San Isaac Jogues: Biografia de San Isaac Jogues, Vida, Milagros, Historia

San Isaac Jogues: Biografia de San Isaac Jogues, Vida, Milagros, Historia

San Isaac Jogues

LA EVANGELIZACION DE AMERICA DEL NORTE

Los trabajos de la Iglesia católica en el extremo septentrional de América del Norte comienzan en 1608. Ese año, el francés Samuel Champlain llega a la bahía de San Lorenzo, en el actual país del Canadá.

Navega, curso arriba del río, y llega al hermoso paraje que los indios llaman Quebec. Allí establece un fuerte y una pequeña aldea. Con esto, Samuel Champlain pone los fundamentos de la Nueva Francia.

En 1615, el ahora gobernador Samuel Champlain llama a los franciscanos para establecer misiones.

En 1625, los franciscanos piden ayuda a la Compañía de Jesús, porque el trabajo es inmenso. Este es el origen de las misiones jesuitas del Canadá y de los Estados Unidos de América.

Los afanes misioneros de la Compañía de Jesús, básicamente, tienen como escenario a dos razas indígenas: los algonquinos, que pueblan las regiones comprendidas desde las orillas del río San Lorenzo hasta el extremo norte de la bahía Hudson, y los hurones, que habitan el reducido territorio situado entre el lago Hurón y las riberas del lago Simcoe.

Enemigos mortales de estas dos razas son los iroqueses. Este último pueblo, constituido por cinco tribus muy belicosas, ocupan la región entre el lago Ontario y los montes Alleghany, en el distrito actual de Nueva York.

La lucha de los iroqueses contra los hurones y algonquinos se hace más dura y violenta cuando los conquistadores holandeses ponen armas de fuego en manos iroquesas.

Con la guerra se inaugura el doloroso camino de extinción de las Misiones jesuitas. Los Santos jesuitas de Norte América tradicionalmente han quedado ordenados en dos grupos:

El grupo de los Estados Unidos lo forman San Isaac Jogues, San René Goupil y San Juan de La Lande.

El grupo del Canadá queda formado por San Juan de Brébeuf, San Antonio Daniel, San Gabriel Lalement, San Carlos Garnier y San Natal Chabanel.

En total ocho mártires, víctimas de los iroqueses.

SAN ISAAC JOGUES

Fiesta: 19 de octubre

Es una de las primicias de la evangelización en Norte América. Es considerado el patrono de la ciudad de New York, en los Estados Unidos.

Nacimiento y familia
Isaac nace el 10 de enero de 1607 en Orléans, Francia. Su padre, Lorenzo Jogues, es un comerciante próspero y rico. Su madre, es la aristócrata Francisca de Saint-Mesmin.

Isaac tiene, al nacer, dos hermanas y dos hermanos. Es bautizado en la Parroquia de San Hilario, el mismo día de su nacimiento. Recibe el nombre de Isaac, en honor a su tío y padrino, Isaac de Saint-Mesmin. Después de él, nacen otros tres varones y una hermana.



En el Colegio de los jesuitas
Las primeras letras las aprende de sus padres y hermanos mayores.

En 1617 la Compañía de Jesús abre en Orléans el Colegio de la Virgen, Madre de Dios. Isaac es uno de los primeros alumnos que se inscriben en el nuevo Colegio.

En los seis años siguientes, hace ordenadamente los cursos de la Ratio Studiorum de los jesuitas. Primero, dos años de estudios elementales, en lengua vernácula. Después, toda la Gramática latina. También estudia algo de griego.



Discernimiento y noviciado
A los 17 años, Isaac decide su futuro. Su padre ha muerto y su familia tiene medios económicos más que suficientes.

Piensa en el comercio y en las leyes. Hace discernimiento y se decide por la Compañía de Jesús. El 24 octubre de 1624, ingresa en el Noviciado de Rouen.

Su Maestro de novicios es el célebre P. Luis de Lalement. Isaac es feliz.

Con el P. Lalement trata sus deseos de ofrecerse a las misiones de India y Japón, como San Francisco Javier.

En 1625, pasa por Rouen la primera expedición de los tres jesuitas destinados a Nueva Francia. Isaac queda muy conmovido, pero todavía cree ser llamado al Oriente.

Al exponer sus pensamientos al P. Lalement, oye la respuesta que lo deja tranquilo. "Isaac tú no morirás en ninguna otra parte, sino en Canadá".



Los votos religiosos
El 24 de octubre de 1626 Isaac pronuncia los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia.

