7. Los enemigos de la Iglesia, comunistas y masones, hicieron un esfuerzo organizado para infiltrar a la Iglesia católica

Por Hno. Pedro Dimond y Hno. Miguel Dimond de Monasterio de la Sagrada Familia

Papa León XIII, Dall’alto, # 2, 15 de octubre de 1890: “No es necesario ahora enjuiciar a las sectas masónicas. Ellas ya están juzgadas; sus fines, sus medios, sus doctrinas, y sus acciones, son por todos conocidos con certeza indiscutible. Poseídas por el espíritu de Satanás, del cual son su instrumento, se queman como él por su odio mortal e implacable a Jesucristo y a su obra; y se esfuerzan por todos los medios por derrocarla y eliminarla”[1].

Papa León XIII, In ipso, # 1, 3 de marzo de 1891: “Sin embargo, duele pensar que los enemigos de la Iglesia, unidos en una conspiración tan malvada, trabajen para debilitar e incluso, si es posible, eliminar completamente ese edificio maravilloso que Dios ha erigido como un refugio para la raza humana”[2].

Es un hecho bien conocido que los comunistas y los masones hicieron un esfuerzo organizado para infiltrarse en la Iglesia Católica. Enviaron a un gran número de sus propios hombres al sacerdocio con la esperanza de debilitarla y atacarla al colocar a estos hombres en cargos altos.

La Sra. Bella Dodd pasó la mayor parte de su vida en el Partido Comunista de América y si el partido hubiera ganado la Casa Blanca habría sido designada Procuradora General. Después de su deserción, ella reveló que uno de sus puestos de trabajo como agente comunista era animar a los jóvenes radicales (que no siempre eran comunistas con carnet de pertenencia) que entraran en los seminarios católicos. Ella dijo que antes de abandonar al partido en los EE.UU., había alentado, siendo ella una comunista, a casi mil jóvenes radicales que se infiltraran en los seminarios y las órdenes religiosas.

El hermano Joseph Natale, fundador del Monasterio de la Sagrada Familia, estuvo presente en una de las conferencias de Bella Dodd en los primeros años de la década de 1950. Él declaró lo siguiente:

“Escuché a esa mujer por cuatro horas y me tenía con los pelos de punta. Todo lo que ella dijo se ha cumplido al pie de la letra. Se podría pensar que ella era el profeta más grande del mundo, pero no era ningún profeta. Sólo estaba haciendo una exposición, paso por paso, del plan de batalla de la subversión comunista contra la Iglesia católica. Ella explicó que, de todas las religiones del mundo, la Iglesia católica era la única a quien temían los comunistas, puesto que era su único adversario efectivo”[3].

Bella Dodd se convirtió al catolicismo al final de su vida. Hablando como una ex comunista, ella dijo: “En la década de 1930, pusimos once mil hombres en el sacerdocio con el fin de destruir a la Iglesia desde adentro”. La idea era que estos hombres fueran ordenados, y luego ascendieran por la escala de influencias y de autoridad como monseñores y obispos. En aquel entonces, ella dijo: “Ahora mismo están en los lugares más altos en la Iglesia. Están trabajando para lograr un cambio para que la Iglesia Católica no sea eficaz en contra del comunismo”. Ella también dijo que estos cambios serían tan drásticos que “no se reconocería a la Iglesia Católica”. (Esto era 10 a 12 años antes del Vaticano II.)

El Hermano Joseph continuó relatando que Bella Dodd había dicho: “La idea era destruir, no a la institución de la Iglesia, sino la fe de la gente, e incluso utilizar la institución de la Iglesia, si es posible, para destruir la fe mediante la promoción de una falsa religión: algo que pareciera ser el catolicismo, pero que no fuera realmente. Una vez que la fe fuera destruida, explicó que habría un complejo de culpa introducido en la Iglesia (…) para etiquetar a «la Iglesia de anticuada» como algo opresivo, autoritario, lleno de prejuicios, arrogante en afirmar ser la única poseedora de la verdad, y responsable de las divisiones de las entidades religiosas a lo largo de los siglos. Esto sería necesario para causar vergüenza a los líderes de la Iglesia hacia una «apertura al mundo», y una actitud más flexible hacia todas las religiones y filosofías. Los comunistas entonces se aprovecharan de esta apertura con el fin de socavar a la Iglesia”[4].

Los masones hicieron un intento similar para infiltrar a la Iglesia Católica y elevar sus propios hombres a los niveles más altos. La sociedad secreta luciferina, los Carbonarios, conocidos como Alta Venta, hicieron un set de escritos de Instrucciones Permanentes, o el Código de Reglas, que apareció en Italia en 1818. En ella decían:

“(…) Se convierte en el deber de las sociedades secretas en hacer el primer ataque a la Iglesia y al Papa, con el objeto de conquistarlos a los dos. La obra para el que nos ceñimos a nosotros mismo no es la obra de un día, ni de un mes, ni un año. Puede durar por muchos años, tal vez un siglo (…) Lo que debemos pedir, lo que debemos buscar y esperar, así como los judíos esperan al Mesías, es a un Papa según nuestros deseos. Necesitamos un Papa para nosotros mismos, si tal Papa fuera posible. Con ese Papa marcharemos de forma más segura al asalto de la Iglesia, en vez de todos los libritos de nuestros hermanos franceses e ingleses”[5].

