Doctrina y Dogma Católicos Infalibles que Debe Saber Para Salvarse

Doctrina y Dogma Católicos Infalibles que Debes Conocer

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, El Credo Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolado, sin duda alguna perecerá en la eternidad.” (Decretos de los Concilios Ecuménicos, Vol. 1, pp. 550-553; Denzinger 39-40).
PARTE 1.

Esta página se actualizará próximamente.



PARTE 2.


SOBRE LA RECEPCIÓN DE LOS SACRAMENTOS POR PARTE DE HEREJES Y SOBRE LA ORACIÓN EN COMUNIÓN CON LOS HEREJES


PREFACIO:

Este artículo no refutará el concepto de si los sacerdotes válidamente ordenados (pero herejes o cismáticos) consagran (algunos de) los sacramentos válidamente – porque sí lo hacen – sino en vez tratará de si uno puede abordar a dichos sacerdotes para recibir los sacramentos. Algunas personas declaran que uno sí puede abordar a los sacerdotes herejes (pero ordenados válidamente) para recibir los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión en forma lícita. Este concepto, sin embargo, es falso y será refutado totalmente en este artículo. (It must also be pointed out that while the validly ordained but heretical priests can consecrate most of the sacraments validly, they nevertheless cannot validly consecrate the sacraments of confession (Penance, Extreme Unction etc.) and they cannot give an absolution in these sacraments, since they are lacking jurisdiction which is required for the validity of these sacraments, and which they have not since they are heretics and outside the Church. See COUNCIL OF TRENT TEACHES THAT HERETICS CANNOT GIVE AN ABSOLUTION IN CONFESSION; and ST. THOMAS TEACHES THAT HERETICS CANNOT GIVE AN ABSOLUTION IN CONFESSION.)

Es importante comprender que un sacerdote hereje o cismáticos consagra algunos sacramentos válidamente – pero ilícitamente – y peca mortalmente cada vez que prepara estos sacramentos. Además, todos que a sabiendas abordan a un sacerdote hereje o cismático para recibir los sacramentos, los reciben ilícitamente y pecan mortalmente cada vez que se acercan a estos sacramentos:

La Enciclopedia Católica, Vol. 13; “ Sacramentos” (1912): “El cuidado de todos esos ritos sagrados se ha otorgado a la Iglesia de Cristo. Los ministros herejes o cismáticos pueden administrar los sacramentos válidamente si tienen Órdenes válidas, pero sus oficios religiosos son pecaminosas (ver Billot, op. Cit., thesis 16). La Buena Fe excusaría del pecado a los recipiendarios.”

El sacerdote consagra válidamente (excepción de los sacramentos de la confesión) debido a su ordenación válida al sacerdocio; consagra ilícitamente por su herejía o cisma:

La Enciclopedia Católica, Vol. 13; “ Sacramentos” (1912): “Para administrar válidamente el Bautismo no se requiere una ordenación especial. Cualquiera, aún un pagano, puede bautizar, siempre y cuando use la materia apropiada y pronuncie las palabras de la forma esencial, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia (Decreto pro Armen., Denzinger-Bannwart, 696). Únicamente los obispos, sacerdotes y en algunos casos, los diáconos pueden conferir solemnemente el bautismo. Ahora se sostiene como certero que en el Matrimonio las partes contrayentes son los ministros del sacramento, porque ellos hacen el contrato, y el sacramento es un contrato que fue elevado a la dignidad de sacramento por parte de Cristo (cf. León XIII, Encíclica “Arcanum”, 10 de febrero, 1880). En cuanto a la validez de los otros cinco sacramentos, el ministro debe de estar debidamente ordenado. El Concilio de Trento anatematizó a aquellos que dijeron que todos los Cristianos podrían administrar todos los sacramentos (Sesión VII, can. 10). Únicamente los obispos pueden conferir las Sagradas Órdenes (Concilio de Trento, se.. XXIII, can. 7). Ordinariamente, únicamente un obispo puede dar la Confirmación. Se requiere [la jurisdicción y] la Orden sacerdotal para la administración válida de la Penitencia y la Extremaunción (Conc. Trid., sess. XIV, can. 10, can. 4). En cuanto a la Eucaristía, únicamente aquellos que tienen las Órdenes sacerdotales pueden consagrar, es decir, cambiar el pan y el vino al Cuerpo y la Sangre de Cristo.”

¿Tienen alguna potestad los herejes y cismáticos?

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Secunda Secundæ Partis, Pregunta 39: “La potestad espiritual es doble: la sacramental y la de jurisdicción. La potestad sacramental es la conferida por la consagración. Pues bien, todas las consagraciones de la Iglesia son permanentes en tanto dure la consagración, como es evidente en las cosas inanimadas; así, el altar consagrado no se consagra de nuevo si no se destruye. Por tanto, dicha potestad permanece esencialmente en el hombre, que la recibió por consagración, mientras viva, aunque incurra en cisma o en herejía. Esto es evidente, dado que no es consagrado de nuevo al regresar a la Iglesia. Mas dado que la potestad inferior no debe actualizarse más que por la moción de un poder superior, como es también evidente en las cosas naturales, resulta de ello que ese hombre pierde el uso de su potestad, de suerte que no le sea permitido servirse de ella. Mas en el caso de que se sirvan de ella, surte efecto en el plano de los sacramentos, ya que en ellos el hombre no actúa sino como instrumento de Dios, y por eso los efectos sacramentales no quedan impedidos por cualquier culpa que tenga quien lo administre. La potestad, en cambio, de jurisdicción es la conferida por simple intimación humana. Esta potestad no se adquiere de manera inamovible, y por eso no permanece ni en el cismático ni en el hereje. De aquí que no pueden ni absolver, ni excomulgar, ni conceder indulgencias o cosas por el estilo, y, si lo hacen, carecen de valor.”

Claro que debe hacerse énfasis en que son inválidas todas las ordenaciones que se han efectuado durante el nuevo rito del antipapa Pablo VI, “Santas Órdenes” de los obispos, sacerdotes y diáconos, ya que se han desviado de la fórmula tradicional de la consagración y han traído un nuevo conjunto de sacramentos que, ciertamente, está condenado en el dogma Católico. Esto significa que son inválidas todas las ordenaciones que han ocurrido después de 1968 bajo el nuevo rito de Pablo VI de las “Santas” Órdenes. Así, casi todos los sacerdotes en la nueva religión del Vaticano II están ordenados inválidamente y nunca consagran los sacramentos ya sea válida o lícitamente. Los sacerdotes en la nueva religión de Vaticano II, sin embargo, que fueron ordenados antes de 1968 y del nuevo rito de ordenación de Pablo VI, son todavía sacerdotes válidos y consagran estos otros sacramentos válidamente (pero ilícitamente) si usan la fórmula tradicional (redacción correcta) al preparar estos Sacramentos de la Misa. Algunos discuten que aún estos sacerdotes herejes o apostatas pueden ser abordados lícitamente para recibir los sacramentos. Esto, sin embargo, es completamente falso y será refutado completamente en este artículo. (Si quieres aprender más sobre la invalidez de Vaticano II, la Nueva Misa, y el nuevo rito de ordenación de Pablo VI, consulta esta página: http://www.santos-catolicos.com/nueva-misa-vs-misa-tradicional/)


LA BASE BÍBLICA PARA EVITAR A LOS HEREJES

Ahora, la doctrina que las personas nunca deben de rezar en comunión con los herejes, recibir los sacramentos por parte de los herejes o entrar en sus iglesias, se enseña desde el inicio de la Iglesia y su fundamento o base es, claro está, la Biblia.

Tito 3:10: - “Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces.”

La palabra infalible de Dios nos ordena evitar a un hereje después de la primera y la segunda admonición.

Juan 1:9-10: - Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en ella, ese tiene, o posee dentro de sí al Padre y al Hijo. Si viene alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le saludéis. Porque quien le saluda, comunica en cierto modo con sus acciones perversas.

Este verso de la Biblia deja clarísimo que aquellos que tienen trato con herejes o cismáticos, “comunican en cierto modo con sus acciones perversas.” Esto significa que aquellos que tratan con los herejes tienen cierta parte en sus pecados y comparten sus pecados.

Sin embargo, existe una excepción a esta doctrina de recibir los sacramentos por parte de los herejes. Este canon específico del Concilio de Florencia trata con el sacramento del bautismo. La Iglesia Católica siempre dejará claro cuando hay una excepción a una doctrina.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 1439: “En caso de necesidad, sin embargo, no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico (hombre o mujer), sí hasta un pagano y un hereje puede bautizar, en tanto preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Denz 696)

Esta excepción sobre el bautismo es realmente necesaria ya que ningún hombre puede ser salvado, ni por ningún otro medio entrar en el regazo y la unidad de la Iglesia, sin el sacramento del Bautismo. Esto, por supuesto, es otra prueba de la necesidad explícita para que todos sean bautizados y poder así salvarse.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Can. 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir, no necesario para la salvación (cf. Jn.3:5): que sea anatema.”

Papa Eugenio IV, El Concilio de Florencia, “Exultate Deo, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “El Santo bautismo, el cual es la puerta a la vida espiritual, ostenta el primer lugar entre todos los sacramentos; a pesar que a través del mismo nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia; y debido a que la muerte entró al universo a través del primer hombre, ‘a menos que nazcamos nuevamente con agua y el Espíritu, no podremos,’ tal como lo dice la Verdad, ‘entrar en el Reino del cielo’ [Juan 3:5]. La materia de este sacramento es agua real y natural.”

La Iglesia hizo esta excepción específica en relación a los herejes, ya que todos – tanto jóvenes como mayores – deben de recibir el agua de la regeneración para ser salvados. Sin embargo, las palabras del Papa Eugenio IV, en el Concilio de Florencia, no permiten que una persona reciba el sacramento del Bautismo por parte de herejes en todos los casos, sino únicamente en necesidad extrema. Un ejemplo sería cuando es inminente el peligro de muerte y la persona en cuestión puede arriesgarse a morir sin el sacramento del bautismo. En tal situación, tal como está descrito arriba, sin embargo, “no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico (hombre o mujer), sí, hasta un pagano o un hereje puede bautizar, siempre y cuando preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. “ Y así, está claro de por qué Dios hizo esta excepción a través del Papa. Nuevamente, cuando hay excepciones siempre se mencionará y se aclarará.

Habiendo tratado el punto, sin embargo, uno no encontrará excepción alguna en relación a cualquier otro sacramento en relación a herejes o cismáticos. De acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia, deberán evitarse los herejes y los cismáticos bajo dolor de pecado mortal. Por lo tanto, no se pueden tener relaciones amistosas con ellos, por ejemplo, hacer deportes juntos ni otras actividades parecidas, ni siquiera reunirse con ellos como uno podría reunirse con un verdadero amigo católico. La única excepción a esto sería si se está tratando de convertir a un hereje o a un no-creyente. En tal caso, uno puede reunirse con él y hablar con él. Sin embargo, si su intención está equivocada y usted sabe que mantiene contacto con ateos o herejes por las razones equivocadas, y no con el propósito de realmente convertirlos (o aunque su intención sea la correcta pero el pecador, el hereje o el cismático está obstinado y no-convertible y rehusa escuchar), como sucede tan a menudo con los miembros familiares herejes, entonces se debe cesar en todo contacto con ellos. Porque hacer lo contrario puede ser causa de su destrucción eterna. ¿Cuántas personas no han enajenado a Dios para complacer más a otros hombres? ¿Cuántos no han perdido a Dios porque pasan demasiado tiempo tratando de ayudar a los demás mientras se pasan a sí mismos por alto? “Tened cuidado de los hombres”, advierte Jesucristo (Mateo 10:17). Los católicos deben de darse cuenta que pocos son Salvados; la mayoría de los adultos católicos son condenados. Ni siquiera Jesucristo, quien es Dios, pudo convertir a todos los judíos endurecidos.


EN CONTRA DE LOS HEREJES Y REZAR EN COMUNIÓN CON LOS HEREJES

Se les prohíbe explícitamente a los católicos rezar a sabiendas en comunión con herejes notorios o recibir los sacramentos de ellos como dejan claro el Papa León X y los siguientes concilios dogmáticos. Estas citas, claro está, también condenan el ecumenismo falto de la secta del Vaticano II, así como sus reuniones falsas para rezar con las religiones falsas del mundo:

Papa León X, Quinto Concilio Laterno, Sesión 8, ex cátedra:Y ya que la verdad no puede contradecir a la verdad, definimos que cada declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita enseñar contrariamente. Decretamos que todos que se aferran a las declaraciones erróneas de esta clase, sembrando y cosechando así herejías que están totalmente condenadas, deberán ser evitados de todas formas y castigados como herejes e infieles detestables y odiosos que socavan la fe católica.”

El Papa simplemente dijo infaliblemente que deberán evitarse de cualquier forma todos los herejes. Nótese que uno solo puede saber si alguien es hereje si usted mismo ha obtenido este conocimiento de la persona en cuestión. Así, si usted sabe que su sacerdote es hereje, está obligado a evitarlo de cualquier manera que sea y no puede acercarse o abordarlo para recibir los sacramentos. Continuando:

III Concilio de Constantinopla, 680-681: “Si cualquier eclesiástico o laico entra en una sinagoga de los judíos o a las casas de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean depuestos y privados de la comunión [excomunión]. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la comunión [excomulgado].”

El Tercer Concilio de Constantinopla simplemente definió infaliblemente que cualquier persona que reza en comunión con los herejes ha de ser excomulgada y se le debe rechazar la comunión por rezar con otros herejes. Ahora, veamos otras citas:

Concilio de Laodicea, Siglo IV, (#Canon 6): “Nadie rezará en común con los herejes y cismáticos... No se le permite a los herejes entrar en la casa de Dios mientras ellos continúen en herejía.”

Concilio de Cartago: “Uno no debe rezar ni cantar salmos con los herejes, y quien se comunique con aquellos que han sido cortados de la comunión de la Iglesia, ya sea clero o laico: que sea excomulgado.”

Papa Pío IX, 16 de septiembre, 1864, carta al Episcopado Inglés (CH 254): “Que los cristianos y eclesiásticos deben de rezar por la unidad cristiana bajo la dirección de los herejes y, lo que es peor, de acuerdo a una intención que está radicalmente impregnada y viciada con herejía, ¡es absolutamente imposible de tolerar!

El Código de la Ley Canónica de 1917, Canon 823: “La Misa no puede celebrarse en iglesias de herejes o cismáticos, aunque en el pasado hayan sido adecuadamente consagradas o bendecidas.

Papa Pío XI, Mortalium animos (“10): “De tal manera, Venerable Hermano, está claro el por qué esta Sede Apostólica nunca ha permitido que sus sujetos tomen parte en las asambleas de los no-católicos: porque la unión de los cristianos puede promoverse únicamente fomentando el regreso a la única Iglesia verdadera de Cristo de aquellos que se han separado de ella, porque en el pasado infelizmente la habían dejado. A la única Iglesia verdadera de Cristo, decimos, la cual es visible para todos, y la cual ha de permanecer, de acuerdo a la voluntad de su Autor, exactamente igual a como Él la instituyó.

Entonces, que las personas declaren (a pesar de todas las citas anteriores que dicen lo contrario) que una asamblea presidida por herejes o una asamblea que reza en comunión con otros herejes, sea de alguna manerala Iglesia de Dios o la Iglesia de los católicos, es simplemente negar la verdad infalible de Dios.


SANTO TOMÁS EN CONTRA DE COMUNIÓN CON LOS HEREJES

Ahora, veamos a lo que Santo Tomás tiene que decir sobre los herejes:

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Tertia Pars, Pregunta 82, Artículo 9: “Yo respondo que, tal como se dijo anteriormente, los sacerdotes herejes, cismáticos, excomulgados o aún pecadores, a pesar que tienen el poder de consagrar la Eucaristía, sin embargo no hacen el uso apropiada de la misma; por el contrario, pecan usándola. Pero quien quiera que se comunique con otro que está en pecado, se convierte en partícipe de su pecado.”

Primero, quiero dejar claro que la segunda parte de esta cita de Santo Tomás (la cual fue tomada del contexto por ciertos individuos) será tratada dentro de poco entre la sección de las mayores objeciones. Sin embargo, Santo Tomás claramente enseña (de acuerdo a los Papas) que las personas que a sabiendas asisten a las iglesias de sacerdotes herejes, cismáticos o aún pecadores (excomulgados), se convierten en partícipes de su pecado. Y a pesar que uno puede abordar lícitamente a un sacerdote pecador hasta que la Iglesia haya dado Su sentencia sobre él, uno no está obligado a irse con él y puede quedarse en casa. Sin embargo, si el sacerdote es un hereje o cismático notorio, no se le puede abordar para recibir los sacramentos y se deberá quedar en casa.

Un ejemplo de esto sería si una herejía o cisma de un sacerdote fuese ocultado a la mayoría de las personas, y quizá usted fuese el único que sabía al respecto después de hablar con él, y por lo tanto sabía que él era un hereje; entonces debe evitarlo como hereje y no puede abordarlo para recibir los sacramentos. Si, sin embargo, optarse culpablemente, o a sabiendas, ir a dicho sacerdote hereje, entonces realmente está ayudando a la obra malvada y pecaminosa de este sacerdote, ya que usted, al mostrar una comunión externa con él, le profesa a todos que están presentes que usted también tiene la misma fe que él. Un sacerdote que sea hereje o cismático peca mortalmente cuando usa los sacramentos y esto recae sobre su propia cabeza y de aquellos a quienes engañó, una llama eterna de fuego que nunca se extinguirá. Por lo tanto, al entrar en las “iglesias” de los herejes, claramente está mostrándole a todos que está de acuerdo con sus herejías. Esto deberá estar absolutamente claro para cualquier persona honesta.


IMPOSICIÓN O NO

Algunos objetarán a esto diciendo: “Yo puedo ir legalmente con un sacerdote hereje (pero que está válidamente ordenado) para la celebración de la Misa y los sacramentos, en tanto no imponga su herejía ni predique herejía desde el púlpito.”

