen la enseñanza del Catecismo atribuido al Papa San Pío X sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua. Ellos no siguen, sin embargo, la enseñanza de este Catecismo falible cuando procede a contradecir esta verdad sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua para la salvación.

El Catecismo del Papa San Pío X, Los Sacramentos, “Bautismo”, Pregunta 17: “P. ¿Puede la ausencia del Bautismo ser satisfecha de cualquier otra manera? Respuesta. La ausencia del Bautismo puede satisfacerse con el martirio, el cual se llama Bautismo de Sangre, o por un acto de amor perfecto hacia Dios, o por contrición, junto con el deseo, por lo menos implícito, del Bautismo, y esto se llama el Bautismo de Deseo.”

Esto nuevamente es una contradicción total a lo que se declara en la Pregunta 16. Deberá notarse que este catecismo, a pesar de ser atribuido al Papa San Pío X, no provino de su pluma y no fue promulgado solemnemente por él. No existe Bula Papal de él que promulgue el catecismo, de manera que es simplemente un catecismo falible que salió durante su reinado y al cual se le dio su nombre. Pero, aunque el mismo San Pío X hubiese sido el autor de las palabras anteriores (lo que no fue), no haría diferencia alguna en los puntos que he hecho. Esto es porque un papa es infalible únicamente cuando habla magisterialmente. Este catecismo no es infalible porque no fue promulgado solemnemente desde el Trono de Pedro, ni aún específicamente por el Papa. Además, se ha demostrado que este catecismo no es infalible por el hecho que ¡enseña la abominable herejía que sí hay salvación “fuera” de la Iglesia (como lo mostraré)!

Pero primero citaré el lugar en donde el catecismo afirma el dogma.

El Catecismo del Papa San Pío X, El Credo de los Apóstoles, “La Iglesia en Particular,” Pregunta 27: “Pregunta. Puede uno salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana? Respuesta. No, nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica Romana, así como nadie podría ser salvado del diluvio afuera del Arca de Noé, lo cual fue una figura de la Iglesia.

Acá el Catecismo atribuido al Papa San Pío X reafirma el dogma definido. ¡Pero procede a negar este dogma a tan solo dos preguntas después!

El Catecismo del Papa San Pío X, El Credo de los Apóstoles, “La Iglesia en Particular,” Pregunta 29: “Pregunta. Pero si un hombre sin culpa propia está fuera de la Iglesia, ¿puede ser salvado? Respuesta. Si está fuera de la Iglesia sin culpa propia, es decir, si está de buena fe y si ha recibido el Bautismo, o por lo menos tiene el deseo implícito del Bautismo; y si, además, sinceramente busca la verdad y hace la voluntad de Dios lo mejor que puede, dicho hombre ciertamente está separado del cuerpo de la Iglesia, pero está unido al alma de la Iglesia y, consecuentemente, va en camino de la salvación.”

Acá vemos que este Catecismo falible niega, palabra por palabra el dogma que ¡Fuera de la Iglesia No Hay Salvación! Enseña que puede haber salvación “fuera” de la Iglesia, lo cual niega directamente la verdad que se les enseña a las personas en la Pregunta 27. Esta declaración es tan hereje, de hecho, que sería repudiada aún por los herejes más astutos de nuestros días, quienes saben que no pueden decir que las personas se salvan “fuera”, de manera que discuten que los no-católicos no están “fuera” sino de alguna manera están “adentro”. Así que, aún aquellos herejes astutos que rechazan el verdadero significado de Fuera de la Iglesia No Hay Salvación, tendrían que admitir ¡que la declaración anterior es hereje!

Además, nótese que el catecismo atribuido a San Pío X enseña la herejía que las personas pueden unirse al “Alma” de la Iglesia, pero no al Cuerpo. Tal como se ha demostrado, la Iglesia Católica es el Cuerpo Místico. Aquellos que no son parte del Cuerpo no son de ninguna parte.

Papa Pío XI, Mortalium Animos (#10), 6 de enero, 1928: “Porque, debido a que el cuerpo místico de Cristo, de la misma manera que Su cuerpo físico, es uno, compacto y unido adecuadamente entre sí, sería tonto y fuera de lugar decir que el cuerpo místico está hecho de miembros que están desunidos y regados en el extranjero: por lo tanto, quien quiera que no esté unido al cuerpo no es miembro del mismo, y tampoco está en comunión con Cristo, su cabeza.

Esta discusión sobre los catecismos debería demostrarle al lector cómo la negación desenfrenada de Fuera de la Iglesia No Hay Salvación, así como la necesidad del Bautismo de Agua, se han perpetuado a través de textos falibles con imprimaturs y por qué han sido asimilados hoy en día por casi todos los que profesan ser Católicos. Han sido perpetuados por documentos y textos falibles que se contradicen el uno al otro, lo cual contradice el dogma definido, y que enseñan herejía y que en otros lados – todo el tiempo – afirman las verdades inmutables de la absoluta necesidad de la Iglesia Católica y del bautismo de agua para la salvación. Y esta es la razón por la cual los Católicos están limitados a adherirse al dogma definido infaliblemente, no a los catecismos o teólogos falibles.

Papa Pío IX, Singulari Quadem: “Porque, en verdad, cuando nos liberemos de estas cadenas corporales, ‘veremos a Dios como Él es’ (1 Juan 3:2), comprenderemos perfectamente cómo están la misericordia y la justicia divinas unidas por un eslabón tan cercano y bello; pero, en tanto estemos sobre la tierra, oprimidos por esta masa mortal que embota el alma, sostengamos muy firmemente que, de acuerdo a la enseñanza Católica, ‘uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo[Efesios 4:5]; es ilícito proceder adicionalmente en averiguaciones.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: Si alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (cf. Juan 3:5): que sea anatema

¿Cuántas declaraciones infalibles por parte de los Papas no hemos visto, que absolutamente prueban que es necesario un bautismo de agua verdadero y físico para la salvación? Cualquiera que niega este hecho es simplemente un mentiroso y un hereje que obstinadamente se adhiere a las fuentes falibles en vez de las infalibles y se imagina (o a algún otro hombre, o alguna otra fuente falible) ser la fuente de la verdad, poniendo al hombre en el lugar de Dios (los Papas infalibles, a través de quienes es revelada la verdad de Dios). Cuando una persona como la anteriormente descrita reza el “Padre Nuestro” es un hipócrita, ¡porque él mismo no tiene intención de hacer la voluntad de Dios!


LA NECESIDAD ABSOLUTA QUE TODOS MAYORES A LA EDAD DE LA RAZÓN CONOZCAN SOBRE LA TRINIDAD Y LA ENCARNACIÓN PARA SER SALVADOS

Juan 3:36: “Aquel que cree en el Hijo de Dios tiene vida eterna; pero quien no da crédito al Hijo no verá la vida, sino que al contrario, la ira de Dios permanece siempre sobre su cabeza.”

La Iglesia Católica también enseña que es absolutamente necesario que todos los mayores a la edad de la razón, sepan positivamente sobre los misterios más santos de nuestra gran religión para poder ser salvados. Estos misterios son la Trinidad y la Encarnación. Aquellos que hablan sobre la ignorancia invencible y que la ignorancia sobre la fe Católica de alguna manera puede salvar a la persona, son refutadas completamente por las siguientes palabras. ¡También son refutadas por las palabras de Nuestro Señor en el Evangelio!

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quienquiera que desee ser salvado, necesita sobre todo tener la fe Católica; a menos que cada uno preserve esto entero e inviolado, sin duda alguna perecerá por toda la eternidad.- Pero la fe Católica es esto, que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad; sin confundir a las personas ni dividir la sustancia; porque hay una persona que es el Padre, otra que es el Hijo, otra que es el Espíritu Santo; su gloria es igual, su majestad es co-eterna... y en esta Trinidad no hay nada primero ni después, nada más grande ni menos grande, sino las tres personas son co-eternas y co-iguales una con la otra, de manera que todo aspecto, como ya se ha dicho anteriormente, debe de adorarse tanto la unidad en la Trinidad como la trinidad en la unidad. Por lo tanto, aquel que desea ser salvado, que piense así sobre la Trinidad... Pero es necesario para la salvación eterna que crea fielmente también en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo... el Hijo de Dios es Dios y hombre... Esta es la fe Católica; a menos que cada uno crea esto fiel y firmemente, no puede ser salvado.

Algunos dirán que los dogmas de la Iglesia Católica que verdaderos Papas no-herejes han pronunciado, son de alguna manera su propia interpretación de cómo funcionan las cosas y que los Papas no son inspirados por Dios cuando hablan infaliblemente desde el trono de Pedro. Tal tontería significaría que no podría existir jamás un fundamento de la verdad, ya que no habrían declaraciones infalibles por parte de los Papas en las cuales confiar que nos expliquen las Escrituras. ¡Estos miserables sinvergüenzas también son condenados por nuestro santo Papa San Pío X!

Papa San Pío X, Lamentabile, Los Errores de los Modernistas, 3 de julio, 1907, #22: “Los dogmas que profesa la Iglesia como revelados no son verdades caídas del cielo, sino son un especie de interpretación de los hechos religiosos, que la mente humana, con un esfuerzo laborioso, se preparó para sí.” Condenado

Los dogmas son verdades caídas del cielo sin posibilidad de error alguno. No son solamente declaraciones humanas, escritas para advertirle a los no-católicos, que están sujetos a la corrección y calificación. Los dogmas son definiciones infalibles de la verdad que nunca pueden cambiarse ni corregirse y no tienen necesidad de ser cambiadas ni corregidas, ya que no pueden contener error alguno. Los dogmas son definidos de tal manera que los Católicos deben de saber lo que ellos tienen que creer como verdad a partir de la revelación divina sin posibilidad de error alguno.

Papa León XII, Ubi Primum (#14), 5 de mayo, 1824: “Es imposible para el Dios sumo verdadero, quien es la Verdad en sí mismo, el mejor, el más sabio Proveedor y el Premiador de los hombres buenos, aprobar todas las sectas que profesan falsas enseñanzas que a menudo son inconsistentes una con otra, así como contradictorias, y conferir recompensas eternas a sus miembros... por fe divina tenemos un Señor, una fe, un bautismo... Es por eso que profesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia.

Papa Inocente III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Ciertamente hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie se salva, en la cual Jesucristo es tanto el sacerdote como el sacrificio.”

Papa Bonifacio VIII, Unam Sanctam, 18 de noviembre, 1302: “Con la Fe que nos apresura, somos forzados a creer y sostener que la Iglesia Católica es una, santa y la cual, es apostólica, y creemos firmemente y simplemente confesamos que esta Iglesia es aquella que fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados.


IGNORANCIA INVENCIBLE

2 Corintios 4:3: “Que si todavía nuestro Evangelio está encubierto, es solamente para los que se pierden para quienes está encubierto, para esos incrédulos cuyos entendimientos ha cegado el dios de este siglo, para que no les alumbre la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión 6 sobre la Justificación, Capítulo 15: “... debe de mantenerse que la gracia de la justificación, a pesar de ser recibida, se pierde no solo por la infidelidad, con lo cual hasta la fe se pierde, sino también por cualquier otro pecado mortal, a pesar que la fe no se pierde, defendiendo así la doctrina de la ley divina que excluye del reino de Dios no sólo a los no creyentes, sino también a los fieles que son ‘fornicadores, adúlteros, afeminados, mentirosos con la humanidad, ladrones, avarientos, borrachos, maldicientes, extorsionadores’ [1 Cor. 6:9], y todos los demás que cometen pecados mortales...”

El dogma Fuera de la Iglesia Católica No Hay Salvación ha sido definido solemnemente por lo menos siete veces por los papas que hablan desde el Trono de San Pedro. Ni una sola vez se mencionaron excepciones sobre la “ignorancia invencible”. De hecho, es todo lo opuesto: siempre se excluyeron todas las excepciones.

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Lateran, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Ciertamente hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie se salva, en la cual Jesucristo es tanto el sacerdote como el sacrificio.”

Así, la idea que una persona no-católica que sea ignorante en cuanto a la Fe, puede ser salvada es herético; es contraria al dogma que “nadie” (Papa Pío IV; Benedicto XIV; Pío IX) “nadie en absoluto” (Inocente III) “nadie, aunque derrame su sangre en nombre de Cristo” (Eugenio IV) puede ser salvado si es no-católico. Es una negación del dogma que “toda criatura humana” (Bonifacio VIII) debe de ser Católica, y que “únicamente aquellos” (Eugenio IV) dentro del regazo y unidad de la Iglesia pueden alcanzar la salvación.

Aquellos que insisten que “la ignorancia invencible” puede salvar a una persona que muere como no-católico, simplemente se alejan de las enseñanzas dogmáticas de la Iglesia Católica y niegan las mismas.

Padre Francisco de Vitoria, O.P., un teólogo dominico del siglo XVI, resumió muy bien la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica sobre este tema. Así es como él lo dijo:

Cuando postulamos la ignorancia invencible sobre el tema del bautismo o sobre la fe Cristiana, no continúa diciendo que una persona puede salvarse sin el bautismo o sin la fe Cristiana. Porque los aborígenes, a quienes no les ha llegado la predicación de la fe ni la religión Cristiana, serán condenados por sus pecados mortales o por idolatría, pero no por el pecado de no-creer. Como dice Santo Tomás, sin embargo, si hacen lo que se encuentra en ellos [en su poder], acompañados de una buena vida de acuerdo a la ley de la naturaleza, es consistente con la providencia de Dios que Él los iluminará sobre el nombre de Cristo.”

Padre Michael Muller, C.SS.R., El Dogma Católico, pp. 217-218, 1888: “La ignorancia inculpable o invencible nunca ha sido, y nunca será, un medio de salvación. Para ser salvado, es necesario ser justificado, o estar en el estado de gracia. Para poder obtener la gracia santificadora, es necesario tener las disposiciones apropiadas para la justificación; es decir, la verdadera fe divina en por lo menos las verdades necesarias para la salvación, una esperanza confiada en el divino Salvador, un sincero arrepentimiento del pecado, junto con el firme propósito de hacer todo lo que Dios ha mandado, etc. Ahora, estos actos sobrenaturales de fe, esperanza, caridad, contrición, etc., que preparan el alma para recibir la gracia santificadora, nunca pueden ser proporcionados por la ignorancia invencible; y si la ignorancia invencible no puede proporcionar la preparación para recibir la gracia santificante, mucho menos podrá conferir la gracia santificante en sí. ‘La ignorancia invencible’ dice Santo Tomás, ‘es un castigo por el pecado.’ (De Infid. Pregunta X, Artículo 1).

Todas las personas que mueren dentro de culturas que nunca han sido penetradas por el Evangelio, se van al Infierno por los pecados en contra de la ley natural y los demás pecados graves que hubiesen cometido – cuya razón es la mala voluntad y el fracaso en cooperar con la gracia de Dios. El no les revela el Evangelio a ellos. El primer Concilio Vaticano definió infaliblemente, basado en Romanos 1, que el único verdadero Dios puede conocerse con certeza en las cosas que han sido hechas, y a la luz natural de la razón humana.

San Pablo, Romanos 1:18-20: “Se descubre también en él la ira de Dios que descargará del cielo sobre toda la impiedad e injusticia de aquellos hombres, que tienen aprisionada injustamente la verdad de Dios; puesto que ellos han conocido claramente lo que se puede conocer de Dios, porque Dios se los ha manifestado. En efecto, las perfecciones invisibles de Dios, aún su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ella nos dan sus criaturas; y así tales hombres no tienen disculpa.

Todos pueden saber con seguridad que hay un ser espiritual supremo, Quien es el Único y Verdadero Dios y el Creador del mundo y todo lo que contiene. Todos saben que Dios no es algo que han tallado en madera o jade o piedra. Ellos saben que Dios no es el árbol que adoran ni el río que adoran ni la roca o la serpiente o la rana arbórea sagrada. Ellos saben que estas cosas no son el Creador del Universo. Cada una de dichas personas sabe que está adorando a una criatura en vez de al Creador. Ellos, como dicen San Pablo en el versículo 20, no tienen excusa. San Agustín explica esto bien en relación a las personas que murieron en la ignorancia de la Fe y sin bautismo.

San Agustín (+428): “...Dios sabía de antemano que si ellos hubiese vivido y el evangelio les hubiese sido predicado, lo hubieran escuchado sin creer.

Santo Tomás de Aquino, De Veritate, 14, Respuesta 11, ad. 1: Objeción – “Es posible que alguien pueda ser criado en el bosque, o entre lobos; dicho hombre no puede saber nada explícitamente sobre la fe. Santo Tomás responde – Es la característica de la Divina Providencia proporcionarle a cada hombre lo necesario para la salvación... siempre y cuando no haya impedimento de su parte. En el caso de un hombre que busca el bien y esquiva el mal, por guía de la razón natural, Dios le revelaría a través de la inspiración interna lo que hubiese que creer, o le enviaría a algún predicador de la fe...

Santo Tomás de Aquino, Sent. II, 28, Pregunta 1, A. 4, ad 4: “Si un hombre que nace entre naciones barbáricas, hace lo que puede, Dios mismo le enseñará lo que es necesario para la salvación, ya sea por inspiración o enviándole un predicador.”

Santo Tomás de Aquino, Sent. III, 25, Pregunta 2, Respuesta 2, solute. 2: “Si un hombre no tuviese a nadie que lo instruyese, Dios le enseñará, a menos que él culpablemente desee permanecer en donde está.”

En sus Cartas Encíclicas, fechadas el 8 de diciembre, 1849; 8 de diciembre, 1864; y 10 de agosto, 1863, y en su Alocución del 9 de diciembre, 1854: el Papa Pío IX dice:

“No es sin pesar que hemos aprendido otro error no menos pernicioso, que ha sido divulgado en varias partes de los países Católicos, y ha sido asimilado por muchos Católicos, quienes opinan que todos aquellos que no son miembros de la verdadera Iglesia de Cristo, pueden salvarse: Por lo tanto, a menudo discuten la pregunta relacionada al futuro destino y condición de aquellos que mueren sin haber profesado la fe Católica, y dan las razones más frívolas en apoyo a su malvada opinión...”

“Debemos de mencionar y condenar nuevamente que el error más pernicioso, que ha sido asimilado por ciertos Católicos, quienes son de la opinión que aquellas personas que viven en error y no tienen la verdadera fe y están separados de la unidad católica, pueden obtener la vida eterna. Ahora, esta opinión es sumamente contraria a la fe católica, tal como se evidencia con las simples palabras de nuestro Señor (Mateo xviii. 17; Marcos xvi. 16; Lucas x. 16; Juan iii. 18) como también con las palabras se San Pablo (II. Tim. Iii. 11) y de San Pedro (II. Pedro ii. 1). El hecho de entretener las opiniones que son contrarias a la fe católica, es ser un sinvergüenza impío.”

“Por lo tanto, nuevamente reprobamos, proscribimos y condenamos todas y cada una de estas opiniones y doctrinas perversas, y es nuestra voluntad y orden absolutas que todos los hijos de la Iglesia Católica los consideren réprobas, proscritas y condenadas. Pertenece a nuestro cargo Apostólico despertar su celo episcopal y vigilancia para hacer todo lo que esté en su poder para desterrar de las mentes de las personas dichas opiniones impías y perniciosas, que conllevan a la indiferencia de la religión, lo cual observamos que se riega más y más para la ruina de las almas. Opongan toda su energía y celo a estos errores y empleen sacerdotes fervorosos y entusiastas para que las impugnen y aniquilen, y para imprimir muy profundamente en las mentes y los corazones de los fieles el gran dogma de nuestra más santa religión, que la salvación solo puede obtenerse en la fe Católica. A menudo hay que exhortar al clero y a los fieles a que le den gracias a Dios por el gran obsequio de la fe Católica.”

San Agustín, Tractate 89, sobre Juan 15;22-23:

Qué, entonces, quiere Él decir [Jesús] con las palabras, Si yo no hubiera venido y no les hubiera predicado, no tuvieran culpa de no haber creído en mí; ¿Será que los judíos estaban sin pecado antes que Cristo viniera a ellos en la carne? ¿Quién, a pesar de ser el mayor de los tontos, lo diría? ... Pero cuando Él continuó diciendo, más ahora no tienen excusa para su pecado, algunos pueden ser persuadidos a averiguar si aquellos a quienes Cristo no llegó ni habló, tienen una excusa para su pecado. Porque si no, ¿por qué se dice acá que ellos no tuvieron culpa, basándose en que Él sí vino y sí les habló? Y si tienen culpa, la tienen hasta el punto de ser, por eso, excluidos del castigo, o de recibirlo en un grado más suave? A estas averiguaciones, con la ayuda del Señor y según lo mejor de mi capacidad, respondo, que tales personas tienen una excusa, no para todos sus pecados, pero para este pecado de no creer en Cristo, en tanto que Él no vino a ellos ni les habló.”

Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio, 27 de mayo, 1832, sobre no hay salvación fuera de la Iglesia:

Finalmente, algunas de estas personas mal guiadas intentan persuadirse a ellas mismas y a otros que los hombres no se salvan únicamente en la religión Católica, sino hasta los herejes pueden alcanzar la vida eterna... Ustedes saben cuán celosamente enseñaron nuestros predecesores ese artículo de fe que estas personas se atreven a negar, especialmente la necesidad de la fe Católica y la unidad para la salvación... Omitiendo otros pasajes apropiados que son casi innumerables en los escritos de los Padres, alabaremos a San Gregorio el Grande quien expresamente atestigua que ESTO ES CIERTAMENTE LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Él dice: ‘La santa Iglesia universal enseña que no es posible adorar realmente a Dios excepto en ella y asevera que todos que están fuera de ella no serán salvados.


EL DOGMA, PAPA PÍO IX Y LA IGNORANCIA INVENCIBLE

OBJECIÓN- ¿Qué hay del Papa Pío IX? ¿No es cierto que él enseñó en dos documentos que podría salvarse el ignorante invencible? ¿Qué hay de Singulari Quadem y Quanto Conficiamur Moerore?

RESPUESTA- Se ha incrementado la confusión sobre este tema como resultado de unas cuantas declaraciones mal interpretadas por parte del Papa Pío IX. A medida que analizamos estas declaraciones, es imperativo mantener en mente que, aún cuando el Papa Pío IX había enseñado que el ignorante invencible podría ser salvado en estas dos ocasiones, no significaría que fuese cierta esta posición, porque son documentos falibles que pudiesen haber contenido un error. Ningún Papa puede cambiar ni corregir el dogma. El Papa Honorio, quien reinó durante el siglo VII, de hecho fue condenado más adelante por propagar la herejía, a pesar que no fue en su solemne capacidad de enseñarle a la Iglesia universal, demostrando adicionalmente cómo, hasta un Papa, puede errar o puede enseñar herejía en su capacidad falible. Así, nadie, ni siquiera un Papa puede cambiar el dogma que dice que nadie que muere fuera de la Iglesia Católica, fuese ignorante o no, puede ser salvado. A continuación se encuentran algunas citas sobre la ignorancia.

