- Bájelas como:

- Doctrina y Dogma Católicos Infalibles que Debes Conocer (Introducción)
- Sobre la Recepción de los Sacramentos por Parte de Herejes y Sobre la Oración en Comunión con los Herejes (Introducción)
- Doctrina y Dogma Católicos Infalibles que Debes Conocer (Introducción)
- Las Llaves de San Pedro y su Fe Indefectible
- Ninguna Salvación Fuera de la Iglesia Católica
- En Relación a Aquellos Infantes Bautizados Válidamente por los Miembros de las Sectas no-Católicas
- Herejía Material
- La ley Natural
- No Hay Salvación Para los Miembros del Islam, Judaismo u Otras Sectas Herejes o Cismáticas no-Católicas
- La Enseñanza Católica Específica en Contra del Judaismo
- La Enseñanza Católica Específica en Contra del Islam
- La Enseñanza Católica Específica en Contra de las Sectas Protestante y Cismática
- El Sacramento del Bautismo es Necesario Para la Salvación
- Crean en el Dogma, tal Como fue una vez Declarado
- Aquellos que Mueren en Pecado Original o en Pecado Mortal Descienden al Infierno
- Los Niños no Bautizados y el Limbo de los Niños
- El Bautismo de Sangre y el Bautismo de Deseo – Tradiciones Erróneas del Hombre
- Los Padres Están Unánimes Desde el Principio
- No Todos los Padres Permanecieron Consistentes con su Propia Afirmación
- La Teoría del Bautismo de Sangre – una Tradición del Hombre
- Resumiendo los Hechos Sobre el Bautismo de Sangre
- La Teoría del Bautismo de Deseo – una Tradición del Hombre
- San Agustín (354-430)
- Tradición Litúrgica y Tradición del Entierro Apostólico
- Papa San Siricio (384-398)
- Objeciones Principales
- Sesión 6, Capítulo 4 del Concilio de Trento
- El Catecismo del Concilio de Trento
- El Catecismo Atribuido a San Pío X
- La Necesidad Absoluta que Todos Mayores a la Edad de la Razón Conozcan Sobre la Trinidad y la Encarnación Para ser Salvados
- Ignorancia Invencible
- El Dogma, Papa Pío IX y la Ignorancia Invencible
- La Salvación Para el “Ignorante Invencible” Reducida a su Principio Absurdo
- Dádivas, Donaciones y Testamentos
- Sobre la Recepción de los Sacramentos por Parte de Herejes y Sobre la Oración en Comunión con los Herejes (Introducción)
- La Base Biblica Para Evitar a los Herejes
- En Contra de los Herejes y Rezar en Comunión con los Herejes
- Santo Tomás en Contra de Comunión con los Herejes
- Imposición o No
- Imposición – Un Término Inventado por los Herejes
- Notorio o No
- Papa Pío IX en Contra de los Herejes
- Falible VS. Infalible
- Dios Desea la Obediencia en vez del Sacrificio
- Ninguna Comunión con los Herejes
- ¿Pueden los Herejes Tener Autoridad Dentro de la Iglesia?
- Principales Objeciones Heréticas
- Cuarto Concilio Laterano
- Por qué las Personas de Mala Voluntad y Orgullo se Dejan en las Tinieblas
- Santo Tomás de Aquino
- Cardenal John de Lugo
- El Código de ley Canónica de 1917
- Más Sobre el Código de ley Canónica de 1917
- El Código de Ley Canónica de 1917 Enseña que el Entierro Cristiano Puede Dársele a los Catecúmenos no Bautizados
- El Código de 1917 Enseña que los Herejes Pueden Estar en Buena fe
- El Código de 1917 Enseña que los Católicos Pueden Estar Presente en las Formas no-Católicas de Adoración, ¡Incluyendo Matrimonios no-Católicos y Funerales no-Católicos!
- El Código de Ley Canónica de 1917 Enseña el Bautismo de Deseo
- Excomunión Automática sin Excepción Para Todos los Herejes, Cismáticos y Apóstatas
- La Necesidad y la Obligación que Tienen Todos de Juzgar y Condenar la Herejía o el Cisma
- La Necesidad de Estudiar y Conocer la fe Católica
- Bautismo; los Pasos Para Convertirse a la fe Católica Tradicional; los Pasos Para Aquellos que Dejan la Nueva Misa; y el Bautismo Conditional
- Si no ha Recibido el Bautismo, los Pasos Para Convertirse a la Fe Católica Tradicional son los Siguientes:
- Para Aquellos que han Recibido el Bautismo, es Levemente Distinta:
- Para Aquellos que no Están Seguros si Están Bautizados, el Orden es el Siguiente:
- Bautismo y Bautismo Condicional
- Votos Bautismales
- Profesión de la fe Católica
Listado de las secciones (HAZ CLIC EN CUALQUIERA SECCION DE ABAJO PARA DIRIGIRTE DIRECTAMENTE)
Parte 1. (Introduction)
Parte 2. (Introduction)
Parte 1. (Secciones)
Parte 2. (Secciones)
DOCTRINA Y DOGMA CATÓLICOS INFALIBLES QUE DEBES CONOCER
INTRODUCCIÓN
El dogma invariable, Fuera de la Iglesia Católica No Hay Salvación, así como la necesidad del Sacramento del Bautismo para la Salvación, fueron definidos por nuestro primer Papa, el mismo San Pedro, como una verdad.
“... el nombre de Nuestro Señor Jesucristo… Y tampoco existe salvación en ningún otro. Porque no existe otro nombre, bajo el cielo, que les haya sido dado a los hombres, por el cual debemos de salvarnos.” (Actos 4:12).
No existe salvación fuera de Jesucristo, y la Iglesia Católica es Su Cuerpo Místico. Debido a que no hay ingreso en la Iglesia Católica de Cristo sin el Sacramento del Bautismo, esto significa que únicamente los católicos bautizados que mueren en estado de gracia (y aquellos que se vuelven católicos bautizados y mueren en estado de gracia) pueden esperar ser salvados.
“El que no permanece en mí, será echado fuera como el sarmiento inútil, y se secará, y le cogerán y arrojarán al fuego y arderá.” (Juan 15:6)
Papa Pío XII, Mystici Corporis (#22), 29 de junio, 1943: “Realmente, únicamente han de estar numerados entre los miembros de la Iglesia aquellos que han recibido la jofaina de la regeneración [bautismo de agua] y profesen la verdadera fe.”
Papa Pío XII, Mystici Corporis (#27), 29 de junio, 1943: “Él (Cristo) también determinó que a través del Bautismo (cf. Jn. 3:5) aquellos que creyeren serían incorporados en el Cuerpo de la Iglesia.”
LAS LLAVES DE SAN PEDRO Y SU FE INDEFECTIBLE
Es un hecho de la historia, las escrituras y la tradición que Nuestro Señor Jesucristo fundó Su Iglesia universal (la Iglesia Católica) sobre San Pedro.
Mateo 16:18-19- “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas o poder del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos.”
Nuestro señor hizo a San Pedro el primer Papa, le confió todo Su rebaño y le dio la autoridad suprema en la Iglesia universal de Cristo.
Juan 21:15-17. “ Acabada la comida, dice Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas tu más que éstos? Dícele: Sí Señor, tu sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Segunda ves le dice: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Respóndele: Sí Señor, tu sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Dícele tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se contristó de que por tercera vez le preguntase si le amaba; y así respondió: Señor, tu lo sabes todo; conoces bien que yo te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas.”
Y con la autoridad suprema que Nuestro Señor Jesucristo le confió a San Pedro (y a sus sucesores, los Papas) viene lo que se llama la Infalibilidad Papal. La infalibilidad papal es inseparable de la Supremacía Papal – no había razón para que Cristo hiciera a San Pedro la cabeza de Su Iglesia (como Cristo claramente lo hizo) si San Pedro o sus sucesores, los Papas, podrían errar cuando ejercieran esa autoridad suprema de enseñar sobre un punto de Fe. La autoridad suprema debe de ser infalible sobre asuntos valederos y obligatorios de Fe y moral, de lo contrario no sería una verdadera autoridad de Cristo.
La Infalibilidad Papal no significa que un Papa no puede errar alguna vez y tampoco significa que un Papa no puede perder su alma y condenarse al Infierno por un pecado grave. Significa que los sucesores de San Pedro (los Papas de la Iglesia Católica) no pueden errar cuando enseñen autoritariamente sobre un punto de Fe o moral que la Iglesia entera de Cristo debe de sostener. Encontramos la promesa de la fe indefectible para San Pedro y sus sucesores, a la que se refiere Cristo, en Lucas 22.
Lucas 22:31-32- Dijo también el Señor: Simón, Simón mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos, como el trigo cuando se criba: Mas yo he rogado por ti a fin de que tu fe no perezca; y tú, cuando te conviertas y arrepientas, confirma en ella a tus hermanos.”
Satanás deseó pasar por la criba a todos los Apóstoles (plural) como el trigo, pero Jesús oró por Simón Pedro (singular), para que su fe no pereciera. Jesús dice que San Pedro y sus sucesores (los Papas de la Iglesia Católica) tienen una fe infalible cuando enseñan autoritariamente un punto de fe o moral que toda la Iglesia de Cristo ha de sostener.
Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, ex cátedra: “ENTONCES, ESTE DON DE VERDAD Y DE FE QUE NUNCA FALLA FUE CONFERIDO DIVINAMENTE SOBRE PEDRO Y SUS SUCESORES EN ESTE TRONO...”
Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, ex cátedra: “... el Trono de San Pedro siempre permanece incólume de cualquier error, de acuerdo a la divina promesa que nuestro Señor el Salvador hizo al jefe de Sus discípulos: ‘he rogado por ti [Pedro] a fin de que tu fe no perezca ... ‘”
Y esta verdad se ha sostenido desde los primeros tiempos de la Iglesia Católica.
Papa San Gelasio I, Epístola 42, o Decreto de recipiendis et non recipiendis libris, 495: “acordemente, el trono de Pedro el Apóstol de la Iglesia de Roma, es primero, sin mácula, ni arruga, ni cosa semejante (Efesios 5:27).”
La palabra “infalible” realmente significa “no puede fallar” ó “indefectible”. Por lo tanto, el mismo término Infalibilidad Papal viene directamente de la promesa de Cristo a San Pedro (y sus sucesores) en Lucas 22, que Pedro tiene una Fe indefectible. A pesar que esta verdad se creyó desde el inicio de la Iglesia, fue definida específicamente como un dogma en el Primer Concilio Vaticano en 1870.
Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, Sesión 4, Capítulo 4: “... el Pontífice Romano, cuando habla ex cátedra [del Trono de Pedro], es decir, cuando realiza el deber del pastor y maestro de todos los cristianos, de acuerdo a su autoridad apostólica suprema, explica una doctrina de fe o moral que la Iglesia universal ha de sostener... opera con esa infalibilidad con la cual el divino Redentor deseó que Su Iglesia fuese instruida al definir la doctrina sobre fe y moral; y así, dichas definiciones del Pontífice Romano provenientes de él mismo, pero no del consenso de la Iglesia, son inalterables.”
Pero, ¿cómo sabe uno cuando un Papa ejerce su Fe indefectible para enseñar infaliblemente desde el Trono de San Pedro? La respuesta es que sabemos por el lenguaje que el Papa usa o la manera en la cual enseña el Papa. El Vaticano I definió dos requerimientos que deben de cumplirse: 1)cuando el Papa realiza su deber como pastor y enseña a todos los cristianos de acuerdo a su autoridad apostólica suprema; 2) cuando explica una doctrina sobre fe o moral que toda la Iglesia de Cristo ha de sostener. Un Papa puede cumplir ambos requerimientos en una sola línea, al anatematizar una opinión falsa (como muchos concilios dogmáticos) o al decir “Por nuestra autoridad apostólica declaramos...” o al decir “Creemos, profesamos y enseñamos” o al usar las palabras de importancia y significado similares, que indican que el Papa está enseñándole un tema de Fe de manera definitiva y obligatoria a toda la Iglesia.
Entonces, cuando un Papa enseña desde el Trono de Pedro en la manera que ha sido estipulada arriba, no puede equivocarse. Si pudiese estar equivocado, entonces la Iglesia de Cristo sería guiada oficialmente a error, y la promesa de Cristo a San Pedro y Su Iglesia fracasaría (lo cual es imposible). Lo que se enseña desde el Trono de Pedro por parte de los Papas de la Iglesia Católica es la enseñanza del mismísimo Jesucristo. Rechazar lo que enseñan los Papas desde el Trono de Pedro es simplemente despreciar al Mismo Jesucristo.
Lucas 10:16 – “El que os escucha a vosotros, me escucha a mí; y el que os desprecia a vosotros, a mí me desprecia...”
Mateo 18:17 – “Y si no los escuchare, díselo a la Iglesia; pero si ni a la misma Iglesia oyere, tenlo como por gentil y publicano.”
Papa León XIII, Satis Cognitum, 1896: “... Cristo instituyó un Magisterio viviente, autoritario y permanente... Si de alguna manera pudiese ser falso, sigue una contradicción evidente; porque entonces el Mismo Dios sería el autor del error en el hombre.”
NINGUNA SALVACIÓN FUERA DE LA IGLESIA CATÓLICA
Las siguientes declaraciones que se encuentran en Fuera de la Iglesia Católica No Hay Salvación son de la más alta autoridad educadora de la Iglesia Católica. Existen los decretos Papales ex cátedra (decretos del Trono de San Pedro). Por lo tanto, constituyen las enseñanzas dadas a la Iglesia Católica por Jesucristo y los Apóstoles. Dichas enseñanzas son invariables y están clasificadas como parte del magisterio solemne (la autoridad educadora extraordinaria de la Iglesia Católica).
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra (declaración infalible del Trono de Pedro): “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos y herejes o cismáticos, no pueden compartir la vida eterna y se irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas; que la unidad de este cuerpo eclesiástico es de tal importancia que solamente para aquellos que moran en él contribuyen los sacramentos de la Iglesia a la salvación; y el ayuno, la caridad y otras obras de piedad y prácticas de la milicia cristiana producen recompensas eternas; y que nadie puede ser salvado, sin importar cuánto haya regalado en beneficencia y cuánta sangre haya derramado en nombre de Cristo, a menos que haya perseverado en el seno y en la unidad de la Iglesia Católica.”
Como podemos ver a partir de esta declaración infalible por parte del Trono de Pedro, nadie puede ser salvado a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas... Sin embargo, muchas personas hoy en día que se llaman a sí mismos católicos o cristianos, temeraria y obstinadamente afirman el opuesto directo de esta declaración y claman que los protestantes, herejes, judíos, cismáticos y aún los paganos pueden alcanzar la vida eterna.
Papa Gregorio XVI, Summo lugiter Studio (#2), 27 de mayo, 1832: “Finalmente algunas de estas personas malguiadas intentan persuadirse a sí mismos y a otros que los hombre no son salvados únicamente en la religión Católica, sino que aún los herejes pueden alcanzar la vida eterna.”
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, El Credo Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolado, sin duda alguna perecerá en la eternidad.” (Decretos de los Concilios Ecuménicos, Vol. 1, pp. 550-553; Denzinger 39-40).
Papa Inocente III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Ciertamente hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie se salva, en la cual Jesucristo es tanto el sacerdote como el sacrificio.”
Papa Bonifacio VIII, Unam Sanctam, 18 de noviembre, 1302, ex cátedra: “Con la Fe urgiéndonos, somos forzados a creer y sostener la única, santa, Iglesia Católica y que, apostólica y firmemente creemos y simplemente confesamos esta Iglesia fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados... Además, declaramos, decimos, definimos y proclamamos a toda criatura humana que ellas, por absoluta necesidad para la salvación están enteramente sujetas al Pontífice Romano.”
Aquellos que rehusan creer en el dogma Fuera de la Iglesia No Hay Salvación hasta que ellos comprenden cómo está la justicia en el mismo, simplemente están reteniendo su Fe en la revelación de Cristo. Aquellos con la verdadera Fe en Cristo (y en Su Iglesia) aceptan Su enseñanza primero y luego comprenden la verdad en ellas (es decir, el por qué es verdadera). Un católico no retiene su creencia en la revelación de Cristo hasta que la puede comprender. Esa es la mentalidad de un hereje sin fe que posee un orgullo insufrible. San Anselmo resume la verdadera perspectiva católica sobre este punto.
San Anselmo, Doctor de la Iglesia, Prosologion, Capítulo 1: “Porque no busco comprender lo que pueda creer, sino creo para poder comprender. Porque también creo esto, a menos que crea, no debiera comprender.”
EN RELACIÓN A AQUELLOS INFANTES BAUTIZADOS VÁLIDAMENTE POR LOS MIEMBROS DE LAS SECTAS NO-CATÓLICAS
La Iglesia Católica siempre ha enseñado que cualquiera (incluyendo un laico o un no-católico) puede bautizar válidamente si se adhiere a la materia y a la forma apropiadas y si tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo,” 1439: “En caso de necesidad, sin embargo, no solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico o una mujer, sí, aún un pagano y un hereje pueden bautizar, en tanto preserve la forma de la Iglesia y tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Denzinger 696)
La Iglesia siempre ha enseñado que los infantes bautizados en las iglesias heréticas y cismáticas se hacen católicos, miembros de la Iglesia y sujetos al Pontífice Romano, aún si las personas que los bautizaron son herejes que están fuera de la Iglesia Católica. Esto es porque el infante, siendo menor a la edad de la razón, no puede ser hereje ni cismático. No puede tener un impedimento que prevendría que el bautismo lo hiciese un miembro de la Iglesia.
Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión. 7, Canon. 13 sobre el Sacramento del Bautismo: “Si alguien dice que los infantes, debido a que no tienen una fe real, después de haber recibido el bautismo no han de estar numerados entre los fieles ... será anatema.”
Esto significa que todos los infantes bautizados, donde quiera que estén, aún aquellos bautizados en iglesias herejes no-católicas por los ministros herejes, se hacen miembros de la Iglesia Católica. También están sujetos al Pontífice Romano (si hay uno). Por lo tanto, ¿en que momento este infante católico bautizado se hace no-católico, cortando su membresía con la Iglesia y con la sujeción al Pontífice Romano? Después que el infante bautizado alcanza la edad de la razón, él o ella se vuelve hereje o cismático y corta su membresía con la Iglesia y corta su sujeción al Pontífice Romano cuando él o ella rechaza obstinadamente cualquier enseñanza de la Iglesia Católica o pierde la Fe en los misterios esenciales de la Trinidad y la Encarnación.
Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre, 1351: “... Preguntamos: En primer lugar, ya sea que ustedes y la Iglesia de los Armenios, la cual les obedece, creen que todos aquellos que en el bautismo han recibido la misma fe católica, y después se han retirado y se retirarán en el futuro de la comunión de esta misma Iglesia Romana, la cual por sí sola es católica, son cismáticos y herejes, si permanecen obstinadamente separados de la fe de esta Iglesia Romana. En segundo lugar, preguntamos si ustedes y los Armenios que les obedecen, creen que ningún hombre de los caminantes fuera de la fe de esta Iglesia, y fuera de la obediencia al Papa de Roma, puede ser finalmente salvado.”
Por lo tanto, uno debe estar claro en estos puntos: 1) Los no-bautizados (judíos, musulmanes, paganos, etc.) deben unirse a la Iglesia Católica, recibiendo el bautismo y la Fe Católica o todos se perderán. 2) Entre aquellos que fueron bautizados siendo infantes, se hacen católicos, miembros de la Iglesia y sujetos al Pontífice Romano por medio del Bautismo. Únicamente se separan de esa membresía (que ya poseen) cuando rechazan obstinadamente cualquier dogma católico o creen en algo que sea contrario a los misterios esenciales de la Trinidad y la Encarnación. En las enseñanzas anteriores del Papa Clemente VI, vemos este segundo punto enseñado claramente: todos que han recibido la Fe Católica en el Bautismo, pierden esa Fe y se vuelven cismáticos y herejes si se “separan obstinadamente de la fe de esta Iglesia Romana.”
El hecho es que todos los protestantes que rechazan la Iglesia Católica o sus dogmas sobre los sacramentos, el Papado, etc., se han separado obstinadamente de la Fe de la Iglesia Romana y, por lo tanto, han cortado su membresía en la Iglesia de Cristo. Lo mismo es cierto con el “Ortodoxo Oriental”, que rechaza obstinadamente los dogmas sobre el Papado y la Infalibilidad Papal. Ellos necesitan convertirse a la Fe Católica para obtener la salvación.
Los niños o las personas que son bautizados en las comunidades heréticas no pueden volverse herejes hasta que alcanzan la edad de la razón o hasta que adoptan cualquier punto de vista herético que es opuesto a la Iglesia Católica. Esto significa que algunas de esas personas bautizadas, que ahora van a una “Iglesia” hereje o cismática, pueden no ser todavía herejes, aunque todos los demás en la misma iglesia sean herejes. Sin embargo, cuando estos niños alcanzan la edad de la razón, muchos de ellos caen en el error llamado “herejía material”.
El término “herejía material” se usa para describir a personas que creen en una herejía sin saber que están contradiciendo la enseñanza oficial e infalible de la Iglesia Católica. No existe tal cosa como un hereje material dentro de la enseñanza dogmática de la Iglesia. Existen los herejes; existen los cismáticos; y existen los católicos. El hereje material es simplemente un nombre para un católico que yerra en buena fe sobre un dogma. En otras palabras, es otro nombre para un católico equivocado. Es una persona que sostiene una posición falsa – una que es estrictamente incompatible con el dogma católico. Sin embargo, esa persona no está obstinada en contra de ese dogma. Cambiaría inmediatamente su posición al ser informado sobre la verdadera posición. El “hereje material” es un católico. Esto es muy importante de comprender. Muchos santos católicos han sido herejes materiales. Santo Tomás, por ejemplo, no creía que María fue concebida inmaculadamente (Summa Theologica, Parte III, Q. 14, Art. 3, Respuesta a Obj.) a pesar que ahora es un dogma definido que María fue concebida inmaculadamente, y no es de extrañarse que hasta los santos han errado en sus enseñanzas, porque es muy difícil de imaginar que un humano pueda conocer todas las enseñanzas existentes de la Iglesia.
La ley natural está escrita en el corazón de todos los hombres, de manera que todos los hombres saben que ciertas cosas están en contra de la ley de Dios y que ciertas cosas están de acuerdo a la ley natural de la caridad, etc.
Tal como lo explican correctamente la Biblia y el Comentario de Haydock sobre los romanos 2:14-16,
“estos hombres son una ley en sí mismos, y la han escrito en sus corazones, en cuanto a la existencia de Dios, y su razón les dice que muchos pecados son ilegales: también pueden hacer algunas acciones que son moralmente buenas, como dar caridad para aliviar a los pobres, honrar a sus padres, etc. , no que estas acciones, moralmente buenas, sean suficiente para su justificación de sí mismos, o que los hagan merecedores de una recompensa sobrenatural en el reino del cielo; pero Dios, en Su infinita misericordia, les dará algunas gracias sobrenaturales” las cuales, si continúan cooperando con ellas, obtendrán más gracias y eventualmente quedarán expuestos a la Fe Católica, la cual deben de tener para ser salvados.”
Todos los infantes bautizados son católicos, aunque hayan sido bautizados en una iglesia metodista – edificio, etcétera. Esto es de fide. Estos católicos bautizados, cuando alcanzan la edad de la razón en un edificio protestante, si creen en, y sostienen, la Trinidad y la Encarnación (los cuales son dos misterios esenciales de la Fe Católica) sostienen los misterios absolutamente esenciales de la Fe Católica.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Credo de Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolable, sin duda alguna precederá por toda la eternidad. – Pero la fe católica es esto: que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad... Pero es necesario para la salvación eterna que los fieles crean también en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo... que el Hijo de Dios es Dios y hombre... Esta es la fe católica; a menos que cada uno crea esto fiel y firmemente, no puede ser salvado.”
Si no conocen otros dogmas católicos (distintos a la Trinidad y a la Encarnación) entonces no son herejes sino católicos [cristianos], a menos que mantengan una posición que sea incompatible con la Fe en la Trinidad y la Encarnación, o nieguen una verdad que todos sepan sobre Dios y la ley natural, o nieguen algo que sepan que ha sido enseñado claramente en las Escrituras. Por ejemplo, si la persona bautizada, descrita anteriormente, declara que cree en la Trinidad y en la Encarnación pero sostiene que todas las religiones son más o menos buenas, entonces es un hereje y no tiene la Fe Católica (aún antes de saber que dicha posición está condenada por la Iglesia) porque su creencia es incompatible con la verdadera Fe en la Trinidad como el único Dios verdadero, cuya creencia debe de tener para decirse que tiene la Fe Católica en sus componentes más simples.
Papa Pío XI, Mortalium Animos (#2), 6 de enero, 1928: “... esa opinión falsa que considera a todas las religiones más o menos buenas y dignas de alabanza... Aquellos que sostienen esta opinión no sólo están en error y son engañados, sino también al distorsionar la idea de la verdadera religión, la rechazan ...”
Otro ejemplo sería si la persona bautizada que cree en la Trinidad y en la Encarnación (los cuales son los componentes más simples de la Fe Católica) y nunca ha oído de otros dogmas católicos, sostiene que el hombre no tiene un libre albedrío (lo cual enseñan algunos protestantes). Esta persona también se volvería hereje aún antes que hubiese visto su posición condenada por la Iglesia y antes que hubiese escuchado de otros dogmas católicos (distintos a la Trinidad y a la Encarnación) porque está rechazando una verdad que todos saben es verdad a partir de la ley natural, es decir, que el hombre tiene un libre albedrío. Por lo tanto, está negando una verdad que todos saben sobre el hombre a partir de la ley natural y, entonces él es un hereje.
Otro ejemplo sería si la persona bautizada que cree en la Trinidad y en la Encarnación (la Fe Católica en sus componentes más simples) y nunca ha oído de otros dogmas católicos, rehusa creer que Dios es alguien que recompensa y que castiga. Esta persona es un hereje, a pesar que nunca ha visto que su posición sea condenada por la Iglesia y nunca ha escuchado de otros dogmas católicos, porque él rechaza una verdad que él sabe es verdadera a partir de la ley natural, que Dios es alguien que recompensa y que castiga nuestras acciones (ver Hebreos 11:6).
Una gran mayoría de protestantes hoy en día creen en las doctrinas de “solo la fe” y “seguridad eterna”. Estas doctrinas contradicen tanto la ley natural como la razón, que dicen que todo hombre será recompensado o castigado por sus obras. También contradicen, palabra por palabra, las enseñanzas de Santiago 2 en las escrituras, que enseñan que la fe sin obras está muerta y que el hombre no se salva únicamente por la fe. Esta persona que cree únicamente en la fe o en la seguridad eterna es un hereje, aunque nunca haya visto que su posición sea condenada por la Iglesia y nunca haya escuchado de otros dogmas católicos, porque él rechaza una verdad que él sabe es cierta por la ley natural, que Dios es alguien que recompensa y que castiga las acciones, y que solo la fe no justifica al hombre sino también nuestras obras.
Otras herejías comunes en contra de la ley natural son: sostener que es aceptable el control de la natalidad o la planificación familiar natural, también llamada PFN, que muchos “Católicos” practican para evitar la concepción, (que los hace culpables del pecado mortal de la contracepción), o si una persona ha de sostener que es aceptable el aborto, o si una persona ha de sostener que es aceptable consumir drogas que alteran la mente hasta el punto en el cual se impide la conciencia.
Estos ejemplos caerían todos bajo la categoría de pecado mortal, porque él rechaza una verdad que todos saben es verdad a partir de la ley natural, es decir, 1) que el aborto es asesinato, 2) que la contracepción o la PFN frustra el poder natural para generar vida, 3) que las drogas que alteran la mente como el fumar marijuana, es un pecado mortal, igual que lo es emborracharse.
Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuán grave puede ser, es tal que de su propia naturaleza separe al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace el cisma o la herejía o la apostasía.”
Podemos ver que son las enseñanzas de la Iglesia Católica que dicen que el hombre es separado de la Iglesia y de la Salvación por la herejía, el cisma o la apostasía.
Los niños bautizados que alcanzan la edad de la razón en edificios de iglesias protestantes, cismáticas orientales, etc., y creen en la Trinidad y en la Encarnación (los componentes esenciales de la Fe Católica) y que no rechazan ningún dogma católico porque no conocen otro aparte de la Trinidad y la Encarnación, y no abrazan ninguna de las posiciones como las descritas anteriormente, las cuales son directamente incompatibles con la Fe en Dios, Jesucristo, la Trinidad, la Ley Natural o lo que ellos saben que es enseñado claramente en las Escrituras, serían católicos en un edificio de iglesia hereje.
Hasta ahora hemos visto que es un dogma definido infaliblemente que todos aquellos que mueren no-católicos, incluyendo los judíos, paganos, herejes, cismáticos, etc. no pueden salvarse. Necesitan ser convertidos para tener la salvación. Ahora, debemos ver brevemente más de lo que la Iglesia dice específicamente sobre algunas de las religiones no-católicas prominentes, como el judaísmo, islamismo y las sectas protestantes y cismáticas orientales. Esto ilustrará, una vez más, que aquellos que sostienen que los miembros de las religiones no-católicas pueden salvarse, no solo van en contra de las declaraciones solemnes que ya se han citado, sino también de las enseñanzas específicas que se citan a continuación.
LA ENSEÑANZA CATÓLICA ESPECÍFICA EN CONTRA DEL JUDAISMO
Los judíos practican el Antiguo Testamento y rechazan la Divinidad de Cristo y de la Trinidad. Los judíos rechazan a Nuestro Señor Jesucristo y lo llaman un engañador, sin embargo, ¿muchos “cristianos” dicen que son buenos? ¡Esto es algo desquiciante! La Iglesia enseña lo siguiente sobre la cesación de la Antigua Ley y sobre todos aquellos que continúan observándola.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y enseña que el asunto que pertenece a la ley del Antiguo Testamento, la ley Mosaica, que está dividida en ceremonias, ritos sagrados, sacrificios y sacramentos... cesó después de la venida de nuestro Señor y comenzaron los sacramentos del Nuevo Testamento; y que quienquiera, después de la pasión, le haya puesto esperanza a estos asuntos de la ley y se haya sometido a ellos como necesarios para la salvación, como si la fe en Cristo no podría salvarlos sin ellos, pecaba mortalmente. A todos, por lo tanto, que después de ese tiempo (la promulgación del Evangelio) observan la circuncisión y el Sabat (no hay que equivocarse con el Sabat Cristiano) y los otros requerimientos de la ley, la santa Iglesia Romana los declara ajenos a la fe cristiana y de ninguna manera aptos para participar en la salvación eterna.”
Muchas personas, que se llaman católicos, también afirman temerariamente contradiciendo esta declaración infalible por parte del Papa Eugenio IV en el Concilio de Florencia, que los judíos que rechazan a Cristo y no han encontrado o aceptado a Cristo como su Mesías, pueden salvarse. También contradicen las palabras de nuestro Señor que se encuentran en el evangelio.
Juan 3:36 “Aquel que cree en el Hijo de Dios, tiene vida eterna; pero quien no da crédito al Hijo, no verá la vida, sino que al contrario, la ira de Dios permanece siempre sobre su cabeza.”
Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. I-II, Pregunta 103, Respuesta 4: “De igual manera las ceremonias de la Antigua Ley presagian que Cristo todavía tiene que nacer y sufrir: mientras que nuestros sacramentos señalan que El ya nació y ya sufrió. Consecuentemente, así como sería un pecado mortal ahora para cualquiera, al hacer una profesión de fe, decir que Cristo todavía tiene que nacer, lo que los padres de antaño dijeron devota y verdaderamente; así también sería un pecado mortal ahora observar esas ceremonias que los padres de antaño cumplieron con devoción y fidelidad.”
Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum (#61), 1 de marzo, 1756: “La primera consideración es que las ceremonias de la Ley Mosaica fueron abrogadas por la venida de Cristo y que después de la promulgación del Evangelio ya no pueden observarse sin pecar.”
Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#s 29-30), 29 de junio, 1943: “Y antes que todo, con la muerte de nuestro Redentor, el Nuevo Testamento tomó el lugar de la Antigua Ley, la cual ha sido abolida ... en el patíbulo de Su muerte, Jesús hizo inválida la Ley y sus decretos [Efesios 2:15] ... estableciendo el Nuevo Testamento en Su sangre derramada por toda la raza humana. ‘A tal grado, entonces,’ dice San León el Grande, hablando de la Cruz de nuestro Señor, ‘se efectuó una transferencia de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de muchos sacrificios a una Víctima, ella, cuando expiró nuestro Señor, ese velo místico que cerraba la parte más interna del templo y su secreto sagrado, fue desgarrado violentamente de arriba a abajo.’ En la Cruz, entonces, murió la Antigua Ley, pronto a ser enterrada y ser portadora de muerte...”