Respuesta: No importa si el sacerdote está imponiendo su herejía o si la predica desde el púlpito, como lo creen algunas personas. Porque, dígame, estimado lector, ¿es miembro de la Iglesia alguien que es hereje, aunque no predique su herejía desde el púlpito ni imponga la misma? Qué hay con un “Papa” que se ha vuelto hereje pero no imponía sus herejías; ¿lo consideraría como el Papa o iría con él para recibir los sacramentos? De acuerdo a estas personas, este “papa” hereje debe ser un papa válido a quien uno puede acercársele para recibir los sacramentos, en tanto no imponga sus herejías... ¿Pero es esto realmente verdad? ¿Quién declararía tal tontera? No, en verdad, usted respondería que él no sería miembro de la Iglesia, ya que todos los herejes están separados de la Iglesia y que él, por lo tanto, consagraría inválidamente o ilícitamente los sacramentos. Así, se aplica la misma lógica acá con los sacerdotes herejes, ya sea que impongan o no su herejía, o si la predican desde el púlpito o no. Han de evitarse todos como herejes odiosos que socavan la Fe Católica (Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra).

Si no está de acuerdo con esto, ¿entonces por qué no va al apóstata Benedicto XVI y recibe los sacramentos de él? ¡El no es mejor que cualquiera de los otros sacerdotes herejes a quienes se les puede abocar para recibir los sacramentos! De hecho, son tan malos como él lo es, ¡hasta sostienen las mismas herejías que él y la mayoría hasta lo acepta como el papa y como cabeza de la Iglesia Católica! No se nos permite escoger a qué herejes nos podemos abocar, como si algunos herejes pudiesen ser tolerados. Esto es totalmente fuera de las escrituras y contradice numerosas enseñanzas católicas.

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “...¿puede ser legal que alguien rechace cualquiera de esas verdades sin que el mismísimo hecho caiga en herejía? – sin separarse él mismo de la Iglesia? – sin repudiar en un solo acto total todas las enseñanzas cristianas? Porque tal es la naturaleza de la fe, que nada puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y rechazar otras... Pero aquel que disiente aún en un punto de la verdad revelada divinamente, rechaza absolutamente toda la fe, ya que con eso él rechaza honrar a Dios como la verdad suprema y el motivo formal de la fe.”

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban acostumbrados a considerar como fuera de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia a quien quiera que se aparte hasta en el más mínimo grado de cualquier punto de la doctrina propuesto por su Magisterio autoritario.”


IMPOSICIÓN: UN TÉRMINO INVENTADO POR LOS HEREJES

Imposición es un término que algunas personas han inventado para sí mismos para justificar ir con distintos sacerdotes (que saben son herejes), para recibir los sacramentos y escuchar la misa celebrada por ellos. Bien, el problema con esta forma de pensar no es que no sepan que el sacerdote es un hereje, sino que realmente están totalmente conscientes de este hecho, y sin embargo hacen excusas para ir a él. Pero, ¿alguna vez ha existido un dogma que declara algo parecido a esto? ¿Puede citarse alguna cosa para dar tal indicación? ¡Claro que no! ¡No encontrará ninguna enseñanza eclesiástica que lo diga! ¡Inventar las propias doctrinas de uno para justificar el pecado mortal por recibir ilícitamente los sacramentos, y luego enseñarle a los demás a hacer lo mismo, es realmente ultrajante y escandaloso por no decir más! El hecho que un sacerdote imponga sus herejías sobre las demás personas no tiene nada que ver con volverse un hereje (que debe ser evitada), tal como lo muestra claramente San Roberto Bellarmino:

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, N° 15: Porque los hombres no están destinados, ni son capaces de leer los corazones; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realiza, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.”

El punto es el siguiente: ¿Cuál dogma católico dice que uno puede abocarse a un sacerdote hereje para recibir los sacramentos (excepto el sacramento del bautismo en caso de necesidad)? A la fecha no se ha dado ni un solo dogma que haya indicado lo anterior; (más adelante será tratado el Cuarto Concilio Laterano, tomado del contexto). Gustosamente cambiaríamos nuestra posición si alguien nos demostrara con dogma católico que su posición es verdadera. Sin embargo, este no es el caso y nunca se ha presentado dicha evidencia dogmática. Solo pueden citarse santos falibles (sacado del contexto) y teólogos falibles, lo cual revela entonces que su posición es débil y tambaleante y que carece de una buena base católica. ¿Es sobre esto que hemos de formar nuestra Fe: es decir, santos y teólogos y, en vista de todos los dogmas y razonamiento, negar lo que hemos puesto delante de nuestros ojos? ¿No es esto exactamente lo que hacen también los creyentes en el bautismo de sangre / deseo? ¿No se aferran obstinadamente a los santos y a los teólogos en vez de a los dogmas infalibles? ¿Y no son condenados por este comportamiento exacto, quizá delante de usted? ¿Por qué, entonces, actúa usted precisamente de la misma manera acá? ¡Si no puede demostrar su caso con el dogma católico, entonces no deberá defender obstinadamente el mismo ni sostener que es uno verdadero!

Además, ¿cómo puede una persona declarar que cree en el Señor Jesús cuando él sin compromiso alguno – aún sabiendo y voluntariamente – se acerca a un sacerdote quien sabe que rechaza la necesidad de creer en Jesucristo o en cualquiera de sus palabras? ¿Realmente ama usted a Jesús y cree en Él, o simplemente lo dice? ¿Es más importante para usted asistir a misa y recibir ilícitamente los sacramentos que Jesucristo y la Fe misma? Porque con las obras externas usted le demuestra a los demás y a Nuestro Señor ¡que no tiene problema alguno en acercarse a un sacerdote que rechaza a Dios! ¡Los apostatas, herejes y cismáticos crucifican a Nuestro Señor la segunda vez cuando presumen consagrar estos sacramentos, y usted ayuda en esta obra al ir con ellos!

Tampoco puede preservar su fe ni complacer a Dios si se aboca a los sacerdotes herejes, tal como lo deja claro el Papa Pío IX: “Porque los hijos de la Iglesia debieran de considerar la propia acción para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin el cual es imposible complacer a Dios.”

Y uno se convierte en partícipe del pecado del sacerdote hereje, tal como lo dice Santo Tomás: “Tal como se dijo anteriormente, los sacerdotes herejes, cismáticos, excomulgados, o aún los pecadores, a pesar que tienen la potestad de consagrar la Eucaristía, sin embargo no hacen el uso apropiado de la misma; por el contrario, pecan al usarla. Pero quien quiera que se comunica con otro que está en pecado se vuelve partícipe en este pecado.


NOTORIO O NO

Algunas personas también declaran falsamente que un factor que determina si un sacerdote ha de volverse hereje (quien debe de evitarse para recibir la comunión), queda determinado por el hecho de cuántas otras personas realmente están conscientes de que el sacerdote es un hereje. Ellos declaran esto al aseverar que si solo pocas personas están conscientes de la posición hereje del sacerdote, entonces ese sacerdote no debe de ser un sacerdote notoriamente hereje, y puede así ser abordado lícitamente para recibir los Sacramentos. Así razonan ellos, porque de acuerdo a ellos, únicamente debe evitarse un hereje notorio; y un sacerdote que no les es obviamente conocido a ‘todos’ (o a la mayoría de las personas) por lo tanto no debe de ser un hereje notorio. Sin embargo, fracasan en darse cuenta que el sacerdote en cuestión ya pudo haber revelado su herejía y obstinación o mala voluntad a cualquiera que le hubiese hecho saber la verdadera posición.

Lo que determina si debe evitarse un sacerdote para recibir la comunión no queda decidido por el hecho de cuántas otras personas realmente están conscientes que él es un hereje. Esto es así ya que el sacerdote, al ser hereje, ya se ha separado a sí mismo de la Iglesia y de la comunión y porque todo el Cielo (la Santísima Trinidad, la Virgen Santísima y todos los Ángeles y Santos) también han pronunciado juicio sobre él. Por lo tanto (a pesar de estos hechos) ¿debemos de profesar comunión externa con él, si es alguien que se ha separado a sí mismo de la Iglesia y a quien Dios ya ha condenado? Si el sacerdote se convierte, la condenación, claro está, se vuelve misericordia.

Obviamente entonces, el factor que determina si alguien ha de evitarse para recibir la comunión es lo que usted sabe sobre la dicha persona en cuestión. No es determinado por lo que los demás entienden sobre esta persona ni por le hecho de cuántos otros están realmente conscientes de que él es un hereje. Usted no será juzgado al infierno por lo que los demás sabían o no sabían. ¡Sin embargo, usted será juzgado al infierno por lo que usted sabía; sobre lo que a usted no le importó saber, y sobre lo que usted fracasó en hacer una vez hubo obtenido este conocimiento!

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, N° 15.: Porque los hombres no están destinados a leer los corazones, ni son capaces de leer los mismos; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realizan, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441: Por lo tanto, la Santa Iglesia Romana condena, reprueba, anatemiza y declara estar fuera del Cuerpo de Cristo, quien es la Iglesia, a quien quiera que tenga puntos de vista opuestos o contrarios.

Y si usted no está de acuerdo con esto, entonces debe de sostener la opinión que uno pudo haber abordado lícitamente al anti-papa ultra hereje del infierno – Pablo VI, para recibir los sacramentos – aunque sabíamos que era un anti-papa hereje y aunque hubiésemos obtenido el conocimiento de antemano sobre lo que él le haría a la Iglesia (de acuerdo a la lógica de los herejes) si únicamente unas pocas personas sabían que él era un hereje, o si solo unas pocas personas sabían sobre sus malvadas intenciones. Sí, de acuerdo a esta falsa posición, (la posición ilógica de los herejes), uno lo pudo haber abordado lícitamente para recibir la Eucaristía cuando ya había empezado a poner todas estas herejías en práctica.

De tal manera que cuando Pablo VI estaba socavando y destruyendo la fe tanto como lo pudiese haber hecho un hereje durante toda una vida, es decir, aprobando y poniendo en práctica todas las herejías del Segundo Concilio Vaticano; cambiando la Misa Tradicional a una nueva Misa inválida; cambiando los Ritos de las Santas Órdenes (haciendo así que todos los sacerdotes y obispos del Vaticano II fuesen ordenados inválidamente); aboliendo el índice de los libros prohibidos (lo cual revela su verdadera intención, divulgar la herejía y las mentiras), y permitiendo la contracepción o PFN (planificación familiar natural), etc., etc... entonces, a pesar de todos estos hechos, si solo unas pocas personas sabían que él era un hereje, uno pudo habérsele abocado lícitamente para recibir los sacramentos... ¡Esta es la conclusión ineludible e ilógica del razonamiento hereje, pero nadie, sin embargo, se atrevería a admitirlo!

Pero si su posición es la verdadera posición Católica: es decir, que uno no se podía abocar a Pablo VI ni a ningún otro hereje como él para recibir los Sacramentos, entonces debe usted de sostener la posición que uno no puede acercarse a otros sacerdotes herejes para recibir los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, si sabe personalmente que son herejes. Usted no puede escoger y optar a qué herejes debe de ir. Todos los herejes están fuera de la Iglesia. Por lo tanto, todos los herejes deben de evitarse.

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9): “Nadie que simplemente no cree en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías, que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y si alguien sostiene una sola herejía no es Católico.”


PAPA PÍO IX EN CONTRA DE LOS HEREJES

Papa Pío IX, “Graves Ac Diuturnae,” 1875, (#4): “Debes de recordarles que tengan cuidado de estos enemigos traicioneros del rebaño de Cristo y de sus alimentos envenenados. ELLOS DEBERÍAN EVITAR TOTALMENTE SUS CELEBRACIONES RELIGIOSAS, SUS EDIFICIOS Y SUS CÁTEDRAS DE PESTILENCIA QUE HAN ESTABLECIDO CON IMPUNIDAD PARA TRANSMITIR LAS ENSEÑANZAS SAGRADAS. DEBERÍAN EVITAR SUS ESCRITOS Y TODO CONTACTO CON ELLOS. Ellos no deberían tener trato alguno ni reuniones con los sacerdotes usurpadores y apóstatas de la fe que osan ejercer los deberes de un ministro eclesiástico sin poseer una misión legítima ni jurisdicción alguna. Deberían evitarlos como forasteros desconocidos y ladrones que vienen únicamente a robar, matar y destruir. Porque los hijos de la Iglesia deberían considerar la acción apropiada para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin el cual es imposible complacer a Dios, así como la acción calculada para alcanzar la meta de la fe, que es la salvación de sus almas, siguiendo el camino recto de la justicia.”

¿Podría estar más claro que esto? Nosotros no deberíamos tener trato alguno ni reuniones con sacerdotes usurpadores y apóstatas de la fe quienes se atreven a ejercer los deberes de un ministro eclesiástico sin poseer una misión legítima o jurisdicción alguna...” nosotros “deberíamos evitarlos como foráneos y ladrones que vienen solo a robar, a matar y a destruir.” Y ELLOS DEBERÍAN ESQUIVAR SUS CELEBRACIONES RELIGIOSAS, SUS EDIFICIOS Y SUS CÁTEDRAS DE PESTILENCIA, LAS CUALES, CON IMPUNIDAD, HAN ESTABLECIDO PARA TRANSMITIR LAS ENSEÑANZAS SAGRADAS. ELLOS DEBERÍAN EVITAR SUS ESCRITOS Y TODO CONTACTO CON ELLOS.”

Para el alma honesta no es necesario comentar adicionalmente sobre las palabras absolutas e innegables anteriores del Papa Pío IX.

Pero, ¿por qué deben de evitarse totalmente los herejes, podrán preguntarse? El Papa Pío IX también responde a esto: “Porque los hijos de la Iglesia deberían considerar la acción apropiada para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin lo cual es imposible agradar a Dios...” El Papa Pío IX dice que la fe será destruida al ir a los herejes y que no se puede complacer a Dios haciendo esto. ¿Cuánto más claro tiene que ser esto? Así, usted nunca debe de abordar a su sacerdote apóstata o hereje de Novus Ordo (Nuevo Orden) ni a su sacerdote “católico” tradicional hereje y cismático, ni a cualquier otro sacerdote hereje o cismático de esa clase para que escuchen la Confesión o den la Eucaristía. Porque la mayoría de ellos, sin excepción, niegan la necesidad de creer en Jesucristo, otorgándole la salvación a las personas que ni siquiera creen en Cristo. ¡La mayoría de ellos también niega obstinadamente varios dogmas de la Iglesia cuando éstos se les presentan!


FALIBLE VS. INFALIBLE

Los herejes simplemente rechazan seguir las enseñanzas de la Iglesia sobre estos asuntos, pero en vez, siguen las declaraciones equivocadas y falibles de ciertos teólogos o santos. Muchos de estos santos y teólogos ni siquiera concuerdan con su posición. Sin embargo, estos herejes tergiversan sus palabras para acomodar su propio sistema de creencia hereje (más sobre este tema más adelante).

El punto es el siguiente: Si tuviésemos que decidir qué es lo que constituye la fe Católica basada en santos o teólogos falibles, entonces igualmente podríamos negar la inmaculada concepción de María, podríamos creer que todos los Hijos no bautizados que murieron antes de la edad de la razón se queman en los fuegos de infierno, podríamos creer en la teoría del bautismo de deseo y de sangre, etc. Todas las opiniones, de hecho, parecen convincentes y verdaderas en vista de los santos y teólogos respetados, quienes han mantenido estas posiciones y las han enseñado (lo cual es la causa de que tantos crean en ellas), a pesar que el dogma católico dice lo contrario.

Sin embargo, aunque sea opinión de un teólogo o un santo (o aún ambos), realmente no tiene peso en comparación al dogma Católico infalible. Los verdaderos Católicos (no los falsos católicos) fundamentan su Fe en el dogma Católico infalible, y no en las opiniones de los santos o los teólogos. Esto debería estar clarísimo para cualquiera. Cuando las personas dejan de creer en el Magisterio infalible de la Iglesia y, en vez, escogen fundamentar su fe exclusivamente en las teorías de los santos y teólogos (o aún en sí mismos y en lo que consideran ser de fe), entonces uno sabe que su caso está perdido, y que su posición no es la Católica.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana cree, profesa y predica firmemente que todos que estén fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos o herejes y cismáticos, no pueden compartir la vida eterna e irán al fuego eterno que fue preprado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas.

Como vemos arriba, es un dogma infalible (que uno está obligado a creer bajo pena de pecado mortal) que todos los herejes está fuera de la Iglesia y, por lo tanto, fuera de los límites de administrar lícitamente o válidamente los sacramentos.

Sin embargo, si fuésemos a decir (por el bien de un argumento) que fuese cierto que uno podría abocarse a un sacerdote hereje para recibir lícitamente los sacramentos (lo cual no es cierto); pero teoricemos que es así para que podamos refutar adicionalmente esta posición. Si existiese cualquier enseñanza tal por parte de un santo o teólogo que permitiese dicha cosa, es decir, que uno podría abordar a un sacerdote hereje para recibir los sacramentos; y aún si mantuviesen dicha posición (lo cual no hacen), aún así no están hablando sobre abordar la clase de sacerdotes herejes que existen en nuestros días, en la Gran Apostasía. Ejemplos de esto sería un sacerdote que rechaza la necesidad de creer en Jesucristo o que cree en la salvación de las personas que hasta rechazan a Cristo, como son los paganos, los judíos y los musulmanes. ¿Se atrevería alguien a decir que esto es lo que realmente creen los teólogos y santos si hubiesen teorizado que uno podría ir a un sacerdote hereje para escuchar la misa y recibir los sacramentos? ¡Absolutamente no! Entonces, ¡no traten de aparentar que sí lo hacen!

No obstante, esto es exactamente la misma paja que el hombre argumenta que usan los que defienden el bautismo de deseo / sangre. No es cierto que a estas personas les encanta hacer énfasis en que “todos los santos y teólogos creyeron en el bautismo de deseo y de fuego; de manera que debe de ser cierto”, y con ello tratando de implicar que ellos (los santos y teólogos) también creyeron en la salvación para los paganos, musulmanes y judíos; (a pesar que, en verdad, su versión del bautismo de deseo / sangre únicamente se aplicaba a personas que ya creían en Jesucristo y que eran catecúmenos, y no a los paganos, musulmanes y judíos). ¿Ven la diferencia?