Papa Benedicto XV, Humani Generis Redemptionem (# 14), 15 de junio, 1917: “... ‘La ignorancia es la madre de todos los errores,’ tal como lo observa el Cuarto Concilio Laterano.”

Los Errores de Peter Abelard, Condenados por Inocente II, 16 de julio, 1140, #10: “Que aquellos siendo ignorantes han crucificado a Cristo, no han pecado, y lo que se haga a través de la ignorancia no debe de considerarse pecado.” – Condenado

El primero de los documentos del Papa Pío IX, frecuentemente citado por aquellos que creen en la salvación fuera de la Iglesia, es Singulari Quadem, una alocución (una disertación dada a los cardenales) dada el 9 de diciembre, 1854:

“…aquellos que son afectados por la ignorancia de la verdadera religión, si es por ignorancia invencible, no están sujetos a culpa alguna sobre este asunto ante de los ojos del Señor.”

Primero, esta es una disertación del Papa Pío IX a los cardenales. No es un pronunciamiento dogmático, ni siquiera una encíclica ni una encíclica dirigida a toda la Iglesia.

Pero, ¿está diciendo el Papa Pío IX que el ignorante invencible puede ser justificado y puede ser salvado en esa condición? No. En vez, él declara que el “ignorante invencible” no será responsable del pecado de infidelidad, pero de todos modos irá al Infierno. Lean cuidadosamente la última parte de la oración, “no están sujetos a culpa alguna SOBRE ESTE ASUNTO,” es decir, en el asunto de la infidelidad. Santo Tomás de Aquino explica que los no-creyentes que nunca han escuchado el Evangelio son condenados por sus otros pecados, los cuales no pueden perdonarse sin la Fe, no por el pecado de infidelidad (o no creer en el Evangelio). Estos otros pecados de los no-creyentes sirven como la razón de por qué Dio no les revela el Evangelio y que, en última instancia, los excluye de la salvación. Sin embargo, si uno entre ellos fuese realmente sincero y de buena voluntad, y cooperara con la ley natural, entonces Dios le enviaría un predicador (aún milagrosamente si fuese necesario) para llevarle la Fe Católica y el bautismo Católico. El Papa Pío IX continúa diciendo en la misma alocución, sobre una persona de buena voluntad, que sea un ignorante invencible:

“... los dones de la gracia celestial con toda seguridad no les serán negados a aquellos que sinceramente desean y rezan un refrescamiento con la luz divina...

Santo Tomás de Aquino, Oración III, 25, Pregunta 2, Respuesta 2, solute. 2: “Si un hombre no tuviese a nadie que lo instruyese, Dios le enseñará, a menos que desee culpablemente permanecer en donde se encuentra.”

San Agustín, Tractate 89, sobre Juan 15:22-23 - Qué, entonces, quiere Él decir [Jesús] con las palabras, Si yo no hubiera venido y no les hubiera predicado, no tuvieran culpa de no haber creído en mí; [Juan 15:22] ¿Será que los judíos estaban sin pecado antes que Cristo viniera a ellos en la carne? ¿Quién, a pesar de ser el mayor de los tontos, lo diría? A estas averiguaciones, con la ayuda del Señor y según lo mejor de mi capacidad, respondo, que tales personas tienen una excusa, no para todos sus pecados, sino para este pecado de no creer en Cristo, por cuanto Él no vino a ellos ni les habló.”

Así, el Papa Pío IX no enseñaba que las personas que son ignorantes de la Fe Católica pueden ser salvados; en vez, declaraba que tales no-creyentes no son condenados por el asunto de infidelidad. El hecho que todos que mueren como no-católicos ignorantes no son salvados, es la afirmación de toda la Tradición Católica y de todos los santos, además de ser la enseñanza dogmática de la Iglesia Católica.

El Papa Pío IX procedió a hablar nuevamente sobre el ignorante invencible siete años después, en su encíclica Quanto Conficiamur Moerore, 10 de agosto, 1863. Quanto Conficiamur Moerore no cumple con los requerimientos de infalibilidad; está dirigido únicamente a los cardenales y a los obispos de Italia.

Papa Pío IX, Quanto Conficiamur Moerore: “Y acá, amados Hijos y Venerables Hermanos, Deberíamos mencionar nuevamente y censurar un error muy grave en el cual están infelizmente comprometidos algunos Católicos, quienes creen que los hombres que viven en error y que están separados de la verdadera fe y de la unidad Católica, pueden alcanzar la vida eterna. Ciertamente, esto es ciertamente muy contrario a la enseñanza Católica. Es sabido por nosotros y por ustedes que aquellos que trabajan en ignorancia invencible de nuestra más santa religión Y QUIENES GUARDAN CELOSAMENTE LA LEY NATURAL Y SUS PRECEPTOS GRABADOS POR DIOS EN LOS CORAZONES DE TODOS , Y ESTANDO LISTOS PARA OBEDECER A DIOS, VIVEN UNA VIDA HONESTA Y PROBA, pueden, por el PODER OPERADOR DE LA LUZ Y LA GRACIA DIVINAS, obtener la vida eterna ya que Dios... de ninguna manera hará que alguien sufra el castigo del tormento eterno si no tiene culpa de un pecado deliberado.”

Primero, noten que el Papa Pío IX específicamente condena la idea que un hombre que “vive en error y está separado de la Fe verdadera” puede ser salvado. ¿Cuál, pregunto, es la idea de salvación para el “ignorante invencible”? Pues, claro está, es la idea que un hombre que vive en error y que está separado de la Fe verdadera puede ser salvado. Entonces, el mismo concepto de salvación para el “ignorante invencible” está condenado como MUY CONTRARIO A LA ENSEÑANZA CATÓLICA en este mismísimo documento del Papa Pío IX.

Segundo, noten nuevamente que el Papa Pío IX no dice, en ningún lado, que el ignorante invencible puede ser salvado en el lugar en donde está. En vez, reitera que el ignorante, si coopera con la gracia de Dios, guarda la ley natural y responde a la llamada de Dios, puede, con el “poder operador de la luz y la gracia divinas” [siendo iluminado por la verdad del Evangelio] lograr la vida eterna, ya que Dios ciertamente traerá a todos su elegidos al conocimiento de la verdad y a la Iglesia por medio del bautismo. De acuerdo a la definición específica de las Sagradas Escrituras, luz divina” es la verdad de Jesucristo a través del Evangelio (la Fe Católica) que remueve al ignorante de la oscuridad.

Efesios 5:;8 “Porque la verdad es que en otro tiempo no erais sino tinieblas; más ahora sois luz en el Señor. Y así proceded como hijos de la luz.”

1 Tesalonicenses 5:4-5 “Mas vosotros, hermanos [creyentes] , no vivís en las tinieblas... puesto que todos vosotros sois hijos de la luz.”

Entonces, no debemos de interpretar las palabras de Pío IX en Quanto Conficiamur Moerore sobre que el ignorante de buena voluntad sea salvado al recibir “la luz y gracia divinas”, contrario a su claro significado Tradicional y de escrituras, el cual es que la luz y la gracia divinas se reciben al escuchar el Evangelio, al creer en él y ser bautizado. Así, en Quanto Conficiamur Moerore, Pío IX dice que la persona sincera y de buena voluntad que sea ignorante de la Fe será “iluminado” al recibir la “luz divina” (escuchar el Evangelio) y entrará a la Iglesia Católica para que pueda ser salvado.

Me doy cuenta que el Papa Pío IX no fue casi tan claro como hubiese sido en la segunda mitad de Quanto Conficiamur Moerore. Los herejes han estado muy felices con esto, porque ellos piensan que pueden explotar su redacción a favor de su herejía, que hay salvación fuera de la Iglesia. Si el Papa Pío IX hubiese repetido de manera fuerte las definiciones previas de los Papas, sin ningún lenguaje ambiguo, hubiera evitado el peligro que los modernistas interpretaran mal sus palabras. Esto es una vergüenza porque casi todas sus declaraciones sobre este tema claramente afirman dogmas de la Iglesia sin ninguna ambigüedad, de la cual puedan aprovecharse los herejes.

Papa Pío IX, Nostis et Nobiscum (#10), 8 de diciembre, 1849: “Específicamente, asegúrense que los fieles están profunda y totalmente convencidos de la verdad de la doctrina, que la fe Católica es necesaria para obtener la salvación. (Esta doctrina, recibida de Cristo y sobre la cual los Padres y los Concilios han hecho énfasis, también está contenida en la fórmula de la profesión de la fe emitida por los Católicos Latinos, Griegos y Orientales).”

Papa Pío IX, Ubi primum (#10), 17 de junio, 1847: “Porque ‘hay una Iglesia universal fuera de la cual nadie se salva’; contiene prelados regulares y seculares junto con aquellos bajo su jurisdicción, quienes profesan un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo.

Papa Pío IX – Compendio de Errores Modernos – Proposición 16, 8 de diciembre, 1854: “El hombre puede, en observancia de cualquier religión que sea, encontrar una manera para la salvación eterna, y llegar a la salvación eterna.” – Condenado

Nótese nuevamente que el concepto de salvación para el “ignorante invencible” queda condenado acá. El concepto de salvación para el “ignorante invencible”, tal como es sostenido por casi todos quienes lo sostienen hoy en día, es que algunos hombres – incluyendo aquellos que observan las religiones no-católicas – pueden encontrar y llegar a la salvación en estas religiones porque ellos están “sin falta por culpa propia”. Pero es herético y está condenado por el anterior Compendio de Errores del propio Pío IX.


LA SALVACIÓN PARA EL “IGNORANTE INVENCIBLE” REDUCIDA A SU PRINCIPIO ABSURDO

La ignorancia invencible se vuelve una herejía destructiva, obliterando la necesidad de la fe Católica en todo el mundo. La teoría que la “ignorancia invencible” salva, también puede refutarse al reducirla a su principio absurdo, el cual es el siguiente: Si ser ignorante del Salvador podría hacerlo a uno digno de la salvación, entonces los Católicos realmente le están haciendo a los no-cristianos un des-servicio al predicarles sobre Jesucristo. San Pablo, San Vicente Ferrer, San Francisco Javier, Padre Pierre De Smet, los Mártires norteamericanos y los otros incontables misioneros en la historia de la Iglesia, quienes sufrieron penurias abrumadoras para predicar el Evangelio a los paganos ignorantes, simplemente estaban haciendo a estas personas más culpables ante Dios, de acuerdo a la herejía moderna de la salvación para el “ignorante invencible”. Si los misioneros tan solo se hubiesen quedado en casa, de acuerdo a la herejía de la ignorancia invencible, los paganos sinceros se pudiesen haber salvado al no haber escuchado jamás sobre Cristo sin falta algunade su parte. Pero al hacer el esfuerzo de predicarles sobre Cristo, como lo hicieron los misioneros, ellos – de acuerdo a la herejía de la ignorancia invencible – hacían que estas personas no tuviesen excusa si fracasaban en vivir de acuerdo a las obligaciones del Evangelio o si lo rechazaban del todo. Así, el predicarles el Evangelio a los no-cristianos, de acuerdo a la teoría herética de la “ignorancia invencible”, coloca a los paganos en una situación que es más probable que sean condenados. Por lo tanto, la herejía moderna de la salvación, por ser “invenciblemente ignorante” realmente hace que sea contraproducente el predicarle a los paganos para la salvación de las almas. Pero dicha noción es absurda, claro está, y demuestra la naturaleza ilógica y falsa de la herejía de la ignorancia invencible.

Pero, de hecho, la herejía se ha vuelto tan mala en estos días, en este tiempo de la Gran Apostasía en el cual vivimos, que la mayoría de los “Católicos” hoy en día sin demora profesan que los paganos, judíos, budistas, etc. que conocen el Evangelio y lo rechazan también pueden ser salvados por “ignorancia invencible”. Pero es únicamente el resultado necesario de la herejía de la ignorancia invencible; porque, si los paganos que nunca han escuchado sobre Cristo pueden ser salvados “en buena fe”, entonces los paganos que rechazan a Cristo también podrían estar de buena fe, porque ¿cuánto tiene uno que escuchar para perder esta “ignorancia invencible?” Una vez uno se aleja del principio – es decir, una vez uno rechaza la verdad divinamente revelada – que todos quienes mueren como paganos definitivamente se pierden sin excepción (Papa Eugenio IV, de fide), se rechazan las líneas claras de demarcación y toma posesión necesariamente un área gris, un área gris de acuerdo a la cual uno no puede posiblemente saber o fijar límites sobre quién está en buena fe y quien no.

Papa Gregorio XVI, Mirari Vos (#13), 15 de agosto, 1832: “Con la admonición del apóstol que ‘hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo’ (Efesios 4:5) que teman aquellos que ingenian la noción que el puerto seguro de la salvación está abierto a las personas de cualquier religión que sea. Ellos deberían tomar en cuenta el testimonio del Mismísimo Cristo, que ‘aquellos que no están con Cristo están en contra de Él’ (Lucas 11:23) y quien no recoge conmigo, desparrama. Por lo tanto, sin duda alguna, perecerán para siempre, a menos que mantengan entera e inviolable la fe Católica.(Credo Atanasio).


DÁDIVAS, DONACIONES Y TESTAMENTOS

Los católicos no deberían testar cosas ni dar dádivas / donaciones a aquellos que son herejes o no-católicos. Esto incluiría a aquellos que profesan ser Católicos tradicionales, pero no sostienen las posiciones correctas. Bien, a continuación hay algunos cánones interesantes que recientemente hemos encontrado en el estudio. Provienen de los concilios regionales en África alrededor del año 419 A.D. Ellos inculcan el mismo concepto cristiano antiguo:

Cánones del Código Africano, 419 A.D., Canon 22: “Y que a aquellos que no son Cristianos Católicos, aunque tengan relación sanguínea, ni los obispos ni el clero les darán nada por medio de donación de sus posesiones.

Cánones del Código Africano, 419 A.D., Cánon 81: “Fue ordenado que si cualquier obispo prefiere a su relación sanguínea, o a sus parientes herejes, o paganos como sus herederos, en vez de lo extraños de su Iglesia, será anatematizado aún después de su muerte...”





PARTE 2.


SOBRE LA RECEPCIÓN DE LOS SACRAMENTOS POR PARTE DE HEREJES Y SOBRE LA ORACIÓN EN COMUNIÓN CON LOS HEREJES


PREFACIO:

Este artículo no refutará el concepto de si los sacerdotes válidamente ordenados (pero herejes o cismáticos) consagran (algunos de) los sacramentos válidamente – porque sí lo hacen – sino en vez tratará de si uno puede abordar a dichos sacerdotes para recibir los sacramentos. Algunas personas declaran que uno sí puede abordar a los sacerdotes herejes (pero ordenados válidamente) para recibir los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión en forma lícita. Este concepto, sin embargo, es falso y será refutado totalmente en este artículo. (It must also be pointed out that while the validly ordained but heretical priests can consecrate most of the sacraments validly, they nevertheless cannot consecrate the sacraments of confession (Penance, Extreme Unction etc.) and they cannot give an absolution in these sacraments, since they are lacking jurisdiction which is required for the validity of these sacraments, and which they have not since they are heretics and outside the Church. See COUNCIL OF TRENT TEACHES THAT HERETICS CANNOT GIVE AN ABSOLUTION IN CONFESSION; and ST. THOMAS TEACHES THAT HERETICS CANNOT GIVE AN ABSOLUTION IN CONFESSION.)

Es importante comprender que un sacerdote hereje o cismáticos consagra algunos sacramentos válidamente – pero ilícitamente – y peca mortalmente cada vez que prepara estos sacramentos. Además, todos que a sabiendas abordan a un sacerdote hereje o cismático para recibir los sacramentos, los reciben ilícitamente y pecan mortalmente cada vez que se acercan a estos sacramentos:

La Enciclopedia Católica, Vol. 13; “ Sacramentos” (1912): “El cuidado de todos esos ritos sagrados se ha otorgado a la Iglesia de Cristo. Los ministros herejes o cismáticos pueden administrar los sacramentos válidamente si tienen Órdenes válidas, pero sus oficios religiosos son pecaminosas (ver Billot, op. Cit., thesis 16). La Buena Fe excusaría del pecado a los recipiendarios.”

El sacerdote consagra válidamente (excepción de los sacramentos de la confesión) debido a su ordenación válida al sacerdocio; consagra ilícitamente por su herejía o cisma:

La Enciclopedia Católica, Vol. 13; “ Sacramentos” (1912): “Para administrar válidamente el Bautismo no se requiere una ordenación especial. Cualquiera, aún un pagano, puede bautizar, siempre y cuando use la materia apropiada y pronuncie las palabras de la forma esencial, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia (Decreto pro Armen., Denzinger-Bannwart, 696). Únicamente los obispos, sacerdotes y en algunos casos, los diáconos pueden conferir solemnemente el bautismo. Ahora se sostiene como certero que en el Matrimonio las partes contrayentes son los ministros del sacramento, porque ellos hacen el contrato, y el sacramento es un contrato que fue elevado a la dignidad de sacramento por parte de Cristo (cf. León XIII, Encíclica “Arcanum”, 10 de febrero, 1880). En cuanto a la validez de los otros cinco sacramentos, el ministro debe de estar debidamente ordenado. El Concilio de Trento anatematizó a aquellos que dijeron que todos los Cristianos podrían administrar todos los sacramentos (Sesión VII, can. 10). Únicamente los obispos pueden conferir las Sagradas Órdenes (Concilio de Trento, se.. XXIII, can. 7). Ordinariamente, únicamente un obispo puede dar la Confirmación. Se requiere [la jurisdicción y] la Orden sacerdotal para la administración válida de la Penitencia y la Extremaunción (Conc. Trid., sess. XIV, can. 10, can. 4). En cuanto a la Eucaristía, únicamente aquellos que tienen las Órdenes sacerdotales pueden consagrar, es decir, cambiar el pan y el vino al Cuerpo y la Sangre de Cristo.”

¿Tienen alguna potestad los herejes y cismáticos?

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Secunda Secundæ Partis, Pregunta 39: “La potestad espiritual es doble: la sacramental y la de jurisdicción. La potestad sacramental es la conferida por la consagración. Pues bien, todas las consagraciones de la Iglesia son permanentes en tanto dure la consagración, como es evidente en las cosas inanimadas; así, el altar consagrado no se consagra de nuevo si no se destruye. Por tanto, dicha potestad permanece esencialmente en el hombre, que la recibió por consagración, mientras viva, aunque incurra en cisma o en herejía. Esto es evidente, dado que no es consagrado de nuevo al regresar a la Iglesia. Mas dado que la potestad inferior no debe actualizarse más que por la moción de un poder superior, como es también evidente en las cosas naturales, resulta de ello que ese hombre pierde el uso de su potestad, de suerte que no le sea permitido servirse de ella. Mas en el caso de que se sirvan de ella, surte efecto en el plano de los sacramentos, ya que en ellos el hombre no actúa sino como instrumento de Dios, y por eso los efectos sacramentales no quedan impedidos por cualquier culpa que tenga quien lo administre. La potestad, en cambio, de jurisdicción es la conferida por simple intimación humana. Esta potestad no se adquiere de manera inamovible, y por eso no permanece ni en el cismático ni en el hereje. De aquí que no pueden ni absolver, ni excomulgar, ni conceder indulgencias o cosas por el estilo, y, si lo hacen, carecen de valor.”

Claro que debe hacerse énfasis en que son inválidas todas las ordenaciones que se han efectuado durante el nuevo rito del antipapa Pablo VI, “Santas Órdenes” de los obispos, sacerdotes y diáconos, ya que se han desviado de la fórmula tradicional de la consagración y han traído un nuevo conjunto de sacramentos que, ciertamente, está condenado en el dogma Católico. Esto significa que son inválidas todas las ordenaciones que han ocurrido después de 1968 bajo el nuevo rito de Pablo VI de las “Santas” Órdenes. Así, casi todos los sacerdotes en la nueva religión del Vaticano II están ordenados inválidamente y nunca consagran los sacramentos ya sea válida o lícitamente. Los sacerdotes en la nueva religión de Vaticano II, sin embargo, que fueron ordenados antes de 1968 y del nuevo rito de ordenación de Pablo VI, son todavía sacerdotes válidos y consagran estos sacramentos válidamente (pero ilícitamente) si usan la fórmula tradicional (redacción correcta) al preparar estos Sacramentos de la Misa. Algunos discuten que aún estos sacerdotes herejes o apostatas pueden ser abordados lícitamente para recibir los sacramentos. Esto, sin embargo, es completamente falso y será refutado completamente en este artículo. (Si quieres aprender más sobre la invalidez de Vaticano II, la Nueva Misa, y el nuevo rito de ordenación de Pablo VI, consulta esta página: http://www.catholic-saints.net/new-mass-vs-traditional-mass/)


LA BASE BÍBLICA PARA EVITAR A LOS HEREJES

Ahora, la doctrina que las personas nunca deben de rezar en comunión con los herejes, recibir los sacramentos por parte de los herejes o entrar en sus iglesias, se enseña desde el inicio de la Iglesia y su fundamento o base es, claro está, la Biblia.

Tito 3:10: - “Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces.”

La palabra infalible de Dios nos ordena evitar a un hereje después de la primera y la segunda admonición.

Juan 1:9-10: - Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en ella, ese tiene, o posee dentro de sí al Padre y al Hijo. Si viene alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le saludéis. Porque quien le saluda, comunica en cierto modo con sus acciones perversas.

Este verso de la Biblia deja clarísimo que aquellos que tienen trato con herejes o cismáticos, “comunican en cierto modo con sus acciones perversas.” Esto significa que aquellos que tratan con los herejes tienen cierta parte en sus pecados y comparten sus pecados.

Sin embargo, existe una excepción a esta doctrina de recibir los sacramentos por parte de los herejes. Este canon específico del Concilio de Florencia trata con el sacramento del bautismo. La Iglesia Católica siempre dejará claro cuando hay una excepción a una doctrina.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 1439: “En caso de necesidad, sin embargo, no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico (hombre o mujer), sí hasta un pagano y un hereje puede bautizar, en tanto preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Denz 696)

Esta excepción sobre el bautismo es realmente necesaria ya que ningún hombre puede ser salvado, ni por ningún otro medio entrar en el regazo y la unidad de la Iglesia, sin el sacramento del Bautismo. Esto, por supuesto, es otra prueba de la necesidad explícita para que todos sean bautizados y poder así salvarse.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Can. 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir, no necesario para la salvación (cf. Jn.3:5): que sea anatema.”