Pocos días después, es destinado a Anjou, al Colegio de la Flèche, fundado por Enrique IV. Debe cursar el trienio de filosofía. El Colegio tiene 2.000 alumnos.

Allí estudia matemáticas, física, astronomía, metafísica, cosmología, teodicea, ética y psicología.

La experiencia del magisterio
En 1629 inicia la etapa del magisterio en el Colegio de Rouen. Como Padre espiritual tiene nuevamente al P. Luis Lalement, su antiguo Maestro de novicios.

Ese mismo año conoce a Juan de Brébeuf y a los otros jesuitas que habían sido expulsados del Canadá por los ingleses.



La ordenación sacerdotal
En 1633, es destinado al Colegio de Clermont, en París, para iniciar la Teología.

En 1636 recibe la ordenación sacerdotal y el ansiado destino a la misión del Canadá.

Issac dice la primera Misa, el 16 de febrero de 1636, en Orléans, junto a su madre y hermanos.

En Rouen, bajo la dirección nuevamente del P. Luis Lalement, Instructor de Tercera Probación, hace el mes de Ejercicios espirituales. Terminada esta Tercera Probación resumida, corre al puerto de Dieppe para embarcarse.

El viaje a América
El 8 de abril de 1636 salen los ocho veleros desde la pequeña ciudad de Dieppe.

Isaac Jogues tiene el privilegio de poder celebrar la Misa a bordo. En las fiestas de la Ascensión, Pentecostés y de la Trinidad, las 80 personas de su barco se confiesan y reciben la comunión.

El 2 de junio llegan a Miscou, en Nueva Francia. Allí, Isaac puede ver por vez primera a los nativos del Canadá, los algonquinos.

A fines de junio está en Tadoussac, bien entrado el río San Lorenzo. Y el 2 de julio llega a Quebec, ciento ochenta kilómetros más adentro, y entona, en la residencia de Nuestra Señora de los Angeles el Te Deum de acción de gracias.

Hacia la misión de los hurones
Impaciente por llegar a los hurones, el 21 de julio viaja a Trois Rivières, a la Residencia jesuita de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.

El 24 de agosto de 1636 navega en las canoas huronas hacia la Misión. Son siete semanas de viaje, a través de las islas algonquinas y el río Ottawa. Después cruza el lago Nipissing y el río Francés, con sus rápidos. Por último, navega en el lago Hurón.

El 11 de septiembre de 1636 Isaac llega a Ihonatiria donde es abrazado por el Padre Juan de Brébeuf, su nuevo superior, y por sus compañeros Francisco José Le Mercier, Carlos Garnier y Pedro Chastellain. Isaac Jogues se siente profundamente consolado.

"La casa no es el Louvre, ni un palacio", le dice Brébeuf. Se asemeja en todo a las construcciones huronas, una puerta en cada extremo, sin ventanas, y una hendidura en el techo para hacer salir el humo. En el centro, el fuego y el sitio para conversar. Alrededor, los aposentos, la pequeña capilla y las piezas de guardar.

El misionero y las epidemias
Isaac tiene 29 años de edad. Los hurones lo llaman inmediatamente Ondessonk. Alrededor de Ihonatiria viven 30.000 hurones.

Hacia el oeste están los indios petuns, los neutrales y los eries. Hacia el sur habitan las cinco naciones iroquesas.

Isaac, bajo la guía y tutela de Juan de Brébeuf, pronto empieza a recorrer los alrededores y a establecer amistad con los hurones.

Pero a los pocos días Isaac cae enfermo, aquejado de una fuerte gripe. Muy rápidamente todos los misioneros están enfermos, excepto el Padre Juan de Brébeuf.

Son tres semanas de angustia. El superior debe cuidar a sus súbditos, sin medicinas. La epidemia de fiebre se extiende también a los poblados vecinos. Hay muchos muertos. Los hurones empiezan a ser enemigos jurados. Para éstos, los "sotanas negras", poderosos hechiceros, son los causantes de la enfermedad.

A pesar del peligro de sus vidas, Juan de Brébeuf y los compañeros se dan de lleno al cuidado de los hurones. Isaac Jogues, apenas se recupera, corre en ayuda de su Superior.

Los primeros frutos y adelantos
El 17 de noviembre, con Juan de Brébeuf, viaja a la aldea de Ossossané, a 30 kilómetros de distancia. Bautizan a los niños y a los ancianos moribundos.

Al regresar a Ihonatiria, son acusados por los jefes indios de ser los causantes de la epidemia. Al aumentar la fiebre, la vida de los misioneros está en peligro. Al decaer, la paz parece adivinarse.