¿Por qué, entonces, algunas personas tratan de hacer que parezca como si los teólogos tenían como opinión que uno podría ir a la peor clase de sacerdotes abominables, apóstatas o herejes que pudieron haber existido para recibir los sacramentos, lícitamente? Ellos hasta hacen parecer como si uno estaba perfectamente libre de ir a un hereje aún después que uno supiese de su herejía que rechaza a Cristo. También debe de señalarse que a los únicos santos y los teólogos que estas personas tratan de citar para defender su posición (de recibir los sacramentos de los herejes), ni siquiera concuerda con su posición herética (excepto un teólogo); sin embargo, excepto por este teólogo (Juan de Lugo), el resto realmente refuta su posición sacrílega (como lo demostraremos nosotros).

Pero, de acuerdo a estos tristes herejes, uno puede ir libremente a un sacerdote que cree en la salvación universal para todos y a un sacerdote que defiende, apoya y acepta obstinadamente como “Papa” ¡al hereje más vil y abominable que hubiese vivido en la historia de la humanidad! Sí, de acuerdo a su punto de vista, uno podría ir a ese sacerdote después de haberle presentado la prueba sobre la Iglesia Novus Ordo, Benedicto XVI y el Vaticano II, que demuestra que son herejes. Sí, uno podría ir con él aún después que un sacerdote rechazó obstinadamente esa prueba innegable que usted le presentó (de acuerdo a su lógica hereje), ¡simplemente en tanto no esté predicando sus herejías desde el púlpito ni las impongan! Si así son sus palabras, entonces usted puede ir con él. Parece ser que para estas personas todo vale, ¡cualquier cosa menos el sentido Católico y el dogma Católico! La mala voluntad de estas persona es realmente increíble y triste.

Entonces, qué es lo que tenemos que hacer cuando le presentamos a nuestro sacerdote la información sobre Benedicto XVI y el Vaticano II, y obstinadamente todavía se adhiere a Benedicto XVI como el papa y la iglesia del Nuevo Orden como la verdadera Iglesia? ¿Debemos entonces evitarlo como el hereje que ha mostrado manifiestamente ser? La respuesta a esta interrogante es, claro está, ¡sí!

Tito 3:10 “Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces.”

2 Juan 1:9-10: Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en ella, ese tiene, o posee dentro de sí al Padre y al Hijo. Si viene alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le saludéis. Porque quien le saluda, comunica en cierto modo con sus acciones perversas.

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, n° 15.: Porque los hombres no están destinados a leer los corazones, ni son capaces de leer los mismos; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realiza, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.”

Por lo tanto, es tanto un hecho dogmático como bíblico que usted no puede abordar a un sacerdote hereje para la misa y recibir los sacramentos.


DIOS DESEA LA OBEDIENCIA EN VEZ DEL SACRIFICIO

Dios desea la obediencia, en vez del sacrificio. En otras palabras, si usted acepta las herejías o rechaza Sus dogmas, todas sus obras espirituales no tendrán valor alguno ante Su vista.

1 Reyes 15:22-23: “Dijo entonces Samuel: ¿Por ventura el Señor no estima más que los holocaustos y las víctimas, el que se obedezca a su voz? La obediencia vale más que los sacrificios, y el ser dócil importa más que el ofrecer la grosura de los carneros. Porque el desobedecer al Señor, es como un pecado de magia, y como crimen de idolatría el no querer sujetársele. Por tanto, ya que tú has desechado la palabra del Señor, el Señor te ha desechado a ti, y no quiere ya que seas rey.

Si una persona rechaza la verdad de Dios, no lo puede complacer. El sostener que uno puede recibir lícitamente los sacramentos de los herejes, en vista de todos los hechos, es simplemente negar a Dios.

Papa Pío VIII, Traditi Humilitati (#4), 24 de mayo, 1829: “Ciertamente esta idea mortal en relación a la falta de diferencia entre las religiones es refutada aún a la luz de una razón natural. Estamos seguros de esto porque las diversas religiones no concuerdan a menudo entre ellas. Si una es verdadera, la otra debe de ser falsa; no puede haber existir una sociedad de oscuridad con luz. En contra de estos sofistas experimentados se les debe enseñar a las personas que la profesión de la fe Católica es originalmente verdadera, como lo proclama el apóstol: un Señor, una fe, un bautismo.”


NINGUNA COMUNIÓN CON LOS HEREJES

También es de ley divina y no solamente una ley disciplinaria que los Católicos solo pueden estar en comunión con otros Católicos y que nunca pueden adorar con personas que sean herejes, cismáticos o infieles. Entrar a sabiendas en una casa religiosa que es hereje o cismática es, claro está, profesar abiertamente una unidad religiosa de tal manera que es completamente inaceptable. El escándalo que esto provoca ante los ojos de los verdaderos Católicos es fácil de comprender. Porque cada persona que lo ve a usted entrar en una “iglesia” en donde el padre es un hereje o cismático asumirá que usted está de acuerdo con esta herejía o cisma. La unidad de la fe que debe de existir entre las personas que se llaman Católicos y que adoran a Dios es una constante que nunca puede cambiarse, de acuerdo a la enseñanza Católica. Esto se llama ley divina. Sin la unidad de la fe solamente hay tinieblas y fuego eterno, tal como lo deja claro el Papa León XIII y las siguientes citas:

Papa León XIII, Satis Cognitum (#10), 29 de junio, 1896: “Por esta razón, así como la unidad de la fe es una necesidad requerida para la unidad de la Iglesia, en vista que es el cuerpo de los fieles, así también para esta unidad, puesto que la Iglesia es una sociedad constituida divinamente, la unidad de gobierno, que afecta e involucra la unidad de comunión, es necesaria jure divino (por ley divina).”

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#22): “Así, por lo tanto, en la verdadera comunidad cristiana hay un único Cuerpo, un Espíritu, un Señor y un Bautismo, así también sólo puede haber una fe. Y, por lo tanto, si un hombre rechaza escuchar a la Iglesia que sea considerado – y así lo manda el Señor – como un gentil y publicano. Sigue que aquellos que están divididos por la fe o el gobierno no puede vivir en la unidad de dicho Cuerpo, ni pueden ellos vivir la vida de su único Espíritu Divino.”

Papa San Clemente I, Siglo I: “Si cualquier hombre es amigable con aquellos con quienes el Pontífice Romano no está en comunión, está en complicidad con aquellos que desean destruir la Iglesia de Dios: y, a pesar que puede parecer estar con nosotros en cuerpo, está en contra de nosotros en mente y espíritu, y es un enemigo mucho más peligroso que aquellos que están fuera y que son nuestros adversarios declarados.”

III Concilio de Constantinopla, 680-681: Si cualquier eclesiástico o laico entra en la sinagoga de los judíos o en las casas de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean despojados y privados de la comunión. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la comunión.

Papa Pío IX, Etsi Multa, #26, 21 de noviembre, 1873: “Por lo tanto, por autoridad de Dios Todopoderoso, excomulgamos y consideramos un anatema al mismo Joseph Humbert y a todos aquellos que intentan escogerlo a él y a quienes ayudaron en su consagración sacrílega. Adicionalmente, excomulgamos a quien quiera que se haya adherido a ellos y que perteneciendo a su partido haya proporcionado ayuda, favor, auxilio o consentimiento. Declaramos, proclamamos y ordenamos que sean separados de la comunión de la Iglesia. Ellos han de ser considerados entre aquellos con quienes todos los fieles cristianos tienen prohibido, por el Apóstol [2 Juan 10-11], asociarse y tener intercambio social a tal punto que, tal como lo declara simplemente, ni siquiera pueden ser saludados.

La cita anterior es muy pertinente a nuestra situación de hoy, en tanto que muchos sacerdotes y adherentes de aquellos sacerdotes caerían bajo esta misma condena. Primero, aprendamos un poco de historia sobre la condena anterior de Joseph Humbert y todos sus adherentes: “Un sorprendente número grande de sacerdotes y laicos alemanes rechazó las enseñanzas solemnes del Primer Concilio Vaticano sobre el papado. En septiembre de 1870, casi 1,400 alemanes que se llamaban ‘Católicos Viejos’ firmaron una declaración por la cual renunciaban a las enseñanzas conciliares. En septiembre de 1871, 300 delegados se reunieron en Münich para organizar una nueva iglesia. No pudiendo encontrar a un obispo católico que renunciase al dogma Católico y se les uniera, los Católicos Viejos recurrieron al Obispo Jansenista Heykamp de Devetner en los Países Bajos, de la cismática Pequeña Iglesia de Utrecht. Él ordenó al Padre Joseph Humbert Reinkens como obispo en agosto de 1873.”

Papa Pío IX, Graves ac diuturnae (#1-4), 23 de marzo, 1875: “... los nuevos herejes que se llaman a sí mismos los ‘Católicos Viejos’... estos cismáticos y herejes... su secta malvada... estos hijos de las tinieblas... su facción malvada... esta secta deplorable... Esta secta derroca las bases de la religión Católica, rechaza vergonzosamente las definiciones dogmáticas del Concilio Vaticano Ecuménico, y se dedica de tantas maneras a la ruina de las almas. Hemos decretado y declarado en Nuestra Carta del 21 de noviembre de 1873, que aquellos hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y respaldan a esa secta deberán ser considerados cismáticos y estar separados de la comunión con la Iglesia.”

Acá, el Papa Pío IX da una confirmación explícita que las personas deben de considerar como herejes o cismáticos a aquellos que están fuera de la Iglesia y que no hay necesidad de una declaración adicional para decidir esto. Pero, ¿quién puede negar el hecho que el Vaticano II es también una “nueva iglesia”, y que todos los obispos y sacerdotes ordenados válidamente que quedan en esta “nueva iglesia” también caerían bajo la misma condena de Joseph Humbert? Por lo tanto, sin duda alguna, uno no puede abordar a ninguno de los sacerdotes Novus Ordo válidamente ordenados para recibir los sacramentos de la Confesión o la Eucaristía, tal como lo enseñan los herejes y cismáticos.

Otro hecho impresionante es que la mayoría de todos los sacerdotes válidamente ordenados que quedan en todo el mundo (tanto sacerdotes “Católicos” tradicionales como los sacerdotes Novus Ordo, por igual) también rechazan el Vaticano I y la infalibilidad papal, negando obstinadamente el dogma Católico infalible. Los “Católicos” viejos fueron excomulgados por esta misma razón y uno ni siquiera los podía saludar y cualquiera que se adhiriera a ellos (por ejemplo, recibir los sacramentos de ellos) tenía que ser excomulgado como ellos.

Hemos decretado y declarado en Nuestra Carta del 21 de noviembre de 1873, que aquellos hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y respaldan a esa secta deberán ser considerados cismáticos y estar separados de la comunión con la Iglesia.” (Papa Pío IX, Graves ac diuturnae (# 1-4), 23 de marzo, de 1875)

Por lo tanto, sin duda alguna, no se puede abordar a ninguno de los sacerdotes “Católicos” tradicionales válidamente ordenados que quedan en el mundo para recibir lícitamente los sacramentos, si obstinadamente niegan o rechazan un solo dogma Católico o sostienen una sola única herejía, tal como lo deja claro el Papa León XIII:

Papa León III, Satis Cognitum (#9): Nadie que simplemente no cree en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías, que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y si alguien sostiene una sola herejía no es un Católico.”


¿PUEDEN LOS HEREJES TENER AUTORIDAD DENTRO DE LA IGLESIA?

¿Cuáles son los requerimientos para una recepción lícita de los sacramentos? Esta es una pregunta muy importante de comprender ya que muchos dicen que se pueden recibir lícitamente no solo por parte de los herejes, sino por parte de los sacerdotes apóstatas.

La Enciclopedia Católica . Vol 13. “Sacramentos.” (1912) Las Condiciones para la recepción lícita: (b) “Para la recepción lícita es también necesario observar todo lo que está prescrito por la ley Divina o Eclesiástica, por ejemplo, en cuanto a tiempo, lugar, el ministro, etc. Debido a que solo la Iglesia tiene el cuidado de los sacramentos y generalmente únicamente sus agentes debidamente nombrados tienen el derecho de administrarlos, excepto el Bautismo en algunos casos, es una ley general que la solicitud de los sacramentos deberá hacerse a ministros dignos y debidamente nombrados.”

Tristemente, hemos llegado a un punto en la historia de la Iglesia en donde aún los herejes son considerados por algunos para consagrar lícitamente la Eucaristía en la Iglesia; lo que significa, de alguna manera, que se les da autoridad a los herejes en la Iglesia. Pero esto es, claro está, imposible. Porque el dar o recibir lícitamente los sacramentos significa dar o recibirlos por autoridad y permiso de la Iglesia. ¿Tienen los herejes esta autoridad dentro de la Iglesia Católica (excepto el sacramento del Bautismo)? ¿Preparan los herejes lícitamente los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía con el permiso y la autoridad de la Iglesia Católica? ¡Claro que no! ¡No tienen esta autoridad, ni de consagrar lícitamente la Eucaristía ni de absolver lícitamente o válidamente de los pecados, tal como lo hemos demostrado! Favor de ver cuidadosamente los siguientes dogmas de la iglesia y vean cómo los herejes están fuera de la Iglesia de Cristo.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana cree, profesa y predica firmemente que todos que estén fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos o herejes y cismáticos, no pueden compartir la vida eterna e irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas.”

Aquí podemos ver que todos los Católicos están obligados bajo pena de pecado mortal, a creer que un hereje está fuera de la Iglesia Católica. Acá hay otros testimonios del Magisterio, que afirman este hecho.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441: Por lo tanto, la Santa Iglesia Romana condena, reprueba, anatemiza y declara estar fuera del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, a quien quiera que tenga puntos de vista opuestos o contrarios.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su propia naturaleza separa al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o una herejía o apostasía.”

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban acostumbrados a considerar como fuera de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia a quien quiera que se aparte hasta en el más mínimo grado de cualquier punto de la doctrina propuesto por su Magisterio autoritario.”

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9): “Nadie que simplemente no cree en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías, que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y si alguien sostiene una sola herejía no es un Católico.”

Papa Inocencio III, Eius exemplo, 18 de diciembre, 1208: “Por el corazón creemos y por la boca confesamos la única Iglesia, no de herejes, sino la Santa Iglesia Católica, Romana y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie se salva.”

Esta última profesión solemne de fe hecha por el Papa Inocencio III en Eius exemplo, demuestra cuán alejado de la creencia Católica – es decir, cuán hereje – es la idea que un hereje puede estar dentro de la Iglesia. No obstante, esta es exactamente la idea propuesta por los individuos que aseveran que los herejes – de alguna manera – tienen autoridad para administrar válidamente o lícitamente los sacramentos. Y debido a que es un dogma que un hereje no puede estar dentro de la Iglesia, es un hecho dogmático (un hecho que, si no fuese cierto, rendiría un falso dogma) que un hereje no puede tener autoridad en la Iglesia.

Papa León XIII, Satis Cognitum (#15), 29 de junio, 1896: “es absurdo imaginar que aquel que está fuera puede ordenar en la Iglesia.”

Por lo tanto, ciertamente es seguro que un hereje no puede consagrar lícitamente la Eucaristía ni administrar válidamente o lícitamente el sacramento de la Confesión porque es absurdo imaginar que alguien de fuera puede comandar en la Iglesia.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#22), 29 de junio de 1943: Realmente, pueden ser incluidos como miembros de la Iglesia únicamente aquellos que han sido bautizados y que profesan la verdadera fe y que no han sido tan desafortunados de separarse de la unidad del Cuerpo ni han sido excluidos por autoridad legítima debido a faltas graves cometidas.


PRINCIPALES OBJECIONES HERÉTICAS

CUARTO CONCILIO LATERANO

PRIMERA OBJECIÓN: “El Papa Inocencio III, en el Cuarto Concilio Laterano, enseña que los herejes deben ser señalados primero antes que uno esté obligado a dejar de ir con ellos con propósitos religiosos. Bueno pues.”

RESPUESTA A LA PRIMERA OBJECIÓN: Los pervertidos, fuera de la cita del contexto, tal como se presenta por los herejes engañadores:

“Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 3, sobre los Herejes, 1215: “Más aún, determinamos sujetar a la excomunión a los creyentes que reciban, defiendan o apoyen a los herejes [...] Sin embargo, si es un clérigo, que sea depuesto de todo cargo y beneficio, para que entre más grande es la falta, mayor es el castigo. Si alguien rechaza evitar a dichas personas DESPUÉS QUE HAYAN SIDO SEÑALADAS POR LA IGLESIA [postquam ab ecclesia denotati fuerint], que sea castigado con la sentencia de la excomunión hasta que haga una satisfacción adecuada. Los clérigos no deben, claro está, dar los sacramentos de la Iglesia a dichas personas pestilentes ni darles una sepultura cristiana...””

Nótense el humo y los espejos [...] en donde lanzan el latín y dicen: “¡Miren esta parte que está aquí! Enfoquen únicamente en esto porque si leen todo verán que estamos pervirtiendo lo que el papa decretó!” Pero, ahora veamos el párrafo entero y examinemos lo que REALMENTE dice:

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano (Edición Tañer): “Los Católicos que toman la cruz y se invisten para la expulsión de los herejes, disfrutarán de la misma indulgencia y serán fortalecidos por el mismo santo privilegio, tal como se otorga a aquellos que van en la ayuda de la Tierra Santa. Más aún, determinamos sujetar a excomunión a los creyentes que engañan, defienden o apoyan a los herejes.

Bien, el papa simplemente dijo que aquellos creyentes (no herejes) que reciben, defienden o apoyan a los herejes han de ser excomulgados...

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, continuó: “Ordenamos estrictamente que, si tal persona, después que haya sido designada como excomulgado,

Mantengan en mente que todavía estamos hablando de los creyentes no-herejes que han sido excomulgados por haber ayudado de alguna manera a un hereje.