El mismo documento masónico hizo esta predicción asombrosa:

“En un momento en cien años (…) los obispos y sacerdotes creerán que están marchando detrás de la bandera de las llaves de Pedro, cuando en realidad estarán siguiendo nuestra bandera (…) Las reformas tendrán que ser producidas en el nombre de la obediencia”[6].

Estas organizaciones y los individuos que pertenecen a ellas son agentes que el diablo usa para atacar a la verdadera Iglesia de Cristo.

Efesios 6, 12: “Porque no es nuestra pelea contra carne y sangre, sino contra los príncipes y potestades, contra los adalides de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus malignos en los aires”.

El 3 de abril de 1844, un líder de la Alta Venta nombrado Nubius escribió una carta a otro masón de alta posición. La carta habló un vez más sobre el plan de infiltrar a la Iglesia Católica, y el intento de poner a un «Papa» masónico, que promoverá la religión de la masonería. “Ahora bien, a fin de garantizar un Papa en las proporciones necesarias, debemos en primer lugar preparar a una generación digna del reino que soñamos (…) Deja que el clero avance bajo su bandera (la bandera masónica) siempre creyendo que están avanzando en la bandera de las llaves apostólicas. Echad la red como Simón Bar Jonás; extiéndelo hasta el fondo de las sacristías, los seminarios y conventos (…) Habrás terminado una revolución vestido con la triple corona del Papa y la capa, llevando la cruz y la bandera, una revolución que sólo necesita un pequeño estímulo para incendiar las cuatro esquinas de la tierra”[7].

El masón Eliph Levi dijo en 1862: “El día llegará en que el Papa (…) declarará que todas las excomuniones son suprimidas y todos los anatemas retirados, cuando todos los cristianos sean unidos dentro de la Iglesia, cuando los judíos y los musulmanes sean bendecidos y llamados de nuevo a ella (…) permitirá a todas las sectas acercarse a ella poco a poco y abarcará toda la humanidad en la comunión de su amor y oraciones. Luego, los protestantes ya no existirán. ¿Contra qué van a protestar? El Sumo Pontífice será entonces verdaderamente el rey del mundo religioso, y él hará lo que él quiera con todas las naciones de la tierra”[8].

Un sacerdote apostata y ex-abogado canonista[9], nombrado P. Roca (1830-1893), después de que fue excomulgado, dijo: “El papado caerá; va a morir bajo el cuchillo sagrado que forjaran los padres del último concilio”[10]. Roca también dijo: “Debes tener un nuevo dogma, una nueva religión, un nuevo ministerio, y nuevos rituales que sean muy parecidas a los de la Iglesia rendida. El culto divino dirigido por la liturgia, ceremonial, ritual y reglamentos de la Iglesia Católica Romana en breve se someterán a una transformación en el Concilio Ecuménico”[11].

Notas de la Sección 7:

[1] The Papal Encyclicals [Las Encíclicas Papales], de Claudia Carlen, edición inglesa, Raleigh: The Pierian Press, 1990, vol. 2 (1878-1903), p. 226.

[2] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 2 (1878-1903), p. 237.

[3] Las declaraciones del Hno. Joseph Natale sobre lo que dijo la ex comunista Bella Dodd.

[4] Las declaraciones del Hno. Joseph Natale sobre lo que dijo la ex comunista Bella Dodd.

[5] Las Instrucciones Permanentes de la Alta Venta.

[6] Las Instrucciones Permanentes de la Alta Venta.

[7] NUBIUS, Instrucciones Secretas sobre la Conquista de la Iglesia, en la obra de Emmanuel Barbier, Les infiltration maconiques dans i’Eglise, Paris/Bruselas: Desclee de Brouwer, 1901, p. 5) Parte de esto también está en la obra de Piers Compton, The Broken Cross [La Cruz Quebrada], edición inglesa, Cranbrook, Western Australia: Veritas Pub. Co. Ptd Ltd, 1984, p. 15-16.

[8] Dr. Rara F, The Desctruction of the Christian Tradition [La Destrucción de la Tradición Cristiana], edición inglesa, p. 133.

[9] Piers Compton, The Broken Cross, edición inglesa, Cranbrook, Western Australia: Veritas Pub. Co. Ptd Ltd, 1984, p. 42.

[10] Dr. Rudolf Graber, Athanasius and the Church of Our Time [Atanasio y la Iglesia de Nuestros Tiempos], edición inglesa.

[11] Piers Compton, The Broken Cross, edición inglesa, p. 42.


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