Isaac, bajo la tutela de Juan de Brébeuf, se entrega al aprendizaje de la lengua. No hay en ella palabras abstractas, sí infinidad de declinaciones y variedad de conjugaciones. Durante dos años Isaac Jogues vive entre la vida y la muerte, pues la epidemia aparece con gran virulencia en los dos veranos siguientes. Una tras otra se suceden las reuniones de los jefes hurones. En cada una hay jefes que condenan a muerte y otros que abogan por la vida.

En 1638, los misioneros bautizan, por primera vez, a un hurón adulto. Es el jefe Chihwatenhwa, quien recibe el nombre de José, en honor al patrono de la Misión hurona. Poco después lo siguen su esposa y los dos hijos. Para Isaac, este avance de la fe es la mayor de las alegrías.

En junio de 1638, los misioneros abandonan la Misión de Ihonatiria, pues ya casi no quedan hurones en los alrededores. Muchos han muerto y los otros han huido.

Isaac se traslada a Teanaustayé, siempre en compañía de Juan de Brébeuf. Allí la plaga es endémica. Además, la guerra entre iroqueses y hurones no parece tener descanso. El trabajo de los misioneros se multiplica.

Cambios en la Misión
En septiembre de 1638 el P. Jerónimo Lalement es nombrado Superior. Reemplaza en el cargo a Juan de Brébeuf.

En marzo del año siguiente, el nuevo Superior decide concentrar a todos los misioneros en una Casa central, en la Misión de Santa María. Desde allí los jesuitas podrán visitar, por largas temporadas, las aldeas de los hurones. Isaac y Juan de Brébeuf continúan con la atención de Teanaustayé.

Poco después, al regreso de los hurones de sus comercios en el fuerte francés de Trois Rivières, en toda la Misión hurona se declara la terrible peste de la viruela. Son muchos los muertos y, por supuesto, los misioneros son declarados, nuevamente, culpables.

En la Misión de los petuns
En 1640, Isaac es designado con el P. Carlos Garnier a la difícil misión de los petuns, en el lejano oeste.

Caminan a pie a través del bosque y la nieve. Pero, en los poblados petuns también se ensaña la peste. En un comienzo el cuidado de los enfermos gana el corazón de los jefes. Pero después, al aumentar la epidemia, la amabilidad se transforma en peligro de vida.

Rechazados, deben recorrer, una tras otra, las diversas aldeas, durmiendo en los bosques. Los dos misioneros pasan hambre. Son tres meses, hasta que pueden regresar a Santa María.

La Misión de Santa María
Después de los Ejercicios espirituales anuales, en septiembre de 1640, Isaac es destinado para la evangelización de las aldeas huronas aledañas a Santa María.

Incansable, ejerce el ministerio en los diversos poblados: Santa Ana, San Dionisio, San Luis y San Juan. Tienen un total de 1.400 familias. Y poco a poco, esos hurones van aceptando la fe de los misioneros.

La Misión de los grandes Saltos
Cuando recrudece la guerra entre hurones e iroqueses, el P. Jerónimo Lalement encarga a Isaac Jogues la tarea de fortificar, con la ayuda de los donados, la Misión de Santa María.

Terminados estos trabajos, es destinado a organizar las futuras misiones entre los indios situados más al oeste de los Grandes Lagos.

Con el P. Carlos Raymbault, quien domina la lengua algonquina, Isaac remonta el lago Hurón hacia los rápidos, o Saltos de Santa María. Navegan más de 500 kilómetros, dejando atrás al país de los hurones.

Isaac Jogues es el primer europeo que pone pie en las orillas del Lago Superior. El y su compañero son bien recibidos por los indígenas. En lengua hurona y algonquina predican la fe. También establecen contacto con los indios sioux. Es un viaje misional de cuatro meses.

La cosecha abundante
En octubre de 1641 Isaac está de regreso en Santa María. Retoma su trabajo, recorriendo siempre las aldeas huronas.

Ese invierno es muy provechoso. No hay epidemias y los hurones se han vuelto amigables. Un buen número está aceptando ya la fe predicada por Ondessonk.

Por fin, la iglesia parece firmemente establecida en Ossossané y Teanaustayé.

Isaac, en consolación, ante el Sagrario de Santa María hace, una vez más, su oblación: "Señor, dame a beber abundantemente el cáliz de tu Pasión".

Una voz interior le responde: "Tu súplica la he escuchado. Ten valor, fortalece el corazón".

Isaac no tiene dudas. Dios le ha hablado. El se ha ofrecido en oblación, y el Señor lo acepta.