Papa Eugenio IV, El Concilio de Florencia, “Exultate Deo, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “El Santo bautismo, el cual es la puerta a la vida espiritual, ostenta el primer lugar entre todos los sacramentos; a pesar que a través del mismo nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia; y debido a que la muerte entró al universo a través del primer hombre, ‘a menos que nazcamos nuevamente con agua y el Espíritu, no podremos,’ tal como lo dice la Verdad, ‘entrar en el Reino del cielo’ [Juan 3:5]. La materia de este sacramento es agua real y natural.”

La Iglesia hizo esta excepción específica en relación a los herejes, ya que todos – tanto jóvenes como mayores – deben de recibir el agua de la regeneración para ser salvados. Sin embargo, las palabras del Papa Eugenio IV, en el Concilio de Florencia, no permiten que una persona reciba el sacramento del Bautismo por parte de herejes en todos los casos, sino únicamente en necesidad extrema. Un ejemplo sería cuando es inminente el peligro de muerte y la persona en cuestión puede arriesgarse a morir sin el sacramento del bautismo. En tal situación, tal como está descrito arriba, sin embargo, “no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico (hombre o mujer), sí, hasta un pagano o un hereje puede bautizar, siempre y cuando preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. “ Y así, está claro de por qué Dios hizo esta excepción a través del Papa. Nuevamente, cuando hay excepciones siempre se mencionará y se aclarará.

Habiendo tratado el punto, sin embargo, uno no encontrará excepción alguna en relación a cualquier otro sacramento en relación a herejes o cismáticos. De acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia, deberán evitarse los herejes y los cismáticos bajo dolor de pecado mortal. Por lo tanto, no se pueden tener relaciones amistosas con ellos, por ejemplo, hacer deportes juntos ni otras actividades parecidas, ni siquiera reunirse con ellos como uno podría reunirse con un verdadero amigo católico. La única excepción a esto sería si se está tratando de convertir a un hereje o a un no-creyente. En tal caso, uno puede reunirse con él y hablar con él. Sin embargo, si su intención está equivocada y usted sabe que mantiene contacto con ateos o herejes por las razones equivocadas, y no con el propósito de realmente convertirlos (o aunque su intención sea la correcta pero el pecador, el hereje o el cismático está obstinado y no-convertible y rehusa escuchar), como sucede tan a menudo con los miembros familiares herejes, entonces se debe cesar en todo contacto con ellos. Porque hacer lo contrario puede ser causa de su destrucción eterna. ¿Cuántas personas no han enajenado a Dios para complacer más a otros hombres? ¿Cuántos no han perdido a Dios porque pasan demasiado tiempo tratando de ayudar a los demás mientras se pasan a sí mismos por alto? “Tened cuidado de los hombres”, advierte Jesucristo (Mateo 10:17). Los católicos deben de darse cuenta que pocos son Salvados; la mayoría de los adultos católicos son condenados. Ni siquiera Jesucristo, quien es Dios, pudo convertir a todos los judíos endurecidos.


EN CONTRA DE LOS HEREJES Y REZAR EN COMUNIÓN CON LOS HEREJES

Se les prohíbe explícitamente a los católicos rezar a sabiendas en comunión con herejes notorios o recibir los sacramentos de ellos como dejan claro el Papa León X y los siguientes concilios dogmáticos. Estas citas, claro está, también condenan el ecumenismo falto de la secta del Vaticano II, así como sus reuniones falsas para rezar con las religiones falsas del mundo:

Papa León X, Quinto Concilio Laterno, Sesión 8, ex cátedra:Y ya que la verdad no puede contradecir a la verdad, definimos que cada declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita enseñar contrariamente. Decretamos que todos que se aferran a las declaraciones erróneas de esta clase, sembrando y cosechando así herejías que están totalmente condenadas, deberán ser evitados de todas formas y castigados como herejes e infieles detestables y odiosos que socavan la fe católica.”

El Papa simplemente dijo infaliblemente que deberán evitarse de cualquier forma todos los herejes. Nótese que uno solo puede saber si alguien es hereje si usted mismo ha obtenido este conocimiento de la persona en cuestión. Así, si usted sabe que su sacerdote es hereje, está obligado a evitarlo de cualquier manera que sea y no puede acercarse o abordarlo para recibir los sacramentos. Continuando:

III Concilio de Constantinopla, 680-681: “Si cualquier eclesiástico o laico entra en una sinagoga de los judíos o a las casas de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean depuestos y privados de la comunión [excomunión]. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la comunión [excomulgado].”

El Tercer Concilio de Constantinopla simplemente definió infaliblemente que cualquier persona que reza en comunión con los herejes ha de ser excomulgada y se le debe rechazar la comunión por rezar con otros herejes. Ahora, veamos otras citas:

Concilio de Laodicea, Siglo IV, (#Canon 6): “Nadie rezará en común con los herejes y cismáticos... No se le permite a los herejes entrar en la casa de Dios mientras ellos continúen en herejía.”

Concilio de Cartago: “Uno no debe rezar ni cantar salmos con los herejes, y quien se comunique con aquellos que han sido cortados de la comunión de la Iglesia, ya sea clero o laico: que sea excomulgado.”

Papa Pío IX, 16 de septiembre, 1864, carta al Episcopado Inglés (CH 254): “Que los cristianos y eclesiásticos deben de rezar por la unidad cristiana bajo la dirección de los herejes y, lo que es peor, de acuerdo a una intención que está radicalmente impregnada y viciada con herejía, ¡es absolutamente imposible de tolerar!

El Código de la Ley Canónica de 1917, Canon 823: “La Misa no puede celebrarse en iglesias de herejes o cismáticos, aunque en el pasado hayan sido adecuadamente consagradas o bendecidas.

Papa Pío XI, Mortalium animos (“10): “De tal manera, Venerable Hermano, está claro el por qué esta Sede Apostólica nunca ha permitido que sus sujetos tomen parte en las asambleas de los no-católicos: porque la unión de los cristianos puede promoverse únicamente fomentando el regreso a la única Iglesia verdadera de Cristo de aquellos que se han separado de ella, porque en el pasado infelizmente la habían dejado. A la única Iglesia verdadera de Cristo, decimos, la cual es visible para todos, y la cual ha de permanecer, de acuerdo a la voluntad de su Autor, exactamente igual a como Él la instituyó.

Entonces, que las personas declaren (a pesar de todas las citas anteriores que dicen lo contrario) que una asamblea presidida por herejes o una asamblea que reza en comunión con otros herejes, sea de alguna manerala Iglesia de Dios o la Iglesia de los católicos, es simplemente negar la verdad infalible de Dios.


SANTO TOMÁS EN CONTRA DE COMUNIÓN CON LOS HEREJES

Ahora, veamos a lo que Santo Tomás tiene que decir sobre los herejes:

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Tertia Pars, Pregunta 82, Artículo 9: “Yo respondo que, tal como se dijo anteriormente, los sacerdotes herejes, cismáticos, excomulgados o aún pecadores, a pesar que tienen el poder de consagrar la Eucaristía, sin embargo no hacen el uso apropiada de la misma; por el contrario, pecan usándola. Pero quien quiera que se comunique con otro que está en pecado, se convierte en partícipe de su pecado.”

Primero, quiero dejar claro que la segunda parte de esta cita de Santo Tomás (la cual fue tomada del contexto por ciertos individuos) será tratada dentro de poco entre la sección de las mayores objeciones. Sin embargo, Santo Tomás claramente enseña (de acuerdo a los Papas) que las personas que a sabiendas asisten a las iglesias de sacerdotes herejes, cismáticos o aún pecadores (excomulgados), se convierten en partícipes de su pecado. Y a pesar que uno puede abordar lícitamente a un sacerdote pecador hasta que la Iglesia haya dado Su sentencia sobre él, uno no está obligado a irse con él y puede quedarse en casa. Sin embargo, si el sacerdote es un hereje o cismático notorio, no se le puede abordar para recibir los sacramentos y se deberá quedar en casa.

Un ejemplo de esto sería si una herejía o cisma de un sacerdote fuese ocultado a la mayoría de las personas, y quizá usted fuese el único que sabía al respecto después de hablar con él, y por lo tanto sabía que él era un hereje; entonces debe evitarlo como hereje y no puede abordarlo para recibir los sacramentos. Si, sin embargo, optarse culpablemente, o a sabiendas, ir a dicho sacerdote hereje, entonces realmente está ayudando a la obra malvada y pecaminosa de este sacerdote, ya que usted, al mostrar una comunión externa con él, le profesa a todos que están presentes que usted también tiene la misma fe que él. Un sacerdote que sea hereje o cismático peca mortalmente cuando usa los sacramentos y esto recae sobre su propia cabeza y de aquellos a quienes engañó, una llama eterna de fuego que nunca se extinguirá. Por lo tanto, al entrar en las “iglesias” de los herejes, claramente está mostrándole a todos que está de acuerdo con sus herejías. Esto deberá estar absolutamente claro para cualquier persona honesta.


IMPOSICIÓN O NO

Algunos objetarán a esto diciendo: “Yo puedo ir legalmente con un sacerdote hereje (pero que está válidamente ordenado) para la celebración de la Misa y los sacramentos, en tanto no imponga su herejía ni predique herejía desde el púlpito.”

Respuesta: No importa si el sacerdote está imponiendo su herejía o si la predica desde el púlpito, como lo creen algunas personas. Porque, dígame, estimado lector, ¿es miembro de la Iglesia alguien que es hereje, aunque no predique su herejía desde el púlpito ni imponga la misma? Qué hay con un “Papa” que se ha vuelto hereje pero no imponía sus herejías; ¿lo consideraría como el Papa o iría con él para recibir los sacramentos? De acuerdo a estas personas, este “papa” hereje debe ser un papa válido a quien uno puede acercársele para recibir los sacramentos, en tanto no imponga sus herejías... ¿Pero es esto realmente verdad? ¿Quién declararía tal tontera? No, en verdad, usted respondería que él no sería miembro de la Iglesia, ya que todos los herejes están separados de la Iglesia y que él, por lo tanto, consagraría inválidamente o ilícitamente los sacramentos. Así, se aplica la misma lógica acá con los sacerdotes herejes, ya sea que impongan o no su herejía, o si la predican desde el púlpito o no. Han de evitarse todos como herejes odiosos que socavan la Fe Católica (Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra).

Si no está de acuerdo con esto, ¿entonces por qué no va al apóstata Benedicto XVI y recibe los sacramentos de él? ¡El no es mejor que cualquiera de los otros sacerdotes herejes a quienes se les puede abocar para recibir los sacramentos! De hecho, son tan malos como él lo es, ¡hasta sostienen las mismas herejías que él y la mayoría hasta lo acepta como el papa y como cabeza de la Iglesia Católica! No se nos permite escoger a qué herejes nos podemos abocar, como si algunos herejes pudiesen ser tolerados. Esto es totalmente fuera de las escrituras y contradice numerosas enseñanzas católicas.

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “...¿puede ser legal que alguien rechace cualquiera de esas verdades sin que el mismísimo hecho caiga en herejía? – sin separarse él mismo de la Iglesia? – sin repudiar en un solo acto total todas las enseñanzas cristianas? Porque tal es la naturaleza de la fe, que nada puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y rechazar otras... Pero aquel que disiente aún en un punto de la verdad revelada divinamente, rechaza absolutamente toda la fe, ya que con eso él rechaza honrar a Dios como la verdad suprema y el motivo formal de la fe.”

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban acostumbrados a considerar como fuera de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia a quien quiera que se aparte hasta en el más mínimo grado de cualquier punto de la doctrina propuesto por su Magisterio autoritario.”


IMPOSICIÓN: UN TÉRMINO INVENTADO POR LOS HEREJES

Imposición es un término que algunas personas han inventado para sí mismos para justificar ir con distintos sacerdotes (que saben son herejes), para recibir los sacramentos y escuchar la misa celebrada por ellos. Bien, el problema con esta forma de pensar no es que no sepan que el sacerdote es un hereje, sino que realmente están totalmente conscientes de este hecho, y sin embargo hacen excusas para ir a él. Pero, ¿alguna vez ha existido un dogma que declara algo parecido a esto? ¿Puede citarse alguna cosa para dar tal indicación? ¡Claro que no! ¡No encontrará ninguna enseñanza eclesiástica que lo diga! ¡Inventar las propias doctrinas de uno para justificar el pecado mortal por recibir ilícitamente los sacramentos, y luego enseñarle a los demás a hacer lo mismo, es realmente ultrajante y escandaloso por no decir más! El hecho que un sacerdote imponga sus herejías sobre las demás personas no tiene nada que ver con volverse un hereje (que debe ser evitada), tal como lo muestra claramente San Roberto Bellarmino:

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, N° 15: Porque los hombres no están destinados, ni son capaces de leer los corazones; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realiza, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.”

El punto es el siguiente: ¿Cuál dogma católico dice que uno puede abocarse a un sacerdote hereje para recibir los sacramentos (excepto el sacramento del bautismo en caso de necesidad)? A la fecha no se ha dado ni un solo dogma que haya indicado lo anterior; (más adelante será tratado el Cuarto Concilio Laterano, tomado del contexto). Gustosamente cambiaríamos nuestra posición si alguien nos demostrara con dogma católico que su posición es verdadera. Sin embargo, este no es el caso y nunca se ha presentado dicha evidencia dogmática. Solo pueden citarse santos falibles (sacado del contexto) y teólogos falibles, lo cual revela entonces que su posición es débil y tambaleante y que carece de una buena base católica. ¿Es sobre esto que hemos de formar nuestra Fe: es decir, santos y teólogos y, en vista de todos los dogmas y razonamiento, negar lo que hemos puesto delante de nuestros ojos? ¿No es esto exactamente lo que hacen también los creyentes en el bautismo de sangre / deseo? ¿No se aferran obstinadamente a los santos y a los teólogos en vez de a los dogmas infalibles? ¿Y no son condenados por este comportamiento exacto, quizá delante de usted? ¿Por qué, entonces, actúa usted precisamente de la misma manera acá? ¡Si no puede demostrar su caso con el dogma católico, entonces no deberá defender obstinadamente el mismo ni sostener que es uno verdadero!

Además, ¿cómo puede una persona declarar que cree en el Señor Jesús cuando él sin compromiso alguno – aún sabiendo y voluntariamente – se acerca a un sacerdote quien sabe que rechaza la necesidad de creer en Jesucristo o en cualquiera de sus palabras? ¿Realmente ama usted a Jesús y cree en Él, o simplemente lo dice? ¿Es más importante para usted asistir a misa y recibir ilícitamente los sacramentos que Jesucristo y la Fe misma? Porque con las obras externas usted le demuestra a los demás y a Nuestro Señor ¡que no tiene problema alguno en acercarse a un sacerdote que rechaza a Dios! ¡Los apostatas, herejes y cismáticos crucifican a Nuestro Señor la segunda vez cuando presumen consagrar estos sacramentos, y usted ayuda en esta obra al ir con ellos!

Tampoco puede preservar su fe ni complacer a Dios si se aboca a los sacerdotes herejes, tal como lo deja claro el Papa Pío IX: “Porque los hijos de la Iglesia debieran de considerar la propia acción para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin el cual es imposible complacer a Dios.”

Y uno se convierte en partícipe del pecado del sacerdote hereje, tal como lo dice Santo Tomás: “Tal como se dijo anteriormente, los sacerdotes herejes, cismáticos, excomulgados, o aún los pecadores, a pesar que tienen la potestad de consagrar la Eucaristía, sin embargo no hacen el uso apropiado de la misma; por el contrario, pecan al usarla. Pero quien quiera que se comunica con otro que está en pecado se vuelve partícipe en este pecado.


NOTORIO O NO

Algunas personas también declaran falsamente que un factor que determina si un sacerdote ha de volverse hereje (quien debe de evitarse para recibir la comunión), queda determinado por el hecho de cuántas otras personas realmente están conscientes de que el sacerdote es un hereje. Ellos declaran esto al aseverar que si solo pocas personas están conscientes de la posición hereje del sacerdote, entonces ese sacerdote no debe de ser un sacerdote notoriamente hereje, y puede así ser abordado lícitamente para recibir los Sacramentos. Así razonan ellos, porque de acuerdo a ellos, únicamente debe evitarse un hereje notorio; y un sacerdote que no les es obviamente conocido a ‘todos’ (o a la mayoría de las personas) por lo tanto no debe de ser un hereje notorio. Sin embargo, fracasan en darse cuenta que el sacerdote en cuestión ya pudo haber revelado su herejía y obstinación o mala voluntad a cualquiera que le hubiese hecho saber la verdadera posición.

Lo que determina si debe evitarse un sacerdote para recibir la comunión no queda decidido por el hecho de cuántas otras personas realmente están conscientes que él es un hereje. Esto es así ya que el sacerdote, al ser hereje, ya se ha separado a sí mismo de la Iglesia y de la comunión y porque todo el Cielo (la Santísima Trinidad, la Virgen Santísima y todos los Ángeles y Santos) también han pronunciado juicio sobre él. Por lo tanto (a pesar de estos hechos) ¿debemos de profesar comunión externa con él, si es alguien que se ha separado a sí mismo de la Iglesia y a quien Dios ya ha condenado? Si el sacerdote se convierte, la condenación, claro está, se vuelve misericordia.

Obviamente entonces, el factor que determina si alguien ha de evitarse para recibir la comunión es lo que usted sabe sobre la dicha persona en cuestión. No es determinado por lo que los demás entienden sobre esta persona ni por le hecho de cuántos otros están realmente conscientes de que él es un hereje. Usted no será juzgado al infierno por lo que los demás sabían o no sabían. ¡Sin embargo, usted será juzgado al infierno por lo que usted sabía; sobre lo que a usted no le importó saber, y sobre lo que usted fracasó en hacer una vez hubo obtenido este conocimiento!

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, N° 15.: Porque los hombres no están destinados a leer los corazones, ni son capaces de leer los mismos; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realizan, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441: Por lo tanto, la Santa Iglesia Romana condena, reprueba, anatemiza y declara estar fuera del Cuerpo de Cristo, quien es la Iglesia, a quien quiera que tenga puntos de vista opuestos o contrarios.

Y si usted no está de acuerdo con esto, entonces debe de sostener la opinión que uno pudo haber abordado lícitamente al anti-papa ultra hereje del infierno – Pablo VI, para recibir los sacramentos – aunque sabíamos que era un anti-papa hereje y aunque hubiésemos obtenido el conocimiento de antemano sobre lo que él le haría a la Iglesia (de acuerdo a la lógica de los herejes) si únicamente unas pocas personas sabían que él era un hereje, o si solo unas pocas personas sabían sobre sus malvadas intenciones. Sí, de acuerdo a esta falsa posición, (la posición ilógica de los herejes), uno lo pudo haber abordado lícitamente para recibir la Eucaristía cuando ya había empezado a poner todas estas herejías en práctica.

De tal manera que cuando Pablo VI estaba socavando y destruyendo la fe tanto como lo pudiese haber hecho un hereje durante toda una vida, es decir, aprobando y poniendo en práctica todas las herejías del Segundo Concilio Vaticano; cambiando la Misa Tradicional a una nueva Misa inválida; cambiando los Ritos de las Santas Órdenes (haciendo así que todos los sacerdotes y obispos del Vaticano II fuesen ordenados inválidamente); aboliendo el índice de los libros prohibidos (lo cual revela su verdadera intención, divulgar la herejía y las mentiras), y permitiendo la contracepción o PFN (planificación familiar natural), etc., etc... entonces, a pesar de todos estos hechos, si solo unas pocas personas sabían que él era un hereje, uno pudo habérsele abocado lícitamente para recibir los sacramentos... ¡Esta es la conclusión ineludible e ilógica del razonamiento hereje, pero nadie, sin embargo, se atrevería a admitirlo!

Pero si su posición es la verdadera posición Católica: es decir, que uno no se podía abocar a Pablo VI ni a ningún otro hereje como él para recibir los Sacramentos, entonces debe usted de sostener la posición que uno no puede acercarse a otros sacerdotes herejes para recibir los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, si sabe personalmente que son herejes. Usted no puede escoger y optar a qué herejes debe de ir. Todos los herejes están fuera de la Iglesia. Por lo tanto, todos los herejes deben de evitarse.

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9): “Nadie que simplemente no cree en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías, que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y si alguien sostiene una sola herejía no es Católico.”


PAPA PÍO IX EN CONTRA DE LOS HEREJES

Papa Pío IX, “Graves Ac Diuturnae,” 1875, (#4): “Debes de recordarles que tengan cuidado de estos enemigos traicioneros del rebaño de Cristo y de sus alimentos envenenados. ELLOS DEBERÍAN EVITAR TOTALMENTE SUS CELEBRACIONES RELIGIOSAS, SUS EDIFICIOS Y SUS CÁTEDRAS DE PESTILENCIA QUE HAN ESTABLECIDO CON IMPUNIDAD PARA TRANSMITIR LAS ENSEÑANZAS SAGRADAS. DEBERÍAN EVITAR SUS ESCRITOS Y TODO CONTACTO CON ELLOS. Ellos no deberían tener trato alguno ni reuniones con los sacerdotes usurpadores y apóstatas de la fe que osan ejercer los deberes de un ministro eclesiástico sin poseer una misión legítima ni jurisdicción alguna. Deberían evitarlos como forasteros desconocidos y ladrones que vienen únicamente a robar, matar y destruir. Porque los hijos de la Iglesia deberían considerar la acción apropiada para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin el cual es imposible complacer a Dios, así como la acción calculada para alcanzar la meta de la fe, que es la salvación de sus almas, siguiendo el camino recto de la justicia.”

¿Podría estar más claro que esto? Nosotros no deberíamos tener trato alguno ni reuniones con sacerdotes usurpadores y apóstatas de la fe quienes se atreven a ejercer los deberes de un ministro eclesiástico sin poseer una misión legítima o jurisdicción alguna...” nosotros “deberíamos evitarlos como foráneos y ladrones que vienen solo a robar, a matar y a destruir.” Y ELLOS DEBERÍAN ESQUIVAR SUS CELEBRACIONES RELIGIOSAS, SUS EDIFICIOS Y SUS CÁTEDRAS DE PESTILENCIA, LAS CUALES, CON IMPUNIDAD, HAN ESTABLECIDO PARA TRANSMITIR LAS ENSEÑANZAS SAGRADAS. ELLOS DEBERÍAN EVITAR SUS ESCRITOS Y TODO CONTACTO CON ELLOS.”

