Carlos Trejo Fantasmas: Videos de Carlos Trejo de Fantasmas

Carlos Trejo Fantasmas

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LOS ESPEJOS

Sin saber por qué, Lorena tomó la costumbre de mirarse al espejo cada vez que entraba al cuarto de baño, pero curiosamente no lo hacía por vanidad. Era como una sensación, como si algo le dijese: "mira mira". Cada vez que entraba se miraba pero antes de que pasara medio minuto se echaba atrás y decidía hacer lo que había ido a hacer (no hace falta que os exprese para qué se va a un cuarto de baño).

La curiosidad era tan grande que finalmente lo hizo: miró, pero después de usar el baño, por si acaso... La primera vez que se quedó mirando en el espejo del baño una extraña jugarreta de sus pupilas le mostró algo que, si bien ella no podía asegurar que fuese real o producto de unos ojos sanos, le hizo salir corriendo del habitáculo.

Se miraba fijamente cuando de pronto se vió en el espejo como si fuera un cuadro, pintado a pinceladas grandes, un autorretrato colorido pero sin vida.

Salió de allí corriendo y le contó a su hermana Nieves lo que le había ocurrido. Su hermana mayor le dijo que aquello no era extraño porque a ella también le había ocurrido aquel verano una cosa extraña con el espejo del pasillo: pasó mirándose y se vió por detrás (no vió su rostro, sino su melena y su espalda).

Pero aún así decidió hacerlo ella también, aunque esta vez Lorena la miró desde el umbral, sin concentrarse frente al espejo. Y cuando Nieves volvió en sí, lo hizo con una sonrisa: "me he visto como si fuera una imagen antigua, y tenía una cadena alrededor de la frente".

Animadas en lo que consideraban un juego, repitieron la operación juntas. Esta vez Lorena vió como una mancha negra iba tapándola entera desde la cintura hasta la cara, y una vez allí iba oscurenciendo su cabeza y su rostro dejando tan sólo uno de sus ojos a la vista. Se asustó y parpadeó. Su hermana se giró un poquito después.

Lorena le contó su experiencia y luego Nieves hizo lo propio:
"He desaparecido ante el espejo, me he hecho invisible otra vez. Al principio estábamos las dos allí, y luego yo he desaparecido y podía ver la pared y la puerta del baño detrás de mí. Hasta te he visto a ti, pero yo no estaba".

Unos años más tarde Lorena les contaría a sus amigas, mientras comían juntas en un bar, aquellas experiencias. Entre ellas había una chica, a la que llamaremos Nani (y que aparece en la historia "La familia de Nani" (expe17) que más tarde la miraría con mucho respeto. Pero esa es otra historia.

La cuestión es que, animadas, decidieron probar en el cuarto de baño de aquel bar solitario para ver si sucedía algo. Y sucedió, pero no en el cuarto de baño.

Allí entraron Lorena y una chica llamada Marina, y ambas se concentraron mirándose al espejo. Hacía mucho calor y decidieron salir de allí porque "no ocurría nada". Salieron entre risas, se dirigieron a la mesa y se sentaron. Y entonces ocurrió.

Cuando Lorena miró a Marina y Marina miró a Lorena, ambas se echaron las manos a la cara y gritaron. Y no fueron las únicas. Nani también había producido un gritito de espanto. Luego las miró risueña y alucinada, y dijo: "lo he visto".

Para no desvelar ante nadie qué habían visto todas ellas, cada una se lo dijo al oído a otra amiga, y al final descubrieron que las tres habían visto lo mismo:
Lorena vió la cara de Marina arañada, con surcos rosados que le cruzaban el rostro.
Marina vio lo mismo en la cara de Lorena.
Y Nani, que no sabía nada y que no había entrado en el cuarto de baño, había visto lo mismo en el rostro de Lorena.

EL VISITANTE

En un apartamento de Gandía, Alicante, dos hermanas compartían habitación durante el verano.
Por las noches salían hasta tarde y se acostaban antes de que amaneciera porque estaban de vacaciones y no tenían obligación de levantarse temprano.
La hermana mayor se acostó y se quedó dormida en cuestión de segundos, tanto era el sueño que tenía. La otra hermana se entretuvo en el cuarto de baño unos minutos, y cuando apareció por la habitación se quedó boquiabierta durante el poco tiempo que duró el extraño suceso.

Apenas quedaban unos minutos para que amaneciera, y un poquito de luz comenzaba a asomarse a través de la terraza, sin embargo la joven vio otra luz: una silueta brillante, blanquecina y alargada, que desde los pies de la cama alargaba unos brazos sin carne en dirección a su hermana dormida.
Al entrar en la habitación lo que sin duda debía ser el rostro del ser se giró hacia el umbral de la puerta donde estaba ella y acto seguido la silueta se empequeñeció a pasos forzados como un fuego en movimiento y salió por la terraza.
¿Quién era aquel ser? ¿Les había pasado antes? Lo único que pude averiguar de aquella conversación que me pareció interesante era que la hermana dormida poseía en su paladar marcada en líneas la Cruz de Caravaca.
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