En Trois Rivières y Quebec
El 13 de junio de 1642, Isaac viaja a Trois Rivières con cuatro canoas de hurones cristianos. Reman a través de zonas infestadas por iroqueses. Es necesario trasladar al P. Carlos Raymbault, ya tuberculoso, y llevar informes al Superior de Nueva Francia. Además, es urgente tratar de conseguir herramientas y alimentos.

El 17 de julio llegan salvos, pero muy cansados. De inmediato, Isaac toma las providencias respecto a las necesidades materiales de la Misión y a los pocos días se dirige a Quebec.

En Quebec tiene una larga conversación con el P. Bartolomé Vimont, el Superior del Canadá. Le entrega los informes del P. Jerónimo Lalement y encarecidamente solicita el envío de misioneros hacia los pueblos hurones.

Con San René Goupil hacia los hurones
El P. Vimont le ofrece, como refuerzo, el destino de un hábil cirujano, el donado René Goupil. Este ha desempeñado, con gran santidad de vida, su profesión en Quebec y en el hospital de Sillary, para los algonquinos. Pero el Superior desea que el mismo René Goupil haga su propio discernimiento respecto a esta nueva misión.

Con los PP. Bartolomé Vimont y Juan de Brébeuf viaja a Sillery. En esa Misión algonquina conoce a René Goupil quien de inmediato acepta el destino de asociarse a Isaac.

El 28 de julio de 1642 sale de Quebec. En su compañía lleva a René Goupil, radiante. También, a Teresa, la hija de José Chihwatenhwa, de trece años, educada por las Ursulinas y a otro joven hurón que ha vivido todo un año con los Padres.

El 30 de julio llegan a Trois Rivières. Allí celebran la fiesta de San Ignacio. Se confiesan y parten el 1 de agosto, en la madrugada, después de la misa. Según los informes, el río parece estar libre de iroqueses.



Prisioneros
Viajan en trece canoas. El primer día, navegan alertas a través del lago San Pedro. Al día siguiente, en plenas islas del lago, encuentran huellas iroquesas.

Muy pronto son sorprendidos. La batalla es dura. Los iroqueses mohawks tienen mosquetes, entregados por los holandeses, y los hurones solamente flechas.

Algunas canoas pueden escapar hasta las orillas del bosque, entre ellas la de Isaac Jogues. Él es fuerte, corre bien, y nada mejor. Pero René Goupil y un grupo de hurones caen en poder de los iroqueses.

Entonces, Isaac retrocede y grita a los que custodian a René: "Vengan, no tengan miedo. Llévenme también prisionero". Lo toman, lo golpean, desgarran sus ropas. Cuando lo van a atar, les dice: "No, no me aten. Yo los seguiré a donde vayan. No voy a abandonar a mis compañeros".

Libre, corre hacia René. "Mi querido hermano, Dios nos ha tratado en forma incomprensible. Pero Él es Maestro y Señor. Que se haga lo que es bueno a sus ojos. Que se haga lo que sea de su agrado. Su Nombre sea siempre bendito".

René, golpeado y fuertemente atado, le contesta: "Padre mío, bendito sea el nombre del Señor. Dios lo permite. Él lo quiere. Que se haga su Voluntad. Yo quiero esto. Yo amo esto. Yo abrazo esto, con todas las fuerzas de mi corazón".

Isaac consuela a los cinco hurones cristianos, con toda el alma. Para Teresa Chihwatenhwa tiene palabras de verdadero padre.

Conmovido, insta a los hurones no cristianos, una vez, más a recibir la fe. Ellos aceptan y de inmediato los bautiza con agua del río.

Poco después el donado Guillermo Coûture, quien se ha puesto a salvo, regresa para entregarse a los iroqueses. No quiere abandonar a sus compañeros, ni perder la posible gracia del martirio. Isaac lo abraza y besa, lleno de ternura.

Las primeras torturas iroquesas
Casi inmediatamente después, los iroqueses empiezan a torturar a Isaac, a René Goupil y a Coûture. Los golpean con palos y mosquetes, en la cabeza y en los hombros, hasta hacerlos sangrar.

Algunos beben la sangre. Después los arañan fuertemente y les arrancan, con los dientes, algunas uñas. Casi todos chupan, ávidamente, la sangre de los dedos mutilados.

Después, con 23 prisioneros, en veinte canoas, se embarcan los iroqueses a su nación.

Cuando llegan a terreno iroqués, al sexto día, nuevamente empiezan a torturarlos.

Primero, deben sufrir los golpes de bienvenida, pasando través de las dos hileras de guerreros. Isaac se desmaya por los golpes recibidos.