Para el alma honesta no es necesario comentar adicionalmente sobre las palabras absolutas e innegables anteriores del Papa Pío IX.

Pero, ¿por qué deben de evitarse totalmente los herejes, podrán preguntarse? El Papa Pío IX también responde a esto: “Porque los hijos de la Iglesia deberían considerar la acción apropiada para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin lo cual es imposible agradar a Dios...” El Papa Pío IX dice que la fe será destruida al ir a los herejes y que no se puede complacer a Dios haciendo esto. ¿Cuánto más claro tiene que ser esto? Así, usted nunca debe de abordar a su sacerdote apóstata o hereje de Novus Ordo (Nuevo Orden) ni a su sacerdote “católico” tradicional hereje y cismático, ni a cualquier otro sacerdote hereje o cismático de esa clase para que escuchen la Confesión o den la Eucaristía. Porque la mayoría de ellos, sin excepción, niegan la necesidad de creer en Jesucristo, otorgándole la salvación a las personas que ni siquiera creen en Cristo. ¡La mayoría de ellos también niega obstinadamente varios dogmas de la Iglesia cuando éstos se les presentan!


FALIBLE VS. INFALIBLE

Los herejes simplemente rechazan seguir las enseñanzas de la Iglesia sobre estos asuntos, pero en vez, siguen las declaraciones equivocadas y falibles de ciertos teólogos o santos. Muchos de estos santos y teólogos ni siquiera concuerdan con su posición. Sin embargo, estos herejes tergiversan sus palabras para acomodar su propio sistema de creencia hereje (más sobre este tema más adelante).

El punto es el siguiente: Si tuviésemos que decidir qué es lo que constituye la fe Católica basada en santos o teólogos falibles, entonces igualmente podríamos negar la inmaculada concepción de María, podríamos creer que todos los Hijos no bautizados que murieron antes de la edad de la razón se queman en los fuegos de infierno, podríamos creer en la teoría del bautismo de deseo y de sangre, etc. Todas las opiniones, de hecho, parecen convincentes y verdaderas en vista de los santos y teólogos respetados, quienes han mantenido estas posiciones y las han enseñado (lo cual es la causa de que tantos crean en ellas), a pesar que el dogma católico dice lo contrario.

Sin embargo, aunque sea opinión de un teólogo o un santo (o aún ambos), realmente no tiene peso en comparación al dogma Católico infalible. Los verdaderos Católicos (no los falsos católicos) fundamentan su Fe en el dogma Católico infalible, y no en las opiniones de los santos o los teólogos. Esto debería estar clarísimo para cualquiera. Cuando las personas dejan de creer en el Magisterio infalible de la Iglesia y, en vez, escogen fundamentar su fe exclusivamente en las teorías de los santos y teólogos (o aún en sí mismos y en lo que consideran ser de fe), entonces uno sabe que su caso está perdido, y que su posición no es la Católica.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana cree, profesa y predica firmemente que todos que estén fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos o herejes y cismáticos, no pueden compartir la vida eterna e irán al fuego eterno que fue preprado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas.

Como vemos arriba, es un dogma infalible (que uno está obligado a creer bajo pena de pecado mortal) que todos los herejes está fuera de la Iglesia y, por lo tanto, fuera de los límites de administrar lícitamente o válidamente los sacramentos.

Sin embargo, si fuésemos a decir (por el bien de un argumento) que fuese cierto que uno podría abocarse a un sacerdote hereje para recibir lícitamente los sacramentos (lo cual no es cierto); pero teoricemos que es así para que podamos refutar adicionalmente esta posición. Si existiese cualquier enseñanza tal por parte de un santo o teólogo que permitiese dicha cosa, es decir, que uno podría abordar a un sacerdote hereje para recibir los sacramentos; y aún si mantuviesen dicha posición (lo cual no hacen), aún así no están hablando sobre abordar la clase de sacerdotes herejes que existen en nuestros días, en la Gran Apostasía. Ejemplos de esto sería un sacerdote que rechaza la necesidad de creer en Jesucristo o que cree en la salvación de las personas que hasta rechazan a Cristo, como son los paganos, los judíos y los musulmanes. ¿Se atrevería alguien a decir que esto es lo que realmente creen los teólogos y santos si hubiesen teorizado que uno podría ir a un sacerdote hereje para escuchar la misa y recibir los sacramentos? ¡Absolutamente no! Entonces, ¡no traten de aparentar que sí lo hacen!

No obstante, esto es exactamente la misma paja que el hombre argumenta que usan los que defienden el bautismo de deseo / sangre. No es cierto que a estas personas les encanta hacer énfasis en que “todos los santos y teólogos creyeron en el bautismo de deseo y de fuego; de manera que debe de ser cierto”, y con ello tratando de implicar que ellos (los santos y teólogos) también creyeron en la salvación para los paganos, musulmanes y judíos; (a pesar que, en verdad, su versión del bautismo de deseo / sangre únicamente se aplicaba a personas que ya creían en Jesucristo y que eran catecúmenos, y no a los paganos, musulmanes y judíos). ¿Ven la diferencia?

¿Por qué, entonces, algunas personas tratan de hacer que parezca como si los teólogos tenían como opinión que uno podría ir a la peor clase de sacerdotes abominables, apóstatas o herejes que pudieron haber existido para recibir los sacramentos, lícitamente? Ellos hasta hacen parecer como si uno estaba perfectamente libre de ir a un hereje aún después que uno supiese de su herejía que rechaza a Cristo. También debe de señalarse que a los únicos santos y los teólogos que estas personas tratan de citar para defender su posición (de recibir los sacramentos de los herejes), ni siquiera concuerda con su posición herética (excepto un teólogo); sin embargo, excepto por este teólogo (Juan de Lugo), el resto realmente refuta su posición sacrílega (como lo demostraremos nosotros).

Pero, de acuerdo a estos tristes herejes, uno puede ir libremente a un sacerdote que cree en la salvación universal para todos y a un sacerdote que defiende, apoya y acepta obstinadamente como “Papa” ¡al hereje más vil y abominable que hubiese vivido en la historia de la humanidad! Sí, de acuerdo a su punto de vista, uno podría ir a ese sacerdote después de haberle presentado la prueba sobre la Iglesia Novus Ordo, Benedicto XVI y el Vaticano II, que demuestra que son herejes. Sí, uno podría ir con él aún después que un sacerdote rechazó obstinadamente esa prueba innegable que usted le presentó (de acuerdo a su lógica hereje), ¡simplemente en tanto no esté predicando sus herejías desde el púlpito ni las impongan! Si así son sus palabras, entonces usted puede ir con él. Parece ser que para estas personas todo vale, ¡cualquier cosa menos el sentido Católico y el dogma Católico! La mala voluntad de estas persona es realmente increíble y triste.

Entonces, qué es lo que tenemos que hacer cuando le presentamos a nuestro sacerdote la información sobre Benedicto XVI y el Vaticano II, y obstinadamente todavía se adhiere a Benedicto XVI como el papa y la iglesia del Nuevo Orden como la verdadera Iglesia? ¿Debemos entonces evitarlo como el hereje que ha mostrado manifiestamente ser? La respuesta a esta interrogante es, claro está, ¡sí!

Tito 3:10 “Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces.”

2 Juan 1:9-10: Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en ella, ese tiene, o posee dentro de sí al Padre y al Hijo. Si viene alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le saludéis. Porque quien le saluda, comunica en cierto modo con sus acciones perversas.

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, n° 15.: Porque los hombres no están destinados a leer los corazones, ni son capaces de leer los mismos; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realiza, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.”

Por lo tanto, es tanto un hecho dogmático como bíblico que usted no puede abordar a un sacerdote hereje para la misa y recibir los sacramentos.


DIOS DESEA LA OBEDIENCIA EN VEZ DEL SACRIFICIO

Dios desea la obediencia, en vez del sacrificio. En otras palabras, si usted acepta las herejías o rechaza Sus dogmas, todas sus obras espirituales no tendrán valor alguno ante Su vista.

1 Reyes 15:22-23: “Dijo entonces Samuel: ¿Por ventura el Señor no estima más que los holocaustos y las víctimas, el que se obedezca a su voz? La obediencia vale más que los sacrificios, y el ser dócil importa más que el ofrecer la grosura de los carneros. Porque el desobedecer al Señor, es como un pecado de magia, y como crimen de idolatría el no querer sujetársele. Por tanto, ya que tú has desechado la palabra del Señor, el Señor te ha desechado a ti, y no quiere ya que seas rey.

Si una persona rechaza la verdad de Dios, no lo puede complacer. El sostener que uno puede recibir lícitamente los sacramentos de los herejes, en vista de todos los hechos, es simplemente negar a Dios.

Papa Pío VIII, Traditi Humilitati (#4), 24 de mayo, 1829: “Ciertamente esta idea mortal en relación a la falta de diferencia entre las religiones es refutada aún a la luz de una razón natural. Estamos seguros de esto porque las diversas religiones no concuerdan a menudo entre ellas. Si una es verdadera, la otra debe de ser falsa; no puede haber existir una sociedad de oscuridad con luz. En contra de estos sofistas experimentados se les debe enseñar a las personas que la profesión de la fe Católica es originalmente verdadera, como lo proclama el apóstol: un Señor, una fe, un bautismo.”


NINGUNA COMUNIÓN CON LOS HEREJES

También es de ley divina y no solamente una ley disciplinaria que los Católicos solo pueden estar en comunión con otros Católicos y que nunca pueden adorar con personas que sean herejes, cismáticos o infieles. Entrar a sabiendas en una casa religiosa que es hereje o cismática es, claro está, profesar abiertamente una unidad religiosa de tal manera que es completamente inaceptable. El escándalo que esto provoca ante los ojos de los verdaderos Católicos es fácil de comprender. Porque cada persona que lo ve a usted entrar en una “iglesia” en donde el padre es un hereje o cismático asumirá que usted está de acuerdo con esta herejía o cisma. La unidad de la fe que debe de existir entre las personas que se llaman Católicos y que adoran a Dios es una constante que nunca puede cambiarse, de acuerdo a la enseñanza Católica. Esto se llama ley divina. Sin la unidad de la fe solamente hay tinieblas y fuego eterno, tal como lo deja claro el Papa León XIII y las siguientes citas:

Papa León XIII, Satis Cognitum (#10), 29 de junio, 1896: “Por esta razón, así como la unidad de la fe es una necesidad requerida para la unidad de la Iglesia, en vista que es el cuerpo de los fieles, así también para esta unidad, puesto que la Iglesia es una sociedad constituida divinamente, la unidad de gobierno, que afecta e involucra la unidad de comunión, es necesaria jure divino (por ley divina).”

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#22): “Así, por lo tanto, en la verdadera comunidad cristiana hay un único Cuerpo, un Espíritu, un Señor y un Bautismo, así también sólo puede haber una fe. Y, por lo tanto, si un hombre rechaza escuchar a la Iglesia que sea considerado – y así lo manda el Señor – como un gentil y publicano. Sigue que aquellos que están divididos por la fe o el gobierno no puede vivir en la unidad de dicho Cuerpo, ni pueden ellos vivir la vida de su único Espíritu Divino.”

Papa San Clemente I, Siglo I: “Si cualquier hombre es amigable con aquellos con quienes el Pontífice Romano no está en comunión, está en complicidad con aquellos que desean destruir la Iglesia de Dios: y, a pesar que puede parecer estar con nosotros en cuerpo, está en contra de nosotros en mente y espíritu, y es un enemigo mucho más peligroso que aquellos que están fuera y que son nuestros adversarios declarados.”

III Concilio de Constantinopla, 680-681: Si cualquier eclesiástico o laico entra en la sinagoga de los judíos o en las casas de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean despojados y privados de la comunión. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la comunión.

Papa Pío IX, Etsi Multa, #26, 21 de noviembre, 1873: “Por lo tanto, por autoridad de Dios Todopoderoso, excomulgamos y consideramos un anatema al mismo Joseph Humbert y a todos aquellos que intentan escogerlo a él y a quienes ayudaron en su consagración sacrílega. Adicionalmente, excomulgamos a quien quiera que se haya adherido a ellos y que perteneciendo a su partido haya proporcionado ayuda, favor, auxilio o consentimiento. Declaramos, proclamamos y ordenamos que sean separados de la comunión de la Iglesia. Ellos han de ser considerados entre aquellos con quienes todos los fieles cristianos tienen prohibido, por el Apóstol [2 Juan 10-11], asociarse y tener intercambio social a tal punto que, tal como lo declara simplemente, ni siquiera pueden ser saludados.

La cita anterior es muy pertinente a nuestra situación de hoy, en tanto que muchos sacerdotes y adherentes de aquellos sacerdotes caerían bajo esta misma condena. Primero, aprendamos un poco de historia sobre la condena anterior de Joseph Humbert y todos sus adherentes: “Un sorprendente número grande de sacerdotes y laicos alemanes rechazó las enseñanzas solemnes del Primer Concilio Vaticano sobre el papado. En septiembre de 1870, casi 1,400 alemanes que se llamaban ‘Católicos Viejos’ firmaron una declaración por la cual renunciaban a las enseñanzas conciliares. En septiembre de 1871, 300 delegados se reunieron en Münich para organizar una nueva iglesia. No pudiendo encontrar a un obispo católico que renunciase al dogma Católico y se les uniera, los Católicos Viejos recurrieron al Obispo Jansenista Heykamp de Devetner en los Países Bajos, de la cismática Pequeña Iglesia de Utrecht. Él ordenó al Padre Joseph Humbert Reinkens como obispo en agosto de 1873.”

Papa Pío IX, Graves ac diuturnae (#1-4), 23 de marzo, 1875: “... los nuevos herejes que se llaman a sí mismos los ‘Católicos Viejos’... estos cismáticos y herejes... su secta malvada... estos hijos de las tinieblas... su facción malvada... esta secta deplorable... Esta secta derroca las bases de la religión Católica, rechaza vergonzosamente las definiciones dogmáticas del Concilio Vaticano Ecuménico, y se dedica de tantas maneras a la ruina de las almas. Hemos decretado y declarado en Nuestra Carta del 21 de noviembre de 1873, que aquellos hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y respaldan a esa secta deberán ser considerados cismáticos y estar separados de la comunión con la Iglesia.”

Acá, el Papa Pío IX da una confirmación explícita que las personas deben de considerar como herejes o cismáticos a aquellos que están fuera de la Iglesia y que no hay necesidad de una declaración adicional para decidir esto. Pero, ¿quién puede negar el hecho que el Vaticano II es también una “nueva iglesia”, y que todos los obispos y sacerdotes ordenados válidamente que quedan en esta “nueva iglesia” también caerían bajo la misma condena de Joseph Humbert? Por lo tanto, sin duda alguna, uno no puede abordar a ninguno de los sacerdotes Novus Ordo válidamente ordenados para recibir los sacramentos de la Confesión o la Eucaristía, tal como lo enseñan los herejes y cismáticos.

Otro hecho impresionante es que la mayoría de todos los sacerdotes válidamente ordenados que quedan en todo el mundo (tanto sacerdotes “Católicos” tradicionales como los sacerdotes Novus Ordo, por igual) también rechazan el Vaticano I y la infalibilidad papal, negando obstinadamente el dogma Católico infalible. Los “Católicos” viejos fueron excomulgados por esta misma razón y uno ni siquiera los podía saludar y cualquiera que se adhiriera a ellos (por ejemplo, recibir los sacramentos de ellos) tenía que ser excomulgado como ellos.

Hemos decretado y declarado en Nuestra Carta del 21 de noviembre de 1873, que aquellos hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y respaldan a esa secta deberán ser considerados cismáticos y estar separados de la comunión con la Iglesia.” (Papa Pío IX, Graves ac diuturnae (# 1-4), 23 de marzo, de 1875)

Por lo tanto, sin duda alguna, no se puede abordar a ninguno de los sacerdotes “Católicos” tradicionales válidamente ordenados que quedan en el mundo para recibir lícitamente los sacramentos, si obstinadamente niegan o rechazan un solo dogma Católico o sostienen una sola única herejía, tal como lo deja claro el Papa León XIII:

Papa León III, Satis Cognitum (#9): Nadie que simplemente no cree en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías, que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y si alguien sostiene una sola herejía no es un Católico.”


¿PUEDEN LOS HEREJES TENER AUTORIDAD DENTRO DE LA IGLESIA?

¿Cuáles son los requerimientos para una recepción lícita de los sacramentos? Esta es una pregunta muy importante de comprender ya que muchos dicen que se pueden recibir lícitamente no solo por parte de los herejes, sino por parte de los sacerdotes apóstatas.

La Enciclopedia Católica . Vol 13. “Sacramentos.” (1912) Las Condiciones para la recepción lícita: (b) “Para la recepción lícita es también necesario observar todo lo que está prescrito por la ley Divina o Eclesiástica, por ejemplo, en cuanto a tiempo, lugar, el ministro, etc. Debido a que solo la Iglesia tiene el cuidado de los sacramentos y generalmente únicamente sus agentes debidamente nombrados tienen el derecho de administrarlos, excepto el Bautismo en algunos casos, es una ley general que la solicitud de los sacramentos deberá hacerse a ministros dignos y debidamente nombrados.”

Tristemente, hemos llegado a un punto en la historia de la Iglesia en donde aún los herejes son considerados por algunos para consagrar lícitamente la Eucaristía en la Iglesia; lo que significa, de alguna manera, que se les da autoridad a los herejes en la Iglesia. Pero esto es, claro está, imposible. Porque el dar o recibir lícitamente los sacramentos significa dar o recibirlos por autoridad y permiso de la Iglesia. ¿Tienen los herejes esta autoridad dentro de la Iglesia Católica (excepto el sacramento del Bautismo)? ¿Preparan los herejes lícitamente los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía con el permiso y la autoridad de la Iglesia Católica? ¡Claro que no! ¡No tienen esta autoridad, ni de consagrar lícitamente la Eucaristía ni de absolver lícitamente o válidamente de los pecados, tal como lo hemos demostrado! Favor de ver cuidadosamente los siguientes dogmas de la iglesia y vean cómo los herejes están fuera de la Iglesia de Cristo.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana cree, profesa y predica firmemente que todos que estén fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos o herejes y cismáticos, no pueden compartir la vida eterna e irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas.”

Aquí podemos ver que todos los Católicos están obligados bajo pena de pecado mortal, a creer que un hereje está fuera de la Iglesia Católica. Acá hay otros testimonios del Magisterio, que afirman este hecho.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441: Por lo tanto, la Santa Iglesia Romana condena, reprueba, anatemiza y declara estar fuera del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, a quien quiera que tenga puntos de vista opuestos o contrarios.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su propia naturaleza separa al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o una herejía o apostasía.”

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban acostumbrados a considerar como fuera de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia a quien quiera que se aparte hasta en el más mínimo grado de cualquier punto de la doctrina propuesto por su Magisterio autoritario.”

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9): “Nadie que simplemente no cree en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías, que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y si alguien sostiene una sola herejía no es un Católico.”

Papa Inocencio III, Eius exemplo, 18 de diciembre, 1208: “Por el corazón creemos y por la boca confesamos la única Iglesia, no de herejes, sino la Santa Iglesia Católica, Romana y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie se salva.”

Esta última profesión solemne de fe hecha por el Papa Inocencio III en Eius exemplo, demuestra cuán alejado de la creencia Católica – es decir, cuán hereje – es la idea que un hereje puede estar dentro de la Iglesia. No obstante, esta es exactamente la idea propuesta por los individuos que aseveran que los herejes – de alguna manera – tienen autoridad para administrar válidamente o lícitamente los sacramentos. Y debido a que es un dogma que un hereje no puede estar dentro de la Iglesia, es un hecho dogmático (un hecho que, si no fuese cierto, rendiría un falso dogma) que un hereje no puede tener autoridad en la Iglesia.

Papa León XIII, Satis Cognitum (#15), 29 de junio, 1896: “es absurdo imaginar que aquel que está fuera puede ordenar en la Iglesia.”

Por lo tanto, ciertamente es seguro que un hereje no puede consagrar lícitamente la Eucaristía ni administrar válidamente o lícitamente el sacramento de la Confesión porque es absurdo imaginar que alguien de fuera puede comandar en la Iglesia.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#22), 29 de junio de 1943: Realmente, pueden ser incluidos como miembros de la Iglesia únicamente aquellos que han sido bautizados y que profesan la verdadera fe y que no han sido tan desafortunados de separarse de la unidad del Cuerpo ni han sido excluidos por autoridad legítima debido a faltas graves cometidas.


PRINCIPALES OBJECIONES HERÉTICAS

CUARTO CONCILIO LATERANO

PRIMERA OBJECIÓN: “El Papa Inocencio III, en el Cuarto Concilio Laterano, enseña que los herejes deben ser señalados primero antes que uno esté obligado a dejar de ir con ellos con propósitos religiosos. Bueno pues.”

RESPUESTA A LA PRIMERA OBJECIÓN: Los pervertidos, fuera de la cita del contexto, tal como se presenta por los herejes engañadores:

“Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 3, sobre los Herejes, 1215: “Más aún, determinamos sujetar a la excomunión a los creyentes que reciban, defiendan o apoyen a los herejes [...] Sin embargo, si es un clérigo, que sea depuesto de todo cargo y beneficio, para que entre más grande es la falta, mayor es el castigo. Si alguien rechaza evitar a dichas personas DESPUÉS QUE HAYAN SIDO SEÑALADAS POR LA IGLESIA [postquam ab ecclesia denotati fuerint], que sea castigado con la sentencia de la excomunión hasta que haga una satisfacción adecuada. Los clérigos no deben, claro está, dar los sacramentos de la Iglesia a dichas personas pestilentes ni darles una sepultura cristiana...””

Nótense el humo y los espejos [...] en donde lanzan el latín y dicen: “¡Miren esta parte que está aquí! Enfoquen únicamente en esto porque si leen todo verán que estamos pervirtiendo lo que el papa decretó!” Pero, ahora veamos el párrafo entero y examinemos lo que REALMENTE dice:

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano (Edición Tañer): “Los Católicos que toman la cruz y se invisten para la expulsión de los herejes, disfrutarán de la misma indulgencia y serán fortalecidos por el mismo santo privilegio, tal como se otorga a aquellos que van en la ayuda de la Tierra Santa. Más aún, determinamos sujetar a excomunión a los creyentes que engañan, defienden o apoyan a los herejes.

Bien, el papa simplemente dijo que aquellos creyentes (no herejes) que reciben, defienden o apoyan a los herejes han de ser excomulgados...