Así, aquellos que defienden obstinadamente que los judíos sin fe, quienes rechazan a Cristo, pueden salvarse y voluntariamente contradicen estas enseñanzas infalibles de la Iglesia, son herejes y serán recibidos con toda la fuerza de la condenación automática.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino,” 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos o herejes y cismáticos, no pueden compartir en la vida eterna y se irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas...”
LA ENSEÑANZA CATÓLICA ESPECÍFICA EN CONTRA DEL ISLAM
Papa Eugenio IV, Concilio de Basilea, Sesión 19, 7 de septiembre, 1434: “... existe esperanza que muchos de la secta abominable de Mahoma serán convertidos a la fe Católica.”
Papa Calixto III, 1455: “Solemnemente prometo... exaltar la verdadera Fe y extirpar la secta diabólica de Mahoma réprobo y sin fe [Islam] en el Oriente.”
La Iglesia Católica considera el Islam como una secta “abominable” y “diabólica”. [Nota: el Concilio de Basilea es considerado ecuménico / aprobado únicamente en las primeras 25 sesiones, como lo señala La Enciclopedia Católica en el Volumen 4, “Concilios”, pp. 425-426] Una “abominación” es algo que es aborrecible ante Dios; es algo para lo cual El no tiene estima ni respeto. Algo “diabólico” es algo del Diablo. El Islam rechaza, entre muchos otros dogmas, la Divinidad de Jesucristo y la Trinidad. Sus seguidores están fuera del límite de la salvación, en tanto permanezcan siendo musulmanes.
Papa Clemente V, Concilio de Viena, 1311-1312: “Es un insulto para el santo nombre y una desgracia a la fe cristiana que en ciertas partes del mundo que están sujetas a los príncipes cristianos en donde viven los Sarracenos [es decir, los seguidores del Islam, también llamados musulmanes] a veces aparte, a veces entremezclados con los cristianos, los sacerdotes sarracenos, comúnmente llamados Zabazala, en sus templos o mezquitas, en las cuales se reúnen los sarracenos para adorar al infiel Mahoma, invocan y ensalzan su nombre todos los días a ciertas horas desde un lugar elevado... Existe un lugar, más aún, en donde una vez fue enterrado cierto sarraceno a quien otros sarracenos veneran como santo. Esto conlleva un descrédito sobre nuestra fe y produce un gran escándalo para los fieles. Estas prácticas no pueden tolerarse sin desagradar la divina majestad. Por lo tanto, nosotros, con la aprobación del sagrado concejo, prohibimos estrictamente dichas prácticas en lo sucesivo en las tierras cristianas. Nosotros ordenamos sobre los príncipes católicos, uno y todos... Ellos deben de remover esta ofensa en forma conjunta de sus territorios y tener cuidado que sus súbditos la remuevan, para que puedan así alcanzar la recompensa de la felicidad eterna. Han de prohibir expresamente la invocación pública del nombre sacrílego de Mahoma... Aquellos que presumen actuar contrariamente han de ser castigados por los príncipes por su irreverencia, para que otros puedan ser refrenados de tal osadía.”
A pesar que la Iglesia enseña que se pierden todos aquellos que mueren siendo no-católicos, también enseña que nadie debe de ser forzado a abrazar el bautismo, ya que la creencia es un acto de libre albedrío.
Papa León XIII, Immortale Dei (#36), 1 de noviembre, 1885: “Y, de hecho, la Iglesia tiene la costumbre de poner atención con ahínco que nadie será forzado a abrazar la fe Católica en contra de su voluntad, porque como nos lo recuerda sabiamente San Agustín, ‘El hombre no puede creer a menos que sea por su propia voluntad’.”
La enseñanza del Concilio de Viena de que los príncipes cristianos harían valer su autoridad civil para prohibir la expresión pública de la religión falsa del Islam, nuevamente muestra que el Islam es una religión falsa que lleva a las almas al Infierno (no al Cielo) y que le disgusta a Dios.
ENSEÑANZA CATÓLICA ESPECÍFICA EN CONTRA DE LAS SECTAS PROTESTANTE Y CISMÁTICA
La Iglesia Católica también enseña que aquellas personas bautizadas que abrazan las sectas herejes y cismáticas perderán sus almas. Jesús fundó Su Iglesia sobre San Pedro, tal y como ya lo vimos, y declaró que quien no escucha a la Iglesia sea considerado como gentil y publicano (Mateo 18:17). También le ordenó a Sus seguidores que observaran “todas las cosas” que El ha ordenado (Mateo 28:20). Las sectas cismáticas orientales (como es la “Ortodoxa”) y las sectas protestantes son movimientos de rompimiento que se han separado de la Iglesia Católica. Al separarse de la única Iglesia de Cristo, dejan el camino de la salvación e ingresan al camino de la perdición.
Estas sectas rechazan obstinada y pertinazmente una o más de las verdades que Cristo claramente instituyó, como es el Papado (Mateo 16; Juan 21; etc.), la Confesión (Juan 20:23), la Eucaristía (Juan 6:54), y otros dogmas de la Fe Católica. Para poder ser salvado uno debe asentir a todas las cosas que la Iglesia Católica, basada en las Escrituras y la Tradición, ha definido infaliblemente como dogmas de Fe.
A continuación se encuentran sólo unos pocos dogmas infalibles de la Fe Católica que son rechazados por los protestantes y (en el caso del Papado) por la “Ortodoxa” Oriental. La Iglesia “anatematiza” (una forma severa de la excomunión) a todos que asienten obstinadamente a lo contrario de sus definiciones dogmáticas.
“Para comprender la palabra anatema... primero debemos de regresar al verdadero significado de herem el cual sería su equivalente. Herem viene de la palabra haram, cortar, separar, maldecir, e indica aquello que está maldito y condenado a ser cortado o exterminado, ya sea una persona o una cosa y, en consecuencia, aquello que está prohibido que el hombre use. Este es el sentido de anatema en el siguiente pasaje de Deuteromonio vii, 26: ‘Ni meterás cosa alguna de ídolo en tu casa, porque no venga a ser anatema, como él lo es. La detestarás como inmundicia y la abominarás como suciedad y horruras; por cuanto es un anatema.’”
Así, un protestante o un “Ortodoxo Oriental” que obstinadamente rechaza estas enseñanzas dogmáticas está anatematizado y cortado de la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación. Es sumamente interesante que, al emitir estos cánones dogmáticos, la Iglesia dice: “Si alguien dijera... que sea anatema [anatema sit]” en oposición a “Si alguien dijera... él es anatema [anatema est].” Esta calificación de “que sea anatema” da lugar a aquellos católicos que pueden no saber de un dogma específico y se adecuarían a la enseñanza del canon en cuanto el mismo se le presentase. La persona que es obstinada, sin embargo, y voluntariamente contradice la enseñanza dogmática de la Iglesia recibe toda la fuerza de la condenación automática.
El punto acá es que si alguien es capaz de rechazar estos dogmas y aún así ser salvado, entonces estas definiciones infalibles y sus anatemas acompañantes no tienen significado, valor o fuerza alguna. Pero sí tiene significado, valor y fuerza – son enseñanzas infalibles protegidas por Jesucristo. Así, todos aquellos que rechazan estos dogmas son anatematizados y están sobre el camino hacia la condenación.
Papa Pío XI, Rerum omnium perturbationen (#4), 26 de enero, 1923: “El santo, Francisco de Sales, no por eso dejó de ser una persona... y pareció haber sido enviado especialmente por Dios para pelear en contra de las herejías engendradas por la Reforma [Protestante]. Es en estas herejías que descubrimos los inicios de esa apostasía de la Iglesia por parte de la humanidad, los efectos tristes y desastrosos que son deplorados, aún en el momento actual, por toda mente justa.”
Papa Julio III, Concilio de Trento, Sesión 13, Canon 1 sobre la Eucaristía, ex cátedra: “Si alguien niega que en el sacramento de la Santísima Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente están contenidos el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por lo tanto, Cristo entero, y en vez dice que Él está en ello como signo o figura o fuerza, que sea anatema.”
Papa Julio III, Concilio de Trento, Sesión 14, Canon 3 sobre el Sacramento de la Penitencia: “Si alguien dice que las palabras del Señor Salvador: ‘Recibid el Espíritu Santo: quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonareis; y quedan retenidos a los que se los retuviereis’ [Juan 20:22 f.], no han de entenderse como el poder de remitir y retener los pecados en el sacramento de la penitencia... que sea anatema.”
Papa Julio III, Concilio de Trento, Sesión 14, sobre la Extremaunción y la Penitencia: “Estas son las cosas que profesa y enseña este sínodo ecuménico sagrado en relación a los sacramentos de la penitencia y la extremaunción, y los estipula para que sean creídos y sostenidos por todos los fieles de Cristo. Más aún, los siguientes cánones, dice, deben de observarse en estado inviolado y condena y anatematiza para siempre a quien asevere lo contrario.”
Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión 6, Capítulo 16, ex cátedra: “Después de esta doctrina Católica de justificación – la cual, a menos que la acepte fiel y firmemente, nadie puede ser justificado- le pareció bueno al santo Sínodo agregar estos cánones, para que todos puedan saber, no sólo lo que deben sostener y seguir, sino también lo que deben de esquivar y evitar.”
Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, Sesión 4, Capítulo 3, ex catedra :” ... todos los fieles de Cristo deben de creer que la Sede Apostólica y el Pontífice Romano tienen primacía sobre todo el mundo, y que el Pontífice de Roma en sí mismo es el sucesor del Santo Pedro, el jefe de los apóstoles, y es el verdadero vicario de Cristo y jefe de toda la Iglesia... Además, Nosotros enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, sostiene la soberanía de poder ordinario sobre todos los demás... Esto es la doctrina de la verdad Católica de la cual nadie puede desviarse y aún así mantener su fe y salvación.”
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO ES NECESARIO PARA LA SALVACIÓN
Para mostrar adicionalmente que el Sacramento del Bautismo es necesario para la salvación, citaré numerosas declaraciones infalibles del Trono de San Pedro.
Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Sesión 7, Canon 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo [del Sacramento] es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (cf. Jn. 3:5): que sea anatema.”
Esta definición dogmática infalible desde el Trono de San Pedro condena a cualquier que dice que el Sacramento del Bautismo no es necesario para la salvación. El Sacramento del Bautismo es necesario para todos para alcanzar su salvación, primero porque, tal como lo define el Concilio de Trento, todos los hombres (excepto la Santísima Virgen María) fueron concebidos en un estado de pecado original como resultado del pecado de Adán, el primer hombre. El Sacramento del Bautismo también es necesario para todos para alcanzar su salvación porque es el medio por el cual uno es marcado como miembro de Jesucristo e incorporado a Su Cuerpo Místico. Y al definir la verdad que todos los hombres fueron concebidos en el estado de Pecado Original, el Concilio de Trento específicamente declaró que la Santísima Virgen fue una excepción a su decreto sobre el Pecado Original. Pero al definir la verdad que el Sacramento del Bautismo es necesario para la salvación, el Concilio de Trento no hizo excepción alguna.
Papa Eugenio IV, El Concilio de Florencia, “Exultate Deo,” 22 de noviembre, 1439: “El Santo Bautismo, que es la puerta a la vida espiritual, tiene el primer lugar entre todos los sacramentos; a través de él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y debido a que la muerte entró en el universo a través del primer hombre, ‘quien no renaciere por el bautismo de agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios [Juan 3:5]. La materia de este sacramento es agua verdadera y natural.”
Papa Inocente III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Pero el sacramento del bautismo es consagrado en agua con la invocación de la Trinidad indivisa – es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo – y trae la salvación tanto a niños como a adultos cuando es realizada correctamente por cualquiera en la forma que está estipulada por la Iglesia.”
Papa Pío XI, Quas Primas (#15), 11 de diciembre, 1925: “Ciertamente este reino es presentado en los Evangelios como tal, en el cual los hombres se preparan para su ingreso haciendo penitencia; más aún, no pueden entrar en él excepto a través de la fe y el bautismo, lo cual, a pesar de ser un rito externo, significa una regeneración interior y efectúa la misma.”
Vemos acá que uno no puede entrar en el reino del Cielo sin tener fe y el rito externo del bautismo (es decir, el Sacramento del Bautismo). Hoy en día las personas ignorantes contradicen este hecho y dicen que las personas pueden alcanzar el cielo sin un bautismo verdadero y real con agua. Uno podría entender fácilmente si una persona fuese ignorante de estos hechos y creyesen que una persona o infante podría ser Salvado sin el sacramento del bautismo, ya que muchos han estado equivocados en este asunto, aún los Santos. Pero cuando uno ha visto estas declaraciones dogmáticas infalibles por parte de los Papas, y aún así sostener obstinadamente la posición de que las personas o infantes pueden salvarse sin el bautismo real y verdadero con agua, él es un hereje. Un hereje es una persona que obstinadamente, voluntariamente y a sabiendas sostiene una opinión que él sabe está en oposición a lo que enseña la Iglesia.
Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 2 sobre el Sacramento del Bautismo, Sesión 7, 1547, ex cátedra: “Si alguien dijese que el agua verdadera y natural no es necesaria para el bautismo, y en esa cuenta aquellas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘Quien no renaciere por el bautismo de agua, y la gracia del Espíritu Santo’ [Juan 3:5], son distorsionadas en alguna forma de metáfora: que sea anatema.”
Papa Benedicto XIV, Nuper ad nos, 16 de marzo, 1743, Profesión de Fe: “Igualmente (yo profeso) que el bautismo es necesario para la salvación y, por lo tanto, si existe un peligro inminente de muerte, deberá conferirse inmediatamente sin retraso alguno, y que es válido si fuese conferido con la materia y la forma y la intención correctas por cualquier persona, y en cualquier momento.”
Catecismo del Concilio de Trento, El Bautismo hecho obligatorio después de la Resurrección de Cristo, p. 171: “Los santos escritores son unánimes al decir que después de la Resurrección de nuestro Señor, cuando El le dio a Sus Apóstoles la orden de ir y enseñar a todas las naciones: bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, la ley del Bautismo se hizo obligatoria sobre todos que han de ser salvados.”
El que una persona afirme que la salvación puede obtenerse invencible o ignorantemente por los judíos, paganos, herejes o cismáticos sin el bautismo o la Fe Católica, es realmente la doctrina más maligna, ya que hace que la Fe en Jesucristo y la verdadera Fe Católica no tengan sentido. De acuerdo a este punto de vista mundial erróneo, cualquiera que sea “bueno” puede alcanzar la vida eterna.
Muchas personas gustan de objetar en contra de estas verdades como “amargas” o “poco caritativas”. Pero esto no es cierto. El “cimiento de la caridad es la fe pura e inmaculada” (Papa Pío XI, Mortalium Animos, #9). Algunos también dirán que no pueden comprender la justicia detrás de estas declaraciones infalibles por parte de Dios a través de los Papas. Pero no es nuestro trabajo cuestionar las leyes y los decretos de Dios. Nuestro trabajo es creer primero y segundo comprender. Sin embargo, si uno ve esta situación claramente, uno puede comprender la justicia detrás de la misma. Adán y Eva trajeron la muerte y el pecado original sobre cada humano a través de su pecado de comer la fruta prohibida. ¿Cayeron por sólo desear la fruta? ¡NO! Ellos cayeron después de comer una verdadera fruta física. Si no podemos aceptar que toda la humanidad debe de ser bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ¿cómo podemos aceptar que toda la humanidad cayó en pecado porque Adán y Eva comieron de una fruta física?
Aquí se encuentran unas citas muy pertinentes tomadas de las Revelaciones de Santa Brígida, que describen el poder de un bautismo real y cómo el agua verdadera debe de unirse al sacramento del bautismo para que el bautismo sea eficaz:
“La Madre apareció nuevamente y dijo: “Hijo mío, todavía tienes necesidad de un caballo y una silla de montar.” El significado espiritual del caballo es el bautismo. Así como un caballo tiene sus cuatro patas y lleva a un hombre durante el viaje que debe realizar, así también el bautismo, tal como está significado en el caballo, lleva al hombre ante la presencia de Dios y tiene cuatro efectos espirituales. El primer efecto es que los bautizados son liberados del demonio y están ligados a los mandamientos y al servicio de Dios. El segundo efecto es que son purificados del pecado mortal. El tercero es que son hechos hijos y coherederos de Dios. El cuarto es que se les abre el cielo.
Sin embargo, ¡cuántos existen hoy en día que han llegado a la edad de la razón, halan las riendas del caballo del bautismo y cabalgan sobre un camino falso! El camino del bautismo es verdadera y correctamente seguido cuando las persona son instruidas y sostenidas en buenos hábitos morales antes de llegar a la edad de la razón y cuando, al llegar a la edad de la razón y considerar cuidadosamente lo que fue prometido en la pila bautismal, ellos mantienen intactos su fe y su amor por Dios. Sin embargo, ellos cabalgan lejos del camino correcto y frenan el caballo cuando prefieren el mundo y la carne a Dios. La silla de montar del caballo o del bautismo es el efecto de la amarga pasión y muerte de Jesucristo, lo que le dio eficacia al bautismo. ¿Qué es el agua sino un elemento? Tan pronto fue derramada la sangre de Dios, la palabra de Dios y el poder de la sangre derramada de Dios ingresó en el elemento. Así, por la palabra de Dios, el agua del bautismo se convirtió en el medio de reconciliación entre la humanidad y Dios, la puerta de la misericordia, la expulsión de los demonios, el camino al cielo, y el perdón de los pecados. De manera que aquellos que se jactan del poder del bautismo primero deberían considerar cómo fue instituido el efecto del bautismo a través de un dolor amargo. Cuando sus mentes se hinchan con orgullo en contra de Dios, que consideren cuán amarga fue su redención, cuántas veces han roto sus votos bautismales, y qué es lo que merecen por sus recaídas en el pecado.” (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 4, Capítulo 74.)
Como podemos leer de esta espléndida enseñanza por parte de nuestra Santísima Madre, el agua recibió la sangre de nuestro Señor cuando Él murió por nuestros pecados, y es por eso que el agua puede tener una eficacia tan grande que hasta puede lavar el pecado original cuando se usa con la invocación que hace el hombre de la Santísima Trinidad. A continuación hay otro buen ejemplo en las revelaciones de Santa Brígida sobre la eficacia del bautismo:
Cristo describe por qué un niño de tres años de edad es atormentado por un demonio: “Y aunque el niño nació de la semilla del padre y de la madre, el demonio todavía tiene el mayor poder sobre él, porque no ha sido vuelto a nacer a través del verdadero bautismo, sino sólo fue bautizado de la manera en que las mujeres acostumbran a bautizar, quienes no conocen sobre las palabras de la Santísima Trinidad. Es por eso que el niño debe de ser bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; entonces será curado.”
CREAN EN EL DOGMA, TAL COMO FUE UNA VEZ DECLARADO
Hay una única manera de creer en el dogma: tal como la santa madre Iglesia lo declaró.
Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, Sesión 3, Capítulo 2 sobre la Revelación, 1870, ex cátedra: “Por lo tanto, también esa comprensión de sus sagrados dogmas debe retenerse perpetuamente, tal como una vez lo declaró la Santa Madre Iglesia; y nunca debe de haber una recesión a partir de ese significado bajo el nombre aparente de una comprensión más profunda.”
Uno de los principales problemas con los grupos “Católicos” más tradicionales y el Segundo Concilio Vaticano hereje – la “Iglesia” de Vaticano II – es la desviación constante y obstinada del verdadero significado literal, tal como fueron una vez declarados infaliblemente los dogmas. Tal como lo aprendimos anteriormente, nunca puede haber una recesión del verdadero significado de los dogmas como una vez fueron declarados bajo el nombre aparente de una comprensión más profunda. Así, estamos forzados a aceptar los dogmas tal como están escritos bajo la pena de pecado mortal.
Esta definición del Primer Concilio Vaticano es críticamente importante para la pureza dogmática, porque la principal manera en que el Demonio intenta corromper las doctrinas de Cristo es haciendo que los hombres retrocedan (se alejen) de los dogmas de la Iglesia tal como fueron una vez declarados. No existe otro significado de un dogma aparte de los que las mismísimas palabras declaran y dicen, de tal manera que el Demonio trata de hacer que los hombres “comprendan” e “interpreten” estas palabras de una manera distinta a la forma en que la santa madre Iglesia las ha declarado.
Muchos de nosotros hemos tratado con personas que han intentado alejar con sus explicaciones el claro significado de las definiciones sobre Fuera de la Iglesia No Hay Salvación diciendo, “ustedes las deben de comprender”. Lo que realmente quieren decir es que las deben de comprender de manera distinta a lo que las palabras en sí dicen y declaran. Y esto es precisamente lo que el Primer Concilio Vaticano condena. Condena su alejamiento de la comprensión de un dogma que la santa madre Iglesia una vez ha declarado, con un significado diferente, bajo el nombre aparente (falso) de una “comprensión más profunda.”
Además de quienes argumentan que debemos de “comprender” los dogmas de manera distinta a lo que las mismas palabras en sí dicen y declaran, existen quienes, cuando se les presentan las definiciones dogmáticas sobre Fuera de la Iglesia No Hay Salvación dicen, “esa es su interpretación”. Ellos menosprecian las palabras de una fórmula dogmática a nada más que la interpretación privada propia. Y esto también es una herejía. Porque no es nuestra interpretación que define los dogmas, los dogmas se definen a sí mismos, tal como han sido mostrados. Una persona que clama lo contrario será culpable de tener testigos falsos. Y esto es también un pecado mortal.
AQUELLOS QUE MUEREN EN PECADO ORIGINAL O EN PECADO MORTAL DESCIENDEN AL INFIERNO
Tal como lo he demostrado arriba, no hay manera posible que los niños sean liberados del pecado original más que a través del Sacramento del Bautismo. Esto, claro está, demuestra que no existe manera alguna que los infantes sean salvados más que a través del Sacramento del Bautismo. De manera que las definiciones siguientes simplemente afirman lo que ya ha sido establecido: ningún niño puede entrar al reino del Cielo sin recibir el agua bautismal; en vez descenderá al Infierno.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Letentur coeli”, Sesión 6, 6 de julio, 1439, ex cátedra: “También definimos que... las almas de aquellos que dejan esta vida en un pecado mortal real, o únicamente en pecado original, se van directo al infierno, pero a sufrir castigos de distinta clase.”
Papa Pío VI, Auctorem fidei, 28 de agosto, 1794:“26. La doctrina que rechaza como una fábula pelagiana, ese lugar de las regiones bajas (a los que los fieles generalmente designan con el nombre de limbo de los niños) en donde las almas de aquellos que se van con la única culpa de pecado original, son castigadas con el castigo de los condenados, exclusivo del castigo de fuego, como si, por este mismo hecho, aquellos que eliminan el castigo del fuego presentaron ese lugar intermedio y estado libre de culpa y de castigo, entre el reino de Dios y la condenación eterna, como aquellos sobre lo cual hablan futilmente los pelagianos” – Condenado como falso, temerario e injurioso para las escuelas Católicas.
Acá el Papa Pío VI condena la idea de algunos teólogos en cuanto a que los infantes que mueren en pecado original sufren los fuegos del Infierno. Al mismo tiempo, confirma que estos infantes que van a una parte de las regiones bajas (es decir, el Infierno) llamado el limbo de los niños. No van a Cielo, sino a un lugar en el Infierno en donde no hay fuego. Esto está perfectamente de acuerdo a todas las demás definiciones solemnes de la Iglesia, que enseñan que los infantes que mueren sin el bautismo de agua descienden al Infierno, pero sufren un castigo distinto a aquellos que mueren en pecado mortal. Su castigo es la separación eterna de Dios.
Papa Pío XI, Mit brennender Sorge (·25), 14 de marzo, 1937: “ ‘ Pecado original’ es la falta hereditaria pero impersonal de los descendientes de Adán, que han pecado en él (Rom. V 12). Es la pérdida de la gracia y, por lo tanto, de la vida eterna, junto con una propensión al mal, lo cual todos deben, con asistencia de la gracia, penitencia, resistencia y esfuerzo moral, reprimir y conquistar.”
LOS NIÑOS NO BAUTIZADOS Y EL LIMBO DE LOS NIÑOS
La Iglesia Católica enseña que los niños abortados y los infantes que mueren sin el bautismo descienden inmediatamente al Infierno, pero que no sufren los fuegos del Infierno. Van a un lugar en el Infierno llamado el limbo de los niños. La definición más específica de la Iglesia que demuestra que no hay manera posible de que un infante sea salvado sin el Sacramento del Bautismo es la siguiente tomada del Papa Eugenio IV.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Sesión 11, 4 de febrero, 1442, ex cátedra: “En relación a los niños, ciertamente, debido al peligro de muerte, que a menudo puede suceder, cuando no se les puede llevar ayuda a ellos por ningún otro remedio más que a través del sacramento del bautismo, por el cual son arrebatados del dominio del Demonio (pecado original) y adoptados entre los hijos de Dios, aconseja que no deberá postergarse el santo bautismo por cuarenta u ochenta días, o ningún tiempo, de acuerdo a la observancia de ciertas personas...” (Denz. 712)
Acá el Papa Eugenio IV definió desde el Trono de Pedro que no existe otro remedio para que los infantes sean arrebatados del dominio del demonio (es decir, del pecado original) más que a través del Sacramento del Bautismo. Esto significa que cualquiera que enseña obstinadamente que los infantes pueden salvarse sin recibir el Sacramento del Bautismo es un hereje, porque está enseñando que existe otro remedio para el pecado original en los niños distinto al Sacramento del Bautismo.
Papa Martín V, Concilio de Constanza, Sesión 15, 6 de julio, 1415 – Condenando los artículos de John Wyclif – Proposición 6: “Aquellos que declaran que los niños de los fieles que mueren sin el bautismo sacramental no serán salvados, son estúpidos y presuntuosos al decir esto.” – Condenados.
El archi-hereje John Wyclif propuso que aquellos (como nosotros) son estúpidos al enseñar que los infantes que mueren sin el bautismo del agua (es decir, sacramental) no pueden ser salvados. Fue anatematizado por esta aseveración, entre muchos otros. Y lo siguiente es lo que dijo el Concilio de Constanza sobre las proposiciones anatematizadas de John Wyclif, como el Nº 6 anterior.
Papa Martín V, Concilio de Constanza, Sesión 15, 6 de julio, 1415: “Los libros y los panfletos de John Wyclif, de memoria maldita, fueron examinados cuidadosamente por los doctores y maestros de la Universidad de Oxford... Este santo sínodo, por lo tanto, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, repudia y condena, por este decreto perpetuo, los artículos antedichos y cada uno de ellos en particular; y prohíbe que todo y cada uno de los Católicos, en lo sucesivo, bajo pena de anatema, predique, enseñe o sostenga los dichos artículos o cualesquiera de ellos.”
De manera que aquellos que critican a los Católicos por afirmar el dogma que ningún infante puede ser salvado sin el Sacramento del Bautismo realmente proponen la herejía anatematizada de John Wyclif. A continuación algunas otras definiciones dogmáticas sobre el tema:
Papa San Zósimo, El Concilio de Cartago, Canon sobre Pecado y Gracia, 417 A.D.- “Se ha decidido igualmente que si alguno dice que por esta razón el Señor dijo: ‘En la casa de Mi Padre hay muchas mansiones’ [Juan 14:2]: puede entenderse que en el reino del cielo habrá algún lugar intermedio o algún lugar donde sea, en donde viven los benditos infantes quienes se fueron de esta vida sin el bautismo, sin el cual no pueden entrar en el reino del cielo, lo cual es la vida eterna, que sea anatema.” (Denz. 102, adición auténtica al Canon 2).
Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Sobre el Pecado Original, Sesión V, ex cátedra: “Si alguien dice que los bebés recién nacidos no deberán bautizarse aunque hayan nacido de padres bautizados; o dice que ellos ciertamente son bautizados para la remisión de los pecados, pero no incurren en traza alguna del pecado original de Adán que necesite purificarse con la jofaina del renacimiento para que ellos obtengan la vida eterna, con la consecuencia necesaria que en su caso se entiende como una forma de bautismo para la remisión de los pecados, lo cual no es cierto sino falso: que sea anatema.” (Denz. 791)
Esto significa que cualquier que afirma que los infantes no necesitan la “jofaina del renacimiento” (bautismo de agua) para alcanzar la vida eterna, está enseñando herejía. San Agustín fue quizá el proponente más extrovertido de la verdad apostólica que los infantes que mueren sin el Bautismo están excluidos del Reino del Cielo (ya que tienen el pecado original).
San Agustín, A.D. 415: “Cualquiera que dijera que los infantes que pasan de esta vida sin haber participado en el Sacramento [del Bautismo] se harán vivos en Cristo, realmente va en contra de la prédica del Apóstol y condena a toda la Iglesia, en donde hay gran prisa en bautizar a los infantes porque se cree, sin duda alguna, que no existe otra manera en la cual pueden hacerse vivos en Cristo.” (Jurgens, La Fe de los Primeros Padres, Vol 3: 2016).
Las Revelaciones de Santa Brígida también corroboran esta verdad dogmática infalible revelada por Dios en el Libro 5, Interrogante 6:
Primera pregunta. Nuevamente apareció en su escalera como antes, diciendo: “Oh Juez, os pregunto: ¿Por qué un infante emerge vivo del vientre de la madre y obtiene el bautismo, mientras que otro, habiendo recibido un alma, muere en el vientre de la madre?”
Respuesta a la primera pregunta. El Juez respondió: “Preguntas por qué un infante muere en el vientre de la madre mientras que otro emerge vivo. Hay una razón. Toda la fuerza del cuerpo del niño proviene, claro está, de la semilla de su padre y de su madre; sin embargo, muere rápidamente. Como resultado de la negligencia o descuido de los padres, así como de mi justicia divina, muchas veces sucede que lo que se unió rápidamente se desune rápidamente.
Sin embargo, un alma no se lleva al castigo más duro por esta razón, sin importar cuan poco tiempo tuvo para darle vida al cuerpo, sino, en vez, viene a la misericordia que se me conoce. Así como el sol que brilla dentro de una casa no se ve tal como es en su belleza – únicamente aquellos que ven al firmamento ven sus rayos – así también las almas de dichos niños, a pesar que no ven mi rostro por falta de bautismo, no obstante están más cerca de mi misericordia que del castigo, pero no de la misma manera como mis elegidos.” (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 5, Interrogante 6, Pregunta 1)
Más Prueba:
“¡Pero consideren mi bondad y mi misericordia! Ya que, como lo dice el maestro, le doy virtud a aquellos que no tiene virtud alguna. Por razón de mi gran amor doy el reino del cielo a todos los bautizados que mueren antes de llegar a la edad de la discreción. Tal como está escrito: Ha complacido a mi Padre darle el reino del cielo a personas como estas. Por razón de mi tierno amor, hasta muestro misericordia a los infantes de los paganos. Si alguno de ellos muere antes de alcanzar la edad de la discreción, dado que no puede conocerme cara a cara, ellos, en vez, van a u lugar que no se permite que ustedes sepan pero en donde vivirán sin sufrimiento.” – (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 2, Capítulo 1)
Estas oraciones fascinantes claramente afirman el dogma Católico infalible, enseñándonos que nadie puede ver el rostro de Dios sin el bautismo de agua. Sin embargo, también nos dan una confirmación explícita que estos niños están en un estado de luz y misericordia, a pesar que no de la misma manera que aquellos en el Cielo.
EL BAUTISMO DE SANGRE Y EL BAUTISMO DE DESEO – TRADICIONES ERRÓNEAS DEL HOMBRE
En este documento he mostrado que la Iglesia Católica enseña infaliblemente que el Sacramento del Bautismo es necesario para la salvación. También he mostrado que es sólo a través de la recepción del Sacramento del Bautismo que uno se incorpora a la Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación. También he mostrado que la Iglesia Católica enseña infaliblemente que las palabras de Jesucristo en Juan 3:5 – En verdad, en verdad te digo, respondió Jesús: que quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios – han de entenderse literalmente: tal como están escritas. Esta es la enseñanza infalible de la Iglesia y excluye cualquier posibilidad de salvación sin haber nacido nuevamente con agua y el Espíritu Santo. Sin embargo, a través de la historia de la Iglesia, muchos han creído en las teorías llamadas el bautismo de deseo y el bautismo de sangre: que el deseo que uno tiene del Sacramento del Bautismo o el martirio por la fe, suple la falta de renacer con agua y el Espíritu Santo. Aquellos que creen en el bautismo de sangre y en el bautismo de deseo elevan ciertas objeciones a la absoluta necesidad de recibir el Sacramento del Bautismo para la salvación. Responderé a algunas de las principales objeciones hechas por los defensores del bautismo de deseo y del bautismo de sangre; y en el proceso, daré una perspectiva de la historia de los errores del bautismo de deseo y del bautismo de sangre. Al hacer esto, demostraré que ni el bautismo de sangre ni el bautismo de deseo es una enseñanza de la Iglesia Católica.