Después comienzan a cortar, a él, a René y a Guillermo, los dedos de las manos y con fuego cauterizan las heridas.

Un diálogo entre mártires
En un momento, Isaac Jogues, transido de dolor, no puede contener las lágrimas. Los iroqueses, al verlo llorar, lo llenan de improperios, llamándolo cobarde.

Un hurón grita: "Las lágrimas de Ossessonk no son de cobardía. Son lágrimas de valor y de amor hacia todos nosotros. Él llora por mí".

Isaac lo oye, y entonces también grita: "Es verdad, Eustacio, yo sufro por los hurones. Mírame, cubierto de sangre y heridas. Esto no me preocupa. Uds. son mi angustia. Tengan valor".

Eustacio contesta: "Trato de hacerlo. Yo recuerdo tus enseñanzas. Estoy firme hasta la muerte".

Un mohawk corre hacia Isaac. Lleno de furia, saca el cuchillo y con la otra mano sujeta la nariz para cortarla. Esa es la sentencia de muerte. Según la ley iroquesa, un nariz cortado debe morir, inmediatamente. Isaac no mueve un músculo. Para los iroqueses, eso sería cobardía.

Desde lo más hondo del corazón dice: "Señor, toma no sólo mi nariz, sino también mi cabeza". El mohawk guarda el cuchillo. Después lo empieza a pinchar para que manifieste terror. No lo consigue.

Isaac, más tarde, escribe: "Pasé el resto de la noche con profundos sentimientos de dolor y pena".

Al despertar ve a su lado, inconsciente y lleno de sangre, a René Goupil.

Tierra adentro
Al décimo día, llegan al extremo del lago Champlain. Dos veces, al disminuir la guardia, Isaac pide a sus compañeros que traten de huir. La respuesta de René Goupil es clara: "Padre mío, yo moriré con Ud. Jamás voy a abandonarlo". Por lo demás, ninguno de los dos quiere dejar a los hurones.

Al duodécimo día llegan a Ossernenon, la primera aldea de los mohawks. Y de nuevo las torturas. Es muy dura esta vez la doble hilera de bienvenida, con palos, mosquetes y piedras. A los iroqueses de Ossernenon, se juntan los vecinos de Andagaron y Tionontoguen.

Primero va Coûture, después la mitad de los hurones. En el medio camina René, a continuación la otra mitad hurona. El último de todos es Ondessonk. A Isaac le arrancan las dos uñas que le quedan en sus dedos mutilados.

A una mujer algonquina, Juana, también cautiva, la obligan a cortar el dedo pulgar izquierdo de Isaac. Con horror lo hace, porque es cristiana.

Isaac después escribe: "Cuando la pobre mujer arrojó mi pulgar sobre el tablado, yo lo levanté con mi mano derecha y lo ofrecí a Ti, mi Dios vivo y verdadero, uniéndome al sacrificio de la Misa, celebrada por mí en los siete años de sacerdocio". De inmediato oí los gritos desesperados de Guillermo Coûture: Tira tu pulgar lejos. Tíralo. Te van a obligar a comerlo. Y lo arrojé muy lejos".

Después llega el turno a los niños iroqueses. Ellos golpean con piedras el cuerpo semidesnudo de Isaac. Bailan y gritan.

Atado Isaac permanece todo el día, expuesto a hormigas y mosquitos. El día 15 de agosto cesan las torturas.

En las otras aldeas iroquesas
De Ossernenon los prisioneros son llevados a Andagaron, para ser exhibidos, completamente desnudos. Para Isaac el estar desnudo es extraordinariamente doloroso.

De nuevo, las hileras paralelas. En Andagaron cortan los dedos a Guillermo Coûture y también a algunos hurones.

En la aldea de Tionontoguen Isaac es colgado, por horas, desde los hombros. Él cree que lo van a quemar, porque así comienza siempre el rito de la hoguera.

En esa aldea bautiza a dos de los cuatro hurones que han caído en poder de los iroqueses. Al regresar a Andagaron, en el camino, bautiza a los otros dos.

En la tarde, le comunican la sentencia del consejo de los jefes o sachems: al día siguiente morirá quemado por el fuego.

Pero al final del día, la sentencia es cambiada: Los tres franceses pasarán a ser esclavos de los jefes, los hurones principales deberán morir, y los demás serán adoptados o vivirán como esclavos.

Un momento después, Isaac contempla, en oración, el martirio de los hurones.