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, continuó: “Ordenamos estrictamente que, si tal persona, después que haya sido designada como excomulgado,

Mantengan en mente que todavía estamos hablando de los creyentes no-herejes que han sido excomulgados por haber ayudado de alguna manera a un hereje.

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, continuó: “Ordenamos estrictamente que si tal persona, después de haber sido designadao como excomulgado, rechaza rendir satisfacción dentro de un año, entonces por la misma ley será marcada como infame y no será admitida a cargos públicos ni concilios para poder elegir a otros a lo mismo, ni podrá dar testimonio. No tendrá capacidad para testar, es decir, no tendrá libertad para hacer un testamento ni sucederá a una herencia. Más aún, nadie será obligado a responderle sobre ningún negocio, pero puede ser obligado a responderles. Si es un juez, las sentencias pronunciadas por él no tendrán validez y no se le pueden llevar casos, si es un abogado, no se le puede permitir que defienda a alguien; si es un notario, los documentos escritos por él no tendrán valor y serán condenados junto con su autor condenado; y en asuntos similares ordenamos que lo mismo sea observado. Sin embargo, si es un clérigo, que sea despojado de todo cargo y beneficio, de manera que entre más grande es la falta mayor será el castigo Si alguien rechaza evitar a dichas personas DESPUÉS QUE HAYAN SIDO SEÑALADAS POR LA IGLESIA [postquam ab ecclesia denotati fuerint], que sea castigada con la sentencia de la excomunión hasta que haga una satisfacción adecuada. Los clérigos no deben, claro está, dar los sacramentos de la Iglesia a dichas personas pestilentes ni darles una sepultura cristiana...”

Si es un clérigo,un clérigo que es NO-hereje y que ha sido excomulgado por haber ayudado de alguna manera a un hereje. ¿Ven cuán claramente han pervertido el significado de este concilio? Los herejes desean que hable sobre los herejes, ya que esto satisface su propósito de ir a otros herejes para recibir los sacramentos, pero nadie más que un mentiroso puede ver que no está hablando de un hereje, sino de un creyenteque reciba, defienda o apoye a los herejes.

Acá se pueden ver dos puntos. El primer punto es que estas acciones de apoyar, defender o recibir a los herejes no son malas en sí, sino en vez son caritativas si se hacen correctamente. El segundo punto es que un creyente puede tener buena fe en relación a los herejes. El ayudar a un hereje no necesariamente significa que la persona estaba de acuerdo con el hereje ni que él mismo era un hereje o que ni siquiera sabía que estaba ayudando a un hereje. Es por esto que el concilio declara a estas personas como “creyentes” que “reciben, defienden o apoyan a los herejes...” Y debido a que existen muchas maneras de defender, apoyar y recibir a herejes que no necesariamente involucra a una herejía o cisma, uno no puede concluir (como lo hacen los herejes), que uno puede ir a otros sacerdotes herejes o cismáticos, que uno sabe que son herejes o cismáticos, para recibir los sacramentos, hasta que la Iglesia haya impuesto Su sentencia sobre ellos, tal como es su excusa.

Hay muchos ejemplos que uno podría dar para mostrar que un creyente que recibe, defiende o aún apoya a herejes no es un hereje:

  1. ¿Puede un creyente recibir a un hereje en su casa con el propósito de convertirlo? ¡Claro que puede!

  2. ¿Puede el mismo creyente de buena fe y en caridad, tener compasión por el hereje que no tiene los medios para mantenerse financieramente a sí mismo o a su familia? ¡Completamente! (El creyente, claro está, si está consciente de la herejía de esta persona, podría desear usar esta caridad o respaldo como una zanahoria o incentivo para traer al hereje, cismático o apóstata de nuevo a la Iglesia).

  3. ¿Y puede un creyente estar en herejía material en relación a una doctrina de la Iglesia y, sin saber, defender la posición herética de un hereje? ¡Totalmente!

Como hemos visto, estas acciones realizadas por el creyente no fueron herejes ni cismáticas sino caritativas (si fueron hechas de buena fe). Un creyente puede, por lo tanto, hacer el bien hacia los demás sin comprender que realmente puede hacer daño o causar un mayor escándalo. Es por eso que, de acuerdo a dicho concilio, ellos (los que respaldan) deben de evitarse únicamente después que hayan sido señalados por la Iglesia, y haya sido revelada su verdadera intención. Porque así como una persona puede hacer estas cosas sin saber y de buena fe, así también una persona puede hacer estas cosas por compasión – no únicamente para el hereje – sino también por la herejía que apoyada por él. Una persona que tiene compasión con una herejía que sostiene un hereje – en vez de compasión por la persona hereje – es también un hereje ya que está de acuerdo con su posición herética y la apoya. Y si un creyente ha de saber que un persona que apoya a un hereje estaba de acuerdo con su herejía o la apoyaba, entonces debe de evitarlo como un hereje, ya que no hay necesidad de esperar la declaración por parte de la Iglesia y revelar las intenciones internas de los ‘que apoyan’. Y esta es la razón de por qué la Iglesia no declara automáticamente a estas personas que “reciben, defienden o apoyan a los herejes” – como herejes – que deben evitarse completamente, “hasta que hayan sido señaladas por la Iglesia.”

Es por eso que es extremadamente deshonesto que las personas usen el Cuarto Concilio Laterano o a Santo Tomás de Aquino (próxima objeción) como argumento para recibir la comunión o confesión por parte de un sacerdote obstinadamente hereje (de quien uno sabe que es hereje) cuando el Concilio no lo dice así. De hecho, es una distorsión mortalmente pecaminosa de la verdad que se enseña en el Cuarto Concilio Laterano.

Además, es muy deshonesto pronunciar la sentencia de la Iglesia como base para evitar a los herejes en estos tiempos, cuando la Iglesia y Su jerarquía ya no son visibles ni accesibles para los Católicos. Aún en esas instancias, (como con los sacerdotes pecadores) en las cuales la Iglesia hubiese juzgado normalmente, son hoy en día abrogados por la ley o el principio de epikeia, ya que no existe una jerarquía válida o no-hereje en la Iglesia de hoy. Epieideia o Epikeia, que significa “equidad” es el nombre del principio canónico que solamente las leyes de la Iglesia, también conocidas como las leyes eclesiásticas o leyes disciplinarias, pueden dejar de atar u obligar en casos particulares que no fueron previstos por el legislador. Este término puede encontrarse en cualquier libro que trate con estos temas. Este principio no se aplica a las enseñanzas dogmáticas de la fe ni de moral, sino a las leyes instituidas por la Iglesia para gobernar a sus miembros. Es por esto que hoy en día nosotros estamos hasta forzados a hacer estos juicios sobre los sacerdotes pecadores a través de nuestro propio juicio y por nuestra propia autoridad, ya que no hay una jerarquía válida de la Iglesia. Así, cuando NOSOTROS vemos a alguien que sostiene una creencia hereje, por nuestro propio juicio y razón debemos de juzgarlo como un hereje y evitarlo como tal. Nuevamente, si tenemos el conocimiento y la razón para saber de una herejía y detectarla, entonces debemos de usar ese conocimiento; porque hacer lo contrario sería un pecado en contra de la Fe.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su propia naturaleza separa al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o herejía o apostasía.”

Es perfectamente comprensible que si una persona carece del conocimiento para detectar herejías más finas o más específicas, ellas puedan ser “herejes” materiales sobre, y que no entraña rechazar, la ley natural o los misterios esenciales que todos deben de conocer. Sin embargo, si uno sabe que su sacerdote es un hereje, entonces debe de evitarlo como tal. Si uno no sabe que su sacerdote es un hereje y no ha puesto mucho esfuerzo en averiguar si lo es, entonces hay que averiguar si lo es; y si no es un hereje, entonces se puede ir con él (siempre y cuando no esté profesando una comunión externa con otros herejes, como lo hace la mayoría de los sacerdotes que tiene al hereje Benedicto XVI como el “Papa”, su arco notorio). Ha de asumirse que dicho sacerdote es un hereje (a pesar que no pareciera tener ninguna otra herejía), por el hecho de profesar una comunión externa con un hereje notorio. Asumimos que el sacerdote es un hereje de la mismísima manera que asumiríamos que una persona es hereje si entra en una iglesia protestante (de quien se asume entonces que es un hereje protestante) por estar en comunión con otros herejes protestantes (aunque haya una leve posibilidad que fuese únicamente un hereje material). Si, hay una posibilidad que su sacerdote no esté consciente de todas las herejías que son fomentadas por Benedicto XVI y el Vaticano II. De hecho, hay una leve posibilidad que cualquiera que haya sido bautizado – sin importar a que edificio de iglesia “cristiana” haya entrado – pueda ser un hereje material (en tanto no contradiga la ley natural o los misterios esenciales), a pesar que es muy improbable dicho escenario.

Sin embargo, si usted hubiese señalado la verdadera posición en relación al Vaticano II y a Benedicto XVI a un sacerdote independiente (por ejemplo) quien no parece sostener ninguna herejía (por lo menos exteriormente) y quien no está en comunión con ninguna otra sociedad herética, y este sacerdote, después de haber sido presentado con la evidencia continuó obstinadamente, sin embargo, aceptando a Benedicto XVI como el “Papa” o al Vaticano II y a la “Iglesia” Novus Ordo como la verdadera Iglesia Católica, entonces su herejía se hubiese hecho manifiesta y usted estaría obligado a evitarlo. Así, debemos de evitar al sacerdote que supimos era un hereje, así como al sacerdote a quien vemos profesar externamente una comunión con otros herejes manifiestos. Esta es una verdad de la fe enseñada también por San Roberto Bellarmino:

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, N° 15: Porque los hombres no están destinados a leer los corazones, ni son capaces de hacerlo; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realizan, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.”

No pecamos al asumir que alguien es un hereje (aunque esté ausente una prueba absoluta) si él, por sus obras externas, revela que es cierta esta mismísima posibilidad. Porque cuando hacemos una suposición, no juzgamos nada de manera concluyente. Este método de pensar no ha de aplicarse a otros sucesos que puedan ocurrirle al hombre a través de su vida (ni aún con una herejía material en relación a los Católicos fieles que puedan errar, y quizá estén errando, sobre ciertos puntos más finos de Fe). No debemos de asumir ni juzgar sobre estas cosas sin tener una evidencia clara e irrefutable, ya que la mayoría de los sucesos en la vida no son ni herejes ni pecadores. Pero signos notorios o externos de una herejía o un cisma sobre puntos más graves, por otro lado, son mortalmente pecadores y separan al alma de Dios. ¡La herejía mata a las almas!

Sin embargo, juzgar a alguien como un hereje definitivo por creer en el bautismo de deseo (por ejemplo) – sería ir muy lejos y juzgar falsamente, si primero usted fracasó en preguntarle qué es lo que pensaba o sabía al respecto. Porque muy bien puede ser que él sea un hereje material (si su versión del bautismo de deseo concierne únicamente a las personas o catecúmenos que ya creen en Cristo) y no como creen los herejes, quien lo aplica a todos, incluyendo a los paganos y a las personas que rechazan a Cristo. Una persona se vuelve hereje o cismática al rechazar obstinadamente el aceptar una posición que sabe es enseñada por la Iglesia. Así, si a él se le ha presentado una evidencia falsa o no-infalible en contra del bautismo de deseo y todavía no tiene seguridad, es posible que él sea un “hereje” material (siempre y cuando no niegue la necesidad de creer en Jesucristo para obtener la salvación). Pudo ser que no comprendió completamente lo que la Iglesia enseña sobre este asunto, y si no tiene seguridad y no es obstinado, aún así puede ser un hereje material.

Un sacerdote, sin embargo, que rechaza a Cristo y cree en la salvación universal para todos, incluyendo los paganos y las personas que odian o aún rechazan a Cristo, como los judíos o los musulmanes – dicho caso sería, claro está, uno obvio – porque es ley divina que todo Cristiano debe sostener la creencia en Jesucristo como algo esencial para la salvación. Lo mismo se aplica a la doctrina relacionada a la Trinidad y a la Encarnación. El número de estos llamados sacerdotes de Satanás, que sostienen la creencia en Jesucristo y en su Iglesia como algo sin significado, son casi innumerables hoy en día. Todos estos llamados sacerdotes deben, claro está, evitarse y condenarse totalmente, aunque, quizá, su muy buen “amigo” le diga lo contrario. ¡Porque usted sabe muy bien en su corazón que esto es cierto!

Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra: “Y debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita una enseñanza contraria. Decretamos que todos aquellos que se aferran a las declaraciones falsas de este tipo, sembrando así herejías que están totalmente condenadas, deberán ser evitados de cualquier manera y castigados como herejes e infieles detestables y odiosos que están socavando la fe Católica.”

Y realmente, ¿creen los herejes que la Iglesia Católica puede contradecirse a sí misma? Ellos deben aferrarse a esto o ser totalmente ilógicos.

POR QUÉ LAS PERSONAS DE MALA VOLUNTAD Y ORGULLO SE DEJAN EN LAS TINIEBLAS

Muchas personas tampoco comprenden por qué tantísimas personas “buenas” se dejan en herejía o cisma, sin fe y en las tinieblas, o por qué tantas personas “buenas” nunca han escuchado sobre Jesucristo – y por qué estas “buenas” personas serían condenadas e irían al infierno si muriesen en este estado, cuando no son todavía herejes ni cismáticos (porque no pueden rechazar lo que todavía no saben)?

La respuesta a estas preguntas es que Dios, de antemano, sabía sobre el rechazo de esta persona a la verdadera fe, aunque nunca se le presentó. Porque, a pesar que durante toda su vida una persona nunca ha escuchado sobre la Iglesia Católica ni sobre Sus enseñanzas en cuanto a la Eucaristía, la Confesión, el Bautismo, la Fe y las Obras para la Salvación, etc., esa persona – mientras lee su Biblia – rechaza las palabras que claramente indican estas enseñanzas, es decir “a menos que coma la carne del Hijo del Hombre y beba Su sangre, no tendrá, no tendrá vida” ó “recibid el Espíritu Santo: A quien le retengáis sus pecados les serán retenidos;” entonces, si lee dichas palabras parecidas, pero simplemente rechazó creer que Jesús realmente podía decir en serio lo que decía, y que era imposible que su interpretación personal estuviese equivocada, y si estaba obstinado con su posición, entonces sería un pecador mortal y lleno de orgullo, porque ya se habría decidido a que su interpretación personal es la correcta. Así, si se le hubiese presentado alguna vez la posición verdadera, simplemente hubiese rechazado creer en ella y entonces se habría vuelto un hereje. Creo que muchas personas que han hablado con los herejes protestantes están conscientes de estos hechos. Estos herejes protestantes a menudo expresan opiniones como: “Simplemente rechazo creer que dichas enseñanzas son verdaderas”, o “Simplemente rehuso creer la enseñanza Católica sobre la Eucaristía, etc...”

Un alma humilde siempre pensará que es posible que él o ella haya entendido equivocadamente algunas cosas y, entonces, siempre se conformará inmediatamente a la fe verdadera que le fuese presentada. Una persona que siempre piensa que está en lo correcto o que no puede aceptar consejos de otras personas, o que siempre tiene una alta estima de su propia mente, no puede, en realidad, tener una buena disposición de recibir alguna vez la verdadera Fe Católica. Simplemente rechazaría creer si alguna vez le fuese presentada la fe verdadera. Es realmente un orgullo y una presunción muy triste y abominable creer que no es posible que uno haya entendido mal algunas cosas y que uno no podría ser corregido por otras personas. Todos los herejes, sin excepción, han caído en esta trampa de orgullo y presunción. Lo mismo debe de decirse sobre todas las personas que mueren siendo herejes, cismáticos, paganos, infieles, judíos o musulmanes, etc. Un alma humilde no rechazará las palabras de Dios porque no las puede comprender, sino en vez buscará cómo entenderlas, y le rezará a Dios pidiendo ayuda y guía (para saber la verdad). El simple pensamiento o reflexión sobre un alma humilde que pueda estar en error y sus humildes oraciones a Dios, aunado con la abstinencia de pecados mortales, rogando fervientemente Su iluminación en relación a un tema específico, es a menudo suficiente para que un alma salga de la herejía. Porque la humildad es la manera perfecta hacia el Cielo y nadie más que los humildes entrarán allí.

Las herejías son adoptadas únicamente por aquellos quienes, si hubiesen perseverado en la fe, estarían perdidos por la irregularidad de sus vidas.” -San Agustín

Todos los herejes, sin embargo, y todas las demás personas que mueren fuera de la Iglesia y de la Salvación, no buscan la verdad ni rezan a Dios para que los ilumine sobre la verdad. Estas personas, en vez, rechazan creer o únicamente creen en lo que ellos piensan que es la verdadera Fe, rechazando todo lo demás. Esta es la herejía o pecado mortal en que caen todos los protestantes u “Ortodoxos” orientales, etc., quienes en realidad (muchos de ellos) no comprenden totalmente lo que enseña la Iglesia (y sin embargo obstinadamente rechazan creer en ello cuando se les presenta) o rechazarían creer en ella si alguna vez les fuera presentada a ellos.

Esta es la razón exacta de por qué muchas personas se quedan en las tinieblas y sin fe, ya que Dios sabía de antemano sobre su mala voluntad y su rechazo a aceptar la verdadera Fe Católica. Esta es una verdad de Fe que es enseñada por muchos de los Papas, Santos y Padres de la Iglesia.

San Agustín (+428): “... Dios sabía de antemano que si hubiesen vivido y les hubiese sido predicado el evangelio, lo hubiesen escuchado sin creer.”

Santo Tomás de Aquino, Sent. III, 25, Preg. 2, Resp. 2, solut. 2: “Si un hombre no tuviese a nadie que lo instruyera, Dios le enseñará, a menos que desee culpablemente permanecer en donde está.

Papa San Pío X, Acerbo Nimis (#2), 15 de abril, 1905: “Y así, Nuestro Predecesor, Benedicto XIV, tuvo causa justa para escribir: ‘Declaramos que un gran número de aquellos que están condenados al castigo eterno sufren esa calamidad eterna debido a la ignorancia de aquellos misterios de fe que deben conocerse y creerse para poder estar numerados entre los elegidos.’”

Esta la razón de por qué todos los Doctores de la Iglesia sostenían que ningún adulto podría salvarse sin tener el conocimiento de la Trinidad y la Encarnación. Es la razón de por qué los Doctores de la Iglesia que creían en el bautismo de deseo (a pesar que estaban equivocados sobre esto) únicamente lo extendían a los catecúmenos no bautizados que creían en la Trinidad y en la Encarnación.

Sin embargo, de ninguna manera debemos de pensar que somos buenos por tener la Fe o de ninguna manera pensar que somos especiales por haber sido traídos a la Fe. Esta es una trampa en la cual uno fácilmente puede caer. Y es una trampa muy peligrosa, porque si una persona se piensa especial de alguna manera, entonces probablemente ya está perdida. El orgullo (en mi opinión) lleva a la mayoría de las almas al infierno. Es el principio y el fin de la condenación. (Usted puede pensar, claro está, o considerar que es especialmente malvado o pecaminoso, como por ejemplo: “que usted es la peor persona sobre la tierra” o “el más grande pecador sobre la tierra”, etc., lo cual es bueno pensar sobre sí mismo). Esta es la manera en que uno debe considerarse a sí mismo: como el más grande pecador en el mundo y totalmente indigno de recibir cualquier gracia de Dios. En realidad, personalmente, no comprendo por qué he sido traído a la Fe y por qué tantos paganos, judíos o musulmanes, que son mejores que yo, no fueron. ¿Qué hice yo para merecer esta gracia de Fe y qué fracasaron en hacer ellos? ¿Por qué están ellos en tinieblas mientras que yo he encontrado la verdadera luz del Evangelio? Por qué, me pregunto a menudo, sin comprender el por qué. Citaré a San Alfonso, quien explica esto mejor que yo:

San Alfonso, Preparación para la Muerte, (c. +1760): “¡Cuán agradecidos deberíamos estar con Jesucristo por el don de la fe! ¿Qué hubiese sido de nosotros si hubiésemos nacido en Asia, África, América o en medio de los herejes y los cismáticos? Aquel que no cree está perdido. Esto, entonces, fue la primera y la más grande de las gracias que nos fueron conferidas: nuestro llamado a la verdadera fe. Oh Salvador del mundo, ¿qué sería de nosotros si no nos hubieras iluminado? Hubiésemos sido como nuestros padres de antaño, quienes adoraron a los animales y a trozos de piedra y madera: y así todos hubiésemos perecido.

San Alfonso Liguori, Sermones (c. +1760): “¿Cuántos nacen entre los paganos, entre los judíos, entre los mahometanos y herejes, y todos están perdidos.”


SANTO TOMÁS DE AQUINO

SEGUNDA OBJECIÓN: “Santo Tomás de Aquino enseña que uno puede ir a un hereje para recibir los sacramentos hasta que la Iglesia lo hubiese señalado.”

RESPUESTA A LA SEGUNDA OBJECIÓN: Tristemente, los herejes han pervertido acá también las enseñanzas de Santo Tomás, diciendo que él estaba hablando sobre los sacerdotes herejes, cuando realmente estaba hablando sobre los sacerdotes pecadores. Debe comprenderse que no importaría si Santo Tomás hubiese dicho lo que los herejes quieren que diga, ya que Santo Tomás entonces estaría en contradicción con las declaraciones infalibles de la Iglesia Católica. Es por eso que los Católicos (los verdaderos Católicos) no se dejan llevar por las definiciones de los Santos ni de los teólogos cuando deciden qué es lo que constituye la Fe Católica sino por el dogma infalible proclamado por los Papas desde la silla de Pedro (ex cátedra). Acá anotamos la cita completa de Santo Tomás, tal como es presentada por los herejes:

Santo Tomás de Aquino Summa Theologica, Supp. Parte, Preg. 82, Resp. 9: “Aún así existe una diferencia entre lo anterior, porque a los herejes, cismáticos y excomulgados se les ha prohibido, por sentencia de la Iglesia, realizar el rito Eucarístico. Y por lo tanto, quien quiera que oiga su misa o reciba los sacramentos por parte de ellos, comete pecado. Pero no todos los que son pecadores están excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder: y así, a pesar que son suspendidos por la sentencia Divina, no están suspendidos en relación a otros por cualquier sentencia eclesiástica: consecuentemente, hasta que se pronuncia la sentencia de la Iglesia, es lícito recibir la Comunión de sus manos y escuchar su misa. Así, en 1 Corinteos 5:11, “Cuando os escribí que no trataseis con tales sujetos, quise decir que si aquel que es del número de vuestros hermanos, es deshonesto o avariento, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o vive de rapiña, con este tal, ni tomar bocado.” La glosa de Agustín dice así: “Al decir esto no estaba de acuerdo a que un hombre fuese juzgado por sus prójimos sobre sospecha arbitraria, ni aún por juicio extraordinario usurpado, sino en vez por la ley de Dios, de acuerdo a lo ordenado por la Iglesia, ya sea que confesase espontáneamente, o si fuese acusado y convicto.”