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, continuó: “Ordenamos estrictamente que si tal persona, después de haber sido designadao como excomulgado, rechaza rendir satisfacción dentro de un año, entonces por la misma ley será marcada como infame y no será admitida a cargos públicos ni concilios para poder elegir a otros a lo mismo, ni podrá dar testimonio. No tendrá capacidad para testar, es decir, no tendrá libertad para hacer un testamento ni sucederá a una herencia. Más aún, nadie será obligado a responderle sobre ningún negocio, pero puede ser obligado a responderles. Si es un juez, las sentencias pronunciadas por él no tendrán validez y no se le pueden llevar casos, si es un abogado, no se le puede permitir que defienda a alguien; si es un notario, los documentos escritos por él no tendrán valor y serán condenados junto con su autor condenado; y en asuntos similares ordenamos que lo mismo sea observado. Sin embargo, si es un clérigo, que sea despojado de todo cargo y beneficio, de manera que entre más grande es la falta mayor será el castigo Si alguien rechaza evitar a dichas personas DESPUÉS QUE HAYAN SIDO SEÑALADAS POR LA IGLESIA [postquam ab ecclesia denotati fuerint], que sea castigada con la sentencia de la excomunión hasta que haga una satisfacción adecuada. Los clérigos no deben, claro está, dar los sacramentos de la Iglesia a dichas personas pestilentes ni darles una sepultura cristiana...”

Si es un clérigo,un clérigo que es NO-hereje y que ha sido excomulgado por haber ayudado de alguna manera a un hereje. ¿Ven cuán claramente han pervertido el significado de este concilio? Los herejes desean que hable sobre los herejes, ya que esto satisface su propósito de ir a otros herejes para recibir los sacramentos, pero nadie más que un mentiroso puede ver que no está hablando de un hereje, sino de un creyenteque reciba, defienda o apoye a los herejes.

Acá se pueden ver dos puntos. El primer punto es que estas acciones de apoyar, defender o recibir a los herejes no son malas en sí, sino en vez son caritativas si se hacen correctamente. El segundo punto es que un creyente puede tener buena fe en relación a los herejes. El ayudar a un hereje no necesariamente significa que la persona estaba de acuerdo con el hereje ni que él mismo era un hereje o que ni siquiera sabía que estaba ayudando a un hereje. Es por esto que el concilio declara a estas personas como “creyentes” que “reciben, defienden o apoyan a los herejes...” Y debido a que existen muchas maneras de defender, apoyar y recibir a herejes que no necesariamente involucra a una herejía o cisma, uno no puede concluir (como lo hacen los herejes), que uno puede ir a otros sacerdotes herejes o cismáticos, que uno sabe que son herejes o cismáticos, para recibir los sacramentos, hasta que la Iglesia haya impuesto Su sentencia sobre ellos, tal como es su excusa.

Hay muchos ejemplos que uno podría dar para mostrar que un creyente que recibe, defiende o aún apoya a herejes no es un hereje:

  1. ¿Puede un creyente recibir a un hereje en su casa con el propósito de convertirlo? ¡Claro que puede!

  2. ¿Puede el mismo creyente de buena fe y en caridad, tener compasión por el hereje que no tiene los medios para mantenerse financieramente a sí mismo o a su familia? ¡Completamente! (El creyente, claro está, si está consciente de la herejía de esta persona, podría desear usar esta caridad o respaldo como una zanahoria o incentivo para traer al hereje, cismático o apóstata de nuevo a la Iglesia).

  3. ¿Y puede un creyente estar en herejía material en relación a una doctrina de la Iglesia y, sin saber, defender la posición herética de un hereje? ¡Totalmente!

Como hemos visto, estas acciones realizadas por el creyente no fueron herejes ni cismáticas sino caritativas (si fueron hechas de buena fe). Un creyente puede, por lo tanto, hacer el bien hacia los demás sin comprender que realmente puede hacer daño o causar un mayor escándalo. Es por eso que, de acuerdo a dicho concilio, ellos (los que respaldan) deben de evitarse únicamente después que hayan sido señalados por la Iglesia, y haya sido revelada su verdadera intención. Porque así como una persona puede hacer estas cosas sin saber y de buena fe, así también una persona puede hacer estas cosas por compasión – no únicamente para el hereje – sino también por la herejía que apoyada por él. Una persona que tiene compasión con una herejía que sostiene un hereje – en vez de compasión por la persona hereje – es también un hereje ya que está de acuerdo con su posición herética y la apoya. Y si un creyente ha de saber que un persona que apoya a un hereje estaba de acuerdo con su herejía o la apoyaba, entonces debe de evitarlo como un hereje, ya que no hay necesidad de esperar la declaración por parte de la Iglesia y revelar las intenciones internas de los ‘que apoyan’. Y esta es la razón de por qué la Iglesia no declara automáticamente a estas personas que “reciben, defienden o apoyan a los herejes” – como herejes – que deben evitarse completamente, “hasta que hayan sido señaladas por la Iglesia.”

Es por eso que es extremadamente deshonesto que las personas usen el Cuarto Concilio Laterano o a Santo Tomás de Aquino (próxima objeción) como argumento para recibir la comunión o confesión por parte de un sacerdote obstinadamente hereje (de quien uno sabe que es hereje) cuando el Concilio no lo dice así. De hecho, es una distorsión mortalmente pecaminosa de la verdad que se enseña en el Cuarto Concilio Laterano.

Además, es muy deshonesto pronunciar la sentencia de la Iglesia como base para evitar a los herejes en estos tiempos, cuando la Iglesia y Su jerarquía ya no son visibles ni accesibles para los Católicos. Aún en esas instancias, (como con los sacerdotes pecadores) en las cuales la Iglesia hubiese juzgado normalmente, son hoy en día abrogados por la ley o el principio de epikeia, ya que no existe una jerarquía válida o no-hereje en la Iglesia de hoy. Epieideia o Epikeia, que significa “equidad” es el nombre del principio canónico que solamente las leyes de la Iglesia, también conocidas como las leyes eclesiásticas o leyes disciplinarias, pueden dejar de atar u obligar en casos particulares que no fueron previstos por el legislador. Este término puede encontrarse en cualquier libro que trate con estos temas. Este principio no se aplica a las enseñanzas dogmáticas de la fe ni de moral, sino a las leyes instituidas por la Iglesia para gobernar a sus miembros. Es por esto que hoy en día nosotros estamos hasta forzados a hacer estos juicios sobre los sacerdotes pecadores a través de nuestro propio juicio y por nuestra propia autoridad, ya que no hay una jerarquía válida de la Iglesia. Así, cuando NOSOTROS vemos a alguien que sostiene una creencia hereje, por nuestro propio juicio y razón debemos de juzgarlo como un hereje y evitarlo como tal. Nuevamente, si tenemos el conocimiento y la razón para saber de una herejía y detectarla, entonces debemos de usar ese conocimiento; porque hacer lo contrario sería un pecado en contra de la Fe.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su propia naturaleza separa al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o herejía o apostasía.”

Es perfectamente comprensible que si una persona carece del conocimiento para detectar herejías más finas o más específicas, ellas puedan ser “herejes” materiales sobre, y que no entraña rechazar, la ley natural o los misterios esenciales que todos deben de conocer. Sin embargo, si uno sabe que su sacerdote es un hereje, entonces debe de evitarlo como tal. Si uno no sabe que su sacerdote es un hereje y no ha puesto mucho esfuerzo en averiguar si lo es, entonces hay que averiguar si lo es; y si no es un hereje, entonces se puede ir con él (siempre y cuando no esté profesando una comunión externa con otros herejes, como lo hace la mayoría de los sacerdotes que tiene al hereje Benedicto XVI como el “Papa”, su arco notorio). Ha de asumirse que dicho sacerdote es un hereje (a pesar que no pareciera tener ninguna otra herejía), por el hecho de profesar una comunión externa con un hereje notorio. Asumimos que el sacerdote es un hereje de la mismísima manera que asumiríamos que una persona es hereje si entra en una iglesia protestante (de quien se asume entonces que es un hereje protestante) por estar en comunión con otros herejes protestantes (aunque haya una leve posibilidad que fuese únicamente un hereje material). Si, hay una posibilidad que su sacerdote no esté consciente de todas las herejías que son fomentadas por Benedicto XVI y el Vaticano II. De hecho, hay una leve posibilidad que cualquiera que haya sido bautizado – sin importar a que edificio de iglesia “cristiana” haya entrado – pueda ser un hereje material (en tanto no contradiga la ley natural o los misterios esenciales), a pesar que es muy improbable dicho escenario.

Sin embargo, si usted hubiese señalado la verdadera posición en relación al Vaticano II y a Benedicto XVI a un sacerdote independiente (por ejemplo) quien no parece sostener ninguna herejía (por lo menos exteriormente) y quien no está en comunión con ninguna otra sociedad herética, y este sacerdote, después de haber sido presentado con la evidencia continuó obstinadamente, sin embargo, aceptando a Benedicto XVI como el “Papa” o al Vaticano II y a la “Iglesia” Novus Ordo como la verdadera Iglesia Católica, entonces su herejía se hubiese hecho manifiesta y usted estaría obligado a evitarlo. Así, debemos de evitar al sacerdote que supimos era un hereje, así como al sacerdote a quien vemos profesar externamente una comunión con otros herejes manifiestos. Esta es una verdad de la fe enseñada también por San Roberto Bellarmino:

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, lib. IV, c. 9, N° 15: Porque los hombres no están destinados a leer los corazones, ni son capaces de hacerlo; pero cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que realizan, lo juzgan como hereje puro y simple, y lo condenan como a un hereje.”

No pecamos al asumir que alguien es un hereje (aunque esté ausente una prueba absoluta) si él, por sus obras externas, revela que es cierta esta mismísima posibilidad. Porque cuando hacemos una suposición, no juzgamos nada de manera concluyente. Este método de pensar no ha de aplicarse a otros sucesos que puedan ocurrirle al hombre a través de su vida (ni aún con una herejía material en relación a los Católicos fieles que puedan errar, y quizá estén errando, sobre ciertos puntos más finos de Fe). No debemos de asumir ni juzgar sobre estas cosas sin tener una evidencia clara e irrefutable, ya que la mayoría de los sucesos en la vida no son ni herejes ni pecadores. Pero signos notorios o externos de una herejía o un cisma sobre puntos más graves, por otro lado, son mortalmente pecadores y separan al alma de Dios. ¡La herejía mata a las almas!

Sin embargo, juzgar a alguien como un hereje definitivo por creer en el bautismo de deseo (por ejemplo) – sería ir muy lejos y juzgar falsamente, si primero usted fracasó en preguntarle qué es lo que pensaba o sabía al respecto. Porque muy bien puede ser que él sea un hereje material (si su versión del bautismo de deseo concierne únicamente a las personas o catecúmenos que ya creen en Cristo) y no como creen los herejes, quien lo aplica a todos, incluyendo a los paganos y a las personas que rechazan a Cristo. Una persona se vuelve hereje o cismática al rechazar obstinadamente el aceptar una posición que sabe es enseñada por la Iglesia. Así, si a él se le ha presentado una evidencia falsa o no-infalible en contra del bautismo de deseo y todavía no tiene seguridad, es posible que él sea un “hereje” material (siempre y cuando no niegue la necesidad de creer en Jesucristo para obtener la salvación). Pudo ser que no comprendió completamente lo que la Iglesia enseña sobre este asunto, y si no tiene seguridad y no es obstinado, aún así puede ser un hereje material.

Un sacerdote, sin embargo, que rechaza a Cristo y cree en la salvación universal para todos, incluyendo los paganos y las personas que odian o aún rechazan a Cristo, como los judíos o los musulmanes – dicho caso sería, claro está, uno obvio – porque es ley divina que todo Cristiano debe sostener la creencia en Jesucristo como algo esencial para la salvación. Lo mismo se aplica a la doctrina relacionada a la Trinidad y a la Encarnación. El número de estos llamados sacerdotes de Satanás, que sostienen la creencia en Jesucristo y en su Iglesia como algo sin significado, son casi innumerables hoy en día. Todos estos llamados sacerdotes deben, claro está, evitarse y condenarse totalmente, aunque, quizá, su muy buen “amigo” le diga lo contrario. ¡Porque usted sabe muy bien en su corazón que esto es cierto!

Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra: “Y debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita una enseñanza contraria. Decretamos que todos aquellos que se aferran a las declaraciones falsas de este tipo, sembrando así herejías que están totalmente condenadas, deberán ser evitados de cualquier manera y castigados como herejes e infieles detestables y odiosos que están socavando la fe Católica.”

Y realmente, ¿creen los herejes que la Iglesia Católica puede contradecirse a sí misma? Ellos deben aferrarse a esto o ser totalmente ilógicos.

POR QUÉ LAS PERSONAS DE MALA VOLUNTAD Y ORGULLO SE DEJAN EN LAS TINIEBLAS

Muchas personas tampoco comprenden por qué tantísimas personas “buenas” se dejan en herejía o cisma, sin fe y en las tinieblas, o por qué tantas personas “buenas” nunca han escuchado sobre Jesucristo – y por qué estas “buenas” personas serían condenadas e irían al infierno si muriesen en este estado, cuando no son todavía herejes ni cismáticos (porque no pueden rechazar lo que todavía no saben)?

La respuesta a estas preguntas es que Dios, de antemano, sabía sobre el rechazo de esta persona a la verdadera fe, aunque nunca se le presentó. Porque, a pesar que durante toda su vida una persona nunca ha escuchado sobre la Iglesia Católica ni sobre Sus enseñanzas en cuanto a la Eucaristía, la Confesión, el Bautismo, la Fe y las Obras para la Salvación, etc., esa persona – mientras lee su Biblia – rechaza las palabras que claramente indican estas enseñanzas, es decir “a menos que coma la carne del Hijo del Hombre y beba Su sangre, no tendrá, no tendrá vida” ó “recibid el Espíritu Santo: A quien le retengáis sus pecados les serán retenidos;” entonces, si lee dichas palabras parecidas, pero simplemente rechazó creer que Jesús realmente podía decir en serio lo que decía, y que era imposible que su interpretación personal estuviese equivocada, y si estaba obstinado con su posición, entonces sería un pecador mortal y lleno de orgullo, porque ya se habría decidido a que su interpretación personal es la correcta. Así, si se le hubiese presentado alguna vez la posición verdadera, simplemente hubiese rechazado creer en ella y entonces se habría vuelto un hereje. Creo que muchas personas que han hablado con los herejes protestantes están conscientes de estos hechos. Estos herejes protestantes a menudo expresan opiniones como: “Simplemente rechazo creer que dichas enseñanzas son verdaderas”, o “Simplemente rehuso creer la enseñanza Católica sobre la Eucaristía, etc...”

Un alma humilde siempre pensará que es posible que él o ella haya entendido equivocadamente algunas cosas y, entonces, siempre se conformará inmediatamente a la fe verdadera que le fuese presentada. Una persona que siempre piensa que está en lo correcto o que no puede aceptar consejos de otras personas, o que siempre tiene una alta estima de su propia mente, no puede, en realidad, tener una buena disposición de recibir alguna vez la verdadera Fe Católica. Simplemente rechazaría creer si alguna vez le fuese presentada la fe verdadera. Es realmente un orgullo y una presunción muy triste y abominable creer que no es posible que uno haya entendido mal algunas cosas y que uno no podría ser corregido por otras personas. Todos los herejes, sin excepción, han caído en esta trampa de orgullo y presunción. Lo mismo debe de decirse sobre todas las personas que mueren siendo herejes, cismáticos, paganos, infieles, judíos o musulmanes, etc. Un alma humilde no rechazará las palabras de Dios porque no las puede comprender, sino en vez buscará cómo entenderlas, y le rezará a Dios pidiendo ayuda y guía (para saber la verdad). El simple pensamiento o reflexión sobre un alma humilde que pueda estar en error y sus humildes oraciones a Dios, aunado con la abstinencia de pecados mortales, rogando fervientemente Su iluminación en relación a un tema específico, es a menudo suficiente para que un alma salga de la herejía. Porque la humildad es la manera perfecta hacia el Cielo y nadie más que los humildes entrarán allí.

Las herejías son adoptadas únicamente por aquellos quienes, si hubiesen perseverado en la fe, estarían perdidos por la irregularidad de sus vidas.” -San Agustín

Todos los herejes, sin embargo, y todas las demás personas que mueren fuera de la Iglesia y de la Salvación, no buscan la verdad ni rezan a Dios para que los ilumine sobre la verdad. Estas personas, en vez, rechazan creer o únicamente creen en lo que ellos piensan que es la verdadera Fe, rechazando todo lo demás. Esta es la herejía o pecado mortal en que caen todos los protestantes u “Ortodoxos” orientales, etc., quienes en realidad (muchos de ellos) no comprenden totalmente lo que enseña la Iglesia (y sin embargo obstinadamente rechazan creer en ello cuando se les presenta) o rechazarían creer en ella si alguna vez les fuera presentada a ellos.

Esta es la razón exacta de por qué muchas personas se quedan en las tinieblas y sin fe, ya que Dios sabía de antemano sobre su mala voluntad y su rechazo a aceptar la verdadera Fe Católica. Esta es una verdad de Fe que es enseñada por muchos de los Papas, Santos y Padres de la Iglesia.

San Agustín (+428): “... Dios sabía de antemano que si hubiesen vivido y les hubiese sido predicado el evangelio, lo hubiesen escuchado sin creer.”

Santo Tomás de Aquino, Sent. III, 25, Preg. 2, Resp. 2, solut. 2: “Si un hombre no tuviese a nadie que lo instruyera, Dios le enseñará, a menos que desee culpablemente permanecer en donde está.

Papa San Pío X, Acerbo Nimis (#2), 15 de abril, 1905: “Y así, Nuestro Predecesor, Benedicto XIV, tuvo causa justa para escribir: ‘Declaramos que un gran número de aquellos que están condenados al castigo eterno sufren esa calamidad eterna debido a la ignorancia de aquellos misterios de fe que deben conocerse y creerse para poder estar numerados entre los elegidos.’”

Esta la razón de por qué todos los Doctores de la Iglesia sostenían que ningún adulto podría salvarse sin tener el conocimiento de la Trinidad y la Encarnación. Es la razón de por qué los Doctores de la Iglesia que creían en el bautismo de deseo (a pesar que estaban equivocados sobre esto) únicamente lo extendían a los catecúmenos no bautizados que creían en la Trinidad y en la Encarnación.