Los holandeses de Nueva Holanda
A la semana siguiente, los mohwaks viajan al Fuerte Rensselaerswyck y narran a sus aliados holandeses la captura de los enemigos franceses. No pueden entender que el jefe Arendt Van Corlaer no esté de acuerdo con la muerte de los prisioneros.

Informado el Director General de Nueva Holanda, en New Amsterdam (hoy, la ciudad de New York), ordena a Van Corlaer que trate de obtener el rescate, pero sin perder la alianza con los iroqueses.

Van Corlaer viaja a Ossernenon, el 5 de septiembre de 1642. Habla largo con Isaac. Renueva la alianza entre mohawks y holandeses y ofrece comprar a los franceses.

Los sachems aceptan las palabras de paz de Van Corlaer, pero rehusan entregar a Ondessonk, a René y a Coûture. Solamente prometen dejarlos con vida.



El martirio de san René Goupil
Los mohawks otorgan a los prisioneros una relativa libertad para moverse dentro de la aldea.

Isaac y René empiezan entonces a recorrer las 40 cabañas de Ossernenon. A veces llegan hasta el valle.

El 29 de septiembre de 1642, Isaac impotente y horrorizado, presencia la muerte de san René Goupil.

Un mohawk, furioso porque René ha hecho la señal de la cruz en la frente de su hijo, descarga con todas sus fuerzas, sobre la cabeza del jesuita, el tomahawk, o hacha de guerra.

Esclavo de los iroqueses
Hasta enero de 1643 los mohawks utilizan a Isaac como esclavo. Debe cargar los fardos de los que salen a cazar a las montañas. Siempre el odio y el peligro lo rodean.

Isaac empieza a estudiar la lengua iroquesa y, poco a poco, se da a entender. Paulatinamente goza de alguna mayor libertad, la cual aprovecha para visitar a los prisioneros hurones y algonquinos. Reza con ellos y los confiesa.

En abril de 1643, llega a la aldea de Ossernenon una embajada de la nación de los sokokis. Ellos son aliados de los mohawks y, al mismo tiempo, están en paz con los franceses. Traen un mensaje en que se ruega den libertad a Ondessonk y a Coûture. Pero regresan, con sólo evasivas.



En el fuerte de Rensselaerswyck
A mediados de mayo, por fin, Isaac puede viajar, con los mohawks, al fuerte holandés de Rensselaerswyck, a sesenta kilómetros de Ossernenon. El y Coûture son extraordinariamente bien recibidos, pero permanecen muy custodiados por los mohawks.

Los holandeses regalan a Isaac un breviario, papel de escribir, pluma y tinta. Algún algonquín o hurón cuando venga al fuerte holandés, con los mohawks, puede traer la carta y ellos la harán llegar a los franceses.



Las cartas de Isaac Jogues
En Ossernenon, Isaac Jogues escribe tres cartas. Las entrega a los mohawks que se dirigen a las cercanías de Trois Rivières.

La cuarta carta de Isaac llega a Trois Rivières el 30 de junio de 1643. Viene escrita en latín, francés y hurón. Juan de Brébeuf la descifra:

"Esta es la cuarta carta que escribo desde que estoy con los iroqueses. Los holandeses han tratado de rescatarnos, pero ha sido en vano. Estoy resuelto a seguir aquí hasta que Dios lo quiera. No pienso huir aunque se me presente la ocasión de hacerlo".

Un discernimiento heroico
En julio de 1643, Isaac es obligado por los mohawks a acompañarlos en sus correrías de caza y en las visitas a los pueblos vecinos subyugados.

Nuevamente hay una oportunidad para escapar. Pero su discernimiento es claro:

"¿Quién va a atender a los cristianos cautivos?. ¿Quién los va a confesar?. ¿Quién va a bautizar a los enfermos y a los niños?. ¿Quién va a predicar la verdadera doctrina?. Desde que estoy en prisión, he bautizado a más de 70 personas, de varias naciones".



En el fuerte de Orange
En agosto, Isaac acompaña a los iroqueses hasta el Fuerte de Orange en territorio holandés. Arendt Van Corlaer es extraordinariamente amable con Isaac Jogues, a pesar de ser enemigo declarado de los franceses, de los católicos y de los jesuitas. Nuevamente hace tentativas para liberar a Isaac, pero no tiene éxito.

Allí, en Nueva Holanda, Isaac puede escribir una extensa carta, de 30 páginas, al provincial de Francia, entregando en ella la narración de todas las situaciones de su prisión.

Arendt Van Corlaer le propone huir en un barco que saldrá pronto de Rensselaerwyck y lo urge con mucha vehemencia. Isaac pide un tiempo para discernir.