Examinemos de cerca esta enseñanza de Santo Tomás. Cuando dice “Pero no todos los que son PECADORES,” está claro que él excluye a algunas personas de estar “excluidas por la sentencia de la Iglesia de usar este poder” sobre las cuales habla arriba, es decir, “los herejes, cismáticos y excomulgados.” Cuando menciona a los “pecadores,” uno solo puede concluir que él no está hablando sobre herejes o cismáticos ya que él hubiese declarado esto si fuese así.

También es un hecho que las personas han sido excomulgadas en la historia de la Iglesia tanto por pecados como por herejía, de manera que está perfectamente claro entonces que Santo Tomás hablaba acá sobre los sacerdotes que son pecadores—o que han sido excomulgados por pecados personales. Estos sacerdotes que han sido excomulgados por pecados también no están, sin embargo, “todos excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de la Eucaristía.”

Porque los sacerdotes que están excomulgados por pecados personales todavía tienen, por autoridad de la Iglesia – en caso de necesidad – el poder de realizar el rito de la Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia. Por lo tanto, sin duda alguna, Santo Tomás estaba hablando sobre Sacerdotes que han sido excomulgados por pecados y quienes no fueron “ todos excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de la Eucaristía.”

El no estaba hablando sobre sacerdotes que han sido excomulgados (formalmente o automáticamente) por herejía, apostasía o cisma, a menos que, claro está, uno quisiera argüir que Santo Tomás no sabía de qué hablaba (ya que todos los herejes están fuera de la Iglesia). Uno solo puede concluir que Santo Tomás estaba de acuerdo con la tradición constante e infalible de la Iglesia que explícitamente ordena que las personas se mantengan alejadas de las iglesias de los herejes, (Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8) Pero no importaría de todas maneras, ya que los Católicos deciden estas cosas por el dogma Católico infalible y no por los Santos falibles. Pero, solo para demostrar adicionalmente este punto y mostrar que Santo Tomás realmente estaba hablando sobre los pecadores y no los herejes, veremos lo que tuvo que decir San Roberto Bellarmino sobre este asunto:

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, II, 30: “Porque, en primer lugar, está demostrado con argumentos de la autoridad y por la razón que el hereje manifiesto es depuesto ‘ipso facto’ [por ese mismo hecho]. El argumento de la autoridad está basado en San Pablo (Tito 3:10), quien ordena que sea evitado el hereje después de dos advertencias, es decir, después de mostrarse que es manifiestamente obstinado – lo cual significa antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Y esto es lo que escribe San Jerónimo, agregando que los demás pecadores están excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión, pero los herejes se exilian a sí mismos y se separan a sí mismos por su propio acto del cuerpo de Cristo.”

Veamos nuevamente lo que San Bellarmino acaba de decir: los pecadores son excluidos de la Iglesia con la sentencia de la excomunión”... “... pero los herejes se exilian a sí mismos.”

De manera que está absolutamente claro, tal como lo demostró San Roberto Bellarmino, quien lo citó de San Jerónimo, que Santo Tomás realmente estaba hablando sobre cómo los sacerdotes pecadores no están “todos excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de la Eucaristía.” A menos, claro está, que uno quisiera ser un mentiroso total. Y así, las enseñanzas de Santo Tomás son claras sobre cómo un sacerdote con pecados mortales privados o públicos no está suspendido por la sentencia de la Iglesia (no formalmente) de realizar el rito Eucarístico, aunque peque cada vez que prepara los sacramentos debido a la suspensión Divina. Por lo tanto podemos acercarnos a los sacerdotes pecadores (y no a los sacerdotes herejes, tal como lo tratan de decir los mentirosos) para recibir los sacramentos, hasta que haya sido pronunciada la sentencia de la Iglesia.

Los Católicos no tienen obligación, sin embargo, de acercarse a los sacerdotes notoriamente pecadores para recibir los sacramentos y pueden quedarse en casa, pero tampoco se les prohíbe ir si desean estos sacramentos. Esto es así porque la herejía automáticamente excomulga a toda persona que sea culpable de la misma y la pone fuera de la Iglesia; sin embargo, los propios pecados mortales de una persona, no.

La Iglesia enseña adicionalmente que no puede abordar a dichos sacerdotes (que han sido excomulgados por otras razones distintas a una herejía, cisma o apostasía), únicamente bajo graves circunstancias para los sacramentos, si no hay disponible otra opción razonable (más sobre esto en la Cuarta Objeción). Porque el pecado y la herejía no son lo mismo y el estar excomulgado por un pecado o estar excomulgado por una herejía no es lo mismo, (a pesar que ambos casos llevan el alma del excomulgado al infierno). El Papa, aunque es un pecador mortal público, todavía es Papa y tiene la misma autoridad que otro Papa. Sin embargo, si ha de volverse un hereje, cismático o apóstata, automáticamente dejaría de ser Papa y cabeza de la Iglesia y perdería toda su autoridad y poder eclesiástico.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su propia naturaleza separa al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o herejía o apostasía.”

Y realmente, cuando las personas usan citas falibles por parte de santos y teólogos falibles para tratar de demostrar su posición, usted sabe que han perdido la noción de distinguir entre las palabras falibles y las infalibles.

For other St. Thomas objections not yet translated in this article, please consult the following section on our English website: ST. THOMAS AQUINAS, SUMMA THEOLOGICA, SUPPL. PART, Q. 38, ART. 2


CARDENAL JOHN DE LUGO

TERCERA OBJECIÓN: “El Cardenal John de Lugo, quien fuese un teólogo respetado y quien fue contado por el mismo San Alfonso como segundo únicamente después de Santo Tomás de Aquino, y quien fue llamado “una luz de la Iglesia” por el Papa Benedicto XIV, dijo que uno podría ir con un sacerdote hereje de quien se supiera ser hereje, para escuchar la misa y recibir los sacramentos.”

RESPUESTA A LA TERCERA OBJECIÓN: El Cardenal John de Lugo simplemente estaba equivocado. También estaba confundido sobre ciertos puntos que él enseñó (tal como lo demostraremos). Esto lo hizo llegar a un sistema propio de creencia. Este es un hecho admitido hasta por la Enciclopedia Católica:

La Enciclopedia Católica, “Cardenal John de Lugo”, Vol 9, (1910): “Todos sus escritos (Lugo), ya sea sobre teología dogmática o teología moral, exhiben dos calidades principales: Una mente crítica y penetrante, a veces demasiado indulgente en las sutilezas y un juicio sólido... En varios problemas formó un sistema propio, como por ejemplo sobre la fe, la Eucaristía, la unión hipostática, etc.

John de Lugo hasta argumentó sobre que las palabras, “Esta es Mi Sangre”, (o una forma corta similar) fuesen una forma sacramental completa para la consagración del vino. De Lugo argumentó que la mismísima existencia de dichas liturgias (erróneas) en los tiempos antiguos (basadas en documentos no aprobados y adulterados) demostró que esas pocas palabras son suficientes para tener validez y que ipso facto, las palabras adicionales de la forma, a pesar de usarse universalmente en la Iglesia, no son esenciales. Así argumentó (en su propio tiempo) igual que lo hace hoy en día la “Iglesia” de Vaticano II. Esta proposición por parte de John de Lugo fue, claro está, condenada (la teoría) como una falsa (Salmanticenses 30-32, Disp. IX, dub. 3). Sin embargo, los herejes nos hacen creer que una forma corta de la consagración sería una forma verdadera y válida, porque ¿por qué otra razón hubiese él (Lugo) dicho eso? ¿Pero quién entre estos herejes admitiría tal cosa? Conjeturamos que nadie o muy pocos lo hubiesen hecho. Este hecho impactante entonces revela que estas personas, de hecho, fueron herejes de mala voluntad, ya que los herejes rechazan únicamente aquellos artículos de fe que no se les adaptan, o creen únicamente en aquellos que consideran ser del depósito de fe. ¡Ambos términos son los que hacen a un hereje! Entonces, esto demostraría adicionalmente que estas personas son hipócritas absolutas y de mala voluntad.

Ahora, el Cardenal de Lugo ciertamente no es infalible y hasta estaba equivocado sobre temas teológicos principales (como aquellos relacionados a la misa y a la forma de consagración). De hecho, los cambios propuestos por el Cardenal de Lugo hubiesen hecho inválido el acto de consagración (transubstanciación), tal como lo deja claro el Papa San Pío V:

Papa San Pío V, De Defectibus, capítulo 5, Parte 1: “Las palabras de la Consagración, las cuales son la FORMA de este Sacramento, son las siguientes: PORQUE ESTE ES MI CUERPO. Y: PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO: EL MISTERIO DE FE, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTED Y POR MUCHOS PARA LA REMISIÓN DE LOS PECADOS. Ahora, si uno removiese o cambiase cualquier cosa en la FORMA de la consagración del Cuerpo y la Sangre, y con ese mismo cambio de palabras, la [nueva] redacción fracasará en significar la misma cosa, ÉL NO CONSAGRARÍA EL SACRAMENTO.”

Esto, otra vez, nos demuestra por qué los verdaderos Católicos construyen su Fe, (no sobre santos o teólogos) sino sobre el magisterio infalible de la Iglesia. Esta cita hecha por el Papa San Pío V también demuestra la invalidez de la misa Novus Ordo (misa de Vaticano II) en la cual se han cambiado las palabras de la consagración:

FORMA DE CONSAGRACIÓN DE LA NUEVA MISA

“Porque este es mi cuerpo. Porque este es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento. Será derramada por ustedes y POR TODOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.”

Primero, las palabras EL MISTERIO DE LA FE han sido abolidas en la forma de consagración de la nueva misa, que en sí la hace altamente dudosa. Sin embargo, lo que hace absolutamente la nueva misa inválida sin duda alguna es lo que sigue: La forma original de la consagración no usa las palabras “POR TODOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS” sino usa las palabras “POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.” La secta de Vaticano II usa las palabras POR TODOS ya que pública y notoriamente sostienen, enseñan y creen en la herejía de la salvación universal o la salvación para las personas en las religiones falsas. Así, han cambiado la redacción de muchos (que indica que no todos son salvados) a TODOS, que entonces encaja en su sistema hereje de creencia. La palabras para MUCHOS fueron usadas por el mismo JESUCRISTO y ni siquiera un Papa puede cambiar las palabras instituidas por nuestro Señor, como lo deja claro el Papa Pío XII:

Papa Pío XII, Sacramentum Ordinis (#1), 30 de noviembre, 1947: “... la Iglesia no tiene poder sobre la ‘sustancia de los sacramentos’, es decir, sobre aquellas cosas que, con las fuentes de la revelación divina como testigo, el Mismo Cristo Señor decretó que fuesen preservadas en un signo sacramental...”

No haría mucha diferencia si cambiasen de vuelta a la fórmula tradicional, ya que la mayoría de todos los sacerdotes de Vaticano II que quedan en el mundo de todos modos han sido ordenados inválidamente y nunca consagran la Eucaristía. Las hostias en las iglesias de Vaticano II son, por lo tanto, solo pedazo de pan.
Si quiere saber más sobre la invalidez de la nueva misa, favor de consultar esta página: http://www.catholic-saints.net/new-mass-vs-traditional-mass/

Por lo tanto, en vista de todos estos errores teológicos por parte del Cardenal John de Lugo – especialmente relacionados a la misa – uno solo puede concluir (cuando se le preguntó sobre acercarse a un sacerdote hereje para escuchar la Misa y recibir los sacramentos) que él también acá, “en varios problemas... formó un sistema propio, como por ejemplo sobre la fe, la Eucaristía, la unión hipostática, etc.” (La Enciclopedia Católica) y no de la Iglesia ... No es que su opinión tenga alguna significación de todos modos, ya que los verdaderos Católicos primero, y antes que todo, siguen las enseñanzas magisteriales de la Iglesia (y no antes, ni ante todo, las opiniones falibles de los teólogos).

Ahora veremos las siguientes citas hechas por el Cardenal de Lugo sobre la recepción de los sacramentos de la Iglesia por parte de los herejes:

Cardenal John de Lugo: “La segunda duda principal es si podemos comunicarnos con un hereje no declarado únicamente en asuntos civiles y humanos o hasta en cosas sagradas y espirituales. Es cierto que no nos podemos comunicar con los herejes en ritos propios de una secta herética, porque esto sería contrario al precepto de confesar la fe y contendría una profesión implícita de error. Pero la pregunta está relacionada a los asuntos sagrados que no contengan error alguno, por ejemplo, si es legal escuchar Misa con un hereje, o celebrar en su presencia, o estar presente mientras él celebra en un rito Católico, etc.

Nótese que el Cardenal de Lugo nunca distingue entre asistir a un rito hereje (lo cual nunca fue permitido) y asistir a una Misa Católica o rito Católico celebrado por un “hereje no declarado”, lo cual tampoco se permite jamás, si uno está consciente que el sacerdote es un hereje (por ejemplo, un sacerdote del SSPX, que celebra el rito Católico y declara que es Católico pero es realmente un hereje que profesa la comunión externa con otros herejes (Vaticano II)).

Cardenal de Lugo: “Pero el punto de vista opuesto es general y verdadero, a menos que sea ilícito por cualquier otra razón por culpa de un escándalo o negación implícita de la fe, o porque la caridad lo obliga a uno a impedir el pecado de un ministro hereje que administra indignamente cuando no urge la necesidad. Esto es la enseñanza de Navarro y Sánchez, Suárez, Hurtado y es lo que yo he dicho al hablar del sacramento de la penitencia y del matrimonio y de los otros sacramentos. Es también cierto en virtud de dichas litterae extravagantes en las cuales la comunicación con excommunicati toleratti se concede a los fieles en la recepción y administración de los sacramentos.”

Nótese que el Cardenal de Lugo basa muchas de sus conclusiones sobre otros teólogos en vez de la autoridad papal. Esta es la forma en que se inicia el error o la herejía. El también parece haber confundido a las personas que son culpables de la excomunión automática (herejes, cismáticos y apóstatas) con pecadores (excommunicati tolerate) quienes están específicamente excomulgados por la Iglesia.

John de Lugo: “Por lo tanto, debido a que estos herejes no son declarados [¿formal?] excomulgados ni notoriamente culpables de pegarle a un clérigo, no existe razón alguna para que se nos prevenga de recibir los sacramentos por parte de ellos debido a su excomunión [¿automática?], a pesar que sobre otros fundamentos esto puede ser a menudo ilícito a menos que la necesidad excuse, tal como lo he explicado en dichos lugares.” (Cardenal John de Lugo S.J. (1583-1660), Tractatus de Virtute Fidei Divinae: Disputatio XXII, Sectio.)

Lo que dice acá está simplemente malo y uno no puede seguir acá su opinión falible debido a que está contradicho por muchos Papas. Así, uno no puede usar las opiniones erróneas del Cardenal John de Lugo, o cualquier otro teólogo o santo en cuanto a eso, como alguna clase de prueba para recibir los sacramentos por parte de herejes. Esto le debería quedar claro a cualquier persona honesta, pero los herejes simplemente no pueden comprender este hecho en sus cabezas obstinadas.

Further, it is also clear from de Lugo’s words: "So as these heretics are not declared excommunicates or notoriously guilty of striking a cleric" that he was here referring to Pope Martin V’s bull Ad Evitanda Scandala as his supposed source on receiving sacraments from heretics. However, Ad Evitanda Scandala (which you can read here) never dealt with the issue of religious communion with heretics or schismatics but specifically with religious communion with excommunicated tolerated sinners (Catholics) or people otherwise notoriously guilty of striking a cleric!, and whether it would be lawful to commune with them or not! So John de Lugo didn’t even understand the very bull that he was citing when he came up with his position on receiving sacraments from heretics, and we should follow his opinion? Absolutely not!

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo demuestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes tenían la costumbre de mantener como fuera de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia a quien quiera que se aparte en lo más mínimo de cualquier punto de la doctrina propuesta por su Magisterio autoritario.”

Todos los apóstatas, herejes o cismáticos están fuera de la comunión Católica y deben de evitarse.

III Concilio de Constantinopla, 680-681: “Si cualquier eclesiástico o laico entra en la sinagoga de los judíos o en las casas de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean destituidos y privados de la comunión. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la comunión.

Es un dogma que todos los herejes están fuera de la Iglesia (de fide). Así, ningún sacerdote hereje puede administrar lícitamente los sacramentos (a menos que estemos hablando del bautismo) y las personas que a sabiendas se acercan a los sacramentos ilícitos peca mortalmente. Por lo tanto, las opiniones privadas del Cardenal John de Lugo no son algo que pueda tomarse en cuenta a la luz de todos estos hechos dogmáticos.

Papa León XII, Satis Cognitum (#15), 29 de junio, 1896: “es absurdo imaginar que quien está fuera puede ordenar en la Iglesia”.

Los herejes o cismáticos son verdaderos asesinos espirituales (lo cual es mucho peor que los asesinos físicos), y darle a otras personas la impresión que ellos (herejes y cismáticos) son Católicos verdaderos es realmente abominable y vergonzoso. Sin embargo, los herejes, que hacen colación a todos los argumentos de todos los santos y teólogos que pueden encontrar, estarían encantados de hacer énfasis justamente en eso (que los herejes y los cismáticos son Católicos). ¿De qué otra manera pondrían tanto tiempo y esfuerzo en encontrar estas declaraciones falibles para defender su posición sacrílega?

Lo que se debe hacer (en vez de buscar excusas para ir con ellos) es denunciar a estos asesinos de almas (herejes y cismáticos) ante otras personas. Y qué no se debe de hacer es profesar comunión con ellos. Es realmente fácil si uno es honesto consigo mismo. A menos que uno se oponga a los herejes y a los cismáticos, seremos condenados al fuego eterno del infierno, tal como lo dejan perfectamente claro las siguientes citas:

Papa San Félix III (Siglo V): “No oponerse al error es aprobarlo; y no defender la verdad es suprimirla y, ciertamente, descuidar confrontarse a los hombres malignos – cuando uno lo puede hacer – no es menos pecado que alentarlos.

Santiago 4:17: En fin, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, por lo mismo peca.”

Papa León XIII, Inimica Vis, 1892: “Un error que no se resiste es aprobado; una verdad que no se defiende es suprimida... Aquel no se opone a un crimen evidente está abierto a sospecha de complicidad secreta.

Todos los servicios religiosos no-Católicos son crímenes en contra del verdadero Dios, el Dios Católico, ¡en el mayor grado posible!


EL CÓDIGO DE LEY CANÓNICA DE 1917

CUARTA OBJECIÓN: “El Código de Ley Canónica de 1917 enseña que uno puede asistir a los servicios religiosos de herejes o cismáticos y recibir los sacramentos por parte de ellos. Canon 2261.2-3, del Código de Ley Canónica de 1917 declara: “... los fieles pueden, por cualquier causa justa, pedir los sacramentos o sacramentales de aquel que esté excomulgado, especialmente si no existe nadie más que los pueda dar (c.2261.2)... Pero de un vitandus excomulgado [que ha de ser evitado] o uno contra quien existe una sentencia declaratoria o condenatoria, sólo en peligro de muerte puede el fiel pedir la absolución sacramental de acuerdo a los cánones 882, 2252 y también otros sacramentos y sacramentales en caso que no haya nadie más que los pueda administrar (c. 2261.3).””

RESPUESTA A LA CUARTA OBJECIÓN: Primero, notemos que el Código de Ley Canónica de 1917 no habla sobre los herejes o cismáticos. Explícitamente habla sobre las personas excomulgadas. Aún si esto estuviese hablando sobre herejes y cismáticos (lo cual no hace), no tendría peso alguno sobre las definiciones infalibles hechas por la Iglesia Católica. El Código de Ley Canónica de 1917 tampoco es infalible tal como se demostrará más adelante.

Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra: “Y debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda declaración contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita enseñar contrariamente. Declaramos que todos aquellos que se apegan a las declaraciones erróneas de esta clase , sembrando herejías que están completamente condenadas, deberán evitarse de todas las maneras posible y castigadas como herejes detestables y odiosos, e infieles que están socavando la fe Católica.”

Segundo, uno necesita comprender que se puede incurrir en la excomunión por muchas cosas. Históricamente, las excomuniones se distinguían con los términos mayor y menor. Se incurría en excomunión mayor por herejía y cisma (pecados en contra de la fe) y por ciertos otros pecados mayores. Aquellos que recibían una excomunión mayor por herejía no eran miembros de la Iglesia (tal como lo acabamos de demostrar largamente). Sin embargo, la excomunión menor no lo removía a uno de la Iglesia, pero le prohibía a uno participar en la vida sacramental de la Iglesia. El Papa Benedicto XIV hizo nota de la distinción.

Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum (#23) 1 de marzo, 1756: “Más aún, los herejes y los cismáticos están sujetos a censura de una excomunión mayor por la ley de Can. De Ligu. 23. pregunta 5, y Can Nulli, 5, dist. 19.

Por otro lado, se incurría en la excomunión menor por cosas como violar un secreto del Santo Oficio, falsificar reliquias (c. 2326), violar un claustro (c. 2342), etc. Todas estas son penalidades eclesiásticas o de la Iglesia. Dichas acciones, a pesar que son gravemente pecaminosas, no separó a una persona de la Iglesia. Y a pesar que ya no se usan los términos de excomunión mayor y menor, continúa siendo un hecho que una persona podría incurrir en una excomunión (por algo distinto a la herejía) que no lo separaría de la Iglesia, y podría incurrir en una excomunión por herejía lo cual lo separaría de la Iglesia. Por lo tanto, un Católico que recibe una excomunión por herejía ya no es un Católico porque los herejes están fuera de la Iglesia Católica (de fide, Papa Eugenio IV). Pero un Católico que recibe una excomunión por otra cosa es todavía un Católico, a pesar de estar en estado de pecado grave. Así, está claro que el Código de Ley Canónica de 1917 habla sobre los pecadores y los Católicos desobedientes de distintas clases, y no sobre herejes.

MÁS SOBRE EL CÓDIGO DE LEY CANÓNICA DE 1917

El Código de 1917 definitivamente no fue un pronunciamiento ex cátedra (de la Silla de Pedro) porque no ata a toda la Iglesia, sino únicamente a la Iglesia Latina (no a los Ritos Orientales), como está estipulado en el Canon 1 del Código de 1917.