Sin embargo, de ninguna manera debemos de pensar que somos buenos por tener la Fe o de ninguna manera pensar que somos especiales por haber sido traídos a la Fe. Esta es una trampa en la cual uno fácilmente puede caer. Y es una trampa muy peligrosa, porque si una persona se piensa especial de alguna manera, entonces probablemente ya está perdida. El orgullo (en mi opinión) lleva a la mayoría de las almas al infierno. Es el principio y el fin de la condenación. (Usted puede pensar, claro está, o considerar que es especialmente malvado o pecaminoso, como por ejemplo: “que usted es la peor persona sobre la tierra” o “el más grande pecador sobre la tierra”, etc., lo cual es bueno pensar sobre sí mismo). Esta es la manera en que uno debe considerarse a sí mismo: como el más grande pecador en el mundo y totalmente indigno de recibir cualquier gracia de Dios. En realidad, personalmente, no comprendo por qué he sido traído a la Fe y por qué tantos paganos, judíos o musulmanes, que son mejores que yo, no fueron. ¿Qué hice yo para merecer esta gracia de Fe y qué fracasaron en hacer ellos? ¿Por qué están ellos en tinieblas mientras que yo he encontrado la verdadera luz del Evangelio? Por qué, me pregunto a menudo, sin comprender el por qué. Citaré a San Alfonso, quien explica esto mejor que yo:

San Alfonso, Preparación para la Muerte, (c. +1760): “¡Cuán agradecidos deberíamos estar con Jesucristo por el don de la fe! ¿Qué hubiese sido de nosotros si hubiésemos nacido en Asia, África, América o en medio de los herejes y los cismáticos? Aquel que no cree está perdido. Esto, entonces, fue la primera y la más grande de las gracias que nos fueron conferidas: nuestro llamado a la verdadera fe. Oh Salvador del mundo, ¿qué sería de nosotros si no nos hubieras iluminado? Hubiésemos sido como nuestros padres de antaño, quienes adoraron a los animales y a trozos de piedra y madera: y así todos hubiésemos perecido.

San Alfonso Liguori, Sermones (c. +1760): “¿Cuántos nacen entre los paganos, entre los judíos, entre los mahometanos y herejes, y todos están perdidos.”


SANTO TOMÁS DE AQUINO

SEGUNDA OBJECIÓN: “Santo Tomás de Aquino enseña que uno puede ir a un hereje para recibir los sacramentos hasta que la Iglesia lo hubiese señalado.”

RESPUESTA A LA SEGUNDA OBJECIÓN: Tristemente, los herejes han pervertido acá también las enseñanzas de Santo Tomás, diciendo que él estaba hablando sobre los sacerdotes herejes, cuando realmente estaba hablando sobre los sacerdotes pecadores. Debe comprenderse que no importaría si Santo Tomás hubiese dicho lo que los herejes quieren que diga, ya que Santo Tomás entonces estaría en contradicción con las declaraciones infalibles de la Iglesia Católica. Es por eso que los Católicos (los verdaderos Católicos) no se dejan llevar por las definiciones de los Santos ni de los teólogos cuando deciden qué es lo que constituye la Fe Católica sino por el dogma infalible proclamado por los Papas desde la silla de Pedro (ex cátedra). Acá anotamos la cita completa de Santo Tomás, tal como es presentada por los herejes:

Santo Tomás de Aquino Summa Theologica, Supp. Parte, Preg. 82, Resp. 9: “Aún así existe una diferencia entre lo anterior, porque a los herejes, cismáticos y excomulgados se les ha prohibido, por sentencia de la Iglesia, realizar el rito Eucarístico. Y por lo tanto, quien quiera que oiga su misa o reciba los sacramentos por parte de ellos, comete pecado. Pero no todos los que son pecadores están excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder: y así, a pesar que son suspendidos por la sentencia Divina, no están suspendidos en relación a otros por cualquier sentencia eclesiástica: consecuentemente, hasta que se pronuncia la sentencia de la Iglesia, es lícito recibir la Comunión de sus manos y escuchar su misa. Así, en 1 Corinteos 5:11, “Cuando os escribí que no trataseis con tales sujetos, quise decir que si aquel que es del número de vuestros hermanos, es deshonesto o avariento, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o vive de rapiña, con este tal, ni tomar bocado.” La glosa de Agustín dice así: “Al decir esto no estaba de acuerdo a que un hombre fuese juzgado por sus prójimos sobre sospecha arbitraria, ni aún por juicio extraordinario usurpado, sino en vez por la ley de Dios, de acuerdo a lo ordenado por la Iglesia, ya sea que confesase espontáneamente, o si fuese acusado y convicto.”

Examinemos de cerca esta enseñanza de Santo Tomás. Cuando dice “Pero no todos los que son PECADORES,” está claro que él excluye a algunas personas de estar “excluidas por la sentencia de la Iglesia de usar este poder” sobre las cuales habla arriba, es decir, “los herejes, cismáticos y excomulgados.” Cuando menciona a los “pecadores,” uno solo puede concluir que él no está hablando sobre herejes o cismáticos ya que él hubiese declarado esto si fuese así.

También es un hecho que las personas han sido excomulgadas en la historia de la Iglesia tanto por pecados como por herejía, de manera que está perfectamente claro entonces que Santo Tomás hablaba acá sobre los sacerdotes que son pecadores—o que han sido excomulgados por pecados personales. Estos sacerdotes que han sido excomulgados por pecados también no están, sin embargo, “todos excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de la Eucaristía.”

Porque los sacerdotes que están excomulgados por pecados personales todavía tienen, por autoridad de la Iglesia – en caso de necesidad – el poder de realizar el rito de la Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia. Por lo tanto, sin duda alguna, Santo Tomás estaba hablando sobre Sacerdotes que han sido excomulgados por pecados y quienes no fueron “ todos excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de la Eucaristía.”

El no estaba hablando sobre sacerdotes que han sido excomulgados (formalmente o automáticamente) por herejía, apostasía o cisma, a menos que, claro está, uno quisiera argüir que Santo Tomás no sabía de qué hablaba (ya que todos los herejes están fuera de la Iglesia). Uno solo puede concluir que Santo Tomás estaba de acuerdo con la tradición constante e infalible de la Iglesia que explícitamente ordena que las personas se mantengan alejadas de las iglesias de los herejes, (Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8) Pero no importaría de todas maneras, ya que los Católicos deciden estas cosas por el dogma Católico infalible y no por los Santos falibles. Pero, solo para demostrar adicionalmente este punto y mostrar que Santo Tomás realmente estaba hablando sobre los pecadores y no los herejes, veremos lo que tuvo que decir San Roberto Bellarmino sobre este asunto:

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, II, 30: “Porque, en primer lugar, está demostrado con argumentos de la autoridad y por la razón que el hereje manifiesto es depuesto ‘ipso facto’ [por ese mismo hecho]. El argumento de la autoridad está basado en San Pablo (Tito 3:10), quien ordena que sea evitado el hereje después de dos advertencias, es decir, después de mostrarse que es manifiestamente obstinado – lo cual significa antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Y esto es lo que escribe San Jerónimo, agregando que los demás pecadores están excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión, pero los herejes se exilian a sí mismos y se separan a sí mismos por su propio acto del cuerpo de Cristo.”

Veamos nuevamente lo que San Bellarmino acaba de decir: los pecadores son excluidos de la Iglesia con la sentencia de la excomunión”... “... pero los herejes se exilian a sí mismos.”

De manera que está absolutamente claro, tal como lo demostró San Roberto Bellarmino, quien lo citó de San Jerónimo, que Santo Tomás realmente estaba hablando sobre cómo los sacerdotes pecadores no están “todos excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de la Eucaristía.” A menos, claro está, que uno quisiera ser un mentiroso total. Y así, las enseñanzas de Santo Tomás son claras sobre cómo un sacerdote con pecados mortales privados o públicos no está suspendido por la sentencia de la Iglesia (no formalmente) de realizar el rito Eucarístico, aunque peque cada vez que prepara los sacramentos debido a la suspensión Divina. Por lo tanto podemos acercarnos a los sacerdotes pecadores (y no a los sacerdotes herejes, tal como lo tratan de decir los mentirosos) para recibir los sacramentos, hasta que haya sido pronunciada la sentencia de la Iglesia.

Los Católicos no tienen obligación, sin embargo, de acercarse a los sacerdotes notoriamente pecadores para recibir los sacramentos y pueden quedarse en casa, pero tampoco se les prohíbe ir si desean estos sacramentos. Esto es así porque la herejía automáticamente excomulga a toda persona que sea culpable de la misma y la pone fuera de la Iglesia; sin embargo, los propios pecados mortales de una persona, no.

La Iglesia enseña adicionalmente que no puede abordar a dichos sacerdotes (que han sido excomulgados por otras razones distintas a una herejía, cisma o apostasía), únicamente bajo graves circunstancias para los sacramentos, si no hay disponible otra opción razonable (más sobre esto en la Cuarta Objeción). Porque el pecado y la herejía no son lo mismo y el estar excomulgado por un pecado o estar excomulgado por una herejía no es lo mismo, (a pesar que ambos casos llevan el alma del excomulgado al infierno). El Papa, aunque es un pecador mortal público, todavía es Papa y tiene la misma autoridad que otro Papa. Sin embargo, si ha de volverse un hereje, cismático o apóstata, automáticamente dejaría de ser Papa y cabeza de la Iglesia y perdería toda su autoridad y poder eclesiástico.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su propia naturaleza separa al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o herejía o apostasía.”

Y realmente, cuando las personas usan citas falibles por parte de santos y teólogos falibles para tratar de demostrar su posición, usted sabe que han perdido la noción de distinguir entre las palabras falibles y las infalibles.

For other St. Thomas objections not yet translated in this article, please consult the following section on our English website: ST. THOMAS AQUINAS, SUMMA THEOLOGICA, SUPPL. PART, Q. 38, ART. 2


CARDENAL JOHN DE LUGO

TERCERA OBJECIÓN: “El Cardenal John de Lugo, quien fuese un teólogo respetado y quien fue contado por el mismo San Alfonso como segundo únicamente después de Santo Tomás de Aquino, y quien fue llamado “una luz de la Iglesia” por el Papa Benedicto XIV, dijo que uno podría ir con un sacerdote hereje de quien se supiera ser hereje, para escuchar la misa y recibir los sacramentos.”

RESPUESTA A LA TERCERA OBJECIÓN: El Cardenal John de Lugo simplemente estaba equivocado. También estaba confundido sobre ciertos puntos que él enseñó (tal como lo demostraremos). Esto lo hizo llegar a un sistema propio de creencia. Este es un hecho admitido hasta por la Enciclopedia Católica:

La Enciclopedia Católica, “Cardenal John de Lugo”, Vol 9, (1910): “Todos sus escritos (Lugo), ya sea sobre teología dogmática o teología moral, exhiben dos calidades principales: Una mente crítica y penetrante, a veces demasiado indulgente en las sutilezas y un juicio sólido... En varios problemas formó un sistema propio, como por ejemplo sobre la fe, la Eucaristía, la unión hipostática, etc.

John de Lugo hasta argumentó sobre que las palabras, “Esta es Mi Sangre”, (o una forma corta similar) fuesen una forma sacramental completa para la consagración del vino. De Lugo argumentó que la mismísima existencia de dichas liturgias (erróneas) en los tiempos antiguos (basadas en documentos no aprobados y adulterados) demostró que esas pocas palabras son suficientes para tener validez y que ipso facto, las palabras adicionales de la forma, a pesar de usarse universalmente en la Iglesia, no son esenciales. Así argumentó (en su propio tiempo) igual que lo hace hoy en día la “Iglesia” de Vaticano II. Esta proposición por parte de John de Lugo fue, claro está, condenada (la teoría) como una falsa (Salmanticenses 30-32, Disp. IX, dub. 3). Sin embargo, los herejes nos hacen creer que una forma corta de la consagración sería una forma verdadera y válida, porque ¿por qué otra razón hubiese él (Lugo) dicho eso? ¿Pero quién entre estos herejes admitiría tal cosa? Conjeturamos que nadie o muy pocos lo hubiesen hecho. Este hecho impactante entonces revela que estas personas, de hecho, fueron herejes de mala voluntad, ya que los herejes rechazan únicamente aquellos artículos de fe que no se les adaptan, o creen únicamente en aquellos que consideran ser del depósito de fe. ¡Ambos términos son los que hacen a un hereje! Entonces, esto demostraría adicionalmente que estas personas son hipócritas absolutas y de mala voluntad.

Ahora, el Cardenal de Lugo ciertamente no es infalible y hasta estaba equivocado sobre temas teológicos principales (como aquellos relacionados a la misa y a la forma de consagración). De hecho, los cambios propuestos por el Cardenal de Lugo hubiesen hecho inválido el acto de consagración (transubstanciación), tal como lo deja claro el Papa San Pío V:

Papa San Pío V, De Defectibus, capítulo 5, Parte 1: “Las palabras de la Consagración, las cuales son la FORMA de este Sacramento, son las siguientes: PORQUE ESTE ES MI CUERPO. Y: PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO: EL MISTERIO DE FE, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTED Y POR MUCHOS PARA LA REMISIÓN DE LOS PECADOS. Ahora, si uno removiese o cambiase cualquier cosa en la FORMA de la consagración del Cuerpo y la Sangre, y con ese mismo cambio de palabras, la [nueva] redacción fracasará en significar la misma cosa, ÉL NO CONSAGRARÍA EL SACRAMENTO.”

Esto, otra vez, nos demuestra por qué los verdaderos Católicos construyen su Fe, (no sobre santos o teólogos) sino sobre el magisterio infalible de la Iglesia. Esta cita hecha por el Papa San Pío V también demuestra la invalidez de la misa Novus Ordo (misa de Vaticano II) en la cual se han cambiado las palabras de la consagración:

FORMA DE CONSAGRACIÓN DE LA NUEVA MISA

“Porque este es mi cuerpo. Porque este es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento. Será derramada por ustedes y POR TODOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.”

Primero, las palabras EL MISTERIO DE LA FE han sido abolidas en la forma de consagración de la nueva misa, que en sí la hace altamente dudosa. Sin embargo, lo que hace absolutamente la nueva misa inválida sin duda alguna es lo que sigue: La forma original de la consagración no usa las palabras “POR TODOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS” sino usa las palabras “POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.” La secta de Vaticano II usa las palabras POR TODOS ya que pública y notoriamente sostienen, enseñan y creen en la herejía de la salvación universal o la salvación para las personas en las religiones falsas. Así, han cambiado la redacción de muchos (que indica que no todos son salvados) a TODOS, que entonces encaja en su sistema hereje de creencia. La palabras para MUCHOS fueron usadas por el mismo JESUCRISTO y ni siquiera un Papa puede cambiar las palabras instituidas por nuestro Señor, como lo deja claro el Papa Pío XII:

Papa Pío XII, Sacramentum Ordinis (#1), 30 de noviembre, 1947: “... la Iglesia no tiene poder sobre la ‘sustancia de los sacramentos’, es decir, sobre aquellas cosas que, con las fuentes de la revelación divina como testigo, el Mismo Cristo Señor decretó que fuesen preservadas en un signo sacramental...”

No haría mucha diferencia si cambiasen de vuelta a la fórmula tradicional, ya que la mayoría de todos los sacerdotes de Vaticano II que quedan en el mundo de todos modos han sido ordenados inválidamente y nunca consagran la Eucaristía. Las hostias en las iglesias de Vaticano II son, por lo tanto, solo pedazo de pan.
Si quiere saber más sobre la invalidez de la nueva misa, favor de consultar esta página: http://www.santos-catolicos.com/nueva-misa-vs-misa-tradicional/

Por lo tanto, en vista de todos estos errores teológicos por parte del Cardenal John de Lugo – especialmente relacionados a la misa – uno solo puede concluir (cuando se le preguntó sobre acercarse a un sacerdote hereje para escuchar la Misa y recibir los sacramentos) que él también acá, “en varios problemas... formó un sistema propio, como por ejemplo sobre la fe, la Eucaristía, la unión hipostática, etc.” (La Enciclopedia Católica) y no de la Iglesia ... No es que su opinión tenga alguna significación de todos modos, ya que los verdaderos Católicos primero, y antes que todo, siguen las enseñanzas magisteriales de la Iglesia (y no antes, ni ante todo, las opiniones falibles de los teólogos).

Ahora veremos las siguientes citas hechas por el Cardenal de Lugo sobre la recepción de los sacramentos de la Iglesia por parte de los herejes:

Cardenal John de Lugo: “La segunda duda principal es si podemos comunicarnos con un hereje no declarado únicamente en asuntos civiles y humanos o hasta en cosas sagradas y espirituales. Es cierto que no nos podemos comunicar con los herejes en ritos propios de una secta herética, porque esto sería contrario al precepto de confesar la fe y contendría una profesión implícita de error. Pero la pregunta está relacionada a los asuntos sagrados que no contengan error alguno, por ejemplo, si es legal escuchar Misa con un hereje, o celebrar en su presencia, o estar presente mientras él celebra en un rito Católico, etc.

Nótese que el Cardenal de Lugo nunca distingue entre asistir a un rito hereje (lo cual nunca fue permitido) y asistir a una Misa Católica o rito Católico celebrado por un “hereje no declarado”, lo cual tampoco se permite jamás, si uno está consciente que el sacerdote es un hereje (por ejemplo, un sacerdote del SSPX, que celebra el rito Católico y declara que es Católico pero es realmente un hereje que profesa la comunión externa con otros herejes (Vaticano II)).

Cardenal de Lugo: “Pero el punto de vista opuesto es general y verdadero, a menos que sea ilícito por cualquier otra razón por culpa de un escándalo o negación implícita de la fe, o porque la caridad lo obliga a uno a impedir el pecado de un ministro hereje que administra indignamente cuando no urge la necesidad. Esto es la enseñanza de Navarro y Sánchez, Suárez, Hurtado y es lo que yo he dicho al hablar del sacramento de la penitencia y del matrimonio y de los otros sacramentos. Es también cierto en virtud de dichas litterae extravagantes en las cuales la comunicación con excommunicati toleratti se concede a los fieles en la recepción y administración de los sacramentos.”

Nótese que el Cardenal de Lugo basa muchas de sus conclusiones sobre otros teólogos en vez de la autoridad papal. Esta es la forma en que se inicia el error o la herejía. El también parece haber confundido a las personas que son culpables de la excomunión automática (herejes, cismáticos y apóstatas) con pecadores (excommunicati tolerate) quienes están específicamente excomulgados por la Iglesia.