El discernimiento liberador
Ora mucho, sopesa los pro y los contra. Los hurones cristianos han escapado. Guillermo Coûture ha sido adoptado por los iroqueses y no tiene en la actualidad peligro alguno.

Isaac conoce el idioma iroqués. Tal vez, algún día, eso puede ser de utilidad para la evangelización. Ha cumplido un año viviendo con los iroqueses. El no tiene miedo a morir. Pero, al fin, decide aceptar la ayuda de Van Corlaer.

Una huida peligrosa
En el primer intento, Isaac es mordido por los perros de los iroqueses. En un segundo intento, llega al barco.

Al amanecer los iroqueses se dan cuenta de la huida de Ondessonk. Se enfurecen y amenazan de muerte a sus aliados.

Van Corlaer retrocede. No quiere perder el comercio con los iroqueses. Es necesario devolver al francés. Isaac acepta. Tampoco él quiere ser ocasión de discordia para salvar su vida.

Sin embargo, el capitán del barco se opone tenazmente. Es su derecho e Isaac es su huésped. Por fin, el capitán se aviene a que Isaac sea llevado a la casa del comandante holandés.

Allí permanece doce días. Las heridas ocasionadas por los perros hacen pensar en la necesidad de amputar la pierna. La gangrena ya está a la vista. Pero empieza a reponerse.

Vive un mes y medio oculto en una buhardilla de un comerciante holandés. Los iroqueses merodean, día y noche, buscando, incansables.

En New York
Por fin, en octubre, es llevado a New Amsterdam, junto al río Harlem y a la isla de Manhattam. Son otros seis días de viaje por el río Hudson.

Los holandeses de New Amsterdam lo reciben con cariño y con gran admiración. Todos conocen su historia. Isaac se convierte en el huésped de honor. Le dan buenas ropas y más de algún banquete.

En esos días Isaac puede admirar la ciudad de New Amsterdam y recorrer toda la población. La mayoría de los habitantes son calvinistas, pero también encuentra luteranos, anabaptistas y algunos católicos. Un irlandés le cuenta que, en Virginia, hay jesuitas ingleses y una colonia católica de casi doce mil personas. También se informa del resto de las colonias de Nueva Inglaterra.

Rumbo a Europa
El 5 de noviembre de 1643, sale de New Amsterdam, en un pequeño velero, rumbo a Francia. Las tormentas obligan al barco a recalar en Inglaterra, en Falmouth, a mediados de diciembre. Como la persecución inglesa contra los católicos es fuerte, los holandeses lo mantienen a Isaac, oculto en las bodegas.

En la vigilia de Navidad, Isaac sale para Francia. En la navegación, toda la noche está en oración. Para él es una gracia muy grande llegar a la patria en Navidad, poder oír misa después de diecisiete meses, confesarse, estar libre de iroqueses, calvinistas y anglicanos.

En la mañana, muy temprano, el barco lo deja en un pequeño bote junto a Brest, y sigue su marcha. Isaac, solo y llorando, se dirige a la iglesia de los franciscanos a dar gracias.

Un comerciante, que viaja a Rennes, le ofrece un caballo para viajar con él hasta el Colegio de los jesuitas.



Un recibimiento cariñoso
A las 5 y media de la mañana del día 5 de enero de 1644 golpea la puerta del Colegio. Los Padres no lo conocen. Él dice traer noticias del Canadá.

De inmediato el P. Rector lo recibe y le hace interminables preguntas:

¿Conoce Ud. al P. Bartolomé Vimont?

Sí, por supuesto.

¿Al P. Juan de Brebeuf?

Sí, he vivido con él.
¿Conoce Ud. al P. Isaac Jogues?

Sí, y muy bien.
¿Sabe Ud. si los iroqueses le han dado muerte?

No, Padre. Él está en libertad.
Llorando Isaac agrega: Padre, Ud. está hablando con él.

Atónito, el P. Rector se pone de rodillas y besa sus manos tan heridas. Después, lleno de alegría, lo estrecha en sus brazos y le besa la cara.

Con voz fuerte, el P. Rector llama a la comunidad. La alegría es inmensa. Todos juntos van a la capilla a dar gracias y a oír la santa misa.

Toda Francia lo recibe
Por los relatos de los jesuitas desde sus Misiones del Canadá, toda Francia conoce la prisión y las torturas que ha sufrido Isaac.
Los siguientes días son todos de gloria. Visitas, cartas. Todos desean ver sus manos, las cicatrices de los brazos, de las piernas y la cara. Él quiere ocultarse, pero no puede. Lo dice varias veces: su lugar es Canadá y desea volver allí lo antes posible.