Canon 1, Código de la Ley Canónica de 1917: “ A pesar que en el Código de la Ley Canónica se hace referencia frecuentemente a la disciplina de la Iglesia Oriental, no obstante, Este [Código] se aplica únicamente a la Iglesia Latina y no obliga a la Oriental, a menos que trate de cosas que, por su naturaleza, se aplican a la Oriental.”

Un papa habla infaliblemente desde la Silla de Pedro cuando sus enseñanzas sobre la fe o la moral obliga a la Iglesia completa, lo cual no hace el Código de 1917:

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, Sesión 4, Capítulo 4: “...el Pontífice Romano, cuando habla ex cátedra [de la Silla de Pedro], es decir cuando realiza el deber de pastor y de maestro de todos los cristianos de acuerdo a su autoridad apostólica suprema y explica una doctrina de fe o de moral que ha de sostenerse por toda la Iglesia universal... opera con esa infalibilidad...

El Código de 1917 tampoco es una disciplina infalible de la Iglesia, tal como está demostrado por el hecho que contiene una ley que contradice directamente desde el principio la disciplina infalible de la Iglesia sobre un punto que está aunado a la Fe. La verdadera Bula que promulga el Código de 1917, Providentísima mater Ecclesia, no fue firmada por Benedicto XV, sino por el Cardenal Gasparri y el Cardenal De Azavedo. El Cardenal Gasparri, Secretario de Estado, fue el principal autor y recopilador de los cánones. Algunos teólogos discutirían que únicamente las disciplinas que obligan a toda la Iglesia – a diferencia del Código 1917 – están protegidas por la infalibilidad de la autoridad gobernante de la Iglesia, un argumento que parece estar respaldado por las siguientes enseñanzas del Papa Pío XII.

Papa Pío XII; Mystici Corporis Christi (#66), 29 de junio, 1943: “Ciertamente la Madre amorosa está sin una sola mancha en los Sacramentos, por medio de los cuales da nacimiento y alimenta a sus hijos; en la fe que ella siempre ha preservado inviolada; en sus leyes sagradas impuestas sobre todos; en los consejos evangélicos que ella recomienda; en aquellos regalos celestiales y gracias extraordinarias a través de los cuales, con una fecundidad inagotable ella genera multitudes de mártires, vírgenes y confesores.”

Esto significaría que una ley disciplinaria no es una ley de la Iglesia “Católica” (es decir, universal) a menos que obligue a la Iglesia Universal. También deberá recordarse que es de ley divina que únicamente los Papas son infalibles cuando hablan ex cátedra (de la Silla de Pedro). Así, esto demuestra que Pío XII estaba hablando sobre las declaraciones infalibles desde la Silla de Pedro. No obstante, el Código de 1917 no goza de infalibilidad. Esto queda demostrado adicionalmente por los siguientes cánones.

1) El Código de Ley Canónica de 1917 enseña que el entierro cristiano puede dársele a los catecúmenos no bautizados.

El Código de 1917 enseña en el canon 1239, que se les puede dar entierro cristiano a los catecúmenos no bautizados. Esto contradice la Tradición completa de la Iglesia Católica durante 1900 años sobre si se les puede dar cristiana sepultura a las personas no bautizadas.

Canon 1239, Código 1917: “1. A aquellos que mueren sin bautismo no debe de dársele sepultura eclesiástica. 2. Los catecúmenos que, sin culpa propia, mueren sin bautismo han de considerarse bautizados.”

Debido a que desde el tiempo de Jesucristo y a lo largo de la historia la Iglesia Católica universal rechazó la sepultura eclesiástica a los catecúmenos que morían sin el Sacramento del Bautismo, tal como lo admite La Enciclopedia Católica:

La Enciclopedia Católica, “Bautismo,” Volumen 2, 1907: “Cierta declaración en la oración funeraria de San Ambrosio sobre el Emperador Valentiniano II ha sido traída a colación como prueba que la Iglesia ofreció sacrificios y oraciones por los catecúmenos que murieron antes de ser bautizados. No existe vestigio alguno de dicha costumbre en ningún lado... La práctica de la Iglesia se muestra más correctamente en el canon (xvii) del Segundo Concilio de Braga (572 AD): ‘Ni la conmemoración del Sacrificio [oblationis] ni el servicio de canto (de salmos) [psallendi] han de emplearse para los catecúmenos que han muerto sin recibir el bautismo.””

Esta es la ley de la Iglesia Católica desde el principio y a lo largo de la historia. Por lo tanto, debido a que este tema problemático está unido a la Fe y no es solamente disciplinario, o la Iglesia Católica estaba equivocada desde el tiempo de Cristo por rechazar la sepultura eclesiástica para los catecúmenos que murieron sin bautismo ó el Código de 1917 está equivocado por otorgársela a ellos. Es uno o el otro, porque el Código de 1917 directamente contradice la ley Tradicional y constante de la Iglesia Católica durante diecinueve siglos sobre este punto, el cual está aunado a la Fe. La respuesta es, obviamente, que el Código de 1917 contiene muchos pies de página por parte de los papas tradicionales, los concilios, etc., para demostrar de dónde se derivaron ciertos cánones. Canon 1239.2 sobre dar sepultura eclesiástica a los catecúmenos no bautizados no tiene pie de página, atribuido a ningún papa, ley o concilio previos, simplemente ¡porque nada en la Tradición lo respalda!

La Enciclopedia Católica (1907) cita un decreto interesante del Papa Inocencio III en el cual él comentó sobre la ley tradicional, universal y constante de la Iglesia Católica desde el principio la cual rechazó la sepultura eclesiástica a todos los que morían sin recibir el Sacramento del Bautismo.

La Enciclopedia Católica, “Bautismo”, Volumen 2, 1907: “La razón de esta regulación [prohibiendo la sepultura eclesiástica a todas las personas no bautizadas] es dada por el Papa Inocencio III (Decreto III, XXVII, xii): ‘Ha sido decretado por los cánones sagrados que no debemos de tener comunión alguna con aquellos que están muertos, si no nos hemos comunicado con ellos mientras estuvieron vivos.’”

2) El Código de 1917 enseña que los herejes pueden estar en buena fe.

Canon 731.2, Código de 1917: “Está prohibido que los Sacramentos de la Iglesia sean administrados a los herejes y cismáticos, aunque lo pidan y estén en buena fe,, a menos que de antemano, rechazando sus errores, se reconcilien con la Iglesia.”

Un hereje, por definición infalible, es de mala fe y pone sobre su cabeza un castigo eterno.

Papa San Celestino I, Concilio de Efeso, 431: “... todos los herejes corrompen las verdaderas expresiones del Espíritu Santo con sus propias mentes malvadas y ellos ponen sobre sus propias cabezas una llama inextinguible.”

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solamente los paganos sino también los judíos o los herejes y cismáticos, no pueden compartir en la vida eterna y e irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas...”

Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio (#2), 27 de mayo, 1832: “Finalmente algunas de estas personas mal guiadas intentan persuadirse a sí mismas y a otras que los hombres no se salvan únicamente en la religión Católica, sino que hasta los herejes puede alcanzar la vida eterna.

Una persona en buena fe, quien está errando inocentemente sobre un dogma (floja e inapropiadamente llamada un hereje material en las discusiones teológicas) no es un hereje, sino un Católico que yerra en buena fe. De manera que la declaración en el Código de 1917 sobre los herejes y cismáticos en buena fe está definitivamente errada teológicamente y demuestra que no estaba protegida por la infalibilidad.

Objeción: “Un hereje puede estar en buena fe sobre ciertos asuntos teológicos. Un hereje también puede estar en buena fe en algunas maneras ya que, ¡de qué otra manera puede un hereje regresar de sus errores y volverse un Católico!”

Respuesta a la objeción: No, un hereje no puede ser de buena Fe en tanto permanezca siendo un hereje y en tanto rechace obstinadamente la gracia de Dios para la conversión a la verdadera Fe Católica. El momento en que un hereje cesa de ser un hereje, él es de buena fe. Es importante comprender (porque de lo contrario esto puede cuasar confusión) que un hereje o un cismático es una persona bautizada, mayor de la edad de la razón, que tiene conocimiento y afirma una creencia en la Trinidad y en la Encarnación (los misterios esenciales), pero quien rechaza las enseñanzas completas de Cristo y de Su Iglesia. Por lo tanto, un hereje no es un hereje material (un término usado para describir a un Católico que yerra en buena Fe), porque un hereje es por definición una persona que a sabiendas y obstinadamente rechaza partes de la verdadera Fe. Una persona solo puede rechazar lo que ha leído o lo que ha escuchado y comprendido (a menos que estemos hablando de la Trinidad y de la Encarnación y de la ley natural, las cuales son obligatorias conocer explícitamente sin excepción). Así, el hereje es por definición siempre de mala fe y continuará siendo así en tanto permanezca en herejía. Es cierto que un hereje puede desear la verdadera fe, pero eso no significa que él sostenga la verdadera fe (hasta que realmente sea convertido).

Esto se demuestra adicionalmente con un ejemplo. Porque si usted fuese a decirle a un asesino y violador obstinado: “¡Debería dejar de asesinar y de violar a las personas (recuerde que la herejía asesina a las almas)!” Y el asesino respondiese: “Lo estoy considerando ya que veo que es malo. Deseo cambiar. Sin embargo, continuaré asesinando y violando durante un poco de tiempo más (continuará divulgando las herejías y las mentiras un poco más).” ¿Habría alguien tan loco como para decir que él está en buena fe aunque desee dejar de hacer el mal? Claro que no. Así también, los herejes son como los asesinos ya que asesinan eternamente su propia alma y el alma de las demás personas. De hecho, son peores que los asesinos y los violadores. Y en tanto estén obstinados en su herejía, son de mala fe y continúan asesinando almas.

Los herejes tampoco son capaces de estar en buena fe sobre algunas partes de la fe, ya que la fe debe tomarse como un todo o rechazarse como un todo, tal como lo enseña el Papa León XIII:

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “... puede ser legal que alguien rechace cualesquiera de esas verdades sin, por el mismo hecho, caer en herejía? – sin separarse a sí mismo de la Iglesia? – sin repudiar en un solo acto todas las enseñanzas cristianas? Porque así es la naturaleza de la fe, que nada puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y rechazar otras... Pero aquel que disiente en tan solo un punto de la verdad revelada divinamente rechaza absolutamente toda la fe, ya que con eso rechaza honrar a Dios como la verdad suprema y el motivo formal de la fe.

La Enciclopedia Católica tiene que decir los siguientes puntos sobre la herejía:

La Enciclopedia Católica. Vol 7. “Herejía”, la gravedad del pecado (1910): “La herejía es un pecado, que por su naturaleza es destructiva de la virtud de la fe cristiana. Su malicia ha de medirse, por lo tanto, por la excelencia del buen don del que priva al alma. Ahora la fe es la posesión más preciosa del hombre, la raíz de su vida supernatural, la promesa de su salvación eterna. La privación de la fe, por lo tanto, es el mayor mal y el rechazo deliberado de la fe es el pecado más grande. Santo Tomás (II-II, Preg. X, resp. 3) llega a la misma conclusión así: “Todo pecado es una aversión de Dios. Un pecado, por lo tanto, es mayor entre más separa al hombre de Dios. Pero la infidelidad hace esto más que cualquier otro pecado, porque el infiel (el no creyente) carece del verdadero conocimiento de Dios: su conocimiento falso no le proporciona ayuda, porque lo que él opina no es Dios: manifiestamente, entonces, el pecado de no creer (carencia de fe) es el mayor pecado en todo el rango de la perversidad.” Y él agrega: “A pesar que los gentiles yerran en más cosas que los judíos, y a pesar que los judíos son removidos más lejos de la verdadera fe que los herejes, sin embargo la no creencia de los judíos es un pecado mucho más grave que aquel de los gentiles, porque ellos corrompen el Evangelio en sí después de haber adoptado y profesado el mismo... Es un pecado más serio no realizar lo que uno ha prometido, que no realizar lo que uno no ha prometido.” No puede abogarse en apelación a la culpa de la herejía, que los herejes no niegan la fe que, a ellos, les parece necesario para la salvación, sino únicamente tales artículos que ellos consideran que no pertenecen al depósito original. En respuesta, es suficiente comentar que las dos verdades más evidentes de depositum fidei [depósito de fe] son la unidad de la Iglesia y la institución de una autoridad educadora [los Papas] para mantener esa unidad. Esa unidad existe en la Iglesia Católica y es preservada por la función de su cuerpo educador: estos son dos hechos que cualquiera puede verificar por sí mismo. En la constitución de la Iglesia no hay lugar para un juicio privado que divida a los esenciales de los no esenciales: cualquier dicha selección altera la unidad y reta a la autoridad Divina, de la Iglesia; asesta la mismísima fuente de la fe. La culpa de la herejía se mide no tanto por su asunto-tema como por su principio formal, el cual es el mismo en todas las herejías: revuelta en contra de una autoridad constituida Divinamente.”

3) El Código de 1917 enseña que los Católicos pueden estar presente en las formas no-católicas de adoración, ¡incluyendo matrimonios no-católicos y funerales no-católicos!

Canon 1258, Código 1917: “1. No es lícito que los fieles, de manera alguna, asistan activamente o tengan parte en los [ritos] sagrados de los no-católicos. 2. La presencia pasiva o simplemente material puede tolerarse por honor o cargo civil, por una grave razón que sea aprobada por el Obispo en caso de duda, en funerales, matrimonios y solemnidades similares de los no-católicos, siempre y cuando esté ausente el peligro de escándalo.”

Nota: este canon habla sobre adoración y ritos (falsos) de no-católicos o no-cristianos. ¡Esto es atroz! Este canon permite que uno viaje, y asista, a una sinagoga judía o a un templo hindú o a un servicio luterano, etc., etc., etc. para el matrimonio o el funeral de los infieles o los herejes – ¡siempre y cuando uno no participe activamente! Esto es ridículo, porque el molestarse para estar presente en dichos servicios no-católicos en donde se realiza una adoración falsa (por el bien de honrar o agradar a la persona que está involucrada en el mismo) es un escándalo en sí. Es para honrar a una persona que peca en contra del Primer Mandamiento. Ir al funeral de un no-católico es implicar que había algo de esperanza para él para su salvación fuera de la Iglesia; y asistir al matrimonio de un no-católico es implicar que Dios tolera su matrimonio fuera de la Iglesia. Un Católico no puede tomar parte activamente en una adoración falsa ni molestarse en viajar a una adoración falsa o a una ceremonia no-católica para honrarla con su presencia “pasiva”. Tener una presencia pasiva en servicios no-católicos es realmente honrar al diablo y a los demonios, ya que el Salmo 95:5 dice que “todos los dioses de los gentiles son demonios.” Mostrarle a otros que usted asiste a sus casas religiosas es mostrar un consentimiento formal a su religión y es mortalmente pecaminoso y completamente inexcusable. Y, como siempre, los herejes deben declarar que la Iglesia puede contradecirse en un asunto que está ligado a la fe o ser totalmente ilógica. A continuación está nuevamente la verdadera fe infalible:

Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra: “Y debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y estrictamente prohibimos que sea permitido enseñar contrariamente. Decretamos que todos aquellos que se adhieren a las declaraciones erróneas de esta clase, cosechando así herejías que son totalmente condenadas, deberán evitarse de toda forma y deberán castigarse como herejes e infieles detestables y odiosos quienes socavan la fe Católica.”

Deberán evitarse de toda forma”, no es suficientemente “claro” para los herejes. Por lo tanto, este canon también demuestra que este código no es infalible.

4) El Código de Ley Canónica de 1917 enseña el bautismo de deseo.

Nuevamente, un papa habla infaliblemente desde la Silla de Pedro cuando sus enseñanzas sobre fe o moral obliga a toda la Iglesia, lo cual no hace el Código de 1917; por lo tanto, la proposición del Código de 1917 en el canon 737 que el Bautismo es necesario “por lo menos en deseo” para la salvación, no es obligatorio sobre la Iglesia universal ni está protegido por la infalibilidad. El Código de 1917 contradice la Tradición inmemorial de la Iglesia sobre el entierro eclesiástico para los catecúmenos (personas no-bautizadas) no tiene peso alguno ni un momento en contra de la declaración infalible de la Silla de San Pedro (que obliga a toda la Iglesia) que nadie puede entrar en el cielo sin el Sacramento de Bautismo.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Can. 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (cf. Jn. 3:5): que sea anatema.”

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Can. 2 sobre el Sacramento del Bautismo, Sesión 7, 1547, ex cátedra: “Si alguien dice que no es necesaria el agua real y natural para el bautismo, y que en esa cuenta aquellas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “En verdad en verdad te digo, respondió Jesús: que quien no renaciere por el bautismo del agua y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios[Juan 3:5], son distorsionadas en alguna clase de metáfora: que sea anatema.”

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EXCOMUNIÓN AUTOMÁTICA SIN EXCEPCIÓN PARA TODOS LOS HEREJES, CISMÁTICOS Y APÓSTATAS

La sentencia declaratoria que sigue a una excomunión automática es simplemente un reconocimiento legal de algo que ya existe. Si esto no fuese cierto, no tendría significado la excomunión. Canon 2314 del Código de la Ley Canónica de 1917, a pesar que no es infalible, está perfectamente en línea con las enseñanzas Católicas: “Todos los apóstatas de la fe cristiana y todos y cada uno de los herejes o cismáticos: 1)Incurren ipso facto [por este mismo hecho] en excomunión...”

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuán grave puede ser, por su propia naturaleza es tal que separe a un hombre del Cuerpo de la Iglesia, tal como lo hace un cisma o una herejía o una apostasía.

Papa León XIII; Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban acostumbrados a sostener fuera de la comunión Católica, Y FORÁNEO A LA IGLESIA, QUIEN RETROCEDE EN EL MENOR GRADO DE CUALQUIER PUNTO DE LA DOCTRINA QUE ES PROPUESTA POR SU MAGISTERIO AUTORITARIO.”

Papa Pío VI, Auctorem fidei, 28 de agosto, 1794: “47. Así mismo, la proposición que enseña que es necesario, de acuerdo a las leyes natural y divina, ya sea por una excomunión o una suspensión, que un examen personal debería preceder y que, por lo tanto, las sentencias llamadas ‘ipso facto’ no tienen otra fuerza más que la de una amenaza seria sin un efecto real” – falso, temerario, pernicioso, injurioso al poder de la Iglesia, erróneo.”

La persona herética ya está separada de la Iglesia. Se sabe que la mayoría de los herejes son herejes sin un juicio ni una sentencia declaratoria y deben ser denunciados como tal. Como vemos acá, la Iglesia Católica enseña que los procesos y juicios formales no son necesarios para que tomen efecto las excomuniones ipso facto (por ese mismo hecho). A menudo, como en el caso del hereje Martín Lutero, reconocimientos formales de la excomunión ipso facto que ya ha ocurrido. Esto deberá ser obvio para un Católico.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#22): “Así, por lo tanto, en la verdadera comunidad cristiana hay un solo Cuerpo, un Espíritu, un Señor y un Bautismo, así también sólo puede haber una fe. Y, por lo tanto, si un hombre rechaza escuchar a la Iglesia, que sea considerado – y así lo ordena el Señor – como un gentil y publicano. Sigue que aquellos que están divididos en fe o gobierno no pueden estar viviendo en la unidad de dicho Cuerpo, ni pueden estar viviendo la vida de su único Espíritu Divino.”

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, II, 30: “... porque los hombres no están obligados ni pueden leer los corazones; PERO CUANDO VEN QUE ALGUIEN ES UN HEREJE POR SUS OBRAS EXTERNAS, LO JUZGAN COMO UN HEREJE, PURO Y SIMPLE, Y LO CONDENAN COMO UN HEREJE. Porque, en primer lugar, está demostrado con argumentos por parte de la autoridad y la razón que el hereje manifiesto está destituido ipso facto. El argumento por parte de la autoridad está basado en San Pablo (Tito 3:10), quien ordena que sea evitado el hereje después de dos advertencias, es decir, después de mostrarse que está manifiestamente obstinado, lo cual significa antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Y esto es lo que escribe San Jerónimo, agregando que los demás pecadores están excluidos de la Iglesia por medio de sentencia de excomunión, pero los herejes se exilian a sí mismos y se separan a sí mismos por medio de su propio acto, del Cuerpo de Cristo.”

Tal como ya lo hemos mostrado, es un dogma que 1) los herejes no son miembros de la Iglesia: y 2) que un hereje está automáticamente excomulgado (ipso facto) sin una declaración adicional. Por lo tanto, es un hecho dogmático que un hereje no puede ser una parte de la Iglesia ni gobernar la misma, ya que no es miembro de la misma. Declarar que los Católicos deberían sostener comunión con un hereje manifiesto porque no se ha completado ningún proceso en su contra, es contrario a las enseñanzas Católicas, a la Tradición Católica y al sentido Católico.


LA NECESIDAD Y LA OBLIGACIÓN QUE TIENEN TODOS DE JUZGAR Y CONDENAR LA HEREJÍA O EL CISMA

Hemos decretado y declarado en Nuestra carta del 21 de noviembre de 1873 que aquellos hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y soportan esa secta deberán considerarse cismáticos y deberán separarse de la comunión con la Iglesia.” (Papa Pío IX, Graves ac diuturnae (#s 1-4), 23 de marzo, 1875)

Claramente vemos acá que el Papa Pío IX le da a todo hombre y a toda mujer la autoridad para condenar y juzgar a las personas que se han separado a sí mismos del regazo y la unidad de la Iglesia Católica. Esto es una orden y no algo que pueden escoger las personas.

Papa San Félix III (Siglo V): “No oponerse al error es aprobarlo; y no defender la verdad es oprimirla y, ciertamente, descuidar el detestar a los hombres malvados – cuando lo podemos hacer – no es menos pecado que alentarlos.

Acá tenemos otra cita del Concilio de Trento que demuestra que uno puede y debe decidir lo que es y lo que no es la Fe Católica, por medio del propio juicio personal.

Papa Pío IV, Concilio de Trento, Sesión 13, Capítulo 4: “Estos son los asuntos que, en general, al Concilio sagrado le pareció bien enseñarle a los fieles de Cristo sobre el sacramento del orden. Sin embargo, ha resuelto condenar lo contrario en los cánones definidos y apropiados de la siguiente manera, para que todos, haciendo uso de la regla de la fe, con ayuda de Cristo, puedan ser capaces de reconocer más fácilmente la verdad Católica en medio de las tinieblas de tantos errores.