John de Lugo: “Por lo tanto, debido a que estos herejes no son declarados [¿formal?] excomulgados ni notoriamente culpables de pegarle a un clérigo, no existe razón alguna para que se nos prevenga de recibir los sacramentos por parte de ellos debido a su excomunión [¿automática?], a pesar que sobre otros fundamentos esto puede ser a menudo ilícito a menos que la necesidad excuse, tal como lo he explicado en dichos lugares.” (Cardenal John de Lugo S.J. (1583-1660), Tractatus de Virtute Fidei Divinae: Disputatio XXII, Sectio.)

Lo que dice acá está simplemente malo y uno no puede seguir acá su opinión falible debido a que está contradicho por muchos Papas. Así, uno no puede usar las opiniones erróneas del Cardenal John de Lugo, o cualquier otro teólogo o santo en cuanto a eso, como alguna clase de prueba para recibir los sacramentos por parte de herejes. Esto le debería quedar claro a cualquier persona honesta, pero los herejes simplemente no pueden comprender este hecho en sus cabezas obstinadas.

Further, it is also clear from de Lugo’s words: "So as these heretics are not declared excommunicates or notoriously guilty of striking a cleric" that he was here referring to Pope Martin V’s bull Ad Evitanda Scandala as his supposed source on receiving sacraments from heretics. However, Ad Evitanda Scandala (which you can read here) never dealt with the issue of religious communion with heretics or schismatics but specifically with religious communion with excommunicated tolerated sinners (Catholics) or people otherwise notoriously guilty of striking a cleric!, and whether it would be lawful to commune with them or not! So John de Lugo didn’t even understand the very bull that he was citing when he came up with his position on receiving sacraments from heretics, and we should follow his opinion? Absolutely not!

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo demuestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes tenían la costumbre de mantener como fuera de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia a quien quiera que se aparte en lo más mínimo de cualquier punto de la doctrina propuesta por su Magisterio autoritario.”

Todos los apóstatas, herejes o cismáticos están fuera de la comunión Católica y deben de evitarse.

III Concilio de Constantinopla, 680-681: “Si cualquier eclesiástico o laico entra en la sinagoga de los judíos o en las casas de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean destituidos y privados de la comunión. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la comunión.

Es un dogma que todos los herejes están fuera de la Iglesia (de fide). Así, ningún sacerdote hereje puede administrar lícitamente los sacramentos (a menos que estemos hablando del bautismo) y las personas que a sabiendas se acercan a los sacramentos ilícitos peca mortalmente. Por lo tanto, las opiniones privadas del Cardenal John de Lugo no son algo que pueda tomarse en cuenta a la luz de todos estos hechos dogmáticos.

Papa León XII, Satis Cognitum (#15), 29 de junio, 1896: “es absurdo imaginar que quien está fuera puede ordenar en la Iglesia”.

Los herejes o cismáticos son verdaderos asesinos espirituales (lo cual es mucho peor que los asesinos físicos), y darle a otras personas la impresión que ellos (herejes y cismáticos) son Católicos verdaderos es realmente abominable y vergonzoso. Sin embargo, los herejes, que hacen colación a todos los argumentos de todos los santos y teólogos que pueden encontrar, estarían encantados de hacer énfasis justamente en eso (que los herejes y los cismáticos son Católicos). ¿De qué otra manera pondrían tanto tiempo y esfuerzo en encontrar estas declaraciones falibles para defender su posición sacrílega?

Lo que se debe hacer (en vez de buscar excusas para ir con ellos) es denunciar a estos asesinos de almas (herejes y cismáticos) ante otras personas. Y qué no se debe de hacer es profesar comunión con ellos. Es realmente fácil si uno es honesto consigo mismo. A menos que uno se oponga a los herejes y a los cismáticos, seremos condenados al fuego eterno del infierno, tal como lo dejan perfectamente claro las siguientes citas:

Papa San Félix III (Siglo V): “No oponerse al error es aprobarlo; y no defender la verdad es suprimirla y, ciertamente, descuidar confrontarse a los hombres malignos – cuando uno lo puede hacer – no es menos pecado que alentarlos.

Santiago 4:17: En fin, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, por lo mismo peca.”

Papa León XIII, Inimica Vis, 1892: “Un error que no se resiste es aprobado; una verdad que no se defiende es suprimida... Aquel no se opone a un crimen evidente está abierto a sospecha de complicidad secreta.

Todos los servicios religiosos no-Católicos son crímenes en contra del verdadero Dios, el Dios Católico, ¡en el mayor grado posible!


EL CÓDIGO DE LEY CANÓNICA DE 1917

CUARTA OBJECIÓN: “El Código de Ley Canónica de 1917 enseña que uno puede asistir a los servicios religiosos de herejes o cismáticos y recibir los sacramentos por parte de ellos. Canon 2261.2-3, del Código de Ley Canónica de 1917 declara: “... los fieles pueden, por cualquier causa justa, pedir los sacramentos o sacramentales de aquel que esté excomulgado, especialmente si no existe nadie más que los pueda dar (c.2261.2)... Pero de un vitandus excomulgado [que ha de ser evitado] o uno contra quien existe una sentencia declaratoria o condenatoria, sólo en peligro de muerte puede el fiel pedir la absolución sacramental de acuerdo a los cánones 882, 2252 y también otros sacramentos y sacramentales en caso que no haya nadie más que los pueda administrar (c. 2261.3).””

RESPUESTA A LA CUARTA OBJECIÓN: Primero, notemos que el Código de Ley Canónica de 1917 no habla sobre los herejes o cismáticos. Explícitamente habla sobre las personas excomulgadas. Aún si esto estuviese hablando sobre herejes y cismáticos (lo cual no hace), no tendría peso alguno sobre las definiciones infalibles hechas por la Iglesia Católica. El Código de Ley Canónica de 1917 tampoco es infalible tal como se demostrará más adelante.

Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra: “Y debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda declaración contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita enseñar contrariamente. Declaramos que todos aquellos que se apegan a las declaraciones erróneas de esta clase , sembrando herejías que están completamente condenadas, deberán evitarse de todas las maneras posible y castigadas como herejes detestables y odiosos, e infieles que están socavando la fe Católica.”

Segundo, uno necesita comprender que se puede incurrir en la excomunión por muchas cosas. Históricamente, las excomuniones se distinguían con los términos mayor y menor. Se incurría en excomunión mayor por herejía y cisma (pecados en contra de la fe) y por ciertos otros pecados mayores. Aquellos que recibían una excomunión mayor por herejía no eran miembros de la Iglesia (tal como lo acabamos de demostrar largamente). Sin embargo, la excomunión menor no lo removía a uno de la Iglesia, pero le prohibía a uno participar en la vida sacramental de la Iglesia. El Papa Benedicto XIV hizo nota de la distinción.

Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum (#23) 1 de marzo, 1756: “Más aún, los herejes y los cismáticos están sujetos a censura de una excomunión mayor por la ley de Can. De Ligu. 23. pregunta 5, y Can Nulli, 5, dist. 19.

Por otro lado, se incurría en la excomunión menor por cosas como violar un secreto del Santo Oficio, falsificar reliquias (c. 2326), violar un claustro (c. 2342), etc. Todas estas son penalidades eclesiásticas o de la Iglesia. Dichas acciones, a pesar que son gravemente pecaminosas, no separó a una persona de la Iglesia. Y a pesar que ya no se usan los términos de excomunión mayor y menor, continúa siendo un hecho que una persona podría incurrir en una excomunión (por algo distinto a la herejía) que no lo separaría de la Iglesia, y podría incurrir en una excomunión por herejía lo cual lo separaría de la Iglesia. Por lo tanto, un Católico que recibe una excomunión por herejía ya no es un Católico porque los herejes están fuera de la Iglesia Católica (de fide, Papa Eugenio IV). Pero un Católico que recibe una excomunión por otra cosa es todavía un Católico, a pesar de estar en estado de pecado grave. Así, está claro que el Código de Ley Canónica de 1917 habla sobre los pecadores y los Católicos desobedientes de distintas clases, y no sobre herejes.

MÁS SOBRE EL CÓDIGO DE LEY CANÓNICA DE 1917

El Código de 1917 definitivamente no fue un pronunciamiento ex cátedra (de la Silla de Pedro) porque no ata a toda la Iglesia, sino únicamente a la Iglesia Latina (no a los Ritos Orientales), como está estipulado en el Canon 1 del Código de 1917.

Canon 1, Código de la Ley Canónica de 1917: “ A pesar que en el Código de la Ley Canónica se hace referencia frecuentemente a la disciplina de la Iglesia Oriental, no obstante, Este [Código] se aplica únicamente a la Iglesia Latina y no obliga a la Oriental, a menos que trate de cosas que, por su naturaleza, se aplican a la Oriental.”

Un papa habla infaliblemente desde la Silla de Pedro cuando sus enseñanzas sobre la fe o la moral obliga a la Iglesia completa, lo cual no hace el Código de 1917:

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, Sesión 4, Capítulo 4: “...el Pontífice Romano, cuando habla ex cátedra [de la Silla de Pedro], es decir cuando realiza el deber de pastor y de maestro de todos los cristianos de acuerdo a su autoridad apostólica suprema y explica una doctrina de fe o de moral que ha de sostenerse por toda la Iglesia universal... opera con esa infalibilidad...

El Código de 1917 tampoco es una disciplina infalible de la Iglesia, tal como está demostrado por el hecho que contiene una ley que contradice directamente desde el principio la disciplina infalible de la Iglesia sobre un punto que está aunado a la Fe. La verdadera Bula que promulga el Código de 1917, Providentísima mater Ecclesia, no fue firmada por Benedicto XV, sino por el Cardenal Gasparri y el Cardenal De Azavedo. El Cardenal Gasparri, Secretario de Estado, fue el principal autor y recopilador de los cánones. Algunos teólogos discutirían que únicamente las disciplinas que obligan a toda la Iglesia – a diferencia del Código 1917 – están protegidas por la infalibilidad de la autoridad gobernante de la Iglesia, un argumento que parece estar respaldado por las siguientes enseñanzas del Papa Pío XII.

Papa Pío XII; Mystici Corporis Christi (#66), 29 de junio, 1943: “Ciertamente la Madre amorosa está sin una sola mancha en los Sacramentos, por medio de los cuales da nacimiento y alimenta a sus hijos; en la fe que ella siempre ha preservado inviolada; en sus leyes sagradas impuestas sobre todos; en los consejos evangélicos que ella recomienda; en aquellos regalos celestiales y gracias extraordinarias a través de los cuales, con una fecundidad inagotable ella genera multitudes de mártires, vírgenes y confesores.”

Esto significaría que una ley disciplinaria no es una ley de la Iglesia “Católica” (es decir, universal) a menos que obligue a la Iglesia Universal. También deberá recordarse que es de ley divina que únicamente los Papas son infalibles cuando hablan ex cátedra (de la Silla de Pedro). Así, esto demuestra que Pío XII estaba hablando sobre las declaraciones infalibles desde la Silla de Pedro. No obstante, el Código de 1917 no goza de infalibilidad. Esto queda demostrado adicionalmente por los siguientes cánones.

1) El Código de Ley Canónica de 1917 enseña que el entierro cristiano puede dársele a los catecúmenos no bautizados.

El Código de 1917 enseña en el canon 1239, que se les puede dar entierro cristiano a los catecúmenos no bautizados. Esto contradice la Tradición completa de la Iglesia Católica durante 1900 años sobre si se les puede dar cristiana sepultura a las personas no bautizadas.

Canon 1239, Código 1917: “1. A aquellos que mueren sin bautismo no debe de dársele sepultura eclesiástica. 2. Los catecúmenos que, sin culpa propia, mueren sin bautismo han de considerarse bautizados.”

Debido a que desde el tiempo de Jesucristo y a lo largo de la historia la Iglesia Católica universal rechazó la sepultura eclesiástica a los catecúmenos que morían sin el Sacramento del Bautismo, tal como lo admite La Enciclopedia Católica:

La Enciclopedia Católica, “Bautismo,” Volumen 2, 1907: “Cierta declaración en la oración funeraria de San Ambrosio sobre el Emperador Valentiniano II ha sido traída a colación como prueba que la Iglesia ofreció sacrificios y oraciones por los catecúmenos que murieron antes de ser bautizados. No existe vestigio alguno de dicha costumbre en ningún lado... La práctica de la Iglesia se muestra más correctamente en el canon (xvii) del Segundo Concilio de Braga (572 AD): ‘Ni la conmemoración del Sacrificio [oblationis] ni el servicio de canto (de salmos) [psallendi] han de emplearse para los catecúmenos que han muerto sin recibir el bautismo.””

Esta es la ley de la Iglesia Católica desde el principio y a lo largo de la historia. Por lo tanto, debido a que este tema problemático está unido a la Fe y no es solamente disciplinario, o la Iglesia Católica estaba equivocada desde el tiempo de Cristo por rechazar la sepultura eclesiástica para los catecúmenos que murieron sin bautismo ó el Código de 1917 está equivocado por otorgársela a ellos. Es uno o el otro, porque el Código de 1917 directamente contradice la ley Tradicional y constante de la Iglesia Católica durante diecinueve siglos sobre este punto, el cual está aunado a la Fe. La respuesta es, obviamente, que el Código de 1917 contiene muchos pies de página por parte de los papas tradicionales, los concilios, etc., para demostrar de dónde se derivaron ciertos cánones. Canon 1239.2 sobre dar sepultura eclesiástica a los catecúmenos no bautizados no tiene pie de página, atribuido a ningún papa, ley o concilio previos, simplemente ¡porque nada en la Tradición lo respalda!

La Enciclopedia Católica (1907) cita un decreto interesante del Papa Inocencio III en el cual él comentó sobre la ley tradicional, universal y constante de la Iglesia Católica desde el principio la cual rechazó la sepultura eclesiástica a todos los que morían sin recibir el Sacramento del Bautismo.

La Enciclopedia Católica, “Bautismo”, Volumen 2, 1907: “La razón de esta regulación [prohibiendo la sepultura eclesiástica a todas las personas no bautizadas] es dada por el Papa Inocencio III (Decreto III, XXVII, xii): ‘Ha sido decretado por los cánones sagrados que no debemos de tener comunión alguna con aquellos que están muertos, si no nos hemos comunicado con ellos mientras estuvieron vivos.’”

2) El Código de 1917 enseña que los herejes pueden estar en buena fe.

Canon 731.2, Código de 1917: “Está prohibido que los Sacramentos de la Iglesia sean administrados a los herejes y cismáticos, aunque lo pidan y estén en buena fe,, a menos que de antemano, rechazando sus errores, se reconcilien con la Iglesia.”

Un hereje, por definición infalible, es de mala fe y pone sobre su cabeza un castigo eterno.

Papa San Celestino I, Concilio de Efeso, 431: “... todos los herejes corrompen las verdaderas expresiones del Espíritu Santo con sus propias mentes malvadas y ellos ponen sobre sus propias cabezas una llama inextinguible.”

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solamente los paganos sino también los judíos o los herejes y cismáticos, no pueden compartir en la vida eterna y e irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas...”

Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio (#2), 27 de mayo, 1832: “Finalmente algunas de estas personas mal guiadas intentan persuadirse a sí mismas y a otras que los hombres no se salvan únicamente en la religión Católica, sino que hasta los herejes puede alcanzar la vida eterna.

Una persona en buena fe, quien está errando inocentemente sobre un dogma (floja e inapropiadamente llamada un hereje material en las discusiones teológicas) no es un hereje, sino un Católico que yerra en buena fe. De manera que la declaración en el Código de 1917 sobre los herejes y cismáticos en buena fe está definitivamente errada teológicamente y demuestra que no estaba protegida por la infalibilidad.

Objeción: “Un hereje puede estar en buena fe sobre ciertos asuntos teológicos. Un hereje también puede estar en buena fe en algunas maneras ya que, ¡de qué otra manera puede un hereje regresar de sus errores y volverse un Católico!”

Respuesta a la objeción: No, un hereje no puede ser de buena Fe en tanto permanezca siendo un hereje y en tanto rechace obstinadamente la gracia de Dios para la conversión a la verdadera Fe Católica. El momento en que un hereje cesa de ser un hereje, él es de buena fe. Es importante comprender (porque de lo contrario esto puede cuasar confusión) que un hereje o un cismático es una persona bautizada, mayor de la edad de la razón, que tiene conocimiento y afirma una creencia en la Trinidad y en la Encarnación (los misterios esenciales), pero quien rechaza las enseñanzas completas de Cristo y de Su Iglesia. Por lo tanto, un hereje no es un hereje material (un término usado para describir a un Católico que yerra en buena Fe), porque un hereje es por definición una persona que a sabiendas y obstinadamente rechaza partes de la verdadera Fe. Una persona solo puede rechazar lo que ha leído o lo que ha escuchado y comprendido (a menos que estemos hablando de la Trinidad y de la Encarnación y de la ley natural, las cuales son obligatorias conocer explícitamente sin excepción). Así, el hereje es por definición siempre de mala fe y continuará siendo así en tanto permanezca en herejía. Es cierto que un hereje puede desear la verdadera fe, pero eso no significa que él sostenga la verdadera fe (hasta que realmente sea convertido).

Esto se demuestra adicionalmente con un ejemplo. Porque si usted fuese a decirle a un asesino y violador obstinado: “¡Debería dejar de asesinar y de violar a las personas (recuerde que la herejía asesina a las almas)!” Y el asesino respondiese: “Lo estoy considerando ya que veo que es malo. Deseo cambiar. Sin embargo, continuaré asesinando y violando durante un poco de tiempo más (continuará divulgando las herejías y las mentiras un poco más).” ¿Habría alguien tan loco como para decir que él está en buena fe aunque desee dejar de hacer el mal? Claro que no. Así también, los herejes son como los asesinos ya que asesinan eternamente su propia alma y el alma de las demás personas. De hecho, son peores que los asesinos y los violadores. Y en tanto estén obstinados en su herejía, son de mala fe y continúan asesinando almas.