LOS PADRES ESTÁN UNÁNIMES DESDE EL PRINCIPIO
Los Padres (o los primeros escritores católicos cristianos prominentes) son unánimes desde el principio en que nadie entra al cielo ni es liberado del pecado original sin el bautismo de agua.
En 140 A.D., el Padre de la Iglesia, Hermas, cita a Jesús en Juan 3:5, y escribe:
“Ellos tenían necesidad de surgir a través del agua, para que pudieran hacerse vivos; porque ellos, de otra manera, no podían entrar en el reino de Dios.”
Esta declaración es obviamente una paráfrasis de Juan 3:5, y así demuestra que desde el principio de la era apostólica los padres sostuvieron y enseñaron que nadie entra al cielo sin haber sido renacido con agua y Espíritu, basado específicamente en la declaración de Nuestro Señor Jesucristo en Juan 3:5.
En 155 A.D., San Justino el Mártir escribe:
“… son guiados por nosotros a un lugar en donde hay agua y allí renacen en el mismo tipo de renacimiento en el cual nosotros mismos renacimos... en el nombre de Dios... ellos reciben el lavado del agua. Porque Cristo dijo, ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios. La razón por la cual hacemos esto la hemos aprendido de los apóstoles.”
Nótese que San Justino Mártir, como Hermas, también cita las palabras de Jesús en Juan 3:5, y basado en las palabras de Cristo, enseña que es de la tradición apostólica que nadie puede entrar en el Cielo sin haber nacido nuevamente del agua y del Espíritu en el Sacramento del Bautismo.
En su diálogo con Trifo el Judío, también fechado el 155 A.D., San Justino Mártir escribe adicionalmente:
“... apresuraos a aprender de qué manera pueden ser vuestros el perdón de los pecados y la esperanza de la herencia. No existe otra manera más que esta: conoced a Cristo, lávense en la limpieza anunciada por Isaías [Bautismo]...”
San Cirilo de Jerusalén, 350 A.D.:
“Él dice, ‘A menos que un hombre renazca’ – y El agrega las palabras ‘de agua y del Espíritu’ – no puede entrar en el Reino de Dios... si un hombre fuese virtuoso en sus necesidades pero no recibe el sello por medio del agua, no entrará en el reino del cielo. Un decir atrevido, pero no mío; porque es Jesús quien lo ha declarado.”
Vemos que San Cirilo continúa la Tradición apostólica que nadie entra en el cielo sin nacer nuevamente de agua y del Espíritu, nuevamente en base a una comprensión absoluta de las propias palabras de Nuestro Señor en Juan 3:5.
Papa San Damasco, 382 A.D.:
“Esto, entonces, es la salvación de los cristianos: que creen en la Trinidad, es decir, en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, y ser bautizado en ella…”
San Ambrosio, 387 A.D._
“... nadie asciende al reino del cielo excepto a través del Sacramento del Bautismo.”
San Ambrosio, 387 A.D.:
“’A menos que un hombre renazca de agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.’ Nadie es la excepción: ni el infante, ni aquel que alguna necesidad se lo previno.”
San Ambrosio, De Mysteriis, 390-391 A.D.:
“Habéis leído, por lo tanto, que los tres testigos del Bautismo son uno solo: agua, sangre y el espíritu; y si retiráis alguno de estos, el Sacramento del Bautismo no es válido. Porque, ¿qué es el agua sin la cruz de Cristo? Un elemento común sin efecto sacramental. Y tampoco, por otro lado, hay misterio alguno de la regeneración sin el agua: porque ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios’ [Juan 3:5] Hasta un catecúmeno cree en la cruz del Señor Jesús, por la cual también está señalado; pero, a menos que sea bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no puede recibir la remisión de los pecados ni ser recipiendario del don de la gracia espiritual.”
San Juan Crisóstomo, 392 A.D.:
“Llorad por los no creyentes; llorad por aquellos que no difieren un ápice de ellos, ¡aquellos que van, en consecuencia sin iluminación, sin el sello! ... Ellos están afuera de la ciudad real... con los condenados. ‘Amén, os digo, quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.”
San Agustín, 395 A.D.:
“... Dios no perdona los pecados excepto a los bautizados.”
Papa San Inocente, 414 A.D.:
“Pero aquello que asevera Vuestra Congregación que predican los Pelagos, que aún sin la gracia del Bautismo los infantes pueden ser dotados con las recompensas de la vida eterna, es bastante necio. “
Papa San Gregorio el Grande, c. 590 A.D.:
“El perdón de los pecados nos es conferido únicamente por el bautismo de Cristo.”
Teofilacto, Patriarca de Bulgaria, c. 800 A.D.:
“Aquel que cree y es bautizado, será salvado. No es suficiente creer; quien cree y todavía no está bautizado, sino es únicamente un catecúmeno, todavía no ha adquirido completamente la salvación.”
Muchos otros pasajes de los padres podrían citarse, pero es un hecho que los padres de la Iglesia son unánimes desde el principio de la era apostólica, en que nadie puede ser salvado sin recibir el Sacramento del Bautismo, en base a las palabras de Jesucristo en Juan 3:5. El eminente Erudito Patrístico Padre William Jurgens, quien literalmente ha leído miles de textos de los padres, fue obligado a admitir lo siguiente (aunque él cree en el bautismo del deseo) en su conjunto de tres volúmenes sobre los padres de la Iglesia.
Padre William Jurgens: “Si no hubiera una tradición constante en los Padres en cuanto a que el mensaje del Evangelio, que dice ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios’ fuese tomado en forma absoluta, sería fácil decir que Nuestro Salvador simplemente no consideró adecuado mencionar las excepciones obvias de la ignorancia invencible y la imposibilidad física. Pero la tradición, de hecho, está allí; y es suficientemente probable encontrarla tan constante como para constituir revelación.”
El eminente erudito Padre Jurgens admite acá tres cosas importantes:
Los padres son constantes en su enseñanza en cuanto a que Juan 3:5 es absoluto sin excepciones; es decir, nadie entra en el cielo sin renacer de agua y del Espíritu;
Los padres son tan constantes en este punto que probablemente constituye una revelación divina, sin ni siquiera considerar la enseñanza infalible de los papas;
La enseñanza constante de los padres en cuanto a que todos deben de recibir el bautismo de agua para la salvación, a la luz de Juan 3:5, excluye las excepciones para los casos de “ignorantes invencibles” o de los “físicamente imposibles”
Y en base a esta verdad, declarada por Jesús en el Evangelio (Juan 3:5), transmitida por los Apóstoles y enseñada por los padres, la Iglesia Católica ha definido infaliblemente como un dogma (como ya lo hemos visto) que absolutamente nadie entra en el cielo sin el Sacramento del Bautismo.
Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (Juan 3:5) que sea anatema.”
NO TODOS LOS PADRES PERMANECIERON CONSISTENTES CON SU PROPIA AFIRMACIÓN
A pesar del hecho que existe una tradición constante desde el principio, que absolutamente nadie es salvado sin el bautismo de agua, no todos los padres permanecieron siempre consistentes con su propia afirmación en este punto. Y allí es donde nos encontramos con las teorías del “bautismo de sangre” y el “bautismo del deseo”. Debe de entenderse que los padres de la Iglesia estaban equivocados y eran inconsistentes con sus propias enseñanzas y con la Tradición apostólica en muchos puntos – ya que eran hombres falibles que cometieron muchos errores.
Los padres de la Iglesia son únicamente un testigo definitivo de la Tradición cuando expresan un punto sostenido universal y constantemente, o cuando expresan algo que está en línea con el dogma definido. Tomado individualmente o aún en multiplicidad, ellos pueden estar totalmente equivocados y aún ser peligrosos. San Basilio el Grande dijo que el Espíritu Santo es segundo al Hijo de Dios en orden y dignidad, en un intento horrible y aún herético de explicar la Santísima Trinidad.
San Basilio (363): “El Hijo no es, sin embargo, segundo al Padre en naturaleza, porque Dios-cabeza es uno en cada uno de ellos y, simplemente, también en el Espíritu Santo, aunque en orden y dignidad El es segundo del Hijo (¡sí, esto si lo concedemos!), a pesar que, está claro, no de tal manera El fuese de otra naturaleza.”
Cuando San Basilio dice anteriormente que Dios-cabeza es uno en el Padre, Hijo y Espíritu Santo, está afirmando correctamente la Tradición universal y apostólica. Pero cuando él dice que el Espíritu Santo es segundo en dignidad al Hijo, deja de permanecer consistente con esta Tradición y cae en error (de hecho, una herejía material). Y los padres cometieron incontables errores al intentar defender o articular la Fe.
San Agustín escribió un libro entero de correcciones. San Fulgencio y un sinnúmero de otros, incluyendo a San Agustín, sostuvo que era seguro que los infantes que morían sin el bautismo descendían a los fuegos del Infierno, una posición que más tarde fue condenada por el Papa Pío VI. Tal como lo confirmó el Papa Pío VI, los infantes no bautizados van al Infierno, pero a un lugar en el Infierno en donde no hay fuego.
Pero San Agustín era tan franco a favor de este error que se convirtió en la enseñanza común y básicamente sin reto durante más de 500 años, de acuerdo a la Enciclopedia Católica.
La Enciclopedia Católica, Vol. 9, “Limbo”, p. 257: “Sobre la pregunta especial, sin embargo, del castigo del pecado original después de la muerte, San Anselmo pensaba igual que San Agustín al sostener que los infantes no bautizados comparten los sufrimientos positivos de los condenados; y Abelardo fue el primero en rebelarse en contra de la severidad de la tradición Agustiniana sobre este punto.”
Es por esto que los católicos no forman conclusiones doctrinales definidas a partir de la enseñanza de un padre de la Iglesia o de varios padres; un católico se rige por la enseñanza infalible de la Iglesia proclamada por los Papas; y un católico aprueba la enseñanza de los padres de la Iglesia cuando concuerdan universal y constantemente desde el principio y están en línea con la enseñanza dogmática Católica.
Papa Benedicto XIV, Apostólica (#6), 26 de junio, 1749: “El juicio de la Iglesia es preferible a aquel de un Doctor reconocido por su santidad y enseñanza.”
Los Errores de los Jansenistas, #30: “Cuando alguien encuentra una doctrina que está claramente establecida en Agustín, puede sostenerla absolutamente y enseñarla, desatendiendo cualquier disparate del Papa.” – Condenado por el Papa Alejandro VIII.
Papa Pío XII, Humani generis (#21), 12 de agosto, 1950: “Este depósito de fe que nuestro Divino Redentor ha dado para la interpretación genuina, no a cada uno de los fieles, ni siquiera a los teólogos, sino únicamente a la Autoridad de Enseñanza de la Iglesia.”
La Iglesia Católica no reconoce infalibilidad en santos, teólogos o en los primeros padres de la Iglesia. Es únicamente un Papa que opera con la autoridad del Magisterium quien está protegido por el Espíritu Santo para no enseñar error sobre la fe o la moral. Por lo tanto, cuando examinamos y mostramos cómo han errado los hombres de la iglesia sobre temas del bautismo del deseo y de la sangre, esto es 24px consistente con las enseñanzas de la Iglesia, las cuales siempre han reconocido que cualquier hombre de la Iglesia, sin importar cuán grande, puede cometer errores, aún significativos.
LA TEORÍA DEL BAUTISMO DE SANGRE – UNA TRADICIÓN DEL HOMBRE
Un pequeño número de padres – aproximadamente 8 de un total de cientos – son citados a favor de lo que se llama el “bautismo de sangre”, la idea que un catecúmeno (es decir, uno que se prepara para recibir el Bautismo Católico), que derramó su sangre por Cristo, podría ser salvado sin haber recibido el Bautismo. Es crucial notar que al principio ni uno de los padres consideró a ninguno, excepto un catecúmeno, como la posible excepción a recibir el Sacramento del Bautismo; todos condenarían y rechazarían la herejía moderna de la “ignorancia invencible” como herética y foránea a la enseñanza de Cristo, salvando a aquellos que mueren como no-católicos. Así, de los padres, aproximadamente 8 son citados a favor del bautismo de sangre para los catecúmenos. Y, únicamente 1 padre entre cientos, San Agustín, puede citarse como aquel que enseña claramente lo que hoy se llama “bautismo de deseo”: la idea que un catecúmeno podría ser salvado por su deseo explícito de recibir el bautismo de agua. Esto significa que, a excepción de San Agustín, todos los pocos padres que creyeron en el bautismo de sangre, realmente rechazaron el concepto del bautismo de deseo. Tomen como ejemplo a San Cirilo de Jerusalén.
San Cirilo de Jerusalén, 350 A.D.: Si cualquier hombre no recibe el bautismo, no recibe la salvación. La única excepción son los mártires...”
Acá vemos que San Cirilo de Jerusalén creyó en el bautismo de sangre, pero rechazó el bautismo del deseo. San Fulgencio expresó lo mismo.
San Fulgencio, 523: “Desde ese momento en el cual Nuestro Salvador dijo: “quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios,’ nadie puede sin el sacramento del bautismo, excepto aquellos que, en la Iglesia Católica, sin tener el Bautismo derraman su sangre por Cristo...”
Acá vemos que San Fulgencio creyó en el bautismo de sangre pero rechazó la idea del bautismo de deseo. Y lo que es irónico y especialmente deshonesto, es que los apologistas del bautismo de deseo (como son los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X) citarán estos textos patrísticos (como los dos anteriores) en los libros escritos, para demostrar el bautismo de deseo, sin señalarles a sus lectores que estos pasajes realmente niegan el bautismo de deseo; porque podemos ver que San Fulgencio, a pesar de expresar su creencia en el bautismo de sangre, rechaza el bautismo de deseo, permitiendo únicamente a los mártires como una posible excepción a recibir el bautismo. (¿Qué diría San Fulgencio sobre la versión moderna de la herejía del bautismo de deseo, que también es enseñado por dichos sacerdotes de SSPX, SSPV, CMRI, etc., con el cual los judíos, musulmanes, hindúes, y pagamos puede salvarse sin el Bautismo?)
Es también importante señalar que algunos de los padres usaron el término “bautismo de sangre” para describir el martirio católico de alguien ya bautizado, no como un reemplazo posible del bautismo de agua. Este es el único uso legítimo del término.
San Juan Crisóstomo, Panegírico sobre San Luciano, Siglo IV, AD: “No se sorprendan que yo llame al martirio un Bautismo; porque aquí, también, el Espíritu viene con gran prisa y se eliminan los pecados y hay una expiación admirable y maravillosa del alma; y así como los que son bautizados se limpian en agua, así también aquellos martirizados son lavados en su propia sangre.”
Acá San Juan describe el martirio del sacerdote San Luciano, una persona ya bautizada. El no dice que el martirio reemplaza el bautismo. San Juan Damasceno lo describe de la misma manera:
San Juan Damasceno: “Estas cosas son muy bien entendidas por nuestros santos padres inspirados --- así, ellos se esforzaron, después del Santo Bautismo en mantenerse... sin mancha e impolutos. De donde algunos de ellos también consideraron adecuado recibir otro Bautismo: Quiero decir aquel que es con sangre y el martirio.”
Esto es importante porque muchos eruditos deshonestos hoy en día (como los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X) tergiversarán las enseñanzas en este punto, ellos citarán un pasaje sobre el bautismo de sangre en el cual San Juan simplemente habla del bautismo de sangre como un martirio católico para alguien ya bautizado, y lo presentarán como si la persona estuviese enseñando que el martirio puede reemplazar el bautismo – cuando eso no se declara en ningún lado.
Algunos pueden pensar por qué el término de bautismo de sangre se usó del todo. Creo que la razón por la cual el término “bautismo de sangre” fue usado por algunos de los padres fue porque Nuestro Señor describió en Marcos 10:38-39, Su pasión venidera como un bautismo.
“Mas Jesús les replicó: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz de la pasión que yo voy a beber?; ¿o ser bautizados con el bautismo de sangre con que yo voy a ser bautizado? Respondiéronle: Sí que podemos. Pues tened por cierto, les dijo Jesús, que beberéis el cáliz que yo bebo y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado.” Marcos 10:38-39.
Vemos en el pasaje antes mencionado que Nuestro Señor, a pesar de estar ya bautizado por San Juan en el Jordán, se refiere a otro bautismo que El debe de recibir. Este es Su martirio en la cruz, no un sustituto del bautismo de agua. Es Su “segundo bautismo”, si quieren, no su primero. Así, el bautismo de sangre es descrito por Nuestro Señor de la misma manera que lo hizo San Juan Damasceno, y no significa un sustituto del bautismo para una persona no bautizada, sino en vez, un martirio católico que perdona todas las faltas y los castigos debidos al pecado.
El término bautismo se usa en una variedad de maneras en las escrituras por parte de los padres de la Iglesia. Los bautismos de agua, de sangre, del espíritu, de Moisés y de fuego, son todos términos que han sido implementados por los Padres de la Iglesia para caracterizar a ciertas cosas, pero no necesariamente para describir que un mártir no bautizado puede obtener la salvación. Lean el verso de la escritura en el cual el término bautismo es usado para los antepasados del Antiguo Testamento:
“Y que todos bajo la dirección de Moisés fueron en cierto modo bautizados en la nube y en el mar; que todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual (porque ellos bebían del agua que salía de la misteriosa piedra, y los iba siguiendo, cuya piedra era figura de Cristo).” 1 Cor. 10:2-4.
Considero que esto explica por qué cierto número de padres erraron al creer que el bautismo de sangre suple el lugar del bautismo de agua. Ellos reconocieron que Nuestro Señor se refirió a Su propio martirio como un bautismo y ellos erróneamente concluyeron que el martirio para la verdadera fe puede servir como un sustituto de renacer del agua y del Espíritu Santo. Pero la realidad es que no hay excepciones a las palabras de Nuestro Señor en Juan 3:5, como lo confirma la enseñanza infalible de la Iglesia Católica. Cualquiera de buena voluntad que está dispuesto a derramar su sangre por la verdadera fe no será dejado sin esta agua salvadora. No es nuestra sangre, sino la sangre de Cristo en la Cruz, que se transmite a nosotros en el Sacramento del Bautismo, que los libera del estado de pecado y nos permite la entrada al reino del Cielo.
Papa Eugenio IV, “Cantate Domino”, Concilio de Florencia, ex cátedra: “Nadie, sin importar que caridad haya practicado, aunque haya derramado sangre en el nombre de Cristo, puede ser salvado, a menos que haya perseverado dentro del regazo y unidad de la Iglesia Católica.”
RESUMIENDO LOS HECHOS SOBRE EL BAUTISMO DE SANGRE
Tal como ya se declaró, la teoría del bautismo de sangre nunca ha sido enseñada por un Papa, un concilio ni por Encíclica Papal. Por lo menos 5 concilios dogmáticos de la Iglesia Católica emitieron definiciones detalladas sobre el Bautismo y ni una sola mencionó jamás el concepto o el término de bautismo de sangre. El Concilio de Trento tenía 14 cánones sobre el Bautismo, y el bautismo de sangre no se menciona en ningún lado. Y, de hecho, varias declaraciones infalibles de los papas y concilios han excluido la idea.
Papa Eugenio IV, “Cantate Domino”, Concilio de Florencia, ex cátedra: “Nadie, sin importar que caridad haya practicado, aunque haya derramado sangre en el nombre de Cristo, puede ser salvado, a menos que haya perseverado dentro del regazo y unidad de la Iglesia Católica.”
El Papa Eugenio IV explícitamente excluye de la salvación, aún de aquellos que “derraman sangre en nombre de Cristo” ¡a menos que vivan dentro del regazo y la unidad de la Iglesia! Y, como ya se demostró, ¡los no bautizados no viven dentro del regazo ni la unidad de la Iglesia (de fide)! Los no bautizados no son sujetos de la Iglesia Católica (de fide, Concilio de Trento, Sesión 14, Capítulo 2); los no bautizados no son miembros de la Iglesia Católica (de fide, Pío XII, Mystici Corporis #22); y los no bautizados no tienen la marca de los cristianos (de fide, Pío XII; Mediator Dei #43).
Si el “bautismo de sangre” realmente sirvió como sustituto del Sacramento del Bautismo, Dios nunca hubiese permitido que la Iglesia Católica comprendiera Juan 3:5 como está escrito en sus decretos infalibles, como El lo ha hecho (Papa Eugenio IV, El Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 22 de noviembre, 1439, etc.). Esto es seguro, porque la comprensión oficial que la Iglesia hace de las escrituras no puede errar.
Además, Dios nunca hubiese permitido que el Concilio de Trento infalible pasara completamente sobre cualquier mención de esta “excepción” en sus cánones sobre el bautismo y sus capítulos sobre la justificación, como una manera alternativa de alcanzar el estado de gracia. El nunca hubiese permitido todas las definiciones infalibles provenientes de los papas sobre un único bautismo como para evitar cualquier mención del “bautismo de sangre.”
Y Dios no hubiese permitido que el Papa Eugenio IV definiera que nadie, aunque hubiese derramado sangre en nombre de Cristo, puede ser salvado a menos que esté en el regazo y la unidad de la Iglesia Católica, sin mencionar la excepción del “bautismo de sangre”. Dios nunca ha permitido que la teoría del bautismo de sangre fuese enseñada en ningún concilio, por ningún papa, ni en ningún decreto infalible, únicamente por teólogos falibles y los primeros padres falibles de la Iglesia. Todo esto es porque el bautismo de sangre no es una enseñanza de la Iglesia Católica, sino una especulación errónea de ciertos padres quienes también erraron frecuentemente en los mismo documentos. Además, no habría necesidad que Dios salvara a nadie por medio del bautismo de sangre (o “bautismo de deseo”), ya que El puede mantener viva a cualquier alma sincera hasta que sea bautizada.
LA TEORÍA DEL BAUTISMO DE DESEO – UNA TRADICIÓN DEL HOMBRE
Aquellos a quienes los apologistas de la teoría del bautismo de deseo les han lavado el cerebro pueden sorprenderse al saber que de todos los padres de la Iglesia, únicamente de 1 puede decirse que los defensores del bautismo de deseo han dicho que ha enseñado el concepto. Eso es correcto, únicamente uno, San Agustín. Los defensores del bautismo del deseo harán un débil intento de decir lo mismo de un segundo padre, San Ambrosio, tal como lo veremos más adelante; pero aunque eso fuese cierto, eso solo haría que fuesen dos padres de cientos, que pueden ser citados como que especularon sobre el concepto del bautismo de deseo. Entonces, ¿qué es lo que se tiene que decir sobre las siguientes declaraciones de los sacerdotes de la Sociedad de San Pío X (SSPX), que han escrito tres libros separados sobre el “bautismo de deseo”?
Padre Jean-Marc Rulleau (SSPX), Bautismo de Deseo, p. 63: “Este bautismo de deseo suple o compensa la necesidad del bautismo sacramental... La existencia de este modo de salvación es una verdad enseñada por el Magisterio de la Iglesia y sostenida desde los primeros siglos por todos los Padres. Ningún teólogo católico lo ha combatido.”
Padre Francois Laisney (SSPX), ¿Es el Feeneyismo Católico?, p. 79, sobre el Bautismo de deseo: “No solo es una enseñanza común, sino una enseñanza unánime; no es únicamente desde la primera parte del milenio, sino desde el inicio de la Iglesia...”
Estas declaraciones son unas mentiras totalmente falsas y graves, que desfiguran completamente la enseñanza de la Tradición y corrompen la fe de las personas, tal como ya lo hemos visto. Los padres están unánimemente en contra del concepto que cualquiera (incluyendo los catecúmenos) podría ser salvado sin el bautismo de agua. Pero examinemos la enseñanza de uno de los padres, San Agustín, quien sí expresó creencia (por lo menos a veces) en la idea que un catecúmeno podría ser salvado sin el Sacramento del Bautismo con solo su deseo de tenerlo.
San Agustín es citado a favor del concepto del bautismo de deseo, pero él admitió que luchó con este asunto, a veces claramente oponiéndose a la idea que los catecúmenos no bautizados podrían alcanzar la salvación, y otras veces apoyándola.
San Agustín, 400: “El hecho que el Bautismo es a veces suplido por el sufrimiento, es respaldado por un argumento sustancial al que llega el mismo San Cipriano... Tomando en cuenta esto, una y otra vez, encuentro que no sólo el sufrimiento en nombre de Cristo puede suplir la falta en relación al Bautismo, sino hasta la fe y al conversión de corazón, ... si no se tiene el recurso de la celebración del Misterio del Bautismo.”
Hay dos puntos interesantes sobre este pasaje. El primero está relacionado al bautismo de sangre: nótese que Agustín dice que su creencia en el bautismo de sangre es respaldada por una inferencia o un argumento que hizo San Cipriano, nada enraizado en la Tradición de los Apóstoles de los Pontífices Romanos.
San Cipriano, A Jubaiano (254): “.. en relación a lo que pueda pensar en cuanto al bautismo de herejes... No podemos considerar que este bautismo es válido...”
Como ya lo vimos anteriormente, muchas inferencias de San Cipriano mostraron estar muy equivocadas, por decirlo de buena manera, como es su “inferencia” que se tomó de la “Tradición apostólica” el hecho que los herejes no pueden conferir el bautismo, lo cual está equivocado, ya que aún los herejes pueden bautizar válidamente. Así, San Agustín revela con esta declaración un punto muy importante: que su creencia aún en el bautismo de sangre está enraizada en la especulación humana falible, no en la revelación divina ni en la Tradición infalible. Él admite que podría estar equivocado y, de hecho, lo está.
En segundo lugar, cuando Agustín concluye que él también considera que la fe (es decir, la fe en el catolicismo) y un deseo del bautismo podrían tener el mismo efecto que el martirio, él dice: “Considerando esto una y otra vez...” Al decir que está considerando esto una y otra vez, San Agustín admite que su opinión sobre el bautismo de deseo es también algo a lo que ha llegado a partir de su propia consideración, no a través de la Tradición infalible ni de enseñanza infalible. Es algo sobre lo cual él admitió que luchó y sobre lo cual se contradijo. Todo esto sirve para demostrar nuevamente que el bautismo de deseo, como el bautismo de sangre, es una tradición del hombre, nacida de una especulación humana falible y errónea (si bien de algunos grandes hombres), y no enraizada en cualquier Tradición de los Apóstoles o de los papas, o derivada de los mismos.
De los cientos de padres de la Iglesia, el único otro al cual los defensores del bautismo de deseo tratan de citar es San Ambrosio. Ellos piensan que en su alocución en el funeral de su amigo (el Emperador Valentiniano) enseñó que el emperador (que era únicamente un catecúmeno) se salvó por su deseo del bautismo. Pero la alocución de San Ambrosio en el funeral de Valentiniano es extremadamente ambigua y podría interpretarse de una variedad de maneras. Por lo tanto es injustificado que ellos aseveren que claramente enseña la idea del “bautismo de deseo”.
TRADICIÓN LITÚRGICA Y TRADICIÓN DEL ENTIERRO APOSTÓLICO
Además, estos claros testimonios de los padres en contra de la teoría del bautismo de deseo, quizá lo más impactante es el hecho que en la historia de la Iglesia Católica no hay una sola tradición que pueda citarse para rezar por – o que dé un entierro eclesiástico a – los catecúmenos que murieron sin el bautismo. La Enciclopedia Católica (1907) dijo lo siguiente sobre la Tradición real de la Iglesia sobre este tema:
“Cierta declaración en la oración que San Ambrosio dio en el funeral del Emperador Valentiniano II ha sido usada como prueba que la Iglesia ofreció sacrificios y oraciones por los catecúmenos que murieron antes de ser bautizados. No hay un solo vestigio de dicha costumbre en ningún lado ... La práctica de la Iglesia se muestra más correctamente en el canon (xvii) del Segundo Concilio de Braga (572 AD): ‘Ni la conmemoración del Sacrificio [oblationis] ni el servicio de cantos [psallendi] ha de emplearse para los catecúmenos que han muerto sin el bautismo.’”
¡Allí está la enseñanza de la Tradición Católica! ¡Ningún catecúmeno que murió sin el Sacramento del Bautismo recibió oración, sacrificio o entierro cristiano! El Concilio de Braga, en 572 A.D., prohibió la oración para los catecúmenos que morían sin Bautismo. El Papa San León el Grande y el Papa San Gelasio habían confirmado anteriormente la misma disciplina de la Iglesia – la cual era la práctica universal – el prohibirle a los Católicos que rezaran por los catecúmenos no bautizados que habían muerto. Esto significa que la creencia que existía en los primeros años de la Iglesia era que no había tal cosa de bautismo de deseo. La teoría del bautismo de deseo no se volvió en una creencia ampliamente conocida hasta la edad media, cuando Santo Tomás de Aquino y algunos otros teólogos eminentes lo hicieron propio, lo que hizo que muchos teólogos adoptaran subsiguientemente esa posición por deferencia a ellos, una posición sobre la salvación posible de los catecúmenos que murieron sin el bautismo, lo cual era contrario a la creencia abrumadora y a la tradición litúrgica de los primeros días de la Iglesia, sin mencionar la enseñanza infalible posterior de la Iglesia sobre la escritura de Juan 3:5.
La verdadera enseñanza de la tradición apostólica y Católica sobre este tema también se ve desde la enseñanza de la Liturgia Católica, la cual reconocían y creían todos los católicos devotos en los primeros días de la Iglesia: es decir, que ningún catecúmeno no bautizado o persona no bautizada fuese considerada parte de los fieles. Todos los padres sostenían que los catecúmenos no bautizados no son parte de los fieles porque eso les enseñaba la liturgia a todos los católicos.
Dr. Ludwig Ott, Fundamentos del Dogma Católico, Membresía en la Iglesia, p. 309: “3. Los padres dibujan una línea definida de separación entre los Catecúmenos y ‘los fieles.’”
Esto significa que ninguna persona no bautizada puede ser salvada, porque el dogma católico ha definido que nadie se salva fuera de la única Iglesia de los fieles.
Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio, 27 de mayo, 1832, sobre ninguna salvación fuera de la Iglesia: “Los actos oficiales de la Iglesia proclaman el mismo dogma. Así, en el decreto sobre la fe que Inocente III publicó con el sínodo de Laterano IV, se escriben estas cosas: ‘Hay una única Iglesia universal de todos los fieles, fuera de la cual nadie se salva.’”
En su carta al Obispo de Tarragona en el año 385, el Papa San Siricio también muestra cómo la creencia que había durante los primeros días de la Iglesia rechazó cualquier concepto del bautismo de deseo.
Papa San Siricio, 385, [en relación a la necesidad del bautismo] “Por lo tanto, así como declaramos que no se disminuya el respecto por el sacrificio de la Pascua [tiempo de Pascua] en el caso de ninguna persona, de igual manera deseamos que se lleve ayuda velozmente a los niños quienes, debido a su edad, todavía no pueden hablar y a aquellos que en cualquier emergencia tienen necesidad del agua del santo bautismo, no sea que podría llevar a la destrucción de nuestras almas si, al rehusarles el agua de la salvación a aquellos que la desean, cada uno de ellos, cuando dejen este mundo, perderían tanto el reino como la vida. Ciertamente, quien quiera que sufra el peligro de un naufragio, un ataque del enemigo, el peligro de ser sitiado o la desesperación que resulte de alguna enfermedad corporal, y solicita lo que en su fe es su única ayuda, dejen que reciba al momento de su solicitud la recompensa de la regeneración que ellos suplican Esto sería suficiente para mi divagación sobre este tema; ahora dejad que todos los sacerdotes que no desean ser arrancados de la roca firmemente fijada de los apóstoles, sobre la cual Cristo ha construido su iglesia universal, se mantengan firmes a la regla antedicha.” (El latín encontrado en Denzinger-Schonmetzer, Edición Latina, 1962, N° 184; una traducción al inglés encontrada en La Fe Cristiana, Sexta edición revisada y ampliada, Staten Island, NY: Casa Alba, 199, p. 540.)
Espero que los defensores del bautismo de deseo lean esto muy cuidadosamente. El Papa declara que el hombre que suplica la regeneración y desea el bautismo de agua, ¡aún así, se le niega el cielo si muere sin el bautismo! Esta cita del Papa San Siricio es impactante en el sentido que claramente muestra nuevamente cómo la Iglesia al principio rechazó la creencia en el concepto del bautismo de deseo. El Papa comienza afirmando que la observancia del tiempo de Pascua no debe de relajarse. (Se refiere al hecho que históricamente los Bautismos se realizaban durante el tiempo de Pascua). Después de afirmar que debe de mantenerse esta tradición, el Papa advierte que los infantes y aquellos en cualquier necesidad o peligro deberían de bautizarse inmediatamente, no sea que aquellos que desean el bautismo mueran y sean “privados del Reino y de la vida” por no haber recibido el bautismo de agua que desean. Este es un claro rechazo a la idea del bautismo de deseo.