El 14 de enero debe salir hacia París para encontrarse con el P. Provincial.

En su viaje, en Orléans, se detiene dos días para estar con su madre. Ella y sus hermanos lo veneran como a un mártir ya canonizado.

París lo recibe en triunfo. Por obediencia, es obligado a contar sus sufrimientos, a visitar a los estudiantes del Colegio de Clermont y a recibir a mucha gente.



Con los reyes de Francia
La Reina Madre Ana de Austria, regente del trono, lo manda llamar a su presencia. Ella quiere, personalmente, venerar sus heridas. Isaac pretende rehusar, pero los Superiores lo obligan a presentarse en Versalles.

En el Palais Royal es recibido por la Reina regente, por el pequeño Luis XIV, los príncipes, el Cardenal Mazarino y toda la corte. Todos quieren escuchar, de sus labios, la narración de la prisión y de los diversos sufrimientos.

La Reina y el Rey toman entre las suyas las manos mutiladas de Isaac Jogues y lloran. Isaac queda profundamente confundido y ruega encarecidamente a los Superiores ser liberado de todo eso.

Con lágrimas, Isaac pide volver a Nueva Francia. Al fin lo obtiene.



Una dispensa pontificia
El P. Mucio Vitelleschi, General de la Compañía de Jesús, a ruegos de los jesuitas franceses, de la Reina y el Rey de Francia, logra del Sumo Pontífice la dispensa necesaria para que Isaac Jogues pueda en adelante celebrar la Misa. Sus manos mutiladas son un impedimento canónico.

El Papa Urbano VIII dice: "Sería indecoroso que un mártir de Cristo no pueda beber su Sangre. Sus manos mutiladas no pueden ser una carga para él".

En marzo de 1644 celebra su propia Misa, después de veinte meses sin hacerlo. Es de nuevo una Primera Misa.



De nuevo al Canadá
En abril de 1644, tiene todo listo para partir nuevamente a Nueva Francia.

En su viaje a La Rochelle, se detiene en Orléans para despedirse de su madre. Tiene el consuelo de celebrar la Santa Misa y darle la Comunión, con sus manos de mártir. Ella sabe que no lo verá más en esta vida. Pero está contenta. Su querido hijo es un mártir de Cristo. El Papa lo ha dicho. La Reina y el Rey lo han dicho. Toda Francia y el mundo cristiano también lo han dicho. El barco velero sale a comienzos de mayo. La navegación, esta vez, es dura. Todos llegan a temer lo peor. El único en paz es Isaac. La tempestad rompe los mástiles. Isaac, con gran paz, confiesa a los marineros aterrorizados y apacigua todos los ánimos.



En Canadá
En junio de 1644, llega el velero al río San Lorenzo. Primero Tadoussac, después Quebec. Muy feliz, Isaac abraza a los verdaderamente suyos.

Los jesuitas de Quebec, que no salen de su asombro, le dan mil noticias, de los hurones y también de los iroqueses. Se habla mucho de la epidemia y de la guerra.

Isaac es destinado, provisoriamente, a la nueva misión de Villa María de Montreal. Allí conoce la liberación otorgada por los iroqueses al P. Francisco José Bressani, cautivado el año anterior.

Este gesto de los iroqueses es interpretado como una señal de querer la paz con los hurones. De inmediato, las autoridades trabajan en esta línea.

Tentativas de paz con los iroqueses
En 12 de julio de 1645, en Trois Rivières, se tiene el primer concilio con los iroqueses. Los intérpretes son Isaac Jogues, para los franceses, y Guillermo Coûture, para los iroqueses. Los algonquinos y los hurones también toman parte.

La pipa de la paz pasa entre todos. Hay intercambio de regalos. Las embajadas se retiran el 16 de julio, y prometen reunirse en el próximo septiembre. Isaac se ofrece para volver con los iroqueses, pero su Superior no lo permite.

El 18 de septiembre se tiene el gran concilio. Son 400 algonquinos, 300 hurones y 20 iroqueses. Los oradores iroqueses prometen liberar a los hurones cautivos si se envían embajadas a buscarlos. Todos prometen la paz.

Isaac observa, sin embargo, que el orador iroqués ha hablado solamente en representación de los mohawks y que nada ha dicho de las otras cuatro naciones iroquesas. Además él sabe bien que entre los mohawks hay grandes diferencias. El 25 de septiembre termina el gran concilio.

Una invitación increíble
En febrero de 1646, Isaac Jogues recibe en Montreal una embajada iroquesa en