Los herejes tampoco son capaces de estar en buena fe sobre algunas partes de la fe, ya que la fe debe tomarse como un todo o rechazarse como un todo, tal como lo enseña el Papa León XIII:

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “... puede ser legal que alguien rechace cualesquiera de esas verdades sin, por el mismo hecho, caer en herejía? – sin separarse a sí mismo de la Iglesia? – sin repudiar en un solo acto todas las enseñanzas cristianas? Porque así es la naturaleza de la fe, que nada puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y rechazar otras... Pero aquel que disiente en tan solo un punto de la verdad revelada divinamente rechaza absolutamente toda la fe, ya que con eso rechaza honrar a Dios como la verdad suprema y el motivo formal de la fe.

La Enciclopedia Católica tiene que decir los siguientes puntos sobre la herejía:

La Enciclopedia Católica. Vol 7. “Herejía”, la gravedad del pecado (1910): “La herejía es un pecado, que por su naturaleza es destructiva de la virtud de la fe cristiana. Su malicia ha de medirse, por lo tanto, por la excelencia del buen don del que priva al alma. Ahora la fe es la posesión más preciosa del hombre, la raíz de su vida supernatural, la promesa de su salvación eterna. La privación de la fe, por lo tanto, es el mayor mal y el rechazo deliberado de la fe es el pecado más grande. Santo Tomás (II-II, Preg. X, resp. 3) llega a la misma conclusión así: “Todo pecado es una aversión de Dios. Un pecado, por lo tanto, es mayor entre más separa al hombre de Dios. Pero la infidelidad hace esto más que cualquier otro pecado, porque el infiel (el no creyente) carece del verdadero conocimiento de Dios: su conocimiento falso no le proporciona ayuda, porque lo que él opina no es Dios: manifiestamente, entonces, el pecado de no creer (carencia de fe) es el mayor pecado en todo el rango de la perversidad.” Y él agrega: “A pesar que los gentiles yerran en más cosas que los judíos, y a pesar que los judíos son removidos más lejos de la verdadera fe que los herejes, sin embargo la no creencia de los judíos es un pecado mucho más grave que aquel de los gentiles, porque ellos corrompen el Evangelio en sí después de haber adoptado y profesado el mismo... Es un pecado más serio no realizar lo que uno ha prometido, que no realizar lo que uno no ha prometido.” No puede abogarse en apelación a la culpa de la herejía, que los herejes no niegan la fe que, a ellos, les parece necesario para la salvación, sino únicamente tales artículos que ellos consideran que no pertenecen al depósito original. En respuesta, es suficiente comentar que las dos verdades más evidentes de depositum fidei [depósito de fe] son la unidad de la Iglesia y la institución de una autoridad educadora [los Papas] para mantener esa unidad. Esa unidad existe en la Iglesia Católica y es preservada por la función de su cuerpo educador: estos son dos hechos que cualquiera puede verificar por sí mismo. En la constitución de la Iglesia no hay lugar para un juicio privado que divida a los esenciales de los no esenciales: cualquier dicha selección altera la unidad y reta a la autoridad Divina, de la Iglesia; asesta la mismísima fuente de la fe. La culpa de la herejía se mide no tanto por su asunto-tema como por su principio formal, el cual es el mismo en todas las herejías: revuelta en contra de una autoridad constituida Divinamente.”

3) El Código de 1917 enseña que los Católicos pueden estar presente en las formas no-católicas de adoración, ¡incluyendo matrimonios no-católicos y funerales no-católicos!

Canon 1258, Código 1917: “1. No es lícito que los fieles, de manera alguna, asistan activamente o tengan parte en los [ritos] sagrados de los no-católicos. 2. La presencia pasiva o simplemente material puede tolerarse por honor o cargo civil, por una grave razón que sea aprobada por el Obispo en caso de duda, en funerales, matrimonios y solemnidades similares de los no-católicos, siempre y cuando esté ausente el peligro de escándalo.”

Nota: este canon habla sobre adoración y ritos (falsos) de no-católicos o no-cristianos. ¡Esto es atroz! Este canon permite que uno viaje, y asista, a una sinagoga judía o a un templo hindú o a un servicio luterano, etc., etc., etc. para el matrimonio o el funeral de los infieles o los herejes – ¡siempre y cuando uno no participe activamente! Esto es ridículo, porque el molestarse para estar presente en dichos servicios no-católicos en donde se realiza una adoración falsa (por el bien de honrar o agradar a la persona que está involucrada en el mismo) es un escándalo en sí. Es para honrar a una persona que peca en contra del Primer Mandamiento. Ir al funeral de un no-católico es implicar que había algo de esperanza para él para su salvación fuera de la Iglesia; y asistir al matrimonio de un no-católico es implicar que Dios tolera su matrimonio fuera de la Iglesia. Un Católico no puede tomar parte activamente en una adoración falsa ni molestarse en viajar a una adoración falsa o a una ceremonia no-católica para honrarla con su presencia “pasiva”. Tener una presencia pasiva en servicios no-católicos es realmente honrar al diablo y a los demonios, ya que el Salmo 95:5 dice que “todos los dioses de los gentiles son demonios.” Mostrarle a otros que usted asiste a sus casas religiosas es mostrar un consentimiento formal a su religión y es mortalmente pecaminoso y completamente inexcusable. Y, como siempre, los herejes deben declarar que la Iglesia puede contradecirse en un asunto que está ligado a la fe o ser totalmente ilógica. A continuación está nuevamente la verdadera fe infalible:

Papa León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex cátedra: “Y debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y estrictamente prohibimos que sea permitido enseñar contrariamente. Decretamos que todos aquellos que se adhieren a las declaraciones erróneas de esta clase, cosechando así herejías que son totalmente condenadas, deberán evitarse de toda forma y deberán castigarse como herejes e infieles detestables y odiosos quienes socavan la fe Católica.”

Deberán evitarse de toda forma”, no es suficientemente “claro” para los herejes. Por lo tanto, este canon también demuestra que este código no es infalible.

4) El Código de Ley Canónica de 1917 enseña el bautismo de deseo.

Nuevamente, un papa habla infaliblemente desde la Silla de Pedro cuando sus enseñanzas sobre fe o moral obliga a toda la Iglesia, lo cual no hace el Código de 1917; por lo tanto, la proposición del Código de 1917 en el canon 737 que el Bautismo es necesario “por lo menos en deseo” para la salvación, no es obligatorio sobre la Iglesia universal ni está protegido por la infalibilidad. El Código de 1917 contradice la Tradición inmemorial de la Iglesia sobre el entierro eclesiástico para los catecúmenos (personas no-bautizadas) no tiene peso alguno ni un momento en contra de la declaración infalible de la Silla de San Pedro (que obliga a toda la Iglesia) que nadie puede entrar en el cielo sin el Sacramento de Bautismo.

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Can. 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (cf. Jn. 3:5): que sea anatema.”

Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Can. 2 sobre el Sacramento del Bautismo, Sesión 7, 1547, ex cátedra: “Si alguien dice que no es necesaria el agua real y natural para el bautismo, y que en esa cuenta aquellas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “En verdad en verdad te digo, respondió Jesús: que quien no renaciere por el bautismo del agua y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios[Juan 3:5], son distorsionadas en alguna clase de metáfora: que sea anatema.”

For numerous other objections and arguments not covered in this article, please see our latest article: SACRAMENTS FROM HERETICS ARTICLE/DEBATE REFUTED

For more objections and arguments on the 1917 Code of Canon Law not covered in this article, please consult the following section on our website: http://www.catholic-saints.net/most-holy-family-monastery-peter-and-michael-dimond-sacraments-from-heretics-article-debate-refuted/#DIMOND-ON-THE-1917-CODE-OF-CANON-LAW


EXCOMUNIÓN AUTOMÁTICA SIN EXCEPCIÓN PARA TODOS LOS HEREJES, CISMÁTICOS Y APÓSTATAS

La sentencia declaratoria que sigue a una excomunión automática es simplemente un reconocimiento legal de algo que ya existe. Si esto no fuese cierto, no tendría significado la excomunión. Canon 2314 del Código de la Ley Canónica de 1917, a pesar que no es infalible, está perfectamente en línea con las enseñanzas Católicas: “Todos los apóstatas de la fe cristiana y todos y cada uno de los herejes o cismáticos: 1)Incurren ipso facto [por este mismo hecho] en excomunión...”

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuán grave puede ser, por su propia naturaleza es tal que separe a un hombre del Cuerpo de la Iglesia, tal como lo hace un cisma o una herejía o una apostasía.

Papa León XIII; Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “La práctica de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban acostumbrados a sostener fuera de la comunión Católica, Y FORÁNEO A LA IGLESIA, QUIEN RETROCEDE EN EL MENOR GRADO DE CUALQUIER PUNTO DE LA DOCTRINA QUE ES PROPUESTA POR SU MAGISTERIO AUTORITARIO.”

Papa Pío VI, Auctorem fidei, 28 de agosto, 1794: “47. Así mismo, la proposición que enseña que es necesario, de acuerdo a las leyes natural y divina, ya sea por una excomunión o una suspensión, que un examen personal debería preceder y que, por lo tanto, las sentencias llamadas ‘ipso facto’ no tienen otra fuerza más que la de una amenaza seria sin un efecto real” – falso, temerario, pernicioso, injurioso al poder de la Iglesia, erróneo.”

La persona herética ya está separada de la Iglesia. Se sabe que la mayoría de los herejes son herejes sin un juicio ni una sentencia declaratoria y deben ser denunciados como tal. Como vemos acá, la Iglesia Católica enseña que los procesos y juicios formales no son necesarios para que tomen efecto las excomuniones ipso facto (por ese mismo hecho). A menudo, como en el caso del hereje Martín Lutero, reconocimientos formales de la excomunión ipso facto que ya ha ocurrido. Esto deberá ser obvio para un Católico.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#22): “Así, por lo tanto, en la verdadera comunidad cristiana hay un solo Cuerpo, un Espíritu, un Señor y un Bautismo, así también sólo puede haber una fe. Y, por lo tanto, si un hombre rechaza escuchar a la Iglesia, que sea considerado – y así lo ordena el Señor – como un gentil y publicano. Sigue que aquellos que están divididos en fe o gobierno no pueden estar viviendo en la unidad de dicho Cuerpo, ni pueden estar viviendo la vida de su único Espíritu Divino.”

San Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice, II, 30: “... porque los hombres no están obligados ni pueden leer los corazones; PERO CUANDO VEN QUE ALGUIEN ES UN HEREJE POR SUS OBRAS EXTERNAS, LO JUZGAN COMO UN HEREJE, PURO Y SIMPLE, Y LO CONDENAN COMO UN HEREJE. Porque, en primer lugar, está demostrado con argumentos por parte de la autoridad y la razón que el hereje manifiesto está destituido ipso facto. El argumento por parte de la autoridad está basado en San Pablo (Tito 3:10), quien ordena que sea evitado el hereje después de dos advertencias, es decir, después de mostrarse que está manifiestamente obstinado, lo cual significa antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Y esto es lo que escribe San Jerónimo, agregando que los demás pecadores están excluidos de la Iglesia por medio de sentencia de excomunión, pero los herejes se exilian a sí mismos y se separan a sí mismos por medio de su propio acto, del Cuerpo de Cristo.”

Tal como ya lo hemos mostrado, es un dogma que 1) los herejes no son miembros de la Iglesia: y 2) que un hereje está automáticamente excomulgado (ipso facto) sin una declaración adicional. Por lo tanto, es un hecho dogmático que un hereje no puede ser una parte de la Iglesia ni gobernar la misma, ya que no es miembro de la misma. Declarar que los Católicos deberían sostener comunión con un hereje manifiesto porque no se ha completado ningún proceso en su contra, es contrario a las enseñanzas Católicas, a la Tradición Católica y al sentido Católico.


LA NECESIDAD Y LA OBLIGACIÓN QUE TIENEN TODOS DE JUZGAR Y CONDENAR LA HEREJÍA O EL CISMA

Hemos decretado y declarado en Nuestra carta del 21 de noviembre de 1873 que aquellos hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y soportan esa secta deberán considerarse cismáticos y deberán separarse de la comunión con la Iglesia.” (Papa Pío IX, Graves ac diuturnae (#s 1-4), 23 de marzo, 1875)

Claramente vemos acá que el Papa Pío IX le da a todo hombre y a toda mujer la autoridad para condenar y juzgar a las personas que se han separado a sí mismos del regazo y la unidad de la Iglesia Católica. Esto es una orden y no algo que pueden escoger las personas.

Papa San Félix III (Siglo V): “No oponerse al error es aprobarlo; y no defender la verdad es oprimirla y, ciertamente, descuidar el detestar a los hombres malvados – cuando lo podemos hacer – no es menos pecado que alentarlos.

Acá tenemos otra cita del Concilio de Trento que demuestra que uno puede y debe decidir lo que es y lo que no es la Fe Católica, por medio del propio juicio personal.

Papa Pío IV, Concilio de Trento, Sesión 13, Capítulo 4: “Estos son los asuntos que, en general, al Concilio sagrado le pareció bien enseñarle a los fieles de Cristo sobre el sacramento del orden. Sin embargo, ha resuelto condenar lo contrario en los cánones definidos y apropiados de la siguiente manera, para que todos, haciendo uso de la regla de la fe, con ayuda de Cristo, puedan ser capaces de reconocer más fácilmente la verdad Católica en medio de las tinieblas de tantos errores.

Esto prueba que a todos se les permite decidir cuando alguien ha caído en herejía o no, ya que el canon nunca hubiera dicho: “para que todos, haciendo uso de la regla de la fe, con la ayuda de Cristo, puedan ser capaces de reconocer más fácilmente la verdad Católica en medio de las tinieblas de tantos errores,” sin realmente permitir que las personas juzguen lo que es una herejía, o quién es hereje. Sin esta verdad, las personas son forzadas a profesar comunión con todos: protestantes, musulmanes, adoradores del diablo, etc. Si usted puede declarar que juzga que un adorador del diablo está fuera de la Iglesia, entonces también puede juzgar a alguien que profesa ser Católico pero que apoya una o más herejías. Pero esto es sentido común, a menos que uno sea mentiroso.


LA NECESIDAD DE ESTUDIAR Y CONOCER LA FE CATÓLICA

Santo Tomás de Aquino, Summa, Prima Secunda Pars, Pregunta 76, Artículo 2: “ahora es evidente que quien quiera descuida tener o hacer lo que debería de tener o hacer, comete un pecado de omisión. Por lo tanto, a través de la negligencia, es pecado la ignorancia de lo que uno debe de saber; pero no se imputa como pecado al hombre si fracasa en saber lo que es incapaz de saber. Consecuentemente, la ignorancia de tales cosas se llama “invencible”, porque no puede vencerse con estudio. Por esta razón como la ignorancia, que no es voluntaria, ya que no está en nuestro poder deshacernos de ella, no es un pecado: Por lo tanto, es evidente que ninguna ignorancia invencible es pecado. Por otro lado, la ignorancia vencible es un pecado, si es sobre asuntos que uno debe de conocer; pero no lo es si es sobre cosas que uno no está obligado a saber.”

Ciertamente, uno está obligado a conocer la Fe Católica suficientemente bien para ser capaz de detectar la herejía cuando se le presente. Entonces – de acuerdo al Doctor Angélico – si sabemos que nuestro sacerdote, obispo, etc. es un hereje o cismático, pero de todos modos nos adherimos a él, entonces ciertamente compartimos su pecado de herejía o cisma, por el cual estaríamos trabajando FUERA de la verdadera religión. La ignorancia invencible, por otro lado – la ignorancia que no se puede vencer por medio de cualquier esfuerzo humano bien ordenado – es un asunto diferente, y es totalmente excusable, a menos que estemos hablando sobre los misterios esenciales (la Trinidad y la Encarnación) y la ley natural, que todos deben de conocer explícitamente para la salvación si se es mayor a la edad de la razón. Cuando las personas rompen la ley natural, siempre es un pecado y no puede excusarse, ya que esta ley está escrita por Dios en el corazón de todo hombre. La ignorancia de la Trinidad y la Encarnación, sin embargo, no es un pecado en sí, pero Dios retiene este conocimiento sobre los misterios esenciales de muchas personas ya que El sabía de antemano que ellos rechazarían Su oferta de salvación.

Papa San Pío X, Acerbo Nimis ((#2), 15 de abril, 1905: “Y así Nuestro Predecesor, Benedicto XIV, tuvo causa justa para escribir: ‘Declaramos que un gran número de aquellos que son condenados al castigo eterno sufren esa calidad eterna debido a la ignorancia de aquellos misterios de fe que deben saberse y creerse para poder estar numerados entre los elegidos.’”


BAUTISMO; LOS PASOS PARA CONVERTIRSE A LA FE CATÓLICA TRADICIONAL; LOS PASOS PARA AQUELLOS QUE DEJAN LA NUEVA MISA; Y EL BAUTISMO CONDITIONAL

CONTENIDOS EN ESTAS SIGUIENTES PÁGINAS: - LOS PASOS PARA CONVERTIRSE A LA FE CATÓLICA TRADICIONAL – LA PROFESIÓN DE FE DEL CONCILIO DE TRENTO PARA LOS CONVERTIDOS – LOS PASOS QUE DEBEN TOMAR AQUELLOS QUE SALEN DE LA NUEVA MISA – LA FORMA DEL BAUTISMO Y EL BAUTISMO CONDICIONAL CON EXPLICACIÓN

Los pasos que uno debe de tomar para convertirse a la Fe Católica tradicional son realmente simples. Sin embargo, son levemente distintos, dependiendo de si uno ha recibido el bautismo o no. Por favor consultar cuidadosamente este archivo.

Si no ha recibido el bautismo, los pasos para convertirse a la Fe Católica Tradicional son los siguientes:

  1. Conocer y creer en el catecismo básico (es decir, las enseñanzas básicas) de la Fe Católica tradicional. POR FAVOR LEER AHORA EL CATECISMO. Uno debería comenzar inmediatamente a rezar el Rosario todos los días (preferiblemente las 15 décadas). Si no sabe cómo, consultar la sección de Cómo Rezar el Rosario de nuestro portal. Siempre tómese el tiempo todos los días para leer y estudiar la Fe, y pídale a Dios una perseverancia final.