Este punto lo hace nuevamente el Papa en la segunda mitad de la cita, en donde dice que cuando aquellas personas no bautizadas “piden lo que, en su fe, es su única ayuda, dejad que reciban en el mismo momento de su solicitud la recompensa de la regeneración que ellos suplican”. Esto significa que el recibir el Bautismo de agua es la única ayuda hacia la salvación para dichas personas, quienes de veras desean recibir el Bautismo. No existe ayuda para la salvación de dichas personas en su deseo o martirio, sino únicamente al recibir el Sacramento del Bautismo.
Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 2 sobre el Sacramento del Bautismo, Sesión 7, 1547, ex cátedra: “Si alguien dice que no es necesaria el agua real y natural para el bautismo, y en esa cuenta se distorsionan aquellas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo’ [Juan 3:5], en alguna especie de metáfora: que sea anatema.”
Como pueden ver, ¡se está anatematizado si afirman que el bautismo de deseo es una doctrina Católica!
SESIÓN 6, CAPÍTULO 4 DEL CONCILIO DE TRENTO
OBJECIÓN- En la Sesión 6, Capítulo 4 de su decreto sobre Justificación, el Concilio de Trento enseña ¡que puede llevarse a cabo la justificación por el bautismo de agua o el deseo del mismo! ¡Ahí lo tienen!
RESPUESTA – [Nota preliminar: Si la Sesión 6, Capítulo 4 de Trento estuviese enseñando lo que declaran los defensores de deseo (lo cual no está haciendo) entonces significaría que todo hombre debe de recibir el bautismo o por lo menos tener el deseo/voto real del bautismo para ser salvado. Significaría que sería herejía decir que cualquier persona no bautizada podría salvarse si no tiene por lo menos el deseo/voto del bautismo de agua. Pero el 99% de las personas que cita este pasaje a favor del bautismo de deseo ¡ni siquiera cree que uno debe de desear el bautismo para ser salvado! Ellos creen que los judíos, budistas, hindús, musulmanes, etc., quienes no desean el bautismo de agua, pueden ser salvados. Así, el 99% de aquellos que cita este pasaje, rechaza aún lo que ellos declaran que está enseñando. Francamente, este hecho muestra la deshonestidad y la mala fe de la mayoría de los defensores del bautismo de deseo al intentar citar este pasaje como si fuesen devotos de su enseñanza cuando, de hecho, no creen en el mismo para nada y están en herejía por enseñar que los no-católicos, que ni siquiera desean el bautismo de agua, pueden salvarse.
Habiendo indicado eso, este pasaje del Concilio de Trento no enseña que puede realizarse la Justificación con el bautismo de agua o el deseo del mismo. Dice que la justificación en los impíos NO PUEDE REALIZARSE SIN el bautismo de agua o el deseo del mismo. Esto es completamente diferente a la idea que la justificación si puede realizarse con el agua del bautismo o el deseo del mismo.
Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión 6, Capítulo 4: “En estas palabras se sugiere una descripción de la justificación de los impíos, cómo hay una transición de ese estado en el cual una persona nace como hijo del primer Adán, al estado de gracia y de la adopción como hijos de Dios a través del segundo Adán, Jesucristo nuestro Salvador; ciertamente, esta transición, una vez ha sido promulgado el evangelio, NO PUEDE REALIZARSE SIN la jofaina de la regeneración o un deseo de la misma, TAL COMO ESTÁ ESCRITO: quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5).”
Para empezar, el lector debe de notar que este pasaje crucial de Trento ha sido horriblemente mal traducido en la versión popular al inglés de Denzinger, las Fuentes del Dogma Católico, lo cual se cita arriba.
La frase crítica, “esta transición, una vez ha sido promulgado el evangelio, no puede realizarse sin la jofaina de la regeneración o un deseo de la misma” ha sido mal traducida para que lea: “Esta transición, una vez ha sido promulgado del evangelio, no puede realizarse excepto a través de la jofaina de la regeneración o un deseo de la misma...” Esta mala traducción de la palabra en latín, “sine” (sin) – que se encuentra en el latín original – a “excepto a través”, altera completamente el significado del pasaje a favor del error del bautismo de deseo. Esto es importante mantener en mente porque esta mala traducción todavía la usan todo el tiempo los defensores del bautismo de deseo (a menudo en forma deliberada), incluyendo las publicaciones recientes de SSPX y CMRI. Habiendo mencionado eso, procederé a discutir lo que el concilio realmente dice acá.
Viendo una traducción correcta, la cual se encuentra en muchos libros, el lector también debería notar que, en este pasaje, el Concilio de Trento enseña que Juan 3:5 debe tomarse tal como está escrito (Latín: sicut scriptum est), lo cual excluye cualquier posibilidad de salvación sin el renacimiento con agua en el Sacramento del Bautismo. No hay manera alguna que el bautismo de deseo sea cierto si Juan 3:5 ha de tomarse tal como está escrito, porque Juan 3:5 dice que todo hombre debe de renacer de agua y del Espíritu para ser salvado, lo cual niega la teoría del bautismo de deseo. La teoría del bautismo de deseo y una interpretación de Juan 3:5 como está escrito son mutuamente excluyentes (no pueden ser ambas ciertas al mismo tiempo) – y todo proponente del bautismo de deseo admitirá esto. Es por eso que todos deben – y lo hacen – optar por una interpretación no-literal de Juan 3:5.
Pero, qué dice el pasaje en Trento que acabamos de discutir: Dice infaliblemente, “TAL COMO ESTÁ ESCRITO, QUIEN NO RENACIERE POR EL BAUTISMO DEL AGUA, Y LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, NO PUEDE ENTRAR EN EL REINO DE DIOS.”
Pero qué hay de la declaración que dicen las personas a favor del bautismo de deseo: que el uso de la palabra “ó” (Latín: aut) en el pasaje anterior significa que la justificación si puede realizarse con el agua del bautismo o un deseo del mismo. Una observación cuidadosa de la traducción correcta de este pasaje muestra que esta declaración es falsa. Supongan que yo digo, “Este baño en regadera no puede realizarse sin agua o el deseo de tomarlo.” ¿Significa esto que un baño en regadera puede realizarse con el deseo de tomar un baño en regadera? No, claro que no. Significa que son necesarios ambos (agua y deseo).
O, supongan que yo digo, “No puede haber un matrimonio sin una novia o un novio.” ¿Significa esto que se puede tener un matrimonio con un novio y sin una novia? Claro que no. Significa que ambos son necesarios para el matrimonio. Se podrían dar cientos de otros ejemplos. Así mismo, el pasaje anterior en Trento dice que la Justificación NO PUEDE REALIZARSE SIN agua o deseo; en otras palabras, ambos son necesarios. ¡No dice que la Justificación sí se realiza ya sea con agua o con deseo!
EL CATECISMO DEL CONCILIO DE TRENTO
OBJECIÓN- El Catecismo del Concilio de Trento enseñaba que la determinación de la persona de recibir el bautismo la podría ayudar hacia la gracia y la rectitud, si le es imposible recibir el bautismo.
Catecismo del Concilio de Trento, Ordinariamente Ellos no Están Bautizados de Inmediato, p. 179: “En los adultos, sin embargo, la Iglesia no ha estado acostumbrada a conferir el Sacramento del Bautismo inmediatamente, sino ha ordenado que sea postergado durante cierto tiempo. No se atiende el retraso con el mismo peligro como en el caso de los infantes, lo cual ya hemos mencionado; si cualquier accidente no previsto llegase a hacer que sea imposible que los adultos sean lavados en las aguas curativas, su intención y determinación de recibir el Bautismo y su arrepentimiento de sus pecados anteriores, les ayudarán a la gracia y a la rectitud.”
RESPUESTA- El Catecismo del Concilio de Treno no es infalible. Los padres John A. McHugh, O.P. y Charles J. Callan, O.P. escribieron la introducción para una traducción del Concilio de Trento al inglés común. Su introducción contiene la siguiente cita interesante del Dr. John Hagan, Rector de la Universidad Irlandesa en Roma, sobre la autoridad del Catecismo.
Catecismo del Concilio de Trento – Décimo Quinta impresión, Libros TAN, Introducción XXXVI: “Los Papas han emitido ocasionalmente documentos oficiales para explicar ciertos puntos de la enseñanza Católica a los individuos o a las comunidades cristianas locales; mientras que el Catecismo Romano comprende prácticamente el cuerpo entero de la doctrina cristiana y está dirigido a toda la Iglesia. Su enseñanza no es infalible, pero tiene un lugar entre los catecismos aprobados y lo que es de fe.”
EL CATECISMO ATRIBUIDO A SAN PÍO X
El Catecismo atribuido al Papa San Pío X nos repite la misma enseñanza de fide de la Iglesia Católica sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua para la salvación.
El Catecismo del Papa San Pío X, Los Sacramentos, “Bautismo”, Pregunta 16: “P. ¿Es necesario el Bautismo para la salvación? Respuesta: El Bautismo es absolutamente necesario para la salvación, porque Nuestro Señor ha dicho expresamente: ‘quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios’”
Así, contrario a la creencia popular, aquellos que rechazan el “bautismo del deseo” realmente siguen la enseñanza del Catecismo atribuido al Papa San Pío X sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua. Ellos no siguen, sin embargo, la enseñanza de este Catecismo falible cuando procede a contradecir esta verdad sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua para la salvación.
El Catecismo del Papa San Pío X, Los Sacramentos, “Bautismo”, Pregunta 17: “P. ¿Puede la ausencia del Bautismo ser satisfecha de cualquier otra manera? Respuesta. La ausencia del Bautismo puede satisfacerse con el martirio, el cual se llama Bautismo de Sangre, o por un acto de amor perfecto hacia Dios, o por contrición, junto con el deseo, por lo menos implícito, del Bautismo, y esto se llama el Bautismo de Deseo.”
Esto nuevamente es una contradicción total a lo que se declara en la Pregunta 16. Deberá notarse que este catecismo, a pesar de ser atribuido al Papa San Pío X, no provino de su pluma y no fue promulgado solemnemente por él. No existe Bula Papal de él que promulgue el catecismo, de manera que es simplemente un catecismo falible que salió durante su reinado y al cual se le dio su nombre. Pero, aunque el mismo San Pío X hubiese sido el autor de las palabras anteriores (lo que no fue), no haría diferencia alguna en los puntos que he hecho. Esto es porque un papa es infalible únicamente cuando habla magisterialmente. Este catecismo no es infalible porque no fue promulgado solemnemente desde el Trono de Pedro, ni aún específicamente por el Papa. Además, se ha demostrado que este catecismo no es infalible por el hecho que ¡enseña la abominable herejía que sí hay salvación “fuera” de la Iglesia (como lo mostraré)!
Pero primero citaré el lugar en donde el catecismo afirma el dogma.
El Catecismo del Papa San Pío X, El Credo de los Apóstoles, “La Iglesia en Particular,” Pregunta 27: “Pregunta. Puede uno salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana? Respuesta. No, nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica Romana, así como nadie podría ser salvado del diluvio afuera del Arca de Noé, lo cual fue una figura de la Iglesia.”
Acá el Catecismo atribuido al Papa San Pío X reafirma el dogma definido. ¡Pero procede a negar este dogma a tan solo dos preguntas después!
El Catecismo del Papa San Pío X, El Credo de los Apóstoles, “La Iglesia en Particular,” Pregunta 29: “Pregunta. Pero si un hombre sin culpa propia está fuera de la Iglesia, ¿puede ser salvado? Respuesta. Si está fuera de la Iglesia sin culpa propia, es decir, si está de buena fe y si ha recibido el Bautismo, o por lo menos tiene el deseo implícito del Bautismo; y si, además, sinceramente busca la verdad y hace la voluntad de Dios lo mejor que puede, dicho hombre ciertamente está separado del cuerpo de la Iglesia, pero está unido al alma de la Iglesia y, consecuentemente, va en camino de la salvación.”
Acá vemos que este Catecismo falible niega, palabra por palabra el dogma que ¡Fuera de la Iglesia No Hay Salvación! Enseña que puede haber salvación “fuera” de la Iglesia, lo cual niega directamente la verdad que se les enseña a las personas en la Pregunta 27. Esta declaración es tan hereje, de hecho, que sería repudiada aún por los herejes más astutos de nuestros días, quienes saben que no pueden decir que las personas se salvan “fuera”, de manera que discuten que los no-católicos no están “fuera” sino de alguna manera están “adentro”. Así que, aún aquellos herejes astutos que rechazan el verdadero significado de Fuera de la Iglesia No Hay Salvación, tendrían que admitir ¡que la declaración anterior es hereje!
Además, nótese que el catecismo atribuido a San Pío X enseña la herejía que las personas pueden unirse al “Alma” de la Iglesia, pero no al Cuerpo. Tal como se ha demostrado, la Iglesia Católica es el Cuerpo Místico. Aquellos que no son parte del Cuerpo no son de ninguna parte.
Papa Pío XI, Mortalium Animos (#10), 6 de enero, 1928: “Porque, debido a que el cuerpo místico de Cristo, de la misma manera que Su cuerpo físico, es uno, compacto y unido adecuadamente entre sí, sería tonto y fuera de lugar decir que el cuerpo místico está hecho de miembros que están desunidos y regados en el extranjero: por lo tanto, quien quiera que no esté unido al cuerpo no es miembro del mismo, y tampoco está en comunión con Cristo, su cabeza.”
Esta discusión sobre los catecismos debería demostrarle al lector cómo la negación desenfrenada de Fuera de la Iglesia No Hay Salvación, así como la necesidad del Bautismo de Agua, se han perpetuado a través de textos falibles con imprimaturs y por qué han sido asimilados hoy en día por casi todos los que profesan ser Católicos. Han sido perpetuados por documentos y textos falibles que se contradicen el uno al otro, lo cual contradice el dogma definido, y que enseñan herejía y que en otros lados – todo el tiempo – afirman las verdades inmutables de la absoluta necesidad de la Iglesia Católica y del bautismo de agua para la salvación. Y esta es la razón por la cual los Católicos están limitados a adherirse al dogma definido infaliblemente, no a los catecismos o teólogos falibles.
Papa Pío IX, Singulari Quadem: “Porque, en verdad, cuando nos liberemos de estas cadenas corporales, ‘veremos a Dios como Él es’ (1 Juan 3:2), comprenderemos perfectamente cómo están la misericordia y la justicia divinas unidas por un eslabón tan cercano y bello; pero, en tanto estemos sobre la tierra, oprimidos por esta masa mortal que embota el alma, sostengamos muy firmemente que, de acuerdo a la enseñanza Católica, ‘uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo’ [Efesios 4:5]; es ilícito proceder adicionalmente en averiguaciones.”
Papa Pablo III, El Concilio de Trento, Canon 5 sobre el Sacramento del Bautismo, ex cátedra: “Si alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir, que no es necesario para la salvación (cf. Juan 3:5): que sea anatema”
¿Cuántas declaraciones infalibles por parte de los Papas no hemos visto, que absolutamente prueban que es necesario un bautismo de agua verdadero y físico para la salvación? Cualquiera que niega este hecho es simplemente un mentiroso y un hereje que obstinadamente se adhiere a las fuentes falibles en vez de las infalibles y se imagina (o a algún otro hombre, o alguna otra fuente falible) ser la fuente de la verdad, poniendo al hombre en el lugar de Dios (los Papas infalibles, a través de quienes es revelada la verdad de Dios). Cuando una persona como la anteriormente descrita reza el “Padre Nuestro” es un hipócrita, ¡porque él mismo no tiene intención de hacer la voluntad de Dios!
Juan 3:36: “Aquel que cree en el Hijo de Dios tiene vida eterna; pero quien no da crédito al Hijo no verá la vida, sino que al contrario, la ira de Dios permanece siempre sobre su cabeza.”
La Iglesia Católica también enseña que es absolutamente necesario que todos los mayores a la edad de la razón, sepan positivamente sobre los misterios más santos de nuestra gran religión para poder ser salvados. Estos misterios son la Trinidad y la Encarnación. Aquellos que hablan sobre la ignorancia invencible y que la ignorancia sobre la fe Católica de alguna manera puede salvar a la persona, son refutadas completamente por las siguientes palabras. ¡También son refutadas por las palabras de Nuestro Señor en el Evangelio!
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quienquiera que desee ser salvado, necesita sobre todo tener la fe Católica; a menos que cada uno preserve esto entero e inviolado, sin duda alguna perecerá por toda la eternidad.- Pero la fe Católica es esto, que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad; sin confundir a las personas ni dividir la sustancia; porque hay una persona que es el Padre, otra que es el Hijo, otra que es el Espíritu Santo; su gloria es igual, su majestad es co-eterna... y en esta Trinidad no hay nada primero ni después, nada más grande ni menos grande, sino las tres personas son co-eternas y co-iguales una con la otra, de manera que todo aspecto, como ya se ha dicho anteriormente, debe de adorarse tanto la unidad en la Trinidad como la trinidad en la unidad. Por lo tanto, aquel que desea ser salvado, que piense así sobre la Trinidad... Pero es necesario para la salvación eterna que crea fielmente también en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo... el Hijo de Dios es Dios y hombre... Esta es la fe Católica; a menos que cada uno crea esto fiel y firmemente, no puede ser salvado.”
Algunos dirán que los dogmas de la Iglesia Católica que verdaderos Papas no-herejes han pronunciado, son de alguna manera su propia interpretación de cómo funcionan las cosas y que los Papas no son inspirados por Dios cuando hablan infaliblemente desde el trono de Pedro. Tal tontería significaría que no podría existir jamás un fundamento de la verdad, ya que no habrían declaraciones infalibles por parte de los Papas en las cuales confiar que nos expliquen las Escrituras. ¡Estos miserables sinvergüenzas también son condenados por nuestro santo Papa San Pío X!
Papa San Pío X, Lamentabile, Los Errores de los Modernistas, 3 de julio, 1907, #22: “Los dogmas que profesa la Iglesia como revelados no son verdades caídas del cielo, sino son un especie de interpretación de los hechos religiosos, que la mente humana, con un esfuerzo laborioso, se preparó para sí.” Condenado
Los dogmas son verdades caídas del cielo sin posibilidad de error alguno. No son solamente declaraciones humanas, escritas para advertirle a los no-católicos, que están sujetos a la corrección y calificación. Los dogmas son definiciones infalibles de la verdad que nunca pueden cambiarse ni corregirse y no tienen necesidad de ser cambiadas ni corregidas, ya que no pueden contener error alguno. Los dogmas son definidos de tal manera que los Católicos deben de saber lo que ellos tienen que creer como verdad a partir de la revelación divina sin posibilidad de error alguno.
Papa León XII, Ubi Primum (#14), 5 de mayo, 1824: “Es imposible para el Dios sumo verdadero, quien es la Verdad en sí mismo, el mejor, el más sabio Proveedor y el Premiador de los hombres buenos, aprobar todas las sectas que profesan falsas enseñanzas que a menudo son inconsistentes una con otra, así como contradictorias, y conferir recompensas eternas a sus miembros... por fe divina tenemos un Señor, una fe, un bautismo... Es por eso que profesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia.”
Papa Inocente III, Cuarto Concilio Laterano, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Ciertamente hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie se salva, en la cual Jesucristo es tanto el sacerdote como el sacrificio.”
Papa Bonifacio VIII, Unam Sanctam, 18 de noviembre, 1302: “Con la Fe que nos apresura, somos forzados a creer y sostener que la Iglesia Católica es una, santa y la cual, es apostólica, y creemos firmemente y simplemente confesamos que esta Iglesia es aquella que fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados.”
2 Corintios 4:3: “Que si todavía nuestro Evangelio está encubierto, es solamente para los que se pierden para quienes está encubierto, para esos incrédulos cuyos entendimientos ha cegado el dios de este siglo, para que no les alumbre la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
Papa Pablo III, Concilio de Trento, Sesión 6 sobre la Justificación, Capítulo 15: “... debe de mantenerse que la gracia de la justificación, a pesar de ser recibida, se pierde no solo por la infidelidad, con lo cual hasta la fe se pierde, sino también por cualquier otro pecado mortal, a pesar que la fe no se pierde, defendiendo así la doctrina de la ley divina que excluye del reino de Dios no sólo a los no creyentes, sino también a los fieles que son ‘fornicadores, adúlteros, afeminados, mentirosos con la humanidad, ladrones, avarientos, borrachos, maldicientes, extorsionadores’ [1 Cor. 6:9], y todos los demás que cometen pecados mortales...”
El dogma Fuera de la Iglesia Católica No Hay Salvación ha sido definido solemnemente por lo menos siete veces por los papas que hablan desde el Trono de San Pedro. Ni una sola vez se mencionaron excepciones sobre la “ignorancia invencible”. De hecho, es todo lo opuesto: siempre se excluyeron todas las excepciones.
Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Lateran, Constitución 1, 1215, ex cátedra: “Ciertamente hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie se salva, en la cual Jesucristo es tanto el sacerdote como el sacrificio.”
Así, la idea que una persona no-católica que sea ignorante en cuanto a la Fe, puede ser salvada es herético; es contraria al dogma que “nadie” (Papa Pío IV; Benedicto XIV; Pío IX) “nadie en absoluto” (Inocente III) “nadie, aunque derrame su sangre en nombre de Cristo” (Eugenio IV) puede ser salvado si es no-católico. Es una negación del dogma que “toda criatura humana” (Bonifacio VIII) debe de ser Católica, y que “únicamente aquellos” (Eugenio IV) dentro del regazo y unidad de la Iglesia pueden alcanzar la salvación.
Aquellos que insisten que “la ignorancia invencible” puede salvar a una persona que muere como no-católico, simplemente se alejan de las enseñanzas dogmáticas de la Iglesia Católica y niegan las mismas.
Padre Francisco de Vitoria, O.P., un teólogo dominico del siglo XVI, resumió muy bien la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica sobre este tema. Así es como él lo dijo:
“Cuando postulamos la ignorancia invencible sobre el tema del bautismo o sobre la fe Cristiana, no continúa diciendo que una persona puede salvarse sin el bautismo o sin la fe Cristiana. Porque los aborígenes, a quienes no les ha llegado la predicación de la fe ni la religión Cristiana, serán condenados por sus pecados mortales o por idolatría, pero no por el pecado de no-creer. Como dice Santo Tomás, sin embargo, si hacen lo que se encuentra en ellos [en su poder], acompañados de una buena vida de acuerdo a la ley de la naturaleza, es consistente con la providencia de Dios que Él los iluminará sobre el nombre de Cristo.”
Padre Michael Muller, C.SS.R., El Dogma Católico, pp. 217-218, 1888: “La ignorancia inculpable o invencible nunca ha sido, y nunca será, un medio de salvación. Para ser salvado, es necesario ser justificado, o estar en el estado de gracia. Para poder obtener la gracia santificadora, es necesario tener las disposiciones apropiadas para la justificación; es decir, la verdadera fe divina en por lo menos las verdades necesarias para la salvación, una esperanza confiada en el divino Salvador, un sincero arrepentimiento del pecado, junto con el firme propósito de hacer todo lo que Dios ha mandado, etc. Ahora, estos actos sobrenaturales de fe, esperanza, caridad, contrición, etc., que preparan el alma para recibir la gracia santificadora, nunca pueden ser proporcionados por la ignorancia invencible; y si la ignorancia invencible no puede proporcionar la preparación para recibir la gracia santificante, mucho menos podrá conferir la gracia santificante en sí. ‘La ignorancia invencible’ dice Santo Tomás, ‘es un castigo por el pecado.’ (De Infid. Pregunta X, Artículo 1).
Todas las personas que mueren dentro de culturas que nunca han sido penetradas por el Evangelio, se van al Infierno por los pecados en contra de la ley natural y los demás pecados graves que hubiesen cometido – cuya razón es la mala voluntad y el fracaso en cooperar con la gracia de Dios. El no les revela el Evangelio a ellos. El primer Concilio Vaticano definió infaliblemente, basado en Romanos 1, que el único verdadero Dios puede conocerse con certeza en las cosas que han sido hechas, y a la luz natural de la razón humana.
San Pablo, Romanos 1:18-20: “Se descubre también en él la ira de Dios que descargará del cielo sobre toda la impiedad e injusticia de aquellos hombres, que tienen aprisionada injustamente la verdad de Dios; puesto que ellos han conocido claramente lo que se puede conocer de Dios, porque Dios se los ha manifestado. En efecto, las perfecciones invisibles de Dios, aún su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ella nos dan sus criaturas; y así tales hombres no tienen disculpa.
Todos pueden saber con seguridad que hay un ser espiritual supremo, Quien es el Único y Verdadero Dios y el Creador del mundo y todo lo que contiene. Todos saben que Dios no es algo que han tallado en madera o jade o piedra. Ellos saben que Dios no es el árbol que adoran ni el río que adoran ni la roca o la serpiente o la rana arbórea sagrada. Ellos saben que estas cosas no son el Creador del Universo. Cada una de dichas personas sabe que está adorando a una criatura en vez de al Creador. Ellos, como dicen San Pablo en el versículo 20, no tienen excusa. San Agustín explica esto bien en relación a las personas que murieron en la ignorancia de la Fe y sin bautismo.
San Agustín (+428): “...Dios sabía de antemano que si ellos hubiese vivido y el evangelio les hubiese sido predicado, lo hubieran escuchado sin creer.”
Santo Tomás de Aquino, De Veritate, 14, Respuesta 11, ad. 1: Objeción – “Es posible que alguien pueda ser criado en el bosque, o entre lobos; dicho hombre no puede saber nada explícitamente sobre la fe. Santo Tomás responde – Es la característica de la Divina Providencia proporcionarle a cada hombre lo necesario para la salvación... siempre y cuando no haya impedimento de su parte. En el caso de un hombre que busca el bien y esquiva el mal, por guía de la razón natural, Dios le revelaría a través de la inspiración interna lo que hubiese que creer, o le enviaría a algún predicador de la fe...”
Santo Tomás de Aquino, Sent. II, 28, Pregunta 1, A. 4, ad 4: “Si un hombre que nace entre naciones barbáricas, hace lo que puede, Dios mismo le enseñará lo que es necesario para la salvación, ya sea por inspiración o enviándole un predicador.”
Santo Tomás de Aquino, Sent. III, 25, Pregunta 2, Respuesta 2, solute. 2: “Si un hombre no tuviese a nadie que lo instruyese, Dios le enseñará, a menos que él culpablemente desee permanecer en donde está.”
En sus Cartas Encíclicas, fechadas el 8 de diciembre, 1849; 8 de diciembre, 1864; y 10 de agosto, 1863, y en su Alocución del 9 de diciembre, 1854: el Papa Pío IX dice:
“No es sin pesar que hemos aprendido otro error no menos pernicioso, que ha sido divulgado en varias partes de los países Católicos, y ha sido asimilado por muchos Católicos, quienes opinan que todos aquellos que no son miembros de la verdadera Iglesia de Cristo, pueden salvarse: Por lo tanto, a menudo discuten la pregunta relacionada al futuro destino y condición de aquellos que mueren sin haber profesado la fe Católica, y dan las razones más frívolas en apoyo a su malvada opinión...”
“Debemos de mencionar y condenar nuevamente que el error más pernicioso, que ha sido asimilado por ciertos Católicos, quienes son de la opinión que aquellas personas que viven en error y no tienen la verdadera fe y están separados de la unidad católica, pueden obtener la vida eterna. Ahora, esta opinión es sumamente contraria a la fe católica, tal como se evidencia con las simples palabras de nuestro Señor (Mateo xviii. 17; Marcos xvi. 16; Lucas x. 16; Juan iii. 18) como también con las palabras se San Pablo (II. Tim. Iii. 11) y de San Pedro (II. Pedro ii. 1). El hecho de entretener las opiniones que son contrarias a la fe católica, es ser un sinvergüenza impío.”
“Por lo tanto, nuevamente reprobamos, proscribimos y condenamos todas y cada una de estas opiniones y doctrinas perversas, y es nuestra voluntad y orden absolutas que todos los hijos de la Iglesia Católica los consideren réprobas, proscritas y condenadas. Pertenece a nuestro cargo Apostólico despertar su celo episcopal y vigilancia para hacer todo lo que esté en su poder para desterrar de las mentes de las personas dichas opiniones impías y perniciosas, que conllevan a la indiferencia de la religión, lo cual observamos que se riega más y más para la ruina de las almas. Opongan toda su energía y celo a estos errores y empleen sacerdotes fervorosos y entusiastas para que las impugnen y aniquilen, y para imprimir muy profundamente en las mentes y los corazones de los fieles el gran dogma de nuestra más santa religión, que la salvación solo puede obtenerse en la fe Católica. A menudo hay que exhortar al clero y a los fieles a que le den gracias a Dios por el gran obsequio de la fe Católica.”
San Agustín, Tractate 89, sobre Juan 15;22-23:
“Qué, entonces, quiere Él decir [Jesús] con las palabras, Si yo no hubiera venido y no les hubiera predicado, no tuvieran culpa de no haber creído en mí; ¿Será que los judíos estaban sin pecado antes que Cristo viniera a ellos en la carne? ¿Quién, a pesar de ser el mayor de los tontos, lo diría? ... Pero cuando Él continuó diciendo, más ahora no tienen excusa para su pecado, algunos pueden ser persuadidos a averiguar si aquellos a quienes Cristo no llegó ni habló, tienen una excusa para su pecado. Porque si no, ¿por qué se dice acá que ellos no tuvieron culpa, basándose en que Él sí vino y sí les habló? Y si tienen culpa, la tienen hasta el punto de ser, por eso, excluidos del castigo, o de recibirlo en un grado más suave? A estas averiguaciones, con la ayuda del Señor y según lo mejor de mi capacidad, respondo, que tales personas tienen una excusa, no para todos sus pecados, pero para este pecado de no creer en Cristo, en tanto que Él no vino a ellos ni les habló.”
Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio, 27 de mayo, 1832, sobre no hay salvación fuera de la Iglesia:
“Finalmente, algunas de estas personas mal guiadas intentan persuadirse a ellas mismas y a otros que los hombres no se salvan únicamente en la religión Católica, sino hasta los herejes pueden alcanzar la vida eterna... Ustedes saben cuán celosamente enseñaron nuestros predecesores ese artículo de fe que estas personas se atreven a negar, especialmente la necesidad de la fe Católica y la unidad para la salvación... Omitiendo otros pasajes apropiados que son casi innumerables en los escritos de los Padres, alabaremos a San Gregorio el Grande quien expresamente atestigua que ESTO ES CIERTAMENTE LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Él dice: ‘La santa Iglesia universal enseña que no es posible adorar realmente a Dios excepto en ella y asevera que todos que están fuera de ella no serán salvados.’
EL DOGMA, PAPA PÍO IX Y LA IGNORANCIA INVENCIBLE
OBJECIÓN- ¿Qué hay del Papa Pío IX? ¿No es cierto que él enseñó en dos documentos que podría salvarse el ignorante invencible? ¿Qué hay de Singulari Quadem y Quanto Conficiamur Moerore?
RESPUESTA- Se ha incrementado la confusión sobre este tema como resultado de unas cuantas declaraciones mal interpretadas por parte del Papa Pío IX. A medida que analizamos estas declaraciones, es imperativo mantener en mente que, aún cuando el Papa Pío IX había enseñado que el ignorante invencible podría ser salvado en estas dos ocasiones, no significaría que fuese cierta esta posición, porque son documentos falibles que pudiesen haber contenido un error. Ningún Papa puede cambiar ni corregir el dogma. El Papa Honorio, quien reinó durante el siglo VII, de hecho fue condenado más adelante por propagar la herejía, a pesar que no fue en su solemne capacidad de enseñarle a la Iglesia universal, demostrando adicionalmente cómo, hasta un Papa, puede errar o puede enseñar herejía en su capacidad falible. Así, nadie, ni siquiera un Papa puede cambiar el dogma que dice que nadie que muere fuera de la Iglesia Católica, fuese ignorante o no, puede ser salvado. A continuación se encuentran algunas citas sobre la ignorancia.
Papa Benedicto XV, Humani Generis Redemptionem (# 14), 15 de junio, 1917: “... ‘La ignorancia es la madre de todos los errores,’ tal como lo observa el Cuarto Concilio Laterano.”
Los Errores de Peter Abelard, Condenados por Inocente II, 16 de julio, 1140, #10: “Que aquellos siendo ignorantes han crucificado a Cristo, no han pecado, y lo que se haga a través de la ignorancia no debe de considerarse pecado.” – Condenado
El primero de los documentos del Papa Pío IX, frecuentemente citado por aquellos que creen en la salvación fuera de la Iglesia, es Singulari Quadem, una alocución (una disertación dada a los cardenales) dada el 9 de diciembre, 1854:
“…aquellos que son afectados por la ignorancia de la verdadera religión, si es por ignorancia invencible, no están sujetos a culpa alguna sobre este asunto ante de los ojos del Señor.”
Primero, esta es una disertación del Papa Pío IX a los cardenales. No es un pronunciamiento dogmático, ni siquiera una encíclica ni una encíclica dirigida a toda la Iglesia.
Pero, ¿está diciendo el Papa Pío IX que el ignorante invencible puede ser justificado y puede ser salvado en esa condición? No. En vez, él declara que el “ignorante invencible” no será responsable del pecado de infidelidad, pero de todos modos irá al Infierno. Lean cuidadosamente la última parte de la oración, “no están sujetos a culpa alguna SOBRE ESTE ASUNTO,” es decir, en el asunto de la infidelidad. Santo Tomás de Aquino explica que los no-creyentes que nunca han escuchado el Evangelio son condenados por sus otros pecados, los cuales no pueden perdonarse sin la Fe, no por el pecado de infidelidad (o no creer en el Evangelio). Estos otros pecados de los no-creyentes sirven como la razón de por qué Dio no les revela el Evangelio y que, en última instancia, los excluye de la salvación. Sin embargo, si uno entre ellos fuese realmente sincero y de buena voluntad, y cooperara con la ley natural, entonces Dios le enviaría un predicador (aún milagrosamente si fuese necesario) para llevarle la Fe Católica y el bautismo Católico. El Papa Pío IX continúa diciendo en la misma alocución, sobre una persona de buena voluntad, que sea un ignorante invencible:
“... los dones de la gracia celestial con toda seguridad no les serán negados a aquellos que sinceramente desean y rezan un refrescamiento con la luz divina...
Santo Tomás de Aquino, Oración III, 25, Pregunta 2, Respuesta 2, solute. 2: “Si un hombre no tuviese a nadie que lo instruyese, Dios le enseñará, a menos que desee culpablemente permanecer en donde se encuentra.”
San Agustín, Tractate 89, sobre Juan 15:22-23 - Qué, entonces, quiere Él decir [Jesús] con las palabras, Si yo no hubiera venido y no les hubiera predicado, no tuvieran culpa de no haber creído en mí; [Juan 15:22] ¿Será que los judíos estaban sin pecado antes que Cristo viniera a ellos en la carne? ¿Quién, a pesar de ser el mayor de los tontos, lo diría? A estas averiguaciones, con la ayuda del Señor y según lo mejor de mi capacidad, respondo, que tales personas tienen una excusa, no para todos sus pecados, sino para este pecado de no creer en Cristo, por cuanto Él no vino a ellos ni les habló.”
Así, el Papa Pío IX no enseñaba que las personas que son ignorantes de la Fe Católica pueden ser salvados; en vez, declaraba que tales no-creyentes no son condenados por el asunto de infidelidad. El hecho que todos que mueren como no-católicos ignorantes no son salvados, es la afirmación de toda la Tradición Católica y de todos los santos, además de ser la enseñanza dogmática de la Iglesia Católica.
El Papa Pío IX procedió a hablar nuevamente sobre el ignorante invencible siete años después, en su encíclica Quanto Conficiamur Moerore, 10 de agosto, 1863. Quanto Conficiamur Moerore no cumple con los requerimientos de infalibilidad; está dirigido únicamente a los cardenales y a los obispos de Italia.
Papa Pío IX, Quanto Conficiamur Moerore: “Y acá, amados Hijos y Venerables Hermanos, Deberíamos mencionar nuevamente y censurar un error muy grave en el cual están infelizmente comprometidos algunos Católicos, quienes creen que los hombres que viven en error y que están separados de la verdadera fe y de la unidad Católica, pueden alcanzar la vida eterna. Ciertamente, esto es ciertamente muy contrario a la enseñanza Católica. Es sabido por nosotros y por ustedes que aquellos que trabajan en ignorancia invencible de nuestra más santa religión Y QUIENES GUARDAN CELOSAMENTE LA LEY NATURAL Y SUS PRECEPTOS GRABADOS POR DIOS EN LOS CORAZONES DE TODOS , Y ESTANDO LISTOS PARA OBEDECER A DIOS, VIVEN UNA VIDA HONESTA Y PROBA, pueden, por el PODER OPERADOR DE LA LUZ Y LA GRACIA DIVINAS, obtener la vida eterna ya que Dios... de ninguna manera hará que alguien sufra el castigo del tormento eterno si no tiene culpa de un pecado deliberado.”
Primero, noten que el Papa Pío IX específicamente condena la idea que un hombre que “vive en error y está separado de la Fe verdadera” puede ser salvado. ¿Cuál, pregunto, es la idea de salvación para el “ignorante invencible”? Pues, claro está, es la idea que un hombre que vive en error y que está separado de la Fe verdadera puede ser salvado. Entonces, el mismo concepto de salvación para el “ignorante invencible” está condenado como MUY CONTRARIO A LA ENSEÑANZA CATÓLICA en este mismísimo documento del Papa Pío IX.
Segundo, noten nuevamente que el Papa Pío IX no dice, en ningún lado, que el ignorante invencible puede ser salvado en el lugar en donde está. En vez, reitera que el ignorante, si coopera con la gracia de Dios, guarda la ley natural y responde a la llamada de Dios, puede, con el “poder operador de la luz y la gracia divinas” [siendo iluminado por la verdad del Evangelio] lograr la vida eterna, ya que Dios ciertamente traerá a todos su elegidos al conocimiento de la verdad y a la Iglesia por medio del bautismo. De acuerdo a la definición específica de las Sagradas Escrituras, “luz divina” es la verdad de Jesucristo a través del Evangelio (la Fe Católica) que remueve al ignorante de la oscuridad.
Efesios 5:;8 “Porque la verdad es que en otro tiempo no erais sino tinieblas; más ahora sois luz en el Señor. Y así proceded como hijos de la luz.”
1 Tesalonicenses 5:4-5 “Mas vosotros, hermanos [creyentes] , no vivís en las tinieblas... puesto que todos vosotros sois hijos de la luz.”
Entonces, no debemos de interpretar las palabras de Pío IX en Quanto Conficiamur Moerore sobre que el ignorante de buena voluntad sea salvado al recibir “la luz y gracia divinas”, contrario a su claro significado Tradicional y de escrituras, el cual es que la luz y la gracia divinas se reciben al escuchar el Evangelio, al creer en él y ser bautizado. Así, en Quanto Conficiamur Moerore, Pío IX dice que la persona sincera y de buena voluntad que sea ignorante de la Fe será “iluminado” al recibir la “luz divina” (escuchar el Evangelio) y entrará a la Iglesia Católica para que pueda ser salvado.
Me doy cuenta que el Papa Pío IX no fue casi tan claro como hubiese sido en la segunda mitad de Quanto Conficiamur Moerore. Los herejes han estado muy felices con esto, porque ellos piensan que pueden explotar su redacción a favor de su herejía, que hay salvación fuera de la Iglesia. Si el Papa Pío IX hubiese repetido de manera fuerte las definiciones previas de los Papas, sin ningún lenguaje ambiguo, hubiera evitado el peligro que los modernistas interpretaran mal sus palabras. Esto es una vergüenza porque casi todas sus declaraciones sobre este tema claramente afirman dogmas de la Iglesia sin ninguna ambigüedad, de la cual puedan aprovecharse los herejes.
Papa Pío IX, Nostis et Nobiscum (#10), 8 de diciembre, 1849: “Específicamente, asegúrense que los fieles están profunda y totalmente convencidos de la verdad de la doctrina, que la fe Católica es necesaria para obtener la salvación. (Esta doctrina, recibida de Cristo y sobre la cual los Padres y los Concilios han hecho énfasis, también está contenida en la fórmula de la profesión de la fe emitida por los Católicos Latinos, Griegos y Orientales).”
Papa Pío IX, Ubi primum (#10), 17 de junio, 1847: “Porque ‘hay una Iglesia universal fuera de la cual nadie se salva’; contiene prelados regulares y seculares junto con aquellos bajo su jurisdicción, quienes profesan un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo.”
Papa Pío IX – Compendio de Errores Modernos – Proposición 16, 8 de diciembre, 1854: “El hombre puede, en observancia de cualquier religión que sea, encontrar una manera para la salvación eterna, y llegar a la salvación eterna.” – Condenado
Nótese nuevamente que el concepto de salvación para el “ignorante invencible” queda condenado acá. El concepto de salvación para el “ignorante invencible”, tal como es sostenido por casi todos quienes lo sostienen hoy en día, es que algunos hombres – incluyendo aquellos que observan las religiones no-católicas – pueden encontrar y llegar a la salvación en estas religiones porque ellos están “sin falta por culpa propia”. Pero es herético y está condenado por el anterior Compendio de Errores del propio Pío IX.
LA SALVACIÓN PARA EL “IGNORANTE INVENCIBLE” REDUCIDA A SU PRINCIPIO ABSURDO
La ignorancia invencible se vuelve una herejía destructiva, obliterando la necesidad de la fe Católica en todo el mundo. La teoría que la “ignorancia invencible” salva, también puede refutarse al reducirla a su principio absurdo, el cual es el siguiente: Si ser ignorante del Salvador podría hacerlo a uno digno de la salvación, entonces los Católicos realmente le están haciendo a los no-cristianos un des-servicio al predicarles sobre Jesucristo. San Pablo, San Vicente Ferrer, San Francisco Javier, Padre Pierre De Smet, los Mártires norteamericanos y los otros incontables misioneros en la historia de la Iglesia, quienes sufrieron penurias abrumadoras para predicar el Evangelio a los paganos ignorantes, simplemente estaban haciendo a estas personas más culpables ante Dios, de acuerdo a la herejía moderna de la salvación para el “ignorante invencible”. Si los misioneros tan solo se hubiesen quedado en casa, de acuerdo a la herejía de la ignorancia invencible, los paganos sinceros se pudiesen haber salvado al no haber escuchado jamás sobre Cristo sin falta alguna de su parte. Pero al hacer el esfuerzo de predicarles sobre Cristo, como lo hicieron los misioneros, ellos – de acuerdo a la herejía de la ignorancia invencible – hacían que estas personas no tuviesen excusa si fracasaban en vivir de acuerdo a las obligaciones del Evangelio o si lo rechazaban del todo. Así, el predicarles el Evangelio a los no-cristianos, de acuerdo a la teoría herética de la “ignorancia invencible”, coloca a los paganos en una situación que es más probable que sean condenados. Por lo tanto, la herejía moderna de la salvación, por ser “invenciblemente ignorante” realmente hace que sea contraproducente el predicarle a los paganos para la salvación de las almas. Pero dicha noción es absurda, claro está, y demuestra la naturaleza ilógica y falsa de la herejía de la ignorancia invencible.
Pero, de hecho, la herejía se ha vuelto tan mala en estos días, en este tiempo de la Gran Apostasía en el cual vivimos, que la mayoría de los “Católicos” hoy en día sin demora profesan que los paganos, judíos, budistas, etc. que conocen el Evangelio y lo rechazan también pueden ser salvados por “ignorancia invencible”. Pero es únicamente el resultado necesario de la herejía de la ignorancia invencible; porque, si los paganos que nunca han escuchado sobre Cristo pueden ser salvados “en buena fe”, entonces los paganos que rechazan a Cristo también podrían estar de buena fe, porque ¿cuánto tiene uno que escuchar para perder esta “ignorancia invencible?” Una vez uno se aleja del principio – es decir, una vez uno rechaza la verdad divinamente revelada – que todos quienes mueren como paganos definitivamente se pierden sin excepción (Papa Eugenio IV, de fide), se rechazan las líneas claras de demarcación y toma posesión necesariamente un área gris, un área gris de acuerdo a la cual uno no puede posiblemente saber o fijar límites sobre quién está en buena fe y quien no.
Papa Gregorio XVI, Mirari Vos (#13), 15 de agosto, 1832: “Con la admonición del apóstol que ‘hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo’ (Efesios 4:5) que teman aquellos que ingenian la noción que el puerto seguro de la salvación está abierto a las personas de cualquier religión que sea. Ellos deberían tomar en cuenta el testimonio del Mismísimo Cristo, que ‘aquellos que no están con Cristo están en contra de Él’ (Lucas 11:23) y quien no recoge conmigo, desparrama. Por lo tanto, ‘sin duda alguna, perecerán para siempre, a menos que mantengan entera e inviolable la fe Católica.” (Credo Atanasio).
DÁDIVAS, DONACIONES Y TESTAMENTOS
Los católicos no deberían testar cosas ni dar dádivas / donaciones a aquellos que son herejes o no-católicos. Esto incluiría a aquellos que profesan ser Católicos tradicionales, pero no sostienen las posiciones correctas. Bien, a continuación hay algunos cánones interesantes que recientemente hemos encontrado en el estudio. Provienen de los concilios regionales en África alrededor del año 419 A.D. Ellos inculcan el mismo concepto cristiano antiguo:
Cánones del Código Africano, 419 A.D., Canon 22: “Y que a aquellos que no son Cristianos Católicos, aunque tengan relación sanguínea, ni los obispos ni el clero les darán nada por medio de donación de sus posesiones.”
Cánones del Código Africano, 419 A.D., Cánon 81: “Fue ordenado que si cualquier obispo prefiere a su relación sanguínea, o a sus parientes herejes, o paganos como sus herederos, en vez de lo extraños de su Iglesia, será anatematizado aún después de su muerte...”
PARTE 2.
PREFACIO:
Este artículo no
refutará el concepto de si los sacerdotes válidamente
ordenados (pero herejes o cismáticos) consagran los
sacramentos válidamente – porque sí lo hacen –
sino en vez tratará de si uno puede abordar a dichos
sacerdotes para recibir los sacramentos. Algunas personas declaran
que uno sí puede abordar a los sacerdotes herejes (pero
ordenados válidamente) para recibir los sacramentos de la
Eucaristía y la Confesión en forma lícita. Este
concepto, sin embargo, es falso y será refutado totalmente en
este artículo.
Es
importante comprender que un sacerdote
hereje o cismáticos consagra
estos sacramentos válidamente – pero
ilícitamente – y peca
mortalmente cada vez que prepara estos sacramentos. Además,
todos que a sabiendas abordan a un sacerdote hereje o cismático
para recibir los sacramentos, los reciben ilícitamente y pecan
mortalmente cada vez que se acercan a estos sacramentos:
La
Enciclopedia Católica, Vol. 13;
“ Sacramentos” (1912): “El
cuidado de todos esos ritos sagrados se ha otorgado a la Iglesia de
Cristo. Los ministros herejes o cismáticos pueden administrar
los sacramentos válidamente si tienen Órdenes válidas,
pero sus oficios religiosos son pecaminosas (ver Billot, op. Cit.,
thesis 16). La Buena Fe excusaría del pecado a los
recipiendarios” [es decir, únicamente si no están
concientes de que el sacerdote es un hereje o un cismático].
El sacerdote consagra
válidamente debido a su ordenación válida al
sacerdocio; consagra ilícitamente por su herejía o
cisma:
La
Enciclopedia Católica, Vol. 13;
“ Sacramentos” (1912): “Para
administrar válidamente el Bautismo no se requiere una
ordenación especial. Cualquiera, aún un pagano, puede
bautizar, siempre y cuando use la materia apropiada y pronuncie las
palabras de la forma esencial, con la intención de hacer lo
que hace la Iglesia (Decreto pro Armen., Denzinger-Bannwart, 696).
Únicamente los obispos, sacerdotes y en algunos casos, los
diáconos pueden conferir solemnemente el bautismo. Ahora se
sostiene como certero que en el Matrimonio las partes contrayentes
son los ministros del sacramento, porque ellos hacen el contrato, y
el sacramento es un contrato que fue elevado a la dignidad de
sacramento por parte de Cristo (cf. León XIII, Encíclica
“Arcanum”, 10 de febrero, 1880). En cuanto a la validez
de los otros cinco sacramentos, el ministro debe de estar debidamente
ordenado. El Concilio de Trento anatematizó a aquellos que
dijeron que todos los Cristianos podrían administrar todos los
sacramentos (Sesión VII, can. 10). Únicamente los
obispos pueden conferir las Sagradas Órdenes (Concilio de
Trento, se.. XXIII, can. 7). Ordinariamente, únicamente un
obispo puede dar la Confirmación. Se requiere la Orden
sacerdotal para la administración válida de la
Penitencia y la Extremaunción (Conc. Trid., sess. XIV, can.
10, can. 4). En cuanto a la Eucaristía, únicamente
aquellos que tienen las Órdenes sacerdotales pueden consagrar,
es decir, cambiar el pan y el vino al Cuerpo y la Sangre de Cristo.”
Claro
que debe hacerse énfasis en que son inválidas todas las
ordenaciones que se han efectuado durante el nuevo rito del antipapa
Pablo VI, “Santas Órdenes” de los obispos,
sacerdotes y diáconos, ya que se han desviado de la fórmula
tradicional de la consagración y han traído un nuevo
conjunto de sacramentos que, ciertamente, está condenado en el
dogma Católico. Esto significa que son inválidas todas
las ordenaciones que han ocurrido después de 1968 bajo el
nuevo rito de Pablo VI de las “Santas” Órdenes.
Así, casi todos los sacerdotes en la nueva religión del
Vaticano II están ordenados inválidamente y nunca
consagran los sacramentos ya sea válida o lícitamente.
Los sacerdotes en la nueva religión de Vaticano II, sin
embargo, que fueron ordenados antes de 1968 y del nuevo rito de
ordenación de Pablo VI, son todavía sacerdotes válidos
y consagran estos sacramentos válidamente (pero ilícitamente)
si usan la fórmula tradicional (redacción correcta) al
preparar estos Sacramentos de la Misa. Algunos discuten que aún
estos sacerdotes herejes o apostatas pueden ser abordados lícitamente
para recibir los sacramentos. Esto, sin embargo, es completamente
falso y será refutado completamente en este artículo.
(Si
quieres aprender más sobre la invalidez de Vaticano II, la
Nueva Misa, y el nuevo rito de ordenación de Pablo VI,
consulta esta página: http://www.santos-catolicos.com/concilio-vaticano-ii/#Why-the-New-Mass-and-New-Rite-of-Ordination-are-Invalid)
LA BASE BÍBLICA
PARA EVITAR A LOS HEREJES
Ahora, la doctrina que
las personas nunca deben de rezar en comunión con los herejes,
recibir los sacramentos por parte de los herejes o entrar en sus
iglesias, se enseña desde el inicio de la Iglesia y su
fundamento o base es, claro está, la Biblia.
Tito 3:10: - “Huye
del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos
veces.”
La palabra infalible de
Dios nos ordena evitar a un hereje después de la primera y la
segunda admonición.
Juan
1:9-10: - Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino
que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en ella, ese
tiene, o posee dentro de sí al Padre y al Hijo. Si viene
alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en
casa, ni le saludéis. Porque
quien le saluda, comunica
en cierto modo con sus acciones perversas.
Este
verso de la Biblia deja clarísimo que aquellos que tienen
trato con herejes o cismáticos, “comunican
en cierto modo con sus acciones
perversas.” Esto significa que
aquellos que tratan con los herejes tienen cierta parte en sus
pecados y comparten sus pecados.
Sin
embargo, existe una excepción
a esta doctrina de recibir los sacramentos por parte de los herejes.
Este canon específico del Concilio
de Florencia trata con el sacramento
del bautismo. La Iglesia Católica siempre dejará claro
cuando hay una excepción a una doctrina.
Papa
Eugenio IV, Concilio de Florencia,
“Exultate Deo”, 1439: “En
caso de necesidad, sin embargo, no
solamente un sacerdote o un diácono, sino hasta un laico
(hombre o mujer), sí hasta un pagano y un hereje
puede bautizar, en tanto preserve la forma de la Iglesia y tenga la
intención de hacer lo que hace la Iglesia.” (Denz 696)
Esta excepción
sobre el bautismo es realmente necesaria ya que ningún hombre
puede ser salvado, ni por ningún otro medio entrar en el
regazo y la unidad de la Iglesia, sin el sacramento del Bautismo.
Esto, por supuesto, es otra prueba de la necesidad explícita
para que todos sean bautizados y poder así salvarse.
Papa
Pablo III, El Concilio de Trento,
Can. 5 sobre el
Sacramento del Bautismo, ex
cátedra: “Si
alguien dice que el bautismo [el sacramento] es opcional, es decir,
no necesario para la salvación
(cf. Jn.3:5): que
sea anatema.”
Papa
Eugenio IV, El Concilio de
Florencia, “Exultate Deo,
22 de noviembre, 1439, ex
cátedra: “El
Santo bautismo, el cual es la
puerta a la vida espiritual, ostenta el primer lugar entre todos los
sacramentos; a pesar que a través del mismo nos hacemos
miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia; y debido a que la
muerte entró al universo a través del primer hombre, ‘a
menos que nazcamos nuevamente con agua y el Espíritu, no
podremos,’ tal como lo dice la Verdad, ‘entrar en el
Reino del cielo’ [Juan 3:5]. La materia de este sacramento es
agua real y natural.”
La
Iglesia hizo esta excepción específica en relación
a los herejes, ya que todos – tanto jóvenes como mayores
– deben de recibir el agua de la regeneración para ser
salvados. Sin embargo, las palabras del Papa Eugenio IV, en el
Concilio de Florencia, no permiten que una persona reciba el
sacramento del Bautismo por parte de herejes en todos los casos, sino
únicamente en necesidad extrema. Un ejemplo sería
cuando es inminente el peligro de muerte y la persona en cuestión
puede arriesgarse a morir sin el sacramento del bautismo. En tal
situación, tal como está descrito arriba, sin embargo,
“no solamente un sacerdote o un
diácono, sino hasta un laico (hombre o mujer), sí,
hasta un pagano o un hereje
puede bautizar, siempre y cuando preserve la forma de la Iglesia y
tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.
“ Y así, está claro de por qué Dios hizo
esta excepción a través del Papa. Nuevamente, cuando
hay excepciones siempre se mencionará y se aclarará.
Habiendo tratado el
punto, sin embargo, uno no encontrará excepción alguna
en relación a cualquier otro sacramento en relación a
herejes o cismáticos. De acuerdo a las enseñanzas de
la Iglesia, deberán evitarse los herejes y los cismáticos
bajo dolor de pecado mortal. Por lo tanto, no se pueden tener
relaciones amistosas con ellos, por ejemplo, hacer deportes juntos ni
otras actividades parecidas, ni siquiera reunirse con ellos como uno
podría reunirse con un verdadero amigo católico. La
única excepción a esto sería si se está
tratando de convertir a un hereje o a un no-creyente. En tal caso,
uno puede reunirse con él y hablar con él. Sin
embargo, si su intención está equivocada y usted sabe
que mantiene contacto con ateos o herejes por las razones
equivocadas, y no con el propósito de realmente convertirlos
(o aunque su intención sea la correcta pero el pecador, el
hereje o el cismático está obstinado y no-convertible y
rehusa escuchar), como sucede tan a menudo con los miembros
familiares herejes, entonces se debe cesar en todo contacto con
ellos. Porque hacer lo contrario puede ser causa de su destrucción
eterna. ¿Cuántas personas no han enajenado a Dios para
complacer más a otros hombres? ¿Cuántos no han
perdido a Dios porque pasan demasiado tiempo tratando de ayudar a los
demás mientras se pasan a sí mismos por alto? “Tened
cuidado de los hombres”, advierte Jesucristo (Mateo 10:17).
Los católicos deben de darse cuenta que pocos son Salvados; la
mayoría de los adultos católicos son condenados. Ni
siquiera Jesucristo, quien es Dios, pudo convertir a todos los judíos
endurecidos.
EN CONTRA DE LOS
HEREJES Y REZAR EN COMUNIÓN CON LOS HEREJES
Se les prohíbe
explícitamente a los católicos rezar a sabiendas en
comunión con herejes notorios o recibir los sacramentos de
ellos como dejan claro el Papa León X y los siguientes
concilios dogmáticos. Estas citas, claro está, también
condenan el ecumenismo falto de la secta del Vaticano II, así
como sus reuniones falsas para rezar con las religiones falsas del
mundo:
Papa
León X, Quinto Concilio Laterno, Sesión 8, ex
cátedra: “Y
ya que la verdad no puede contradecir a la verdad, definimos que cada
declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la fe
es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita enseñar
contrariamente. Decretamos que todos
que se aferran a las declaraciones erróneas de esta clase,
sembrando y cosechando así herejías que están
totalmente condenadas, deberán
ser evitados de todas formas y
castigados como herejes e infieles detestables y odiosos que socavan
la fe católica.”
El
Papa simplemente dijo infaliblemente que deberán
evitarse de cualquier forma todos los herejes.
Nótese que uno solo puede saber si alguien es hereje si usted
mismo ha obtenido este conocimiento de la persona en cuestión.
Así, si usted sabe que
su sacerdote es hereje, está obligado a evitarlo
de cualquier manera que sea y no
puede acercarse o abordarlo para recibir los sacramentos.
Continuando:
III
Concilio de Constantinopla, 680-681:
“Si cualquier eclesiástico
o laico entra en una sinagoga de los judíos o a las casas de
reunión de los herejes para unirse en oración con
ellos, que sean depuestos y privados de la comunión
[excomunión]. Si
cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración
con los herejes, que sea suspendido de la comunión
[excomulgado].”
El
Tercer Concilio de Constantinopla simplemente definió
infaliblemente que cualquier persona que
reza en comunión con los herejes ha de ser excomulgada y se le
debe rechazar la comunión por rezar con otros herejes.
Ahora, veamos otras citas:
Concilio
de Laodicea, Siglo IV, (#Canon 6): “Nadie
rezará en común con los herejes y cismáticos...
No se le permite a los herejes entrar en la casa de Dios mientras
ellos continúen en herejía.”
Concilio
de Cartago: “Uno no debe
rezar ni cantar salmos con los herejes, y quien se comunique con
aquellos que han sido cortados de la comunión de la Iglesia,
ya sea clero o laico: que sea excomulgado.”
Papa
Pío IX, 16 de septiembre, 1864, carta
al Episcopado Inglés (CH
254): “Que los cristianos y
eclesiásticos deben de rezar por la unidad cristiana bajo la
dirección de los herejes y, lo que es peor, de acuerdo a una
intención que está radicalmente impregnada y viciada
con herejía, ¡es absolutamente imposible de tolerar!”
El
Código de la Ley Canónica de 1917, Canon 823: “La
Misa no puede celebrarse en iglesias de herejes o cismáticos,
aunque en el pasado hayan sido adecuadamente consagradas o
bendecidas.”
Papa
Pío XI, Mortalium animos
(“10): “De
tal manera, Venerable Hermano, está claro el por qué
esta Sede Apostólica nunca ha permitido que sus sujetos tomen
parte en las asambleas de los no-católicos:
porque la unión de los cristianos puede promoverse únicamente
fomentando el regreso a la única Iglesia verdadera de Cristo
de aquellos que se han separado de ella,
porque en el pasado
infelizmente la habían dejado. A la única Iglesia
verdadera de Cristo, decimos, la cual es visible para todos, y la
cual ha de permanecer, de acuerdo a la voluntad de su Autor,
exactamente igual a como Él la instituyó.”
Entonces,
que las personas declaren (a pesar de todas las citas anteriores que
dicen lo contrario) que una asamblea presidida por herejes o una
asamblea que reza en comunión con otros herejes, sea
de alguna manera la
Iglesia de Dios o la Iglesia de los católicos,
es simplemente negar la verdad infalible de Dios.
SANTO TOMÁS EN
CONTRA DE COMUNIÓN CON LOS HEREJES
Ahora, veamos a lo que
Santo Tomás tiene que decir sobre los herejes:
Santo
Tomás de Aquino, Summa
Theologica, Tertia Pars, Pregunta
82, Artículo 9: “Yo
respondo que, tal como se dijo anteriormente, los sacerdotes herejes,
cismáticos, excomulgados o aún pecadores, a pesar que
tienen el poder de consagrar la Eucaristía, sin embargo no
hacen el uso apropiada de la misma; por el contrario, pecan
usándola. Pero quien quiera que se comunique con otro que
está en pecado, se convierte en partícipe de su
pecado.”
Primero,
quiero dejar claro que la segunda parte de esta cita de Santo Tomás
(la cual fue tomada del contexto por ciertos individuos) será
tratada dentro de poco entre la sección
de las mayores
objeciones. Sin embargo, Santo Tomás
claramente enseña (de acuerdo a los Papas) que las personas
que a sabiendas asisten a las iglesias de sacerdotes herejes,
cismáticos o aún pecadores (excomulgados), se
convierten en partícipes de su pecado. Y a pesar que uno
puede abordar lícitamente a un sacerdote pecador hasta que la
Iglesia haya dado Su sentencia sobre él, uno no está
obligado a irse con él y puede quedarse en casa. Sin embargo,
si el sacerdote es un hereje o cismático notorio, no se le
puede abordar para recibir los sacramentos y se deberá quedar
en casa.
Un
ejemplo de esto sería si una herejía o cisma de un
sacerdote fuese ocultado a la mayoría de las personas, y quizá
usted fuese el único que sabía al respecto después
de hablar con él, y por lo
tanto sabía que él era un hereje;
entonces debe evitarlo como hereje y no puede abordarlo para recibir
los sacramentos. Si, sin embargo, optarse culpablemente, o a
sabiendas, ir a dicho sacerdote hereje, entonces realmente está
ayudando a la obra malvada y pecaminosa de este sacerdote, ya que
usted, al mostrar una comunión externa con él, le
profesa a todos que están presentes que usted también
tiene la misma fe que él. Un sacerdote que sea hereje o
cismático peca mortalmente cuando usa los sacramentos y esto
recae sobre su propia cabeza y de aquellos a quienes engañó,
una llama eterna de fuego que nunca se extinguirá. Por lo
tanto, al entrar en las “iglesias” de los herejes,
claramente está mostrándole a todos que está de
acuerdo con sus herejías. Esto deberá estar
absolutamente claro para cualquier persona honesta.
Algunos
objetarán a esto diciendo: “Yo
puedo ir legalmente con un sacerdote hereje (pero que está
válidamente ordenado) para la celebración de la Misa y
los sacramentos, en tanto no imponga su herejía ni predique
herejía desde el púlpito.”
Respuesta:
No importa si el sacerdote está imponiendo su herejía
o si la predica desde el púlpito, como lo creen algunas
personas. Porque, dígame, estimado lector, ¿es miembro
de la Iglesia alguien que es hereje, aunque no predique su herejía
desde el púlpito ni imponga la misma? Qué hay con un
“Papa” que se ha vuelto hereje pero no imponía sus
herejías; ¿lo consideraría como el Papa o iría
con él para recibir los sacramentos? De acuerdo a estas
personas, este “papa” hereje debe ser un papa válido
a quien uno puede acercársele para recibir los sacramentos, en
tanto no imponga sus herejías... ¿Pero es esto
realmente verdad? ¿Quién declararía tal
tontera? No, en verdad, usted respondería que él no
sería miembro de la Iglesia, ya que todos los herejes están
separados de la Iglesia y que él, por lo tanto, consagraría
ilícitamente los sacramentos. Así, se aplica la misma
lógica acá con los sacerdotes herejes, ya sea que
impongan o no su herejía, o si la predican desde el púlpito
o no. Han de evitarse todos como
herejes odiosos que socavan la Fe Católica.
(Papa León X, Quinto Concilio
Laterano, Sesión 8, ex
cátedra).
Si no está de
acuerdo con esto, ¿entonces por qué no va al apóstata
Benedicto XVI y recibe los sacramentos de él? ¡El no es
mejor que cualquiera de los otros sacerdotes herejes a quienes se les
puede abocar para recibir los sacramentos! De hecho, son tan malos
como él lo es, ¡hasta sostienen las mismas herejías
que él y la mayoría hasta lo acepta como el papa y como
cabeza de la Iglesia Católica! No se nos permite escoger a qué
herejes nos podemos abocar, como si algunos herejes pudiesen ser
tolerados. Esto es totalmente fuera de las escrituras y contradice
numerosas enseñanzas católicas.
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9), 29 de junio, 1896: “...¿puede ser legal que
alguien rechace cualquiera de esas verdades sin que el mismísimo
hecho caiga en herejía? – sin separarse él mismo
de la Iglesia? – sin repudiar en un solo acto total todas las
enseñanzas cristianas? Porque tal es la naturaleza de la fe,
que nada puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y
rechazar otras... Pero aquel que
disiente aún en un punto de la verdad revelada divinamente,
rechaza absolutamente toda la fe,
ya que con eso él rechaza honrar a Dios como la verdad suprema
y el motivo formal de la fe.”
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9), 29 de junio, 1896: “La práctica
de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las
enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban
acostumbrados a considerar como fuera
de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia
a quien quiera que se aparte hasta en el más mínimo
grado de cualquier punto de la doctrina propuesto por su Magisterio
autoritario.”
IMPOSICIÓN: UN
TÉRMINO INVENTADO POR LOS HEREJES
Imposición
es un término que algunas personas han inventado para sí
mismos para justificar ir con distintos sacerdotes (que saben son
herejes), para recibir los sacramentos y escuchar la misa celebrada
por ellos. Bien, el problema con esta forma de pensar no es que no
sepan que el sacerdote es un hereje,
sino que realmente están totalmente conscientes
de este hecho, y sin embargo hacen excusas para ir a él.
Pero, ¿alguna vez ha existido un dogma que declara algo
parecido a esto? ¿Puede citarse alguna cosa para dar tal
indicación? ¡Claro que no! ¡No encontrará
ninguna enseñanza eclesiástica que lo diga! ¡Inventar
las propias doctrinas de uno para justificar el pecado mortal por
recibir ilícitamente los sacramentos, y luego enseñarle
a los demás a hacer lo mismo, es realmente ultrajante y
escandaloso, por no decir más! El hecho que un sacerdote
imponga sus herejías sobre las demás personas no tiene
nada que ver con volverse un hereje, tal como lo muestra claramente
San Roberto Bellarmino:
San
Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice,
lib. IV, c. 9, N° 15: Porque
los hombres no están destinados, ni son capaces de leer los
corazones; pero cuando ven que
alguien es un hereje por las obras externas que realiza, lo
juzgan como hereje puro y simple, y
lo condenan como a un hereje.”
El
punto es el siguiente: ¿Cuál
dogma católico dice que uno puede abocarse a un sacerdote
hereje para recibir los sacramentos (excepto
el sacramento del bautismo en caso de necesidad)? A la fecha no se
ha dado ni un solo dogma que haya indicado lo anterior; (más
adelante será tratado el Cuarto
Concilio Laterano, tomado del
contexto). Gustosamente cambiaríamos nuestra posición
si alguien nos demostrara con dogma católico que su posición
es verdadera. Sin embargo, este no es el caso y nunca se ha
presentado dicha evidencia dogmática. Solo pueden citarse
santos falibles
(sacado del contexto) y teólogos falibles,
lo cual revela entonces que su posición es débil y
tambaleante y que carece de una buena base católica. ¿Es
sobre esto que hemos de formar nuestra Fe: es decir, santos y
teólogos y, en vista de todos los dogmas y razonamiento, negar
lo que hemos puesto delante de nuestros ojos? ¿No es esto
exactamente lo que hacen también los creyentes en el bautismo
de sangre / deseo? ¿No se aferran obstinadamente a los santos
y a los teólogos en vez de a los dogmas infalibles? ¿Y
no son condenados por este comportamiento exacto, quizá
delante de usted? ¿Por qué, entonces, actúa
usted precisamente de la misma manera acá? ¡Si no puede
demostrar su caso con el dogma católico, entonces no deberá
defender obstinadamente el mismo ni sostener que es uno verdadero!
Además, ¿cómo
puede una persona declarar que cree en el Señor Jesús,
cuando él sin compromiso alguno – aún sabiendo y
voluntariamente – se acerca a un sacerdote quien sabe que
rechaza la necesidad de creer en Jesucristo o en cualquiera de sus
palabras? ¿Realmente ama usted a Jesús y cree en Él,
o simplemente lo dice? ¿Es más importante para usted
asistir a misa y recibir ilícitamente los sacramentos que
Jesucristo y la Fe misma? Porque con las obras externas usted le
demuestra a los demás y a Nuestro Señor ¡que no
tiene problema alguno en acercarse a un sacerdote que rechaza a Dios!
¡Los apostatas, herejes y cismáticos crucifican a
Nuestro Señor la segunda vez cuando presumen consagrar estos
sacramentos, y usted ayuda en esta obra al ir con ellos!
Tampoco
puede preservar su fe ni complacer a Dios si se aboca a los
sacerdotes herejes, tal como lo deja claro el Papa Pío IX:
“Porque los hijos de la Iglesia
debieran de considerar la propia acción para preservar el
tesoro más precioso de la fe, sin el cual es imposible
complacer a Dios.”
Y
uno se convierte en partícipe del pecado del sacerdote hereje,
tal como lo dice Santo Tomás: “Tal
como se dijo anteriormente, los sacerdotes herejes,
cismáticos, excomulgados, o
aún los pecadores, a pesar que tienen la potestad de consagrar
la Eucaristía, sin embargo no hacen el uso apropiado de la
misma; por el contrario, pecan al usarla. Pero
quien quiera que se comunica con otro que está en pecado se
vuelve partícipe en este pecado.”
Algunas
personas también declaran falsamente que un factor que
determina si un sacerdote ha de volverse hereje (quien debe de
evitarse para recibir la comunión), queda determinado por el
hecho de cuántas otras personas realmente están
conscientes de que el sacerdote es un hereje. Ellos declaran esto al
aseverar que si solo pocas
personas están conscientes de la posición hereje del
sacerdote, entonces ese sacerdote no debe de ser un sacerdote
notoriamente hereje, y puede así ser abordado lícitamente
para recibir los Sacramentos. Así razonan ellos, porque de
acuerdo a ellos, únicamente debe evitarse un hereje notorio; y
un sacerdote que no les es obviamente conocido a ‘todos’
(o a la mayoría de las personas) por lo tanto no debe de ser
un hereje notorio. Sin embargo, fracasan en darse cuenta que el
sacerdote en cuestión ya pudo haber revelado su herejía
y obstinación o mala voluntad a cualquiera que le hubiese
hecho saber la verdadera posición.
Lo
que determina si debe evitarse un sacerdote para recibir la comunión
no queda decidido
por el hecho de cuántas otras personas realmente están
conscientes que él es un hereje. Esto es así ya que el
sacerdote, al ser hereje, ya se ha separado a sí mismo de la
Iglesia y de la comunión y porque todo el Cielo (la Santísima
Trinidad, la Virgen Santísima y todos los Ángeles y
Santos) también han pronunciado juicio sobre él. Por
lo tanto (a pesar de estos hechos) ¿debemos de profesar
comunión externa con él, si es alguien que se ha
separado a sí mismo de la Iglesia y a quien Dios ya ha
condenado? Si el sacerdote se convierte, la condenación,
claro está, se vuelve misericordia.
Obviamente
entonces, el factor que determina si alguien ha de evitarse para
recibir la comunión es lo que usted
sabe sobre la dicha persona en cuestión. No
es determinado por lo que los demás
entienden sobre esta persona ni por le hecho de cuántos otros
están realmente conscientes de que él es un hereje.
Usted no
será juzgado al infierno por lo que los demás sabían
o no sabían. ¡Sin embargo, usted
será juzgado al infierno por lo que usted
sabía; sobre lo que a
usted no le importó saber,
y sobre lo que usted fracasó
en hacer una vez hubo obtenido este conocimiento!
San
Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice,
lib. IV, c. 9, N° 15.: Porque los
hombres no están destinados a leer los corazones, ni son
capaces de leer los mismos; pero
cuando ven que alguien es un hereje por las obras externas que
realizan, lo juzgan como hereje
puro y simple, y lo condenan
como a un hereje.”
Papa
Eugenio IV, Concilio de Florencia,
“Cantate Domino,” 1441: “Por
lo tanto, la Santa Iglesia Romana condena, reprueba, anatemiza y
declara estar fuera del Cuerpo de Cristo, quien es la Iglesia, a
quien quiera que tenga puntos de vista opuestos o contrarios.”
Y si
usted no está de acuerdo con esto, entonces debe
de sostener la opinión que uno pudo haber abordado lícitamente
al anti-papa ultra hereje del infierno – Pablo
VI, para recibir los sacramentos –
aunque sabíamos que era un anti-papa hereje y aunque
hubiésemos obtenido el conocimiento de antemano sobre lo que
él le haría a la Iglesia (de
acuerdo a la lógica de los herejes)
si únicamente unas pocas personas sabían que él
era un hereje, o si solo unas pocas personas sabían sobre sus
malvadas intenciones. Sí, de acuerdo a esta falsa posición,
(la posición ilógica de los herejes), uno lo pudo haber
abordado lícitamente para recibir la Eucaristía cuando
ya había empezado a poner todas estas herejías en
práctica.
De tal manera que cuando
Pablo VI estaba socavando y destruyendo la fe tanto como lo pudiese
haber hecho un hereje durante toda una vida, es decir, aprobando y
poniendo en práctica todas las herejías del Segundo
Concilio Vaticano; cambiando la Misa Tradicional a una nueva Misa
inválida; cambiando los Ritos de las Santas Órdenes
(haciendo así que todos los sacerdotes y obispos del Vaticano
II fuesen ordenados inválidamente); aboliendo el índice
de los libros prohibidos (lo cual revela su verdadera intención,
divulgar la herejía y las mentiras), y permitiendo la
contracepción o PFN (planificación familiar natural),
etc., etc... entonces, a pesar de todos estos hechos, si solo unas
pocas personas sabían que él era un hereje, uno pudo
habérsele abocado lícitamente para recibir los
Sacramentos de la Confesión y la Eucaristía... ¡Esta
es la conclusión ineludible e ilógica del razonamiento
hereje, pero nadie, sin embargo, se atrevería a admitirlo!
Pero
si su posición es la verdadera posición Católica:
es decir, que uno no se podía abocar a Pablo VI ni a ningún
otro hereje como él para recibir los Sacramentos, entonces
debe usted de sostener la posición que uno no puede acercarse
a otros sacerdotes herejes para recibir los sacramentos de la
Confesión y la Eucaristía, si sabe personalmente que
son herejes. Usted no puede escoger y optar a qué herejes
debe de ir. Todos los
herejes están fuera de la Iglesia. Por lo tanto, todos
los herejes deben de evitarse.
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9): “Nadie que simplemente no cree
en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico
ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías,
que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y
si alguien sostiene una sola herejía no es Católico.”
PAPA PÍO IX EN
CONTRA DE LOS HEREJES
Papa
Pío IX, “Graves Ac
Diuturnae,” 1875, (#4): “Debes
de recordarles que tengan cuidado de estos enemigos traicioneros del
rebaño de Cristo y de sus alimentos envenenados. ELLOS
DEBERÍAN EVITAR TOTALMENTE SUS CELEBRACIONES RELIGIOSAS, SUS
EDIFICIOS Y SUS CÁTEDRAS DE PESTILENCIA QUE HAN ESTABLECIDO
CON IMPUNIDAD PARA TRANSMITIR LAS ENSEÑANZAS SAGRADAS.
DEBERÍAN EVITAR SUS ESCRITOS Y
TODO CONTACTO CON ELLOS. Ellos
no deberían tener trato alguno ni reuniones con los sacerdotes
usurpadores y apóstatas de la fe
que osan ejercer los deberes de un ministro eclesiástico sin
poseer una misión legítima ni jurisdicción
alguna. Deberían evitarlos
como forasteros desconocidos y ladrones
que vienen únicamente a robar, matar y destruir.
Porque los hijos de la Iglesia deberían
considerar la acción apropiada para preservar el tesoro más
precioso de la fe, sin el cual es imposible complacer a Dios, así
como la acción calculada para alcanzar la meta de la fe, que
es la salvación de sus almas, siguiendo el camino recto de la
justicia.”
¿Podría
estar más claro que esto? Nosotros “no
deberíamos tener trato alguno ni reuniones con sacerdotes
usurpadores y apóstatas de la fe
quienes se atreven a ejercer los deberes de un ministro eclesiástico
sin poseer una misión legítima o jurisdicción
alguna...” nosotros “deberíamos
evitarlos como foráneos y ladrones
que vienen solo a robar, a matar y a destruir.” Y
“ELLOS
DEBERÍAN ESQUIVAR SUS CELEBRACIONES RELIGIOSAS, SUS EDIFICIOS
Y SUS CÁTEDRAS DE PESTILENCIA, LAS CUALES, CON IMPUNIDAD, HAN
ESTABLECIDO PARA TRANSMITIR LAS ENSEÑANZAS SAGRADAS.
ELLOS DEBERÍAN EVITAR SUS ESCRITOS Y
TODO CONTACTO CON ELLOS.”
Para el alma honesta no
es necesario comentar adicionalmente sobre las palabras absolutas e
innegables anteriores del Papa Pío IX.
Pero,
¿por qué deben de evitarse totalmente
los herejes, podrán preguntarse? El Papa Pío IX
también responde a esto: “Porque
los hijos de la Iglesia deberían considerar la acción
apropiada para preservar el tesoro más precioso de la fe, sin
lo cual es imposible agradar a Dios...”
El Papa Pío IX dice que la fe será destruida al ir a
los herejes y que no se puede complacer a Dios haciendo esto.
¿Cuánto más claro tiene que ser esto? Así,
usted nunca debe de abordar a su sacerdote apóstata o hereje
de Novus Ordo (Nuevo
Orden) ni a su sacerdote “católico” tradicional
hereje y cismático, ni a cualquier otro sacerdote hereje o
cismático de esa clase para que escuchen la Confesión o
den la Eucaristía. Porque la mayoría de ellos, sin
excepción, niegan la necesidad de creer en Jesucristo,
otorgándole la salvación a las personas que ni siquiera
creen en Cristo. ¡La mayoría de ellos también
niega obstinadamente varios dogmas de la Iglesia cuando éstos
se les presentan!
Los herejes simplemente
rechazan seguir las enseñanzas de la Iglesia sobre estos
asuntos, pero en vez, siguen las declaraciones equivocadas y falibles
de ciertos teólogos o santos. Muchos de estos santos y
teólogos ni siquiera concuerdan con su posición. Sin
embargo, estos herejes tergiversan sus palabras para acomodar su
propio sistema de creencia hereje (más sobre este tema más
adelante).
El punto es el
siguiente: Si tuviésemos que decidir qué es lo que
constituye la fe Católica basada en santos o teólogos
falibles, entonces igualmente podríamos negar la inmaculada
concepción de María, podríamos creer que todos
los Hijos no bautizados que murieron antes de la edad de la razón
se queman en los fuegos de infierno, podríamos creer en la
teoría del bautismo de deseo y de sangre, etc. Todas las
opiniones, de hecho, parecen convincentes y verdaderas en vista de
los santos y teólogos respetados, quienes han mantenido estas
posiciones y las han enseñado (lo cual es la causa de que
tantos crean en ellas), a pesar que el dogma católico dice lo
contrario.
Sin embargo, aunque sea
opinión de un teólogo o un santo (o aún ambos),
realmente no tiene peso en comparación al dogma Católico
infalible. Los verdaderos Católicos (no los falsos católicos)
fundamentan su Fe en el dogma Católico infalible, y no en las
opiniones de los santos o los teólogos. Esto debería
estar clarísimo para cualquiera. Cuando las personas dejan de
creer en el Magisterio infalible de la Iglesia y, en vez, escogen
fundamentar su fe exclusivamente en las teorías de los santos
y teólogos (o aún en sí mismos y en lo que
consideran ser de fe), entonces uno sabe que su caso está
perdido, y que su posición no es la Católica.
Papa
Eugenio IV, Concilio de Florencia,
“Cantate Domino,” 1441, ex
cátedra: “La Santa
Iglesia Romana cree, profesa y predica firmemente que
todos que estén fuera de la Iglesia Católica,
no solo los paganos sino también los judíos o herejes
y cismáticos, no pueden
compartir la vida eterna e irán al fuego eterno que fue
preprado para el demonio y sus ángeles, a
menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas.”
Como
vemos arriba, es un dogma infalible (que uno está obligado a
creer bajo pena de pecado mortal) que todos
los herejes está fuera
de la Iglesia y, por lo tanto, fuera
de los límites de administrar lícitamente los
sacramentos.
Sin
embargo, si fuésemos a decir (por el bien de un argumento) que
fuese cierto que uno podría abocarse a un sacerdote hereje
para recibir lícitamente los sacramentos (lo cual no es
cierto); pero teoricemos que es así para que podamos refutar
adicionalmente esta posición. Si existiese cualquier enseñanza
tal por parte de un santo o teólogo que permitiese dicha cosa,
es decir, que uno podría abordar a un sacerdote hereje para
recibir los sacramentos; y aún si mantuviesen dicha posición
(lo cual no hacen), aún así no
están hablando sobre abordar la
clase de sacerdotes herejes que existen en nuestros días, en
la Gran Apostasía. Ejemplos de esto sería un sacerdote
que rechaza la necesidad de creer en Jesucristo o que cree en la
salvación de las personas que hasta rechazan a Cristo, como
son los paganos, los judíos y los musulmanes. ¿Se
atrevería alguien a decir que esto es lo que realmente creen
los teólogos y santos si hubiesen teorizado que uno podría
ir a un sacerdote hereje para escuchar la misa y recibir los
sacramentos? ¡Absolutamente no! Entonces, ¡no traten de
aparentar que sí lo hacen!
No
obstante, esto es exactamente
la misma paja que el hombre argumenta que usan los que defienden el
bautismo de deseo / sangre. No es cierto que a estas personas les
encanta hacer énfasis en que “todos
los santos y teólogos creyeron en el bautismo de deseo y de
fuego; de manera que debe de ser cierto”, y
con ello tratando de implicar que ellos (los santos y teólogos)
también creyeron en la salvación para los paganos,
musulmanes y judíos; (a pesar que, en verdad, su versión
del bautismo de deseo / sangre únicamente se aplicaba a
personas que ya creían en Jesucristo y que eran catecúmenos,
y no a los paganos, musulmanes y judíos). ¿Ven la
diferencia?
¿Por
qué, entonces, algunas personas tratan de hacer que parezca
como si los teólogos tenían como opinión que uno
podría ir a la peor clase de sacerdotes abominables, apóstatas
o herejes que pudieron haber existido para recibir los sacramentos,
lícitamente? Ellos hasta hacen parecer como si uno estaba
perfectamente libre de ir a un hereje aún después
que uno supiese de su herejía que rechaza a Cristo. También
debe de señalarse que a los únicos santos y los
teólogos que estas personas tratan de citar para defender su
posición (de recibir los sacramentos de los herejes), ni
siquiera concuerda con su posición herética (excepto un
teólogo); sin embargo, excepto por este teólogo (Juan
de Lugo), el resto realmente refuta su
posición sacrílega (como lo demostraremos nosotros).
Pero,
de acuerdo a estos tristes herejes, uno puede ir libremente a un
sacerdote que cree en la salvación universal para todos y a un
sacerdote que defiende, apoya y acepta obstinadamente como “Papa”
¡al hereje más vil y abominable que hubiese vivido en la
historia de la humanidad! Sí, de acuerdo a su punto de vista,
uno podría ir a ese sacerdote después de haberle
presentado la prueba sobre la Iglesia
Novus Ordo, Benedicto
XVI y el Vaticano
II, que demuestra que son herejes. Sí,
uno podría ir con él aún después que un
sacerdote rechazó obstinadamente esa prueba innegable que
usted le presentó (de acuerdo a su lógica hereje),
¡simplemente en tanto no esté predicando sus herejías
desde el púlpito ni las impongan! Si así son sus
palabras, entonces usted puede ir con él. Parece ser que para
estas personas todo vale, ¡cualquier cosa menos el sentido
Católico y el dogma Católico! La mala voluntad de estas
persona es realmente increíble y triste.
Entonces,
qué es lo que tenemos que hacer cuando le presentamos a
nuestro sacerdote la información sobre Benedicto
XVI y el Vaticano
II, y obstinadamente todavía se
adhiere a Benedicto XVI
como el papa y la iglesia del Nuevo
Orden como la verdadera Iglesia?
¿Debemos entonces evitarlo como el hereje que ha mostrado
manifiestamente ser? La respuesta a esta interrogante es, claro está, ¡sí!
Tito 3:10 “Huye
del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos
veces.”
2
Juan 1:9-10: Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo,
sino que se aparta de ella, no tiene a Dios; el que persevera en
ella, ese tiene, o posee dentro de sí al Padre y al Hijo. Si
viene alguno a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis
en casa, ni le saludéis. Porque
quien le saluda, comunica
en cierto modo con sus acciones perversas.
San
Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice,
lib. IV, c. 9, n° 15.: Porque los
hombres no están destinados a leer los corazones, ni son
capaces de leer los mismos; pero cuando
ven que alguien es un hereje por las obras externas que realiza, lo
juzgan como hereje puro y simple, y lo
condenan como a un hereje.”
Por lo tanto, es tanto
un hecho dogmático como bíblico que usted no puede
abordar a un sacerdote hereje para la misa y recibir los sacramentos.
DIOS DESEA LA
OBEDIENCIA EN VEZ DEL SACRIFICIO
Dios desea la
obediencia, en vez del sacrificio. En otras palabras, si usted acepta
las herejías o rechaza Sus dogmas, todas sus obras
espirituales no tendrán valor alguno ante Su vista.
1
Reyes 15:22-23: “Dijo entonces Samuel: ¿Por
ventura el Señor no estima más que los holocaustos y
las víctimas, el que se
obedezca a su voz? La obediencia vale más que los sacrificios,
y el ser dócil importa más que el ofrecer la grosura de
los carneros. Porque el desobedecer al
Señor, es como un pecado de magia, y como crimen de idolatría
el no querer sujetársele. Por
tanto, ya que tú has desechado la palabra del Señor, el
Señor te ha desechado a ti, y no quiere ya que seas rey.
Si una persona rechaza
la verdad de Dios, no lo puede complacer. El sostener que uno puede
recibir lícitamente los sacramentos de los herejes, en vista
de todos los hechos, es simplemente negar a Dios.
Papa
Pío VIII, Traditi Humilitati
(#4),
24 de mayo, 1829: “Ciertamente esta idea mortal en relación
a la falta de diferencia entre las religiones es refutada aún
a la luz de una razón natural. Estamos seguros de esto porque
las diversas religiones no concuerdan a menudo entre ellas. Si
una es verdadera, la otra debe de ser falsa; no
puede haber existir una sociedad de oscuridad con luz.
En contra de estos sofistas experimentados se
les debe enseñar a las personas que la profesión de la
fe Católica es originalmente verdadera, como
lo proclama el apóstol: un Señor,
una fe,
un bautismo.”
NINGUNA COMUNIÓN
CON LOS HEREJES
También es de ley
divina y no solamente una ley disciplinaria que los Católicos
solo pueden estar en comunión con otros Católicos y que
nunca pueden adorar con personas que sean herejes, cismáticos
o infieles. Entrar a sabiendas en una casa religiosa que es hereje o
cismática es, claro está, profesar abiertamente una
unidad religiosa de tal manera que es completamente inaceptable. El
escándalo que esto provoca ante los ojos de los verdaderos
Católicos es fácil de comprender. Porque cada persona
que lo ve a usted entrar en una “iglesia” en donde el
padre es un hereje o cismático asumirá que usted está
de acuerdo con esta herejía o cisma. La unidad de la fe que
debe de existir entre las personas que se llaman Católicos y
que adoran a Dios es una constante que nunca puede cambiarse, de
acuerdo a la enseñanza Católica. Esto se llama ley
divina. Sin la unidad de la fe solamente hay tinieblas y fuego
eterno, tal como lo deja claro el Papa León XIII y las
siguientes citas:
Papa
León XIII, Satis Cognitum (#10),
29 de junio, 1896: “Por esta razón, así
como la unidad de la fe es una necesidad requerida para la unidad de
la Iglesia, en
vista que es el cuerpo
de los fieles, así
también para esta unidad, puesto que la Iglesia es una
sociedad constituida divinamente, la unidad de gobierno, que afecta e
involucra la unidad de comunión,
es necesaria jure
divino (por ley divina).”
Papa
Pío XII, Mystici Corporis
Christi (#22): “Así, por
lo tanto, en la verdadera comunidad
cristiana hay un único Cuerpo,
un Espíritu, un Señor y un Bautismo, así también
sólo puede haber una fe. Y,
por lo tanto, si un hombre rechaza
escuchar a la Iglesia que sea considerado – y así lo
manda el Señor – como un gentil y publicano.
Sigue que aquellos que están
divididos por la fe o el gobierno no puede vivir en la unidad de
dicho Cuerpo, ni pueden ellos vivir
la vida de su único Espíritu Divino.”
Papa
San Clemente I, Siglo I: “Si
cualquier hombre es amigable con aquellos con quienes el Pontífice
Romano no está en comunión, está en complicidad
con aquellos que desean destruir la Iglesia de Dios:
y, a pesar que puede parecer estar con nosotros en cuerpo, está
en contra de nosotros en mente y espíritu, y es un enemigo
mucho más peligroso que aquellos que están fuera y que
son nuestros adversarios declarados.”
III
Concilio de Constantinopla, 680-681: “Si
cualquier eclesiástico o laico entra en la sinagoga de los
judíos o en las casas de reunión de los herejes para
unirse en oración con ellos, que sean despojados y privados de
la comunión. Si cualquier obispo o sacerdote o diácono
se une en oración con los herejes, que sea suspendido de la
comunión.”
Papa
Pío IX, Etsi Multa,
#26, 21 de noviembre, 1873: “Por
lo tanto, por autoridad de Dios Todopoderoso, excomulgamos
y consideramos un anatema al
mismo Joseph Humbert
y a todos aquellos que intentan escogerlo a él y a quienes
ayudaron en su consagración sacrílega. Adicionalmente,
excomulgamos a quien quiera que
se haya adherido a ellos y que
perteneciendo a su partido haya proporcionado ayuda, favor, auxilio o
consentimiento. Declaramos,
proclamamos y ordenamos que sean separados de la comunión de
la Iglesia. Ellos han de ser considerados entre aquellos con quienes
todos los fieles cristianos tienen prohibido, por el Apóstol
[2 Juan 10-11],
asociarse y tener intercambio social
a tal punto que, tal como lo declara simplemente, ni
siquiera pueden ser saludados. “
La
cita anterior es muy pertinente a nuestra situación de hoy, en
tanto que muchos sacerdotes y adherentes de aquellos sacerdotes
caerían bajo esta misma condena.
Primero, aprendamos un poco de
historia sobre la condena anterior de Joseph Humbert y todos sus
adherentes. Un sorprendente número grande de sacerdotes y
laicos alemanes rechazó las
enseñanzas solemnes del Primer Concilio Vaticano sobre el
papado. En septiembre de 1870, casi
1,400 alemanes que se llamaban ‘Católicos Viejos’
firmaron una declaración por la cual renunciaban a las
enseñanzas conciliares. En septiembre de 1871, 300 delegados
se reunieron en Münich para organizar una nueva
iglesia. No
pudiendo encontrar a un obispo católico que renunciase al
dogma Católico y se les uniera,
los Católicos Viejos recurrieron al Obispo Jansenista Heykamp
de Devetner en los Países Bajos, de la cismática
Pequeña Iglesia de Utrecht. Él ordenó al Padre
Joseph Humbert Reinkens como obispo en
agosto de1873.
Papa
Pío IX, Graves ac diuturnae
(#1-4), 23 de marzo, 1875: “...
los nuevos herejes
que se llaman a sí mismos los ‘Católicos
Viejos’... estos cismáticos
y herejes... su
secta malvada... estos
hijos de las tinieblas... su
facción malvada... esta
secta deplorable... Esta secta
derroca las bases de la religión Católica, rechaza
vergonzosamente las definiciones dogmáticas del Concilio
Vaticano Ecuménico, y se
dedica de tantas maneras a la ruina de las almas. Hemos decretado y
declarado en Nuestra Carta del 21 de noviembre de 1873, que aquellos
hombres desafortunados que pertenecen, se adhieren y respaldan a esa
secta deberán ser considerados cismáticos y estar
separados de la comunión con la Iglesia.”
Acá,
el Papa Pío IX da una confirmación explícita que
las personas deben
de considerar como herejes o cismáticos a aquellos que están
fuera de la Iglesia y que no hay necesidad de una declaración
adicional para decidir esto. Pero, ¿quién puede negar
el hecho que el Vaticano II es también una “nueva
iglesia”, y que todos los obispos
y sacerdotes ordenados válidamente que quedan en esta “nueva
iglesia” también caerían
bajo la misma condena de Joseph Humbert?
Por lo tanto, sin duda alguna, uno no puede abordar a ninguno de los
sacerdotes Novus Ordo
válidamente ordenados para recibir los sacramentos de la
Confesión o la Eucaristía, tal como lo enseñan
los herejes y cismáticos.
Otro
hecho impresionante es que la mayoría de todos los sacerdotes
válidamente ordenados que quedan en todo el mundo (tanto
sacerdotes “Católicos” tradicionales
como los sacerdotes Novus Ordo,
por igual) también rechazan el Vaticano I y la infalibilidad
papal, negando obstinadamente el dogma Católico infalible.
Los “Católicos” viejos fueron excomulgados por
esta misma razón y uno ni siquiera los podía saludar y
cualquiera que se adhiriera a ellos (por ejemplo, recibir los
sacramentos de ellos) tenía que ser excomulgado como ellos.
“Hemos
decretado y declarado en Nuestra Carta del 21 de noviembre de 1873,
que aquellos hombres
desafortunados que pertenecen, se adhieren y respaldan a esa secta
deberán ser considerados cismáticos y estar separados
de la comunión con la Iglesia.” (Papa
Pío IX, Graves ac diuturnae
(# 1-4), 23 de marzo, de 1875)
Por lo tanto, sin duda
alguna, no se puede abordar a ninguno de los sacerdotes “Católicos”
tradicionales válidamente ordenados que quedan en el mundo
para recibir lícitamente los sacramentos, si obstinadamente
niegan o rechazan un solo dogma Católico o sostienen una sola
única herejía, tal como lo deja claro el Papa León
XIII:
Papa
León III, Satis Cognitum
(#9): Nadie que simplemente no cree en
todo puede, por esa razón, considerarse un Católico ni
llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías,
que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y
si alguien sostiene una sola herejía no es un Católico.”
¿PUEDEN LOS
HEREJES TENER AUTORIDAD DENTRO DE LA IGLESIA?
¿Cuáles
son los requerimientos para una recepción lícita de los
sacramentos? Esta es una pregunta muy importante de comprender ya que
muchos dicen que se pueden recibir lícitamente no solo por
parte de los herejes, sino por parte de los sacerdotes apóstatas.
La
Enciclopedia Católica . Vol 13.
“Sacramentos.” (1912) Las
Condiciones para la recepción lícita: (b)
“Para la recepción lícita
es también necesario observar todo lo que está
prescrito por la ley Divina o Eclesiástica, por ejemplo, en
cuanto a tiempo, lugar, el ministro, etc. Debido a que solo la
Iglesia tiene el cuidado de los
sacramentos y generalmente
únicamente sus agentes debidamente nombrados
tienen el derecho de administrarlos, excepto
el Bautismo en algunos casos, es una
ley general que la solicitud de los sacramentos deberá hacerse
a ministros dignos y debidamente nombrados.”
Tristemente,
hemos llegado a un punto en la historia de la Iglesia en donde aún
los herejes son considerados por algunos para consagrar lícitamente
la Eucaristía en la Iglesia;
lo que significa, de alguna manera,
que se les da autoridad a los herejes en la Iglesia. Pero esto es,
claro está, imposible. Porque el dar o recibir lícitamente
los sacramentos significa dar o recibirlos por autoridad y permiso de
la Iglesia. ¿Tienen los herejes esta autoridad dentro de la
Iglesia Católica (excepto el sacramento del Bautismo)?
¿Preparan los herejes lícitamente los sacramentos de la
Confesión y la Eucaristía con el permiso y la autoridad
de la Iglesia Católica? ¡Claro que no! ¡No tienen
esta autoridad, ni de consagrar lícitamente la Eucaristía
ni de absolver lícitamente de los pecados, tal como lo hemos
demostrado! Favor de ver cuidadosamente los siguientes dogmas de la
iglesia y vean cómo los herejes están fuera
de la Iglesia de Cristo.
Papa
Eugenio IV, Concilio de Florencia,
“Cantate Domino”, 1441, ex cátedra: “La
Santa Iglesia Romana cree, profesa y predica firmemente que
todos que estén fuera de la Iglesia Católica,
no solo los paganos sino también los judíos o herejes
y cismáticos, no pueden
compartir la vida eterna e irán al fuego eterno que fue
preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a
la Iglesia antes del fin de sus vidas.”
Aquí podemos ver
que todos los Católicos están obligados bajo pena de
pecado mortal, a creer que un hereje está fuera de la Iglesia
Católica. Acá hay otros testimonios del Magisterio,
que afirman este hecho.
Papa
Eugenio IV, Concilio de Florencia,
“Cantate Domino,” 1441: “Por
lo tanto, la Santa Iglesia Romana condena, reprueba, anatemiza
y declara estar fuera del Cuerpo de Cristo, que
es la Iglesia, a quien quiera que tenga puntos de vista opuestos o
contrarios.”
Papa
Pío XII, Mystici Corporis Christi
(#23), 29 de junio, 1943: “Porque
no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su
propia naturaleza separa al hombre
del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o una herejía
o apostasía.”
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9), 29 de junio, 1896: “La práctica
de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo muestran las
enseñanzas unánimes de los Padres, quienes estaban
acostumbrados a considerar como fuera
de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia
a quien quiera que se aparte hasta en el más mínimo
grado de cualquier punto de la doctrina propuesto por su Magisterio
autoritario.”
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9): “Nadie que simplemente no cree
en todo puede, por esa razón, considerarse un Católico
ni llamarse como tal. Porque pueden haber o surgir otras herejías,
que no están estipuladas en este nuestro trabajo, y
si alguien sostiene una sola herejía no es un Católico.”
Papa
Inocencio III, Eius exemplo, 18
de diciembre, 1208: “Por el corazón
creemos y por la boca confesamos la única Iglesia, no
de herejes, sino la Santa Iglesia
Católica, Romana y Apostólica, fuera de la cual creemos
que nadie se salva.”
Esta
última profesión solemne de fe hecha por el Papa
Inocencio III en Eius exemplo,
demuestra cuán alejado de la creencia Católica –
es decir, cuán hereje – es la idea que un hereje puede
estar dentro de la Iglesia. No obstante, esta es exactamente la idea
propuesta por los individuos que aseveran que los herejes – de
alguna manera – tienen autoridad
para administrar lícitamente los sacramentos. Y debido a que
es un dogma que un hereje no puede estar dentro de la Iglesia, es un
hecho dogmático (un hecho que, si
no fuese cierto, rendiría un falso dogma)
que un hereje no puede tener autoridad en la Iglesia.
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#15), 29 de junio, 1896: “es absurdo
imaginar que aquel que está
fuera puede ordenar en la Iglesia.”
Por lo tanto,
ciertamente es seguro que un hereje no puede consagrar lícitamente
la Eucaristía ni administrar lícitamente el sacramento
de la Confesión porque es absurdo imaginar que alguien de
fuera puede comandar en la Iglesia.
Papa
Pío XII, Mystici Corporis Christi
(#22), 29 de junio de 1943: “Realmente,
pueden ser incluidos como miembros de la Iglesia únicamente
aquellos que han sido bautizados y que profesan la verdadera fe y que
no han sido tan desafortunados de separarse de la unidad del Cuerpo
ni han sido excluidos por autoridad legítima debido a faltas
graves cometidas.”
PRINCIPALES OBJECIONES
HERÉTICAS
PRIMERA
OBJECIÓN: “El Papa
Inocencio III, en el Cuarto Concilio
Laterano, enseña que los herejes
deben ser señalados primero antes que uno esté
obligado a dejar de ir con ellos con propósitos religiosos.
Bueno pues.”
RESPUESTA
A LA PRIMERA OBJECIÓN: Los
pervertidos, fuera de la cita del contexto, tal como se presenta por
los herejes engañadores:
“Papa
Inocencio III, Cuarto Concilio
Laterano, Constitución 3, sobre
los Herejes, 1215: “Más aún, determinamos sujetar
a la excomunión a los creyentes
que reciban, defiendan o apoyen a los herejes
[...] Sin embargo, si es un clérigo, que sea depuesto de todo
cargo y beneficio, para que entre más grande es la falta,
mayor es el castigo. Si alguien
rechaza evitar a dichas personas DESPUÉS QUE HAYAN SIDO
SEÑALADAS POR LA IGLESIA
[postquam ab ecclesia denotati fuerint],
que sea castigado con la sentencia de la excomunión hasta que
haga una satisfacción adecuada. Los clérigos no deben,
claro está, dar los sacramentos de la Iglesia a dichas
personas pestilentes ni darles una sepultura cristiana...””
Nótense el humo y
los espejos [...] en donde lanzan el latín y dicen: “¡Miren
esta parte que está aquí! Enfoquen únicamente
en esto porque si leen todo verán que estamos pervirtiendo lo
que el papa decretó!” Pero, ahora veamos el párrafo
entero y examinemos lo que REALMENTE dice:
Papa
Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano (Edición Tañer):
“Los Católicos que toman
la cruz y se invisten para la expulsión de los herejes,
disfrutarán de la misma indulgencia y serán
fortalecidos por el mismo santo privilegio, tal como se otorga a
aquellos que van en la ayuda de la Tierra Santa. Más aún,
determinamos sujetar a excomunión
a los creyentes que
engañan, defienden o apoyan a los herejes.”
Bien,
el papa simplemente dijo que aquellos creyentes
(no herejes) que reciben, defienden o apoyan a los herejes han de ser
excomulgados...
Papa
Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, continuó: “Ordenamos
estrictamente que, si tal persona, después que haya sido
designada como excomulgado,
Mantengan
en mente que todavía estamos hablando de los creyentes
no-herejes que han sido excomulgados por haber ayudado de alguna
manera a un hereje.
Papa
Inocencio III, Cuarto Concilio Laterano, continuó: “Ordenamos
estrictamente que si tal persona, después de haber sido
designadao como excomulgado, rechaza rendir satisfacción
dentro de un año, entonces por la misma ley será
marcada como infame y no será admitida a cargos públicos
ni concilios para poder elegir a otros a lo mismo, ni podrá
dar testimonio. No tendrá capacidad para testar, es decir, no
tendrá libertad para hacer un testamento ni sucederá a
una herencia. Más aún, nadie será obligado a
responderle sobre ningún negocio, pero puede ser obligado a
responderles. Si es un juez, las sentencias pronunciadas por él
no tendrán validez y no se le pueden llevar casos, si es un
abogado, no se le puede permitir que defienda a alguien; si es un
notario, los documentos escritos por él no tendrán
valor y serán condenados junto con su autor condenado; y en
asuntos similares ordenamos que lo mismo sea observado. Sin embargo,
si es un clérigo, que sea despojado de todo cargo y beneficio,
de manera que entre más grande es la falta mayor será
el castigo Si alguien rechaza evitar
a dichas personas DESPUÉS QUE HAYAN SIDO SEÑALADAS POR
LA IGLESIA [postquam
ab ecclesia denotati fuerint], que sea
castigada con la sentencia de la excomunión hasta que haga una
satisfacción adecuada. Los clérigos no deben, claro
está, dar los sacramentos de la Iglesia a dichas personas
pestilentes ni darles una sepultura cristiana...”
“Si
es un clérigo,” un
clérigo que es NO-hereje y que ha sido excomulgado por haber
ayudado de alguna manera a un hereje.
¿Ven cuán claramente han pervertido el significado de
este concilio? Los herejes desean que hable sobre los herejes, ya
que esto satisface su propósito de ir a otros herejes para
recibir los sacramentos, pero nadie más que un mentiroso puede
ver que no está hablando de un hereje, sino de un creyente
“que reciba, defienda o apoye a
los herejes.”
Acá
se pueden ver dos puntos. El primer punto es que estas acciones de
apoyar, defender o recibir a los herejes
no son malas en sí, sino en vez son caritativas si se hacen
correctamente. El segundo punto es que un creyente puede tener buena
fe en relación a los herejes. El ayudar a un hereje no
necesariamente significa que la persona estaba de acuerdo con el
hereje ni que él mismo era un hereje o que ni siquiera sabía
que estaba ayudando a un hereje. Es por esto que el concilio declara
a estas personas como “creyentes”
que “reciben, defienden o apoyan a
los herejes...” Y debido a que
existen muchas maneras de defender, apoyar y recibir a herejes que no
necesariamente involucra a una herejía o cisma, uno no puede
concluir (como lo hacen los herejes), que uno puede ir a otros
sacerdotes herejes o cismáticos excomulgados, que uno sabe que
son herejes o cismáticos, para recibir los sacramentos, hasta
que la Iglesia haya impuesto Su
sentencia sobre ellos, tal como es su
excusa.
Hay muchos ejemplos que
uno podría dar para mostrar que un creyente que recibe,
defiende o aún apoya a herejes no es un hereje:
¿Puede
un creyente recibir
a un hereje en su casa con el propósito de convertirlo?
¡Claro que puede!
¿Puede
el mismo creyente de buena fe y en caridad, tener compasión
por el hereje que no tiene los medios para mantenerse
financieramente a sí mismo o a su familia? ¡Completamente!
(El creyente, claro está, si está consciente de la
herejía de esta persona, podría desear usar esta
caridad o respaldo como una zanahoria o incentivo para traer al
hereje, cismático o apóstata de nuevo a la Iglesia).
¿Y
puede un creyente estar en herejía material en relación
a una doctrina de la Iglesia y, sin saber, defender
la posición herética de un hereje? ¡Totalmente!
Como
hemos visto, estas acciones realizadas por el creyente no fueron
herejes ni cismáticas sino caritativas (si fueron hechas de
buena fe). Un creyente puede, por lo tanto, hacer el bien hacia los
demás sin comprender que realmente puede hacer daño o
causar un mayor escándalo. Es por eso que, de acuerdo a dicho
concilio, ellos (los que respaldan) deben de evitarse únicamente
después que hayan sido señalados
por la Iglesia, y haya sido revelada su
verdadera intención. Porque así como una persona puede
hacer estas cosas sin saber y de buena fe, así también
una persona puede hacer estas cosas por compasión – no
únicamente para el hereje – sino también por la
herejía que apoyada por él. Una persona que tiene
compasión con una herejía que sostiene un hereje –
en vez de compasión por la persona hereje – es también
un hereje ya que está de acuerdo con su posición
herética y la apoya. Y si un creyente ha de saber que un
persona que apoya a un hereje estaba de acuerdo con su herejía
o la apoyaba,
entonces debe de evitarlo como un hereje, ya que no hay necesidad de
esperar la declaración por parte de la Iglesia y revelar las
intenciones internas de los ‘que apoyan’. Y esta es la
razón de por qué la Iglesia no declara automáticamente
a estas personas que “reciben,
defienden o apoyan a los herejes”
– como herejes – que deben evitarse completamente, “hasta
que hayan sido señaladas por la Iglesia.”
Es
por eso que es extremadamente deshonesto que las personas usen el
Cuarto Concilio Laterano o a Santo Tomás
de Aquino (próxima objeción)
como argumento para recibir la comunión o confesión por
parte de un sacerdote obstinadamente hereje (de quien uno sabe que es
hereje) cuando el Concilio no lo dice así. De hecho, es una
distorsión mortalmente pecaminosa de la verdad que se enseña
en el Cuarto Concilio Laterano.
Además,
es muy deshonesto pronunciar la sentencia
de la Iglesia como base para evitar a
los herejes en estos tiempos, cuando la
Iglesia y Su jerarquía ya no son visibles ni accesibles para
los Católicos. Aún en
esas instancias, (como con los sacerdotes pecadores) en las cuales la
Iglesia hubiese juzgado normalmente, son hoy en día abrogados
por la ley o el principio de epikeia,
ya que no existe una jerarquía válida o no-hereje en la
Iglesia de hoy. Epieideia o
Epikeia, que
significa “equidad” es el nombre del principio canónico
que solamente las leyes de la Iglesia, también conocidas como
las leyes eclesiásticas o leyes disciplinarias, pueden dejar
de atar u obligar en casos particulares que no fueron previstos por
el legislador. Este término
puede encontrarse en cualquier libro que trate con estos temas. Este
principio no se aplica a las enseñanzas dogmáticas de
la fe ni de moral, sino a las leyes instituidas por la Iglesia para
gobernar a sus miembros. Es por esto que hoy en día nosotros
estamos hasta forzados a hacer estos juicios sobre los sacerdotes
pecadores a través de nuestro propio juicio y por nuestra
propia autoridad, ya que no hay una jerarquía válida de
la Iglesia. Así, cuando NOSOTROS
vemos a alguien que sostiene una creencia hereje, por nuestro propio
juicio y razón debemos de juzgarlo como un hereje y evitarlo
como tal. Nuevamente, si tenemos el conocimiento y la razón
para saber de una herejía y detectarla, entonces debemos de
usar ese conocimiento; porque hacer lo contrario sería un
pecado en contra de la Fe.
Papa
Pío XII, Mystici Corporis Christi
(#23), 29 de junio, 1943: “Porque
no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su
propia naturaleza separa al hombre
del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o herejía o
apostasía.”
Es
perfectamente comprensible que si una persona carece del conocimiento
para detectar herejías más finas o más
específicas, ellas puedan ser “herejes” materiales
sobre, y que no entraña rechazar, la ley natural o los
misterios esenciales que todos deben de conocer. Sin embargo, si uno
sabe que su sacerdote es un hereje,
entonces debe de evitarlo como tal. Si uno no sabe que su sacerdote
es un hereje y no ha puesto mucho esfuerzo en averiguar si lo es,
entonces hay que averiguar si lo es; y si no es un hereje, entonces
se puede ir con él (siempre y cuando no esté profesando
una comunión externa con otros herejes, como lo hace la
mayoría de los sacerdotes que tiene al hereje Benedicto XVI
como el “Papa”, su arco notorio). Ha de asumirse que
dicho sacerdote es un hereje (a pesar que no pareciera tener ninguna
otra herejía), por el hecho de profesar una comunión
externa con un hereje notorio. Asumimos que el sacerdote es un
hereje de la mismísima manera que asumiríamos que una
persona es hereje si entra en una iglesia protestante (de quien se
asume entonces que es un hereje protestante) por estar en comunión
con otros herejes protestantes (aunque haya una leve posibilidad que
fuese únicamente un hereje material). Si, hay una posibilidad
que su sacerdote no esté consciente de todas las herejías
que son fomentadas por Benedicto XVI y el Vaticano II. De hecho, hay
una leve posibilidad que cualquiera que haya sido bautizado –
sin importar a que edificio de iglesia “cristiana” haya
entrado – pueda ser un hereje material (en tanto no contradiga
la ley natural o los misterios esenciales), a pesar que es muy
improbable dicho escenario.
Sin embargo, si usted
hubiese señalado la verdadera posición en relación
al Vaticano II y a Benedicto XVI a un sacerdote independiente (por
ejemplo) quien no parece sostener ninguna herejía (por lo
menos exteriormente) y quien no está en comunión con
ninguna otra sociedad herética, y este sacerdote, después
de haber sido presentado con la evidencia continuó
obstinadamente, sin embargo, aceptando a Benedicto XVI como el “Papa”
o al Vaticano II y a la “Iglesia” Novus Ordo como la
verdadera Iglesia Católica, entonces su herejía se
hubiese hecho manifiesta y usted estaría obligado a evitarlo.
Así, debemos de evitar al sacerdote que supimos era un hereje,
así como al sacerdote a quien vemos profesar externamente una
comunión con otros herejes manifiestos. Esta es una verdad de
la fe enseñada también por San Roberto Bellarmino:
San
Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice,
lib. IV, c. 9, N° 15: Porque los
hombres no están destinados a leer los corazones, ni son
capaces de hacerlo; pero cuando ven que
alguien es un hereje por las obras
externas que realizan, lo
juzgan como hereje puro y simple, y lo
condenan como a un hereje.”
No pecamos al asumir que
alguien es un hereje (aunque esté ausente una prueba absoluta)
si él, por sus obras externas, revela que es cierta esta
mismísima posibilidad. Porque cuando hacemos una suposición,
no juzgamos nada de manera concluyente. Este método de pensar
no ha de aplicarse a otros sucesos que puedan ocurrirle al hombre a
través de su vida (ni aún con una herejía
material en relación a los Católicos fieles que puedan
errar, y quizá estén errando, sobre ciertos puntos más
finos de Fe). No debemos de asumir ni juzgar sobre estas cosas sin
tener una evidencia clara e irrefutable, ya que la mayoría de
los sucesos en la vida no son ni herejes ni pecadores. Pero signos
notorios o externos de una herejía o un cisma sobre puntos más
graves, por otro lado, son mortalmente pecadores y separan al alma de
Dios. ¡La herejía mata a las almas!
Sin
embargo, juzgar a alguien como un hereje definitivo por creer en el
bautismo de deseo (por ejemplo) – sería ir muy lejos y
juzgar falsamente, si primero usted fracasó en preguntarle qué
es lo que pensaba o sabía al respecto. Porque muy bien puede
ser que él sea un hereje material (si
su versión del bautismo de deseo concierne únicamente a
las personas o catecúmenos que ya creen en Cristo)
y no como creen los herejes, quien lo aplica a todos, incluyendo a
los paganos y a las personas que rechazan a Cristo. Una persona se
vuelve hereje o cismática al rechazar obstinadamente el
aceptar una posición que sabe es enseñada por la
Iglesia. Así, si a él se le ha presentado una
evidencia falsa o no-infalible en contra del bautismo de deseo y
todavía no tiene seguridad, es posible que él sea un
“hereje” material (siempre y cuando no niegue la
necesidad de creer en Jesucristo para obtener la salvación).
Pudo ser que no comprendió completamente lo que la Iglesia
enseña sobre este asunto, y si no tiene seguridad y no es
obstinado, aún así puede ser un hereje material.
Un sacerdote, sin
embargo, que rechaza a Cristo y cree en la salvación universal
para todos, incluyendo los paganos y las personas que odian o aún
rechazan a Cristo, como los judíos o los musulmanes –
dicho caso sería, claro está, uno obvio – porque
es ley divina que todo Cristiano debe sostener la creencia en
Jesucristo como algo esencial para la salvación. Lo mismo se
aplica a la doctrina relacionada a la Trinidad y a la Encarnación.
El número de estos llamados sacerdotes de Satanás, que
sostienen la creencia en Jesucristo y en su Iglesia como algo sin
significado, son casi innumerables hoy en día. Todos estos
llamados sacerdotes deben, claro está, evitarse y condenarse
totalmente, aunque, quizá, su muy buen “amigo” le
diga lo contrario. ¡Porque usted sabe muy bien en su corazón
que esto es cierto!
Papa
León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex
cátedra: “Y
debido a que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que
toda declaración que sea contraria a la verdad iluminada de la
fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita una
enseñanza contraria. Decretamos que todos
aquellos que se aferran a las declaraciones falsas de este tipo,
sembrando así herejías que están totalmente
condenadas, deberán ser
evitados de cualquier manera y
castigados como herejes e infieles detestables y odiosos que están
socavando la fe Católica.”
Y realmente, ¿creen
los herejes que la Iglesia Católica puede contradecirse a sí
misma? Ellos deben aferrarse a esto o ser totalmente ilógicos.
POR QUÉ LAS
PERSONAS DE MALA VOLUNTAD Y ORGULLO SE DEJAN EN LAS TINIEBLAS
Muchas personas tampoco
comprenden por qué tantísimas personas “buenas”
se dejan en herejía o cisma, sin fe y en las tinieblas, o por
qué tantas personas “buenas” nunca han escuchado
sobre Jesucristo – y por qué estas “buenas”
personas serían condenadas e irían al infierno si
muriesen en este estado, cuando no son todavía herejes ni
cismáticos (porque no pueden rechazar lo que todavía no
saben)?
La
respuesta a estas preguntas es que Dios, de antemano, sabía
sobre el rechazo de esta persona a la verdadera fe, aunque nunca se
le presentó. Porque, a pesar que durante toda su vida una
persona nunca ha escuchado sobre la Iglesia Católica ni sobre
Sus enseñanzas en cuanto a la Eucaristía, la Confesión,
el Bautismo, la Fe y las Obras para la Salvación, etc., esa
persona – mientras lee su Biblia – rechaza las palabras
que claramente indican estas enseñanzas, es decir “a
menos que coma la carne del Hijo del Hombre y beba Su sangre, no
tendrá, no tendrá vida”
ó “recibid el Espíritu
Santo: A quien le retengáis sus pecados les serán
retenidos;” entonces, si lee
dichas palabras parecidas, pero simplemente rechazó creer que
Jesús realmente podía decir en serio lo que decía,
y que era imposible que su interpretación personal estuviese
equivocada, y si estaba obstinado con su posición, entonces
sería un pecador mortal y lleno de orgullo, porque ya se
habría decidido a que su interpretación personal es la
correcta.
Así, si se le hubiese presentado alguna vez la posición
verdadera, simplemente hubiese rechazado creer en ella y entonces se
habría vuelto un hereje. Creo que muchas personas que han
hablado con los herejes protestantes están conscientes de
estos hechos. Estos herejes protestantes a menudo expresan opiniones
como: “Simplemente rechazo creer que dichas enseñanzas
son verdaderas”, o “Simplemente rehuso creer la enseñanza
Católica sobre la Eucaristía, etc...”
Un alma humilde siempre
pensará que es posible que él o ella haya entendido
equivocadamente algunas cosas y, entonces, siempre se conformará
inmediatamente a la fe verdadera que le fuese presentada. Una
persona que siempre piensa que está en lo correcto o que no
puede aceptar consejos de otras personas, o que siempre tiene una
alta estima de su propia mente, no puede, en realidad, tener una
buena disposición de recibir alguna vez la verdadera Fe
Católica. Simplemente rechazaría creer si alguna vez
le fuese presentada la fe verdadera. Es realmente un orgullo y una
presunción muy triste y abominable creer que no es posible que
uno haya entendido mal algunas cosas y que uno no podría ser
corregido por otras personas. Todos los herejes, sin excepción,
han caído en esta trampa de orgullo y presunción. Lo
mismo debe de decirse sobre todas las personas que mueren siendo
herejes, cismáticos, paganos, infieles, judíos o
musulmanes, etc. Un alma humilde no rechazará las palabras
de Dios porque no las puede comprender, sino en vez buscará
cómo entenderlas, y le rezará a Dios pidiendo ayuda y
guía (para saber la verdad). El simple pensamiento o
reflexión sobre un alma humilde que pueda estar en error y sus
humildes oraciones a Dios, aunado con la abstinencia de pecados
mortales, rogando fervientemente Su iluminación en relación
a un tema específico, es a menudo suficiente para que un alma
salga de la herejía. Porque la humildad es la manera perfecta
hacia el Cielo y nadie más que los humildes entrarán
allí.
“Las
herejías son adoptadas únicamente por aquellos quienes,
si hubiesen perseverado en la fe, estarían perdidos por la
irregularidad de sus vidas.” -San
Agustín
Todos
los herejes, sin embargo, y todas las demás personas que
mueren fuera de la Iglesia y de la Salvación,
no buscan la verdad ni rezan a Dios para que los ilumine sobre la
verdad. Estas personas, en vez, rechazan creer o únicamente
creen en lo que ellos piensan que es
la verdadera Fe, rechazando todo lo demás. Esta es la herejía
o pecado mortal en que caen todos los protestantes u “Ortodoxos”
orientales, etc., quienes en realidad (muchos de ellos) no comprenden
totalmente lo que enseña la Iglesia (y sin embargo
obstinadamente rechazan creer en ello cuando se les presenta) o
rechazarían creer en ella si alguna vez les fuera presentada a
ellos.
Esta es la razón
exacta de por qué muchas personas se quedan en las tinieblas y
sin fe, ya que Dios sabía de antemano sobre su mala voluntad y
su rechazo a aceptar la verdadera Fe Católica. Esta es una
verdad de Fe que es enseñada por muchos de los Papas, Santos y
Padres de la Iglesia.
San
Agustín (+428): “... Dios
sabía de antemano que si hubiesen vivido y les hubiese sido
predicado el evangelio, lo hubiesen escuchado sin creer.”
Santo
Tomás de Aquino, Sent. III, 25, Preg. 2, Resp. 2, solut. 2:
“Si un hombre no tuviese a nadie
que lo instruyera, Dios le enseñará, a
menos que desee culpablemente permanecer en donde está.”
Papa
San Pío X, Acerbo Nimis (#2),
15 de abril, 1905: “Y así,
Nuestro Predecesor, Benedicto XIV, tuvo causa justa para escribir:
‘Declaramos que un
gran número de aquellos que están condenados al castigo
eterno sufren esa calamidad eterna debido a la ignorancia de aquellos
misterios de fe que
deben conocerse y creerse para poder estar numerados entre los
elegidos.’”
Esta la razón de
por qué todos los Doctores de la Iglesia sostenían que
ningún adulto podría salvarse sin tener el conocimiento
de la Trinidad y la Encarnación. Es la razón de por
qué los Doctores de la Iglesia que creían en el
bautismo de deseo (a pesar que estaban equivocados sobre esto)
únicamente lo extendían a los catecúmenos no
bautizados que creían en la Trinidad y en la Encarnación.
Sin
embargo, de ninguna manera debemos de pensar que somos buenos por
tener la Fe o de ninguna manera pensar que somos especiales por haber
sido traídos a la Fe. Esta es una trampa en la cual uno
fácilmente puede caer. Y es una trampa muy peligrosa, porque
si una persona se piensa especial de alguna manera, entonces
probablemente ya está perdida. El orgullo (en mi opinión)
lleva a la mayoría de las almas al infierno. Es el principio
y el fin de la condenación. (Usted puede pensar, claro está,
o considerar que es especialmente
malvado o pecaminoso, como por ejemplo: “que
usted es la peor persona sobre la tierra” o
“el más grande pecador
sobre la tierra”, etc., lo cual
es bueno pensar sobre sí mismo). Esta es la manera en que uno
debe considerarse a sí mismo: como el más grande
pecador en el mundo y totalmente indigno de recibir cualquier gracia
de Dios. En realidad, personalmente, no comprendo por qué he
sido traído a la Fe y por qué tantos paganos, judíos
o musulmanes, que son mejores que yo, no fueron. ¿Qué
hice yo para merecer esta gracia de Fe y qué fracasaron en
hacer ellos? ¿Por qué están ellos en tinieblas
mientras que yo he encontrado la verdadera luz del Evangelio? Por
qué, me pregunto a menudo, sin comprender el por qué.
Citaré a San Alfonso, quien explica esto mejor que yo:
San
Alfonso, Preparación para la Muerte, (c. +1760): “¡Cuán
agradecidos deberíamos estar con Jesucristo por el don de la
fe! ¿Qué
hubiese sido de nosotros si hubiésemos nacido en Asia, África,
América o en medio de los herejes y los cismáticos?
Aquel que no cree está perdido. Esto,
entonces, fue la primera y la más grande de las gracias que
nos fueron conferidas: nuestro llamado a la verdadera fe.
Oh Salvador del mundo, ¿qué
sería de nosotros si no nos hubieras iluminado? Hubiésemos
sido como nuestros padres de antaño, quienes adoraron a los
animales y a trozos de piedra y madera: y así todos hubiésemos
perecido.”
San
Alfonso Liguori, Sermones (c. +1760): “¿Cuántos
nacen entre los paganos, entre los judíos, entre los
mahometanos y herejes, y todos
están perdidos.”
SEGUNDA
OBJECIÓN: “Santo Tomás
de Aquino enseña que uno puede ir a un hereje para recibir los
sacramentos hasta que la Iglesia lo hubiese señalado.”
RESPUESTA
A LA SEGUNDA OBJECIÓN: Tristemente,
los herejes han pervertido acá también las enseñanzas
de Santo Tomás, diciendo que él estaba hablando sobre
los sacerdotes herejes, cuando realmente estaba hablando sobre los
sacerdotes pecadores. Debe comprenderse que no importaría si
Santo Tomás hubiese dicho lo que los herejes quieren que diga,
ya que Santo Tomás entonces estaría en contradicción
con las declaraciones infalibles de la Iglesia Católica. Es
por eso que los Católicos (los verdaderos Católicos) no
se dejan llevar por las definiciones de los Santos ni de los teólogos
cuando deciden qué es lo que constituye la Fe Católica
sino por el dogma infalible proclamado por los Papas desde la silla
de Pedro (ex cátedra). Acá anotamos la cita completa
de Santo Tomás, tal como es presentada por los herejes:
Santo
Tomás de Aquino Summa Theologica,
Supp. Parte, Preg. 82, Resp. 9: “Aún así existe
una diferencia entre lo anterior, porque a los herejes, cismáticos
y excomulgados se les ha prohibido, por sentencia de la Iglesia,
realizar el rito Eucarístico. Y por lo tanto, quien quiera
que oiga su misa o reciba los sacramentos por parte de ellos, comete
pecado. Pero no todos los que son
pecadores están excluidos
por la sentencia de la Iglesia de usar este poder: y así, a
pesar que son suspendidos por la sentencia Divina, no están
suspendidos en relación a otros por cualquier sentencia
eclesiástica: consecuentemente,
hasta que se pronuncia la sentencia de la Iglesia, es lícito
recibir la Comunión de sus manos y escuchar su misa.
Así, en 1 Corinteos 5:11, “Cuando os escribí que
no trataseis con tales sujetos, quise decir que si aquel que es del
número de vuestros hermanos, es deshonesto o avariento, o
idólatra, o maldiciente, o borracho, o vive de rapiña,
con este tal, ni tomar bocado.” La glosa de Agustín dice
así: “Al decir esto no estaba de acuerdo a que un hombre
fuese juzgado por sus prójimos sobre sospecha arbitraria, ni
aún por juicio extraordinario usurpado, sino en vez por la ley
de Dios, de acuerdo a lo ordenado por la Iglesia, ya sea que
confesase espontáneamente, o si fuese acusado y convicto.”
Examinemos
de cerca esta enseñanza de Santo Tomás. Cuando dice
“Pero no todos los que son
PECADORES,”
está claro que él excluye a algunas personas de estar
“excluidas por la sentencia de la
Iglesia de usar este poder” sobre
las cuales habla arriba, es decir, “los
herejes, cismáticos y excomulgados.”
Cuando menciona a los “pecadores,”
uno solo puede asumir que él no está hablando sobre
herejes o cismáticos ya que él hubiese declarado esto
si fuese así. También es un hecho que las personas han
sido excomulgadas en la historia de la Iglesia tanto por pecados
como por herejía,
de manera que está perfectamente claro entonces que Santo
Tomás hablaba acá sobre los sacerdotes que han sido
excomulgados por pecados personales. Estos sacerdotes que han sido
excomulgados por pecados
no están, sin embargo, “todos
excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para
realizar el rito de la Eucaristía.”
También
es un hecho que los sacerdotes que están excomulgados por
pecados personales todavía tienen, por autoridad de la Iglesia
– en caso de necesidad – el poder de realizar el rito de
la Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia. Por lo tanto,
sin duda alguna, Santo Tomás debe de haber estado hablando
sobre Sacerdotes que han sido excomulgados por pecados y quienes no
fueron “todos
excluidos por la sentencia de la Iglesia de usar este poder para
realizar el rito de la Eucaristía.”
El
no estaba
hablando sobre sacerdotes que han sido
excomulgados por herejía, apostasía o cisma,
a menos que, claro está, uno quisiera argüir que Santo
Tomás no sabía de qué hablaba (ya que todos los
herejes están fuera de la Iglesia). Uno solo puede asumir que
Santo Tomás estaba de acuerdo con la tradición
constante e infalible de la Iglesia que explícitamente ordena
que las personas se mantengan alejadas de las iglesias de los
herejes, (Papa León X, Quinto
Concilio Laterano, Sesión 8)
Pero no importaría de todas maneras, ya que los Católicos
deciden estas cosas por el dogma Católico infalible y no por
los Santos falibles. Pero, solo para demostrar adicionalmente este
punto y mostrar que Santo Tomás realmente estaba hablando
sobre los pecadores
y no los herejes, veremos lo que tuvo que decir San Roberto
Bellarmino sobre este asunto:
San
Roberto Bellarmino, De Romano Pontífice,
II, 30: “Porque, en primer lugar,
está demostrado con argumentos de
la autoridad y por la razón que el hereje manifiesto es
depuesto ‘ipso facto’ [por ese mismo hecho].
El argumento de la autoridad está basado en San Pablo (Tito
3:10), quien ordena que sea evitado el hereje después de dos
advertencias, es decir, después de mostrarse que es
manifiestamente obstinado – lo
cual significa antes de cualquier excomunión o sentencia
judicial. Y esto es lo que escribe San
Jerónimo, agregando que los demás pecadores
están excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión,
pero los
herejes se
exilian a sí mismos
y se separan a sí mismos
por su propio acto del cuerpo de
Cristo.”
Veamos
nuevamente lo que San Bellarmino acaba de decir: “los
pecadores son
excluidos de la Iglesia con la
sentencia de la excomunión”...
“... pero los herejes
se exilian a sí mismos.”
De
manera que está absolutamente claro, tal como lo demostró
San Roberto Bellarmino, quien lo citó de San Jerónimo,
que Santo Tomás realmente estaba hablando sobre cómo
los sacerdotes pecadores no están
“todos excluidos por la
sentencia de la Iglesia de usar este poder para realizar el rito de
la Eucaristía.”
A menos, claro está, que uno quisiera ser un mentiroso total.
Y así, las enseñanzas de Santo Tomás son claras
sobre cómo un sacerdote con pecados mortales privados o
públicos no está suspendido por la sentencia de la
Iglesia (no formalmente) de realizar el rito Eucarístico,
aunque peque cada vez que prepara los sacramentos debido a la
suspensión Divina. Por lo tanto podemos acercarnos a los
sacerdotes pecadores
(y no a los sacerdotes herejes, tal como lo tratan de decir los
mentirosos) para recibir los sacramentos, hasta
que haya sido pronunciada la sentencia de la Iglesia.
Los Católicos no
tienen obligación, sin embargo, de acercarse a los sacerdotes
pecadores para recibir los sacramentos y pueden quedarse en casa,
pero tampoco se les prohíbe ir si desean estos sacramentos.
Esto es así porque la herejía automáticamente
excomulga a toda persona que sea culpable de la misma y la pone fuera
de la Iglesia; sin embargo, los propios pecados mortales de una
persona, no.
La
Iglesia enseña adicionalmente que no puede abordar a dichos
sacerdotes (que han sido excomulgados por otras razones distintas a
una herejía, cisma o apostasía), únicamente
bajo graves circunstancias para los sacramentos,
si no hay disponible otra opción razonable
(más sobre esto en la Cuarta Objeción). Porque el
pecado y la herejía no son lo mismo y el estar excomulgado por
un pecado o estar excomulgado por una herejía no es lo mismo,
(a pesar que ambos casos llevan el alma del excomulgado al infierno).
El Papa, aunque es un pecador mortal público, todavía
es Papa y tiene la misma autoridad que otro Papa. Sin embargo, si ha
de volverse un hereje, cismático o apóstata,
automáticamente dejaría de ser Papa y cabeza de la
Iglesia y perdería toda su autoridad y poder eclesiástico.
Papa
Pío XII, Mystici Corporis Christi
(#23), 29 de junio, 1943: “Porque
no todo pecado, sin importar cuan grave puede ser, es tal que por su
propia naturaleza separa al hombre del
Cuerpo de la Iglesia, como lo hace un cisma o herejía o
apostasía.”
Y realmente, cuando las
personas usan citas falibles por parte de santos y teólogos
falibles para tratar de demostrar su posición, usted sabe que
han perdido la noción de distinguir entre las palabras
falibles y las infalibles.
TERCERA
OBJECIÓN: “El Cardenal
John de Lugo, quien fuese un teólogo respetado y quien fue
contado por el mismo San Alfonso como segundo únicamente
después de Santo Tomás de Aquino, y quien fue llamado
“una luz de la Iglesia” por el Papa Benedicto XIV, dijo
que uno podría ir con un sacerdote hereje de quien se supiera
ser hereje, para escuchar la misa y recibir los sacramentos.”
RESPUESTA
A LA TERCERA OBJECIÓN: El
Cardenal John de Lugo simplemente estaba equivocado. También
estaba confundido sobre ciertos puntos que él enseñó
(tal como lo demostraremos). Esto lo hizo llegar a un sistema propio
de creencia. Este es un hecho admitido hasta por la Enciclopedia
Católica:
La
Enciclopedia Católica, “Cardenal
John de Lugo”, Vol 9, (1910):
“Todos sus escritos (Lugo), ya sea sobre teología
dogmática o teología moral, exhiben dos calidades
principales: Una mente crítica y penetrante, a veces demasiado
indulgente en las sutilezas y un juicio sólido...
En varios problemas formó un
sistema propio, como por ejemplo sobre la fe, la Eucaristía,
la unión hipostática, etc.”
John de Lugo hasta
argumentó sobre que las palabras, “Esta es Mi Sangre”,
(o una forma corta similar) fuesen una forma sacramental completa
para la consagración del vino. De Lugo argumentó que
la mismísima existencia de dichas liturgias (erróneas)
en los tiempos antiguos (basadas en documentos no aprobados y
adulterados) demostró que esas pocas palabras son suficientes
para tener validez y que ipso facto, las palabras adicionales de la
forma, a pesar de usarse universalmente en la Iglesia, no son
esenciales. Así argumentó (en su propio tiempo) igual
que lo hace hoy en día la “Iglesia” de Vaticano
II. Esta proposición por parte de John de Lugo fue, claro
está, condenada (la teoría) como una falsa
(Salmanticenses 30-32, Disp. IX, dub. 3). Sin embargo, los herejes
nos hacen creer que una forma corta de la consagración sería
una forma verdadera y válida, porque ¿por qué
otra razón hubiese él (Lugo) dicho eso? ¿Pero
quién entre estos herejes admitiría tal cosa?
Conjeturamos que nadie o muy pocos lo hubiesen hecho. Este hecho
impactante entonces revela que estas personas, de hecho, fueron
herejes de mala voluntad, ya que los herejes rechazan únicamente
aquellos artículos de fe que no se les adaptan, o creen
únicamente en aquellos que consideran ser del depósito
de fe. ¡Ambos términos son los que hacen a un hereje!
Entonces, esto demostraría adicionalmente que estas personas
son hipócritas absolutas y de mala voluntad.
Ahora, el Cardenal de
Lugo ciertamente no es infalible y hasta estaba equivocado sobre
temas teológicos principales (como aquellos relacionados a la
misa y a la forma de consagración). De hecho, los cambios
propuestos por el Cardenal de Lugo hubiesen hecho inválido el
acto de consagración (transubstanciación), tal como lo
deja claro el Papa San Pío V:
Papa
San Pío V, De Defectibus,
capítulo 5, Parte 1: “Las
palabras de la Consagración, las cuales son la FORMA de este
Sacramento, son las siguientes: PORQUE
ESTE ES MI CUERPO. Y: PORQUE ESTE
ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO: EL
MISTERIO DE FE, QUE SERÁ
DERRAMADA POR USTED Y POR MUCHOS
PARA LA REMISIÓN DE LOS
PECADOS. Ahora, si uno removiese o
cambiase cualquier cosa en la FORMA de la consagración del
Cuerpo y la Sangre, y con ese mismo cambio de palabras, la [nueva]
redacción fracasará en significar la misma cosa, ÉL
NO CONSAGRARÍA EL SACRAMENTO.”
Esto,
otra vez, nos demuestra por qué los verdaderos Católicos
construyen su Fe, (no sobre santos o teólogos) sino sobre el
magisterio infalible de la Iglesia. Esta cita hecha por el Papa San
Pío V también demuestra la invalidez
de la misa Novus Ordo
(misa de Vaticano II) en la cual se han cambiado las palabras de la
consagración:
FORMA
DE CONSAGRACIÓN DE LA NUEVA MISA
“Porque
este es mi cuerpo. Porque este es el cáliz de mi sangre, del
nuevo y eterno testamento. Será derramada por ustedes y POR
TODOS PARA
EL PERDÓN DE LOS PECADOS.”
Primero,
las palabras EL MISTERIO DE LA FE
han sido abolidas en la forma de consagración de la nueva
misa, que en sí la hace altamente dudosa. Sin embargo, lo que
hace absolutamente la nueva misa inválida sin duda alguna es
lo que sigue: La forma original de la consagración no usa las
palabras “POR TODOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS” sino usa las palabras
“POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.” La secta de Vaticano II
usa las palabras POR TODOS ya que pública y notoriamente
sostienen, enseñan y creen en la herejía de la
salvación universal o la salvación para las personas en
las religiones falsas. Así, han cambiado la redacción
de muchos
(que indica que no todos son salvados) a TODOS,
que entonces encaja en su sistema hereje de creencia. La palabras
para MUCHOS fueron usadas por el mismo JESUCRISTO y ni siquiera un
Papa puede cambiar las palabras instituidas por nuestro Señor,
como lo deja claro el Papa Pío XII:
Papa
Pío XII, Sacramentum Ordinis
(#1), 30 de noviembre, 1947: “... la
Iglesia no tiene poder sobre la ‘sustancia de los sacramentos’,
es decir, sobre aquellas cosas que, con las fuentes de la revelación
divina como testigo, el Mismo Cristo Señor decretó que
fuesen preservadas en un signo sacramental...”
No
haría mucha diferencia si cambiasen de vuelta a la fórmula
tradicional, ya que la mayoría de todos los sacerdotes de
Vaticano II que quedan en el mundo de todos modos han sido ordenados
inválidamente y nunca consagran la Eucaristía. Las
hostias en las iglesias de Vaticano II son, por lo tanto, solo pedazo
de pan.
Por
lo tanto, en vista de todos estos errores teológicos por parte
del Cardenal John de Lugo – especialmente relacionados a la
misa – uno solo puede concluir (cuando se le preguntó
sobre acercarse a un sacerdote hereje para escuchar la Misa y recibir
los sacramentos) que él también acá, “en
varios problemas... formó un sistema propio, como por ejemplo
sobre la fe, la Eucaristía, la unión hipostática,
etc.” (La
Enciclopedia Católica) y no de
la Iglesia ... No es que su opinión tenga alguna significación
de todos modos, ya que los verdaderos Católicos primero, y
antes que todo, siguen las enseñanzas magisteriales de la
Iglesia (y no antes, ni ante todo, las opiniones falibles de los
teólogos).
Ahora veremos las
siguientes citas hechas por el Cardenal de Lugo sobre la recepción
de los sacramentos de la Iglesia por parte de los herejes:
Cardenal
John de Lugo: “La segunda
duda principal es si podemos comunicarnos con un hereje no declarado
únicamente en asuntos civiles y humanos o hasta en cosas
sagradas y espirituales. Es cierto que
no nos podemos comunicar con los herejes en ritos propios de una
secta herética, porque esto sería contrario al precepto
de confesar la fe y contendría una profesión implícita
de error. Pero la pregunta está
relacionada a los asuntos sagrados que no contengan error alguno, por
ejemplo, si es legal escuchar Misa con
un hereje, o celebrar en su presencia, o estar presente mientras él
celebra en un rito Católico,
etc.
Nótese
que el Cardenal de Lugo nunca distingue entre asistir a un rito
hereje (lo cual nunca fue permitido) y asistir a una Misa Católica
o rito Católico celebrado por un “hereje no declarado”,
lo cual tampoco se permite jamás, si uno está
consciente que el sacerdote es un hereje (por ejemplo, un sacerdote
del SSPX, que celebra el rito Católico y declara
que es Católico pero es realmente un hereje que profesa la
comunión externa con otros herejes, por ejemplo, SSPX).
Cardenal
de Lugo: “Pero
el punto de vista opuesto es general y verdadero,
a menos que sea ilícito por cualquier otra razón por
culpa de un escándalo o negación implícita de la
fe, o porque la caridad lo obliga a uno a impedir el pecado de un
ministro hereje que administra indignamente cuando no urge la
necesidad. Esto es la enseñanza
de Navarro y Sánchez, Suárez, Hurtado y
es lo que yo he dicho al hablar del sacramento de la penitencia y del
matrimonio y de los otros sacramentos. Es también cierto en
virtud de dichas litterae extravagantes
en las cuales la comunicación con excommunicati
toleratti se concede a los fieles en la
recepción y administración de los sacramentos.”
Nótese
que el Cardenal de Lugo basa muchas de sus conclusiones sobre otros
teólogos en vez de la autoridad papal. Esta es la forma en
que se inicia el error o la herejía. El también
parece haber confundido a las personas que son culpables de la
excomunión automática (herejes, cismáticos y
apóstatas) con pecadores
(excommunicati tolerate)
quienes están específicamente excomulgados por la
Iglesia.
John
de Lugo: “Por
lo tanto, debido a que estos herejes no
son declarados [¿formal?] excomulgados ni notoriamente
culpables de pegarle a un clérigo,
no existe razón alguna para que se nos prevenga de recibir los
sacramentos por parte de ellos debido a su excomunión
[¿automática?], a pesar que sobre otros fundamentos
esto puede ser a menudo ilícito a
menos que la necesidad excuse, tal como
lo he explicado en dichos lugares.” (Cardenal John de Lugo S.J.
(1583-1660), Tractatus de Virtute Fidei Divinae: Disputatio XXII,
Sectio.)
Lo
que dice acá está simplemente malo y uno no puede
seguir acá su opinión falible debido a que está
contradicho por muchos Papas. Así, uno no
puede usar las opiniones erróneas
del Cardenal John de Lugo, o cualquier otro teólogo o santo en
cuanto a eso, como alguna clase de
prueba para recibir los sacramentos por parte de herejes.
Esto le debería quedar claro a cualquier persona honesta,
pero los herejes simplemente no pueden comprender este hecho en sus
cabezas obstinadas.
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9), 29 de junio, 1896: “La práctica
de la Iglesia siempre ha sido la misma, tal como lo demuestran las
enseñanzas unánimes de los Padres, quienes tenían
la costumbre de mantener como fuera
de la comunión Católica y foráneos a la Iglesia
a quien quiera que se aparte en lo más mínimo de
cualquier punto de la doctrina propuesta por su Magisterio
autoritario.”
Todos los apóstatas,
herejes o cismáticos están fuera de la comunión
Católica y deben de evitarse.
III
Concilio de Constantinopla, 680-681:
“Si cualquier eclesiástico
o laico entra en la sinagoga de los judíos o en las casas de
reunión de los herejes para unirse en oración con
ellos, que sean destituidos y privados de la comunión. Si
cualquier obispo o sacerdote o diácono se une en oración
con los herejes, que sea suspendido de la comunión.”
Es un
dogma que todos los herejes están fuera de la Iglesia (de
fide). Así, ningún
sacerdote hereje
puede administrar lícitamente los sacramentos (a menos que
estemos hablando del bautismo) y las personas que a sabiendas se
acercan a los sacramentos ilícitos peca mortalmente. Por lo
tanto, las opiniones privadas del Cardenal John de Lugo no son algo
que pueda tomarse en cuenta a la luz de todos estos hechos
dogmáticos.
Papa
León XII, Satis Cognitum
(#15), 29 de junio, 1896: “es absurdo
imaginar que quien está fuera
puede ordenar en la Iglesia”.
Los herejes o cismáticos
son verdaderos asesinos espirituales (lo cual es mucho peor que los
asesinos físicos), y darle a otras personas la impresión
que ellos (herejes y cismáticos) son Católicos
verdaderos es realmente abominable y vergonzoso. Sin embargo, los
herejes, que hacen colación a todos los argumentos de todos
los santos y teólogos que pueden encontrar, estarían
encantados de hacer énfasis justamente en eso (que los herejes
y los cismáticos son Católicos). ¿De qué
otra manera pondrían tanto tiempo y esfuerzo en encontrar
estas declaraciones falibles para defender su posición
sacrílega?
Lo
que se debe
hacer (en vez de buscar excusas para ir con ellos) es denunciar a
estos asesinos de almas (herejes y cismáticos) ante otras
personas. Y qué no se debe de
hacer es profesar comunión
con ellos. Es realmente fácil si uno es honesto consigo
mismo. A menos que uno se oponga a los herejes y a los cismáticos,
seremos condenados al fuego eterno del infierno, tal como lo dejan
perfectamente claro las siguientes citas:
Papa
San Félix III (Siglo V): “No
oponerse al error es aprobarlo; y no defender la verdad es suprimirla
y, ciertamente, descuidar confrontarse a los hombres malignos –
cuando uno lo puede hacer – no es menos pecado que alentarlos.”
Santiago
4:17: “En
fin, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, por lo mismo
peca.”
Papa
León XIII, Inimica Vis,
1892: “Un
error que no se resiste es aprobado; una verdad que no se defiende es
suprimida... Aquel no se opone a un crimen evidente está
abierto a sospecha de complicidad secreta.”
Todos los servicios
religiosos no-Católicos son crímenes en contra del
verdadero Dios, el Dios Católico, ¡en el mayor grado
posible!
EL CÓDIGO DE LEY
CANÓNICA DE 1917
CUARTA
OBJECIÓN: “El Código
de Ley Canónica de 1917 enseña que uno puede asistir a
los servicios religiosos de herejes o cismáticos y recibir los
sacramentos por parte de ellos. Canon 2261.2-3, del Código
de Ley Canónica de 1917 declara:
“... los fieles pueden, por
cualquier causa justa, pedir los sacramentos o sacramentales de aquel
que esté excomulgado, especialmente si no existe nadie más
que los pueda dar (c.2261.2)... Pero de
un vitandus excomulgado [que ha de ser evitado] o uno contra quien
existe una sentencia declaratoria o condenatoria, sólo en
peligro de muerte puede el fiel pedir la absolución
sacramental de acuerdo a los cánones 882, 2252 y también
otros sacramentos y sacramentales en caso que no haya nadie más
que los pueda administrar (c. 2261.3).””
RESPUESTA
A LA CUARTA OBJECIÓN: Primero,
notemos que el Código de Ley Canónica de 1917 no habla
sobre los herejes o cismáticos. Explícitamente habla
sobre las personas excomulgadas. Aún si esto estuviese
hablando sobre herejes y cismáticos (lo cual no hace), no
tendría peso alguno sobre las definiciones infalibles hechas
por la Iglesia Católica. El Código de Ley Canónica
de 1917 tampoco es infalible tal como se demostrará más
adelante.
Papa
León X, Quinto Concilio Laterano, Sesión 8, ex
cátedra: “Y debido a
que la verdad no puede contradecir la verdad, definimos que toda
declaración contraria a la verdad iluminada de la fe es
totalmente falsa y prohibimos estrictamente que se permita enseñar
contrariamente. Declaramos que todos
aquellos que se apegan a las declaraciones erróneas de esta
clase , sembrando herejías
que están completamente condenadas, deberán
evitarse de todas las maneras posible
y castigadas como herejes detestables y odiosos, e infieles que están
socavando la fe Católica.”
Segundo,
uno necesita comprender que se puede incurrir en la excomunión
por muchas cosas. Históricamente,
las excomuniones se distinguían con los términos mayor
y menor.
Se incurría en excomunión
mayor por herejía y cisma (pecados en contra de la fe) y por
ciertos otros pecados mayores. Aquellos que recibían una
excomunión mayor por herejía no eran miembros de la
Iglesia (tal como lo acabamos de demostrar largamente). Sin embargo,
la excomunión menor no lo removía
a uno de la Iglesia, pero le prohibía
a uno participar en la vida sacramental de la Iglesia. El Papa
Benedicto XIV hizo nota de la distinción.
Papa
Benedicto XIV, Ex Quo Primum
(#23) 1 de marzo, 1756: “Más
aún, los herejes y los cismáticos están sujetos
a censura de una excomunión
mayor por la ley de Can.
De Ligu. 23. pregunta 5, y Can Nulli, 5, dist. 19.”
Por
otro lado, se incurría en la excomunión menor por cosas
como violar un secreto del Santo Oficio, falsificar reliquias (c.
2326), violar un claustro (c. 2342), etc. Todas estas son penalidades
eclesiásticas o de la Iglesia. Dichas acciones, a pesar que
son gravemente pecaminosas, no separó
a una persona de la Iglesia. Y a pesar
que ya no se usan los términos de excomunión mayor y
menor, continúa siendo un hecho que una persona
podría incurrir en una excomunión (por algo distinto a
la herejía) que no lo separaría de la Iglesia,
y podría incurrir en una excomunión por herejía
lo cual lo separaría de la Iglesia. Por
lo tanto, un Católico que recibe una excomunión por
herejía ya no es un Católico porque
los herejes están fuera de la Iglesia Católica (de
fide, Papa Eugenio IV). Pero un
Católico
que recibe una excomunión por otra cosa es todavía un
Católico,
a pesar de estar en estado de pecado grave. Así, está
claro que el Código de Ley Canónica de 1917 habla sobre
los pecadores y los Católicos desobedientes de distintas
clases, y no sobre herejes.
MÁS SOBRE EL
CÓDIGO DE LEY CANÓNICA DE 1917
El
Código de 1917 definitivamente no fue un pronunciamiento ex
cátedra (de la Silla de Pedro)
porque no ata a toda la Iglesia, sino únicamente a la Iglesia
Latina (no a los Ritos Orientales), como está estipulado en el
Canon 1 del Código de 1917.
Canon
1, Código de la Ley Canónica de 1917: “ A pesar
que en el Código de la Ley Canónica se hace referencia
frecuentemente a la disciplina de la Iglesia Oriental, no obstante,
Este [Código] se aplica
únicamente a la Iglesia Latina y no obliga a la Oriental,
a menos que trate de cosas que, por su naturaleza, se aplican a la
Oriental.”
Un
papa habla infaliblemente desde la Silla de Pedro cuando sus
enseñanzas sobre la fe o la moral obliga a la Iglesia
completa, lo cual no hace el Código
de 1917:
Papa
Pío IX, Concilio Vaticano I,
1870, Sesión 4, Capítulo
4: “...el Pontífice Romano,
cuando habla ex cátedra
[de la Silla de Pedro], es decir cuando realiza el deber de pastor y
de maestro de todos los cristianos de acuerdo a su autoridad
apostólica suprema y explica una doctrina de fe o de moral que
ha de sostenerse por toda la Iglesia universal...
opera con esa infalibilidad...”
El
Código de 1917 tampoco es una disciplina infalible de la
Iglesia, tal como está demostrado por el hecho que contiene
una ley que contradice directamente desde el principio la disciplina
infalible de la Iglesia sobre un punto que está aunado a la
Fe. La verdadera Bula que promulga el Código de 1917,
Providentísima mater Ecclesia,
no fue firmada por Benedicto XV, sino por el Cardenal Gasparri y el
Cardenal De Azavedo. El Cardenal Gasparri, Secretario de Estado, fue
el principal autor y recopilador de los cánones. Algunos
teólogos discutirían que únicamente las
disciplinas que obligan a toda la Iglesia – a diferencia del
Código 1917 – están protegidas por la
infalibilidad de la autoridad gobernante de la Iglesia, un argumento
que parece estar respaldado por las siguientes enseñanzas del
Papa Pío XII.
Papa
Pío XII; Mystici Corporis Christi
(#66), 29 de junio, 1943: “Ciertamente
la Madre amorosa está sin una sola mancha en
los Sacramentos, por medio de los cuales da nacimiento y alimenta a
sus hijos; en la fe que ella siempre ha preservado inviolada; en
sus leyes sagradas impuestas
sobre todos; en los consejos
evangélicos que ella recomienda; en aquellos regalos
celestiales y gracias extraordinarias a través de los cuales,
con una fecundidad inagotable ella genera multitudes de mártires,
vírgenes y confesores.”
Esto
significaría que una ley disciplinaria no es una ley de la
Iglesia “Católica” (es decir, universal) a menos
que obligue a la Iglesia Universal. También deberá
recordarse que es de ley divina que únicamente los Papas son
infalibles cuando hablan ex cátedra
(de la Silla de Pedro). Así, esto demuestra que Pío
XII estaba hablando sobre las declaraciones infalibles desde la Silla
de Pedro. No obstante, el Código de 1917 no goza de
infalibilidad. Esto queda demostrado adicionalmente por los
siguientes cánones.
1) El
Código de Ley Canónica de 1917 enseña que el
entierro cristiano puede dársele a los catecúmenos
no bautizados.
El Código de 1917
enseña en el canon 1239, que se les puede dar entierro
cristiano a los catecúmenos no bautizados. Esto contradice la
Tradición completa de la Iglesia Católica durante 1900
años sobre si se les puede dar cristiana sepultura a las
personas no bautizadas.
Canon
1239, Código 1917: “1. A aquellos que mueren sin
bautismo no debe de dársele sepultura eclesiástica. 2.
Los catecúmenos que, sin culpa
propia, mueren sin bautismo han de considerarse bautizados.”
Debido
a que desde el tiempo de Jesucristo y a lo largo de la historia la
Iglesia Católica universal rechazó la sepultura
eclesiástica a los catecúmenos que morían sin el
Sacramento del Bautismo, tal como lo admite La
Enciclopedia Católica:
La
Enciclopedia Católica,
“Bautismo,” Volumen 2, 1907: “Cierta declaración
en la oración funeraria de San Ambrosio sobre el Emperador
Valentiniano II ha sido traída a colación como prueba
que la Iglesia ofreció sacrificios y oraciones por los
catecúmenos que murieron antes de ser bautizados. No
existe vestigio alguno de dicha costumbre en ningún lado...
La práctica de la Iglesia se
muestra más correctamente en el canon (xvii) del Segundo
Concilio de Braga (572 AD): ‘Ni
la conmemoración del Sacrificio [oblationis]
ni el servicio de canto (de salmos)
[psallendi] han
de emplearse para los catecúmenos que han muerto sin recibir
el bautismo.””
Esta
es la ley de la Iglesia Católica desde el principio y a lo
largo de la historia. Por lo tanto, debido a que este tema
problemático está unido a la Fe y no es solamente
disciplinario, o la Iglesia Católica estaba equivocada desde
el tiempo de Cristo por rechazar la
sepultura eclesiástica para los catecúmenos que
murieron sin bautismo ó el
Código de 1917 está equivocado por otorgársela a
ellos. Es uno o el otro, porque el Código de 1917
directamente contradice
la ley Tradicional y constante de la Iglesia Católica durante
diecinueve siglos sobre este punto, el cual está aunado a la
Fe. La respuesta es, obviamente, que el Código de 1917
contiene muchos pies de página por parte de los papas
tradicionales, los concilios, etc., para demostrar de dónde se
derivaron ciertos cánones. Canon
1239.2 sobre dar sepultura eclesiástica a los catecúmenos
no bautizados no tiene pie de página, atribuido a ningún
papa, ley o concilio previos, simplemente ¡porque nada en la
Tradición lo respalda!
La
Enciclopedia Católica (1907)
cita un decreto interesante del Papa Inocencio III en el cual él
comentó sobre la ley tradicional,
universal y constante de la Iglesia Católica desde el
principio la cual rechazó la
sepultura eclesiástica a todos los que morían sin
recibir el Sacramento del Bautismo.
La
Enciclopedia Católica,
“Bautismo”, Volumen 2, 1907: “La
razón de esta regulación [prohibiendo la sepultura
eclesiástica a todas las personas no bautizadas] es dada por
el Papa Inocencio III (Decreto III,
XXVII, xii): ‘Ha sido decretado por los cánones sagrados
que no debemos de tener comunión alguna con aquellos que están
muertos, si no nos hemos
comunicado con ellos mientras estuvieron vivos.’”
2) El
Código de 1917 enseña que los
herejes pueden estar en buena fe.
Canon
731.2, Código de 1917: “Está prohibido que los
Sacramentos de la Iglesia sean administrados a los herejes
y cismáticos, aunque lo
pidan y estén en buena
fe,, a menos que de antemano,
rechazando sus errores, se reconcilien con la Iglesia.”
Un
hereje, por definición infalible,
es de mala fe y pone sobre su cabeza un
castigo eterno.
Papa
San Celestino I, Concilio de Efeso,
431: “... todos
los herejes corrompen las
verdaderas expresiones del Espíritu Santo con sus propias
mentes malvadas y ellos ponen
sobre sus propias cabezas una llama inextinguible.”
Papa
Eugenio IV, Concilio de Florencia,
“Cantate Domino”, 1441, ex
cátedra: “La Santa Iglesia
Romana firmemente cree, profesa y predica que todos
aquellos que están fuera de la
Iglesia Católica, no solamente los paganos sino también
los judíos o los herejes y
cismáticos, no pueden compartir en la vida eterna y e irán
al fuego eterno que fue preparado
para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la
Iglesia antes del fin de sus vidas...”
Papa
Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio
(#2), 27 de mayo, 1832: “Finalmente algunas de estas personas
mal guiadas intentan persuadirse a sí mismas
y a otras que los hombres no se salvan únicamente en la
religión Católica, sino que hasta
los herejes
puede alcanzar la vida eterna.”
Una
persona en buena fe,
quien está errando inocentemente sobre un dogma (floja e
inapropiadamente llamada un hereje material en las discusiones
teológicas) no es
un hereje, sino un Católico
que yerra en buena fe. De manera que la declaración en el
Código de 1917 sobre los herejes y cismáticos en buena
fe está definitivamente errada
teológicamente y demuestra que
no estaba protegida por la infalibilidad.
Objeción:
“Un hereje puede estar en buena fe sobre ciertos asuntos
teológicos. Un hereje también puede estar en buena fe
en algunas maneras ya que, ¡de qué otra manera puede un
hereje regresar de sus errores y volverse un Católico!”
Respuesta
a la objeción: No, un hereje
no puede ser de buena Fe en tanto permanezca siendo un hereje y en
tanto rechace obstinadamente la gracia de Dios para la conversión
a la verdadera Fe Católica. El momento en que un hereje cesa
de ser un hereje, él es de buena fe. Es importante comprender
(porque de lo contrario esto puede cuasar confusión) que un
hereje o un cismático es una persona bautizada, mayor de la
edad de la razón, que tiene conocimiento y afirma una creencia
en la Trinidad y en la Encarnación (los misterios esenciales),
pero quien rechaza las enseñanzas completas de Cristo y de Su
Iglesia. Por lo tanto, un hereje no es un hereje
material (un término usado para
describir a un Católico que yerra en buena Fe), porque un
hereje es por definición una persona que a sabiendas y
obstinadamente rechaza partes de la verdadera Fe. Una persona solo
puede rechazar lo que ha leído o lo que ha escuchado y
comprendido (a menos que estemos hablando de la Trinidad y de la
Encarnación y de la ley natural, las cuales son obligatorias
conocer explícitamente sin excepción). Así, el
hereje es por definición siempre de mala fe y continuará
siendo así en tanto permanezca en herejía. Es cierto
que un hereje puede desear la verdadera fe, pero eso no significa que
él sostenga la verdadera fe (hasta que realmente sea
convertido).
Esto se demuestra
adicionalmente con un ejemplo. Porque si usted fuese a decirle a un
asesino y violador obstinado: “¡Debería dejar de
asesinar y de violar a las personas (recuerde que la herejía
asesina a las almas)!” Y el asesino respondiese: “Lo
estoy considerando ya que veo que es malo. Deseo cambiar. Sin
embargo, continuaré asesinando y violando durante un poco de
tiempo más (continuará divulgando las herejías y
las mentiras un poco más).” ¿Habría
alguien tan loco como para decir que él está en buena
fe aunque desee dejar de hacer el mal? Claro que no. Así
también, los herejes son como los asesinos ya que asesinan
eternamente su propia alma y el alma de las demás personas.
De hecho, son peores que los asesinos y los violadores. Y en tanto
estén obstinados en su herejía, son de mala fe y
continúan asesinando almas.
Los herejes tampoco son
capaces de estar en buena fe sobre algunas partes de la fe, ya que la
fe debe tomarse como un todo o rechazarse como un todo, tal como lo
enseña el Papa León XIII:
Papa
León XIII, Satis Cognitum
(#9), 29 de junio, 1896: “... puede ser legal que alguien
rechace cualesquiera de esas verdades sin, por el mismo hecho, caer
en herejía? – sin separarse a sí mismo de la
Iglesia? – sin repudiar en un solo acto todas las enseñanzas
cristianas? Porque así es la naturaleza de la fe, que nada
puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y rechazar
otras... Pero aquel que disiente en tan
solo un punto de la verdad revelada divinamente rechaza absolutamente
toda la fe, ya que con eso rechaza
honrar a Dios como la verdad suprema y el motivo
formal de la fe.
La Enciclopedia Católica
tiene que decir los siguientes puntos sobre la herejía:
La
Enciclopedia Católica. Vol 7. “Herejía”,
la gravedad del pecado (1910):
“La herejía es un pecado, que por su naturaleza es
destructiva de la virtud de la fe cristiana. Su malicia ha de
medirse, por lo tanto, por la excelencia del buen don del que priva
al alma. Ahora la fe es la posesión más preciosa del
hombre, la raíz de su vida supernatural, la promesa de su
salvación eterna. La privación de la fe, por lo tanto,
es el mayor mal y el rechazo deliberado de la fe es el pecado más
grande. Santo Tomás (II-II, Preg. X, resp. 3) llega a la
misma conclusión así: “Todo pecado es una
aversión de Dios. Un pecado, por lo tanto, es mayor entre más
separa al hombre de Dios. Pero la infidelidad hace esto más
que cualquier otro pecado, porque el infiel (el no creyente) carece
del verdadero conocimiento de Dios: su conocimiento falso no le
proporciona ayuda, porque lo que él opina no es Dios:
manifiestamente, entonces, el pecado de no creer (carencia de fe) es
el mayor pecado en todo el rango de la perversidad.” Y él
agrega: “A pesar que los gentiles yerran en más cosas
que los jud&iac
Si
quiere saber más sobre la invalidez de la nueva misa, favor de
consultar esta página: http://www.santos-catolicos.com/concilio-vaticano-ii/#Why-the-New-Mass-and-New-Rite-of-Ordination-are-Invalid




