Esto prueba que a todos se les permite decidir cuando alguien ha caído en herejía o no, ya que el canon nunca hubiera dicho: “para que todos, haciendo uso de la regla de la fe, con la ayuda de Cristo, puedan ser capaces de reconocer más fácilmente la verdad Católica en medio de las tinieblas de tantos errores,” sin realmente permitir que las personas juzguen lo que es una herejía, o quién es hereje. Sin esta verdad, las personas son forzadas a profesar comunión con todos: protestantes, musulmanes, adoradores del diablo, etc. Si usted puede declarar que juzga que un adorador del diablo está fuera de la Iglesia, entonces también puede juzgar a alguien que profesa ser Católico pero que apoya una o más herejías. Pero esto es sentido común, a menos que uno sea mentiroso.


LA NECESIDAD DE ESTUDIAR Y CONOCER LA FE CATÓLICA

Santo Tomás de Aquino, Summa, Prima Secunda Pars, Pregunta 76, Artículo 2: “ahora es evidente que quien quiera descuida tener o hacer lo que debería de tener o hacer, comete un pecado de omisión. Por lo tanto, a través de la negligencia, es pecado la ignorancia de lo que uno debe de saber; pero no se imputa como pecado al hombre si fracasa en saber lo que es incapaz de saber. Consecuentemente, la ignorancia de tales cosas se llama “invencible”, porque no puede vencerse con estudio. Por esta razón como la ignorancia, que no es voluntaria, ya que no está en nuestro poder deshacernos de ella, no es un pecado: Por lo tanto, es evidente que ninguna ignorancia invencible es pecado. Por otro lado, la ignorancia vencible es un pecado, si es sobre asuntos que uno debe de conocer; pero no lo es si es sobre cosas que uno no está obligado a saber.”

Ciertamente, uno está obligado a conocer la Fe Católica suficientemente bien para ser capaz de detectar la herejía cuando se le presente. Entonces – de acuerdo al Doctor Angélico – si sabemos que nuestro sacerdote, obispo, etc. es un hereje o cismático, pero de todos modos nos adherimos a él, entonces ciertamente compartimos su pecado de herejía o cisma, por el cual estaríamos trabajando FUERA de la verdadera religión. La ignorancia invencible, por otro lado – la ignorancia que no se puede vencer por medio de cualquier esfuerzo humano bien ordenado – es un asunto diferente, y es totalmente excusable, a menos que estemos hablando sobre los misterios esenciales (la Trinidad y la Encarnación) y la ley natural, que todos deben de conocer explícitamente para la salvación si se es mayor a la edad de la razón. Cuando las personas rompen la ley natural, siempre es un pecado y no puede excusarse, ya que esta ley está escrita por Dios en el corazón de todo hombre. La ignorancia de la Trinidad y la Encarnación, sin embargo, no es un pecado en sí, pero Dios retiene este conocimiento sobre los misterios esenciales de muchas personas ya que El sabía de antemano que ellos rechazarían Su oferta de salvación.

Papa San Pío X, Acerbo Nimis ((#2), 15 de abril, 1905: “Y así Nuestro Predecesor, Benedicto XIV, tuvo causa justa para escribir: ‘Declaramos que un gran número de aquellos que son condenados al castigo eterno sufren esa calidad eterna debido a la ignorancia de aquellos misterios de fe que deben saberse y creerse para poder estar numerados entre los elegidos.’”


BAUTISMO; LOS PASOS PARA CONVERTIRSE A LA FE CATÓLICA TRADICIONAL; LOS PASOS PARA AQUELLOS QUE DEJAN LA NUEVA MISA; Y EL BAUTISMO CONDITIONAL

CONTENIDOS EN ESTAS SIGUIENTES PÁGINAS: - LOS PASOS PARA CONVERTIRSE A LA FE CATÓLICA TRADICIONAL – LA PROFESIÓN DE FE DEL CONCILIO DE TRENTO PARA LOS CONVERTIDOS – LOS PASOS QUE DEBEN TOMAR AQUELLOS QUE SALEN DE LA NUEVA MISA – LA FORMA DEL BAUTISMO Y EL BAUTISMO CONDICIONAL CON EXPLICACIÓN

Los pasos que uno debe de tomar para convertirse a la Fe Católica tradicional son realmente simples. Sin embargo, son levemente distintos, dependiendo de si uno ha recibido el bautismo o no. Por favor consultar cuidadosamente este archivo.

Si no ha recibido el bautismo, los pasos para convertirse a la Fe Católica Tradicional son los siguientes:

  1. Conocer y creer en el catecismo básico (es decir, las enseñanzas básicas) de la Fe Católica tradicional. POR FAVOR LEER AHORA EL CATECISMO. Uno debería comenzar inmediatamente a rezar el Rosario todos los días (preferiblemente las 15 décadas). Si no sabe cómo, consultar la sección de Cómo Rezar el Rosario de nuestro portal. Siempre tómese el tiempo todos los días para leer y estudiar la Fe, y pídale a Dios una perseverancia final.

  1. Sostener la creencia en todos los dogmas tradicionales de la Iglesia y las posiciones Católicas correctas en contra de la secta pos-Vaticano II (lo que está cubierto en detalle en nuestro material), incluyendo, por ejemplo, el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación (sin excepción alguna), la Trinidad, la Encarnación, el Papado, la Infalibilidad Papal, la necesidad del bautismo de agua, etc.

  1. Después de conocer el catecismo básico (que no debería de tomar mucho tiempo) y ya se está confiado en que consiente con todas las enseñanzas de la Iglesia Católica y que no está viviendo en pecado mortal, ni tiene la voluntad de continuar viviendo en pecado mortal o pecado venial, recibir el bautismo. No existe razón alguna para retrasar esto (ver las Actas 8:36-37) si ya ha completado los pasos 1 y 2. Normalmente esto lo haría un sacerdote Católico en su Iglesia Católica local. Debido a que estamos en la Gran Apostasía y que hay casi cero sacerdotes totalmente Católicos Tradicionales, una persona laica es probablemente la que lo podría hacerlo para usted. El Concilio de Florencia (ver más abajo) declaró que cualquiera puede administrar válidamente el bautismo. Así, si tiene un amigo Católico fuerte o, en caso que no lo tenga, si tiene un miembro familiar o un amigo no-Católico que podría realizar confiadamente el bautismo con la intención apropiada, entonces esa persona puede administrarle el bautismo usando la forma que se da más abajo. No es necesaria la Confesión para una persona que nunca ha recibido el bautismo, ya que el bautismo remueve el pecado original y todos los pecados reales. Después del bautismo, sin embargo, uno debe de tener la costumbre de ir a confesarse con un sacerdote tradicional que haya sido ordenado en el rito tradicional de la ordenación, por lo menos una vez al mes si eso fuese posible. Tristemente, sin embargo, hoy en día hay virtualmente ningún sacerdote no-hereje en el mundo. Uno debe de ir a confesarse, si hay disponible un sacerdote no-hereje, si se comete un pecado mortal después del bautismo, lo que esperamos que no ocurra. Una buena práctica es escribir los pecados en un pedazo de papel para que sea más fácil recordar los pecados que ha cometido. Esto también lo puede hacer una persona que no tenga a un sacerdote y que se confiese directamente con Dios, para facilitar que su confesión a Nuestro Señor sea lo más exacto que se pueda. Uno también debería hacer una confesión de pecados o herejías a cualquier persona o amigo en quien considere puede confiar. Esto generalmente debería de ser alguien que sea capaz de aconsejarlo sobre cosas espirituales y no cualquier otra persona que conozca. Confesar nuestros pecados uno al otro, a pesar que no podemos dar la absolución, es todavía una gran herramienta que puede usarse para exponer al demonio y vencer las malas costumbres o pecados habituales (las malas costumbres habituales o recurrentes son, en la mayoría de los casos, las que llevan a las personas a pecar en primer lugar). Los Santos tenían como costumbre confesar diariamente sus pecados y, así, deberíamos tratar de actuar de esta forma lo más que podamos. Porque el confesar diariamente nuestros pecados engendra humildad.

  1. Hacer la profesión de fe para los conversos del Concilio de Trento, lo cual está a continuación. Si existe una secta específica a la cual usted perteneció, o si creía en una herejía específica, agregar al final que también rechaza esa secta hereje o herejía. La Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos.


Para aquellos que han recibido el bautismo, es levemente distinta:

  1. Saber y creer el catecismo básico (es decir, las enseñanzas básicas) de la Fe Católica tradicional. POR FAVOR LEER AHORA EL CATECISMO. Uno debería comenzar inmediatamente a rezar el Rosario todos los días (preferiblemente las 15 décadas). Si no sabe cómo, consultar la sección de Cómo Rezar el Rosario de nuestro portal. Siempre tómese el tiempo todos los días para leer y estudiar la Fe, y pídale a Dios una perseverancia final.

  2. Sostener la creencia en todos los dogmas tradicionales de la Iglesia y las posiciones Católicas correctas en contra de la secta pos-Vaticano II (lo que está cubierto en detalle en nuestro material), incluyendo, por ejemplo, el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación (sin excepción alguna), la Trinidad, la Encarnación, el Papado, la Infalibilidad Papal, la necesidad del bautismo de agua, etc.

  3. Hacer la profesión de fe para los conversos del Concilio de Trento, lo cual está a continuación. Si existe una secta específica a la cual usted perteneció, o si creía en una herejía específica, agregar al final que también rechaza esa secta hereje o herejía. La Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos.

  4. Si hay disponible un sacerdote no-hereje, deberá hacer una confesión general con un sacerdote que haya sido ordenado en los ritos tradicionales de la ordenación después de tomar los 3 pasos previos. Esta es una confesión en la cual uno menciona todos los pecados mortales y veniales cometidos después del bautismo que uno pueda recordar, incluyendo la adherencia a cualquier secta o religiones falsas o el haber divulgado una secta falsa o religión falsa. Tenga cuidado de verificar cuidadosamente de antemano que el sacerdote a quien se acerca para recibir los sacramentos no es un hereje ni está en comunión con otros herejes. Hoy en día, en la Gran Apostasía, casi no hay un solo sacerdote no-hereje en el mundo. La única alternativa que queda es que casi todos hoy en día le confiesen sus pecados directamente a Dios y Le pidan con lágrimas o dolor y un verdadero arrepentimiento que les perdone sus pecados. Esto perdonará sus pecados si es sincero, cuando no haya otra opción disponible. Si usted encuentra un sacerdote no-hereje, entonces siempre y cuando el sacerdote diga “te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” la confesión es válida. Una buena práctica es escribir sus pecados en un pedazo de papel para que sea más fácil recordar los pecados que ha cometido. Esto también lo pueden hacer aquellas personas que no tienen un sacerdote o que se confiesan directamente con Dios, para facilitar que su confesión a Nuestro Señor sea tan exacta como se pueda. Uno también debería hacer una confesión de pecados o herejías a cualquier persona o amigo en quien considere puede confiar. Esto generalmente debería de ser alguien que sea capaz de aconsejarlo sobre cosas espirituales y no cualquier otra persona que conozca.

  1. Confesar nuestros pecados uno al otro, a pesar que no podemos dar la absolución, es todavía una gran herramienta que puede usarse para exponer al demonio y vencer las malas costumbres o pecados habituales (las malas costumbres habituales o recurrentes son, en la mayoría de los casos, las que llevan a las personas a pecar en primer lugar). Los Santos tenían como costumbre confesar diariamente sus pecados y, así, deberíamos tratar de actuar de esta forma lo más que podamos. Porque el confesar diariamente nuestros pecados engendra humildad.


Para aquellos que no están seguros si están bautizados, el orden es el siguiente:

  1. Saber y creen en el catecismo básico (es decir, las enseñanzas básicas) de la Fe Católica tradicional. POR FAVOR LEER AHORA EL CATECISMO. Uno debería comenzar inmediatamente a rezar el Rosario todos los días. Si no sabe cómo, consultar la sección de Cómo Rezar el Rosario de nuestro portal. Siempre tómese el tiempo todos los días para leer y estudiar la Fe, y pídale a Dios una perseverancia final.

  2. Sostener la creencia en todos los dogmas tradicionales de la Iglesia y las posiciones Católicas correctas en contra de la secta pos-Vaticano II (lo que está cubierto en detalle en nuestro material), incluyendo, por ejemplo, el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación (sin excepción alguna), la Trinidad, la Encarnación, el Papado, la Infalibilidad Papal, la necesidad del bautismo de agua, etc.

  3. Hacer la profesión de fe para los conversos del Concilio de Trento, lo cual está a continuación. Si existe una secta específica a la cual usted perteneció, o si creía en una herejía específica, agregar al final que también rechaza esa secta hereje o herejía. La Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos.

  4. Hacer que alguien realice un bautismo condicional usando la forma condicional del bautismo que se da más abajo. Si existe cualquier duda sobre su bautismo, esto debe de hacerse.

  5. Después de su bautismo condicional, hacer una confesión general a un sacerdote no-hereje, si hubiese uno disponible, mencionando todos los pecados mortales y veniales que usted puede recordar, cometidos después de su primer bautismo posiblemente válido. Una buena práctica es escribir sus pecados en un pedazo de papel para que le sea más fácil recordar los pecados que ha cometido. Esto también lo pueden hacer aquellas personas que no tienen un sacerdote o que se confiesan directamente con Dios, para facilitar que su confesión a Nuestro Señor sea tan exacta como se pueda. Uno también debería hacer una confesión de pecados o herejías a cualquier persona o amigo en quien considere puede confiar. Esto generalmente debería de ser alguien que sea capaz de aconsejarlo sobre cosas espirituales y no cualquier otra persona que conozca. Confesar nuestros pecados uno al otro, a pesar que no podemos dar la absolución, es todavía una gran herramienta que puede usarse para exponer al demonio y vencer las malas costumbres o pecados habituales (las malas costumbres habituales o recurrentes son, en la mayoría de los casos, las que llevan a las personas a pecar en primer lugar). Los Santos tenían como costumbre confesar diariamente sus pecados y, así, deberíamos tratar de actuar de esta forma lo más que podamos. Porque el confesar diariamente nuestros pecados engendra humildad.

Las personas que dejan la Misa Nueva ó su adherencia a la Iglesia Contraria de Vaticano II también necesitan hacer una confesión (a un sacerdote válidamente ordenado y no-hereje, si hay uno disponible) en cuanto a que asistieron a un servicio no-Católico y durante cuánto tiempo asistieron. Si participaron en otras cosas en la Nueva Misa (por ejemplo, fueron ministro laicos, se vistieron inmodestamente, etc.) o aceptaron un ecumenismo falso o negaron algún otro dogma o si practicaron PFN (planificación familiar natural), también deberán mencionarse estas cosas durante la confesión. Esto debe de hacerse antes de recibir la Comunión en la Misa Tradicional (si existiera una aceptable a la cual puede asistir en su área). Aquellos que dejan la Nueva Misa y su adherencia a la Iglesia falsa de Vaticano II también deberán hacer esa misma profesión de fe del Concilio de Trento.

Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos


BAUTISMO Y BAUTISMO CONDICIONAL

La forma del bautismo es: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Si hay alguna duda sobre la validez de su bautismo, la forma condicional del bautismo es: “Si estás bautizado, no te bautizo de nuevo, pero si todavía no estás bautizado [verter agua sobre la cabeza, asegurándose que toca la piel] yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” Debido a que casi no existe un verdadero sacerdote Católico en todo el país, puede hacer que un amigo Católico realice un bautismo condicional y usted puede administrarle el bautismo a sus propios hijos.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo,” 1439: “En caso de necesidad, sin embargo, no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un hombre o una mujer laico, sí, hasta un pagano y un hereje pueden bautizar, siempre y cuando preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Dez. 696)

VOTOS BAUTISMALES

De acuerdo al Ritual Romano, actualmente en uso, han de hacérsele tres preguntas a la persona que se va a bautizar, así: “¿Renunciáis a Satanás? ¿y a todas sus obras? ¿y a todas sus pompas?” A cada una de estas tres preguntas, la persona o el padrino en su nombre, responde: “Sí renuncio”. La práctica de demandar y hacer esta renuncia formal parece retroceder a los mismísimos inicios de la adoración cristiana organizada. Tertuliano entre los latinos y San Basilio entre los griegos coinciden en considerarla como una usanza que, a pesar que no está explícitamente aseverado en las Escrituras, no obstante está consagrada por una tradición venerable. San Basilio dice que esta tradición asciende de los apóstoles. Tertulio, en su “De Coronâ, parece insinuar una renuncia doble como algo común en su tiempo, una que fue hecha en el momento del bautismo y otra que se hizo anteriormente, y públicamente en la iglesia, ante la presencia del obispo. Se encontró la forma de esta renuncia, tal como se encuentra en las Constituciones Apostólicas (VIII, 4) y lee así: “Déjese por lo tanto, que el candidato del bautismo declare así su renuncia: ‘Renuncio a Satanás y a sus obras y a sus pompas y a su adoración y a sus ángeles y a sus inventos y a todas las cosas que están bajo él’. Y después de su renuncia dejar que en su asociación diga: ‘Y me asocio a Cristo y creo en un único ser ingénito y soy bautizado en un único ser ingénito.’”, etc.

San Justino Mártir testifica que el bautismo fue administrado únicamente por aquellos que, juntos con su profesión de fe, hicieron una promesa o voto que vivirían de conformidad con el código cristiano. Por lo tanto, la fórmula generalmente: Syntassomai soi, Christe, “Me abandono a vos, oh Cristo, para ser regido por vuestros preceptos.” Esto se llevó a cabo directamente sobre la apotaxis o renuncia del demonio y fue descrito diversamente por los latinos como promissum, pactum, y votum. Durante esta declaración de anexión a Jesucristo, la persona que ha de bautizarse giraba hacia el Este, como hacia la región de la luz.

La práctica de renovar las promesas bautismales está más o menos difundido. Esto se hace bajo las circunstancias de una solemnidad especial, como son los ejercicios de cierre de una misión, después de la administración de la Primera Comunión a los niños, o el conferir el Sacramento de la Confirmación. Por lo tanto, está intencionado como una manera de reafirmar la lealtad de uno a las obligaciones tomadas por la membresía dentro de la Iglesia Cristiana.


PROFESIÓN DE LA FE CATÓLICA

Promulgado solemnemente por el Papa Pío IV y el Concilio de Trento

    • Yo, N., con fe firme creo y profeso todo y cada artículo que está contenido en el símbolo de fe que usa la santa Iglesia Romana, específicamente:

    • Creo en un Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible; y en

    • Un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero del Dios verdadero; engendrado no creado de la misma naturaleza (consubstancial) que el Padre, por quien todo fue hecho;

    • Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre.

    • Fue crucificado por nosotros en tiempo de Poncio Pilato, murió y fue sepultado; y

    • Resucitó de nuevo al tercer día según las Escrituras y subió al cielo;

    • Y está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y Su reino no tendrá fin.

    • Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria; y que habló por los profetas.

    • Creo en la Iglesia que es una, santa, Católica y apostólica.

    • Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados; espero la resurrección de los muertos ya la vida de un mundo futuro. Amén.

    • Acepto y abrazo firmemente las tradiciones apostólicas y eclesiásticas y las otras prácticas y regulaciones de esa misma Iglesia.

    • Igualmente acepto las Sagradas Escrituras de acuerdo al significado que ha sido sostenido por la santa Madre Iglesia y que ella ahora sostiene. Es Su prerrogativa juzgar sobre el verdadero significado e interpretación de las Sagradas Escrituras. Y nunca aceptaré ni interpretaré las mismas de manera distinta al acuerdo unánime de los Padres.

    • También reconozco que real y adecuadamente hay siete sacramentos de la Nueva Ley, instituidos por Jesucristo nuestro Señor, y que son necesarios para la salvación de la raza humana, a pesar que no es necesario que cada individuo los reciba todos.

    • Reconozco que los siete sacramentos son : Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Santas Órdenes y Matrimonio; y que ellos confieren gracia; y que de los siete, el Bautismo, la Confirmación y las Santas Órdenes no pueden repetirse sin cometer un sacrilegio.

    • También acepto y reconozco los ritos acostumbrados y aprobados de la Iglesia Católica en la administración solemne de estos sacramentos.

    • Abrazo y acepto todos y cada uno de los artículos sobre el Pecado Original y la Justificación que son declarados y definidos en el santísimo Concilio de Trento.

    • Así mismo, profeso que en la Misa se ofrece a Dios un sacrificio verdadero, adecuado y propiciatorio a nombre de los vivos y muertos y que el Cuerpo y la Sangre, juntos con el Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo están real y sustancialmente presentes en el santísimo Sacramento de la Eucaristía y que hay un cambio de toda la sustancia del pan al Cuerpo y toda la sustancia del vino a la Sangre; y este cambio es llamado por la Iglesia Católica la transubstanciación.

    • También profeso que todo Cristo completo y un verdadero Sacramento se recibe bajo cada una de las especies separadas.

    • Firmemente sostengo que existe un purgatorio y que las almas detenidas allí son ayudadas por las oraciones de los fieles.

    • Así mismo, sostengo que los santos que reinan junto con Cristo deberán ser honrados e invocados, que ellos ofrecen a Dios las oraciones a nuestro favor y que deberán ser veneradas sus reliquias.

    • Firmemente asevero que deberán poseerse y conservarse las imágenes de Cristo, de la Madre de Dios siempre Virgen, y de los demás santos y que deben dárseles el honor y veneración debidos.

    • Afirmo que Cristo dejó el poder de las indulgencias para conservar la Iglesia y que el uso de las indulgencias es muy beneficioso para los Cristianos.

    • Reconozco la santa Iglesia Católica y apostólica romana como la madre y la maestra de todas las iglesias; y...

    • Acepto y profeso sin vacilar todas las doctrinas (especialmente aquellas relacionadas a la primacía del Pontífice romano y su autoridad educativa infalible) que son transmitidas, definidas y explicadas por los cánones sagrados y concilios ecuménicos, y especialmente aquellas de su santísimo Concilio de Trento (y por el Concilio Vaticano I ecuménico). Y al mismo tiempo:

    • Condeno, rechazo y anatematizo todo lo que sea contrario a aquellas proposiciones, y todas las herejías sin excepción, que han sido condenadas, rechazadas y anatematizadas por la Iglesia.

    • Yo, N., prometo, hago voto y juro que, con la ayuda de Dios, sostendré y profesaré muy constantemente esta verdadera fe Católica, fuera de la cual nadie puede ser salvado y que ahora profeso libremente y sostengo verdaderamente. Con la ayuda de Dios, la profesaré completa y sin mancha alguna hasta mi suspiro de muerte; y, según lo mejor de mi habilidad, veré que mis súbditos o aquellos que me han sido confiados en virtud de mi cargo la sostengan, la enseñen y prediquen. Que Dios y Su santo Evangelio me castiguen si no.

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