  1. Sostener la creencia en todos los dogmas tradicionales de la Iglesia y las posiciones Católicas correctas en contra de la secta pos-Vaticano II (lo que está cubierto en detalle en nuestro material), incluyendo, por ejemplo, el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación (sin excepción alguna), la Trinidad, la Encarnación, el Papado, la Infalibilidad Papal, la necesidad del bautismo de agua, etc.

  1. Después de conocer el catecismo básico (que no debería de tomar mucho tiempo) y ya se está confiado en que consiente con todas las enseñanzas de la Iglesia Católica y que no está viviendo en pecado mortal, ni tiene la voluntad de continuar viviendo en pecado mortal o pecado venial, recibir el bautismo. No existe razón alguna para retrasar esto (ver las Actas 8:36-37) si ya ha completado los pasos 1 y 2. Normalmente esto lo haría un sacerdote Católico en su Iglesia Católica local. Debido a que estamos en la Gran Apostasía y que hay casi cero sacerdotes totalmente Católicos Tradicionales, una persona laica es probablemente la que lo podría hacerlo para usted. El Concilio de Florencia (ver más abajo) declaró que cualquiera puede administrar válidamente el bautismo. Así, si tiene un amigo Católico fuerte o, en caso que no lo tenga, si tiene un miembro familiar o un amigo no-Católico que podría realizar confiadamente el bautismo con la intención apropiada, entonces esa persona puede administrarle el bautismo usando la forma que se da más abajo. No es necesaria la Confesión para una persona que nunca ha recibido el bautismo, ya que el bautismo remueve el pecado original y todos los pecados reales. Después del bautismo, sin embargo, uno debe de tener la costumbre de ir a confesarse con un sacerdote tradicional que haya sido ordenado en el rito tradicional de la ordenación, por lo menos una vez al mes si eso fuese posible. Tristemente, sin embargo, hoy en día hay virtualmente ningún sacerdote no-hereje en el mundo. Uno debe de ir a confesarse, si hay disponible un sacerdote no-hereje, si se comete un pecado mortal después del bautismo, lo que esperamos que no ocurra. Una buena práctica es escribir los pecados en un pedazo de papel para que sea más fácil recordar los pecados que ha cometido. Esto también lo puede hacer una persona que no tenga a un sacerdote y que se confiese directamente con Dios, para facilitar que su confesión a Nuestro Señor sea lo más exacto que se pueda. Uno también debería hacer una confesión de pecados o herejías a cualquier persona o amigo en quien considere puede confiar. Esto generalmente debería de ser alguien que sea capaz de aconsejarlo sobre cosas espirituales y no cualquier otra persona que conozca. Confesar nuestros pecados uno al otro, a pesar que no podemos dar la absolución, es todavía una gran herramienta que puede usarse para exponer al demonio y vencer las malas costumbres o pecados habituales (las malas costumbres habituales o recurrentes son, en la mayoría de los casos, las que llevan a las personas a pecar en primer lugar). Los Santos tenían como costumbre confesar diariamente sus pecados y, así, deberíamos tratar de actuar de esta forma lo más que podamos. Porque el confesar diariamente nuestros pecados engendra humildad.

  1. Hacer la profesión de fe para los conversos del Concilio de Trento, lo cual está a continuación. Si existe una secta específica a la cual usted perteneció, o si creía en una herejía específica, agregar al final que también rechaza esa secta hereje o herejía. La Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos.


Para aquellos que han recibido el bautismo, es levemente distinta:

  1. Saber y creer el catecismo básico (es decir, las enseñanzas básicas) de la Fe Católica tradicional. POR FAVOR LEER AHORA EL CATECISMO. Uno debería comenzar inmediatamente a rezar el Rosario todos los días (preferiblemente las 15 décadas). Si no sabe cómo, consultar la sección de Cómo Rezar el Rosario de nuestro portal. Siempre tómese el tiempo todos los días para leer y estudiar la Fe, y pídale a Dios una perseverancia final.

  2. Sostener la creencia en todos los dogmas tradicionales de la Iglesia y las posiciones Católicas correctas en contra de la secta pos-Vaticano II (lo que está cubierto en detalle en nuestro material), incluyendo, por ejemplo, el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación (sin excepción alguna), la Trinidad, la Encarnación, el Papado, la Infalibilidad Papal, la necesidad del bautismo de agua, etc.

  3. Hacer la profesión de fe para los conversos del Concilio de Trento, lo cual está a continuación. Si existe una secta específica a la cual usted perteneció, o si creía en una herejía específica, agregar al final que también rechaza esa secta hereje o herejía. La Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos.

  4. Si hay disponible un sacerdote no-hereje, deberá hacer una confesión general con un sacerdote que haya sido ordenado en los ritos tradicionales de la ordenación después de tomar los 3 pasos previos. Esta es una confesión en la cual uno menciona todos los pecados mortales y veniales cometidos después del bautismo que uno pueda recordar, incluyendo la adherencia a cualquier secta o religiones falsas o el haber divulgado una secta falsa o religión falsa. Tenga cuidado de verificar cuidadosamente de antemano que el sacerdote a quien se acerca para recibir los sacramentos no es un hereje ni está en comunión con otros herejes. Hoy en día, en la Gran Apostasía, casi no hay un solo sacerdote no-hereje en el mundo. La única alternativa que queda es que casi todos hoy en día le confiesen sus pecados directamente a Dios y Le pidan con lágrimas o dolor y un verdadero arrepentimiento que les perdone sus pecados. Esto perdonará sus pecados si es sincero, cuando no haya otra opción disponible. Si usted encuentra un sacerdote no-hereje, entonces siempre y cuando el sacerdote diga “te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” la confesión es válida. Una buena práctica es escribir sus pecados en un pedazo de papel para que sea más fácil recordar los pecados que ha cometido. Esto también lo pueden hacer aquellas personas que no tienen un sacerdote o que se confiesan directamente con Dios, para facilitar que su confesión a Nuestro Señor sea tan exacta como se pueda. Uno también debería hacer una confesión de pecados o herejías a cualquier persona o amigo en quien considere puede confiar. Esto generalmente debería de ser alguien que sea capaz de aconsejarlo sobre cosas espirituales y no cualquier otra persona que conozca.

  1. Confesar nuestros pecados uno al otro, a pesar que no podemos dar la absolución, es todavía una gran herramienta que puede usarse para exponer al demonio y vencer las malas costumbres o pecados habituales (las malas costumbres habituales o recurrentes son, en la mayoría de los casos, las que llevan a las personas a pecar en primer lugar). Los Santos tenían como costumbre confesar diariamente sus pecados y, así, deberíamos tratar de actuar de esta forma lo más que podamos. Porque el confesar diariamente nuestros pecados engendra humildad.


Para aquellos que no están seguros si están bautizados, el orden es el siguiente:

  1. Saber y creen en el catecismo básico (es decir, las enseñanzas básicas) de la Fe Católica tradicional. POR FAVOR LEER AHORA EL CATECISMO. Uno debería comenzar inmediatamente a rezar el Rosario todos los días. Si no sabe cómo, consultar la sección de Cómo Rezar el Rosario de nuestro portal. Siempre tómese el tiempo todos los días para leer y estudiar la Fe, y pídale a Dios una perseverancia final.

  2. Sostener la creencia en todos los dogmas tradicionales de la Iglesia y las posiciones Católicas correctas en contra de la secta pos-Vaticano II (lo que está cubierto en detalle en nuestro material), incluyendo, por ejemplo, el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación (sin excepción alguna), la Trinidad, la Encarnación, el Papado, la Infalibilidad Papal, la necesidad del bautismo de agua, etc.

  3. Hacer la profesión de fe para los conversos del Concilio de Trento, lo cual está a continuación. Si existe una secta específica a la cual usted perteneció, o si creía en una herejía específica, agregar al final que también rechaza esa secta hereje o herejía. La Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos.

  4. Hacer que alguien realice un bautismo condicional usando la forma condicional del bautismo que se da más abajo. Si existe cualquier duda sobre su bautismo, esto debe de hacerse.

  5. Después de su bautismo condicional, hacer una confesión general a un sacerdote no-hereje, si hubiese uno disponible, mencionando todos los pecados mortales y veniales que usted puede recordar, cometidos después de su primer bautismo posiblemente válido. Una buena práctica es escribir sus pecados en un pedazo de papel para que le sea más fácil recordar los pecados que ha cometido. Esto también lo pueden hacer aquellas personas que no tienen un sacerdote o que se confiesan directamente con Dios, para facilitar que su confesión a Nuestro Señor sea tan exacta como se pueda. Uno también debería hacer una confesión de pecados o herejías a cualquier persona o amigo en quien considere puede confiar. Esto generalmente debería de ser alguien que sea capaz de aconsejarlo sobre cosas espirituales y no cualquier otra persona que conozca. Confesar nuestros pecados uno al otro, a pesar que no podemos dar la absolución, es todavía una gran herramienta que puede usarse para exponer al demonio y vencer las malas costumbres o pecados habituales (las malas costumbres habituales o recurrentes son, en la mayoría de los casos, las que llevan a las personas a pecar en primer lugar). Los Santos tenían como costumbre confesar diariamente sus pecados y, así, deberíamos tratar de actuar de esta forma lo más que podamos. Porque el confesar diariamente nuestros pecados engendra humildad.

Las personas que dejan la Misa Nueva ó su adherencia a la Iglesia Contraria de Vaticano II también necesitan hacer una confesión (a un sacerdote válidamente ordenado y no-hereje, si hay uno disponible) en cuanto a que asistieron a un servicio no-Católico y durante cuánto tiempo asistieron. Si participaron en otras cosas en la Nueva Misa (por ejemplo, fueron ministro laicos, se vistieron inmodestamente, etc.) o aceptaron un ecumenismo falso o negaron algún otro dogma o si practicaron PFN (planificación familiar natural), también deberán mencionarse estas cosas durante la confesión. Esto debe de hacerse antes de recibir la Comunión en la Misa Tradicional (si existiera una aceptable a la cual puede asistir en su área). Aquellos que dejan la Nueva Misa y su adherencia a la Iglesia falsa de Vaticano II también deberán hacer esa misma profesión de fe del Concilio de Trento.

Profesión de Fe del Concilio de Trento para los Conversos


BAUTISMO Y BAUTISMO CONDICIONAL

La forma del bautismo es: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Si hay alguna duda sobre la validez de su bautismo, la forma condicional del bautismo es: “Si estás bautizado, no te bautizo de nuevo, pero si todavía no estás bautizado [verter agua sobre la cabeza, asegurándose que toca la piel] yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” Debido a que casi no existe un verdadero sacerdote Católico en todo el país, puede hacer que un amigo Católico realice un bautismo condicional y usted puede administrarle el bautismo a sus propios hijos.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo,” 1439: “En caso de necesidad, sin embargo, no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un hombre o una mujer laico, sí, hasta un pagano y un hereje pueden bautizar, siempre y cuando preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Dez. 696)

VOTOS BAUTISMALES

De acuerdo al Ritual Romano, actualmente en uso, han de hacérsele tres preguntas a la persona que se va a bautizar, así: “¿Renunciáis a Satanás? ¿y a todas sus obras? ¿y a todas sus pompas?” A cada una de estas tres preguntas, la persona o el padrino en su nombre, responde: “Sí renuncio”. La práctica de demandar y hacer esta renuncia formal parece retroceder a los mismísimos inicios de la adoración cristiana organizada. Tertuliano entre los latinos y San Basilio entre los griegos coinciden en considerarla como una usanza que, a pesar que no está explícitamente aseverado en las Escrituras, no obstante está consagrada por una tradición venerable. San Basilio dice que esta tradición asciende de los apóstoles. Tertulio, en su “De Coronâ, parece insinuar una renuncia doble como algo común en su tiempo, una que fue hecha en el momento del bautismo y otra que se hizo anteriormente, y públicamente en la iglesia, ante la presencia del obispo. Se encontró la forma de esta renuncia, tal como se encuentra en las Constituciones Apostólicas (VIII, 4) y lee así: “Déjese por lo tanto, que el candidato del bautismo declare así su renuncia: ‘Renuncio a Satanás y a sus obras y a sus pompas y a su adoración y a sus ángeles y a sus inventos y a todas las cosas que están bajo él’. Y después de su renuncia dejar que en su asociación diga: ‘Y me asocio a Cristo y creo en un único ser ingénito y soy bautizado en un único ser ingénito.’”, etc.

San Justino Mártir testifica que el bautismo fue administrado únicamente por aquellos que, juntos con su profesión de fe, hicieron una promesa o voto que vivirían de conformidad con el código cristiano. Por lo tanto, la fórmula generalmente: Syntassomai soi, Christe, “Me abandono a vos, oh Cristo, para ser regido por vuestros preceptos.” Esto se llevó a cabo directamente sobre la apotaxis o renuncia del demonio y fue descrito diversamente por los latinos como promissum, pactum, y votum. Durante esta declaración de anexión a Jesucristo, la persona que ha de bautizarse giraba hacia el Este, como hacia la región de la luz.

La práctica de renovar las promesas bautismales está más o menos difundido. Esto se hace bajo las circunstancias de una solemnidad especial, como son los ejercicios de cierre de una misión, después de la administración de la Primera Comunión a los niños, o el conferir el Sacramento de la Confirmación. Por lo tanto, está intencionado como una manera de reafirmar la lealtad de uno a las obligaciones tomadas por la membresía dentro de la Iglesia Cristiana.


PROFESIÓN DE LA FE CATÓLICA

Promulgado solemnemente por el Papa Pío IV y el Concilio de Trento

    • Yo, N., con fe firme creo y profeso todo y cada artículo que está contenido en el símbolo de fe que usa la santa Iglesia Romana, específicamente:

    • Creo en un Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible; y en

    • Un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero del Dios verdadero; engendrado no creado de la misma naturaleza (consubstancial) que el Padre, por quien todo fue hecho;

    • Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre.

    • Fue crucificado por nosotros en tiempo de Poncio Pilato, murió y fue sepultado; y

    • Resucitó de nuevo al tercer día según las Escrituras y subió al cielo;

    • Y está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y Su reino no tendrá fin.

    • Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria; y que habló por los profetas.

    • Creo en la Iglesia que es una, santa, Católica y apostólica.

    • Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados; espero la resurrección de los muertos ya la vida de un mundo futuro. Amén.

    • Acepto y abrazo firmemente las tradiciones apostólicas y eclesiásticas y las otras prácticas y regulaciones de esa misma Iglesia.

    • Igualmente acepto las Sagradas Escrituras de acuerdo al significado que ha sido sostenido por la santa Madre Iglesia y que ella ahora sostiene. Es Su prerrogativa juzgar sobre el verdadero significado e interpretación de las Sagradas Escrituras. Y nunca aceptaré ni interpretaré las mismas de manera distinta al acuerdo unánime de los Padres.

    • También reconozco que real y adecuadamente hay siete sacramentos de la Nueva Ley, instituidos por Jesucristo nuestro Señor, y que son necesarios para la salvación de la raza humana, a pesar que no es necesario que cada individuo los reciba todos.

    • Reconozco que los siete sacramentos son : Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Santas Órdenes y Matrimonio; y que ellos confieren gracia; y que de los siete, el Bautismo, la Confirmación y las Santas Órdenes no pueden repetirse sin cometer un sacrilegio.

    • También acepto y reconozco los ritos acostumbrados y aprobados de la Iglesia Católica en la administración solemne de estos sacramentos.

    • Abrazo y acepto todos y cada uno de los artículos sobre el Pecado Original y la Justificación que son declarados y definidos en el santísimo Concilio de Trento.

    • Así mismo, profeso que en la Misa se ofrece a Dios un sacrificio verdadero, adecuado y propiciatorio a nombre de los vivos y muertos y que el Cuerpo y la Sangre, juntos con el Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo están real y sustancialmente presentes en el santísimo Sacramento de la Eucaristía y que hay un cambio de toda la sustancia del pan al Cuerpo y toda la sustancia del vino a la Sangre; y este cambio es llamado por la Iglesia Católica la transubstanciación.

    • También profeso que todo Cristo completo y un verdadero Sacramento se recibe bajo cada una de las especies separadas.

    • Firmemente sostengo que existe un purgatorio y que las almas detenidas allí son ayudadas por las oraciones de los fieles.

    • Así mismo, sostengo que los santos que reinan junto con Cristo deberán ser honrados e invocados, que ellos ofrecen a Dios las oraciones a nuestro favor y que deberán ser veneradas sus reliquias.

    • Firmemente asevero que deberán poseerse y conservarse las imágenes de Cristo, de la Madre de Dios siempre Virgen, y de los demás santos y que deben dárseles el honor y veneración debidos.

    • Afirmo que Cristo dejó el poder de las indulgencias para conservar la Iglesia y que el uso de las indulgencias es muy beneficioso para los Cristianos.

    • Reconozco la santa Iglesia Católica y apostólica romana como la madre y la maestra de todas las iglesias; y...

    • Acepto y profeso sin vacilar todas las doctrinas (especialmente aquellas relacionadas a la primacía del Pontífice romano y su autoridad educativa infalible) que son transmitidas, definidas y explicadas por los cánones sagrados y concilios ecuménicos, y especialmente aquellas de su santísimo Concilio de Trento (y por el Concilio Vaticano I ecuménico). Y al mismo tiempo:

    • Condeno, rechazo y anatematizo todo lo que sea contrario a aquellas proposiciones, y todas las herejías sin excepción, que han sido condenadas, rechazadas y anatematizadas por la Iglesia.

    • Yo, N., prometo, hago voto y juro que, con la ayuda de Dios, sostendré y profesaré muy constantemente esta verdadera fe Católica, fuera de la cual nadie puede ser salvado y que ahora profeso libremente y sostengo verdaderamente. Con la ayuda de Dios, la profesaré completa y sin mancha alguna hasta mi suspiro de muerte; y, según lo mejor de mi habilidad, veré que mis súbditos o aquellos que me han sido confiados en virtud de mi cargo la sostengan, la enseñen y prediquen. Que Dios y Su santo Evangelio me castiguen si no.

Vídeos Gratis
www.Santos-Catolicos.com
¡DVDs, Artículos y Libros Gratis!
FREE DVDS & VIDEOS
WATCH & DOWNLOAD ALL OUR DVDS & VIDEOS FOR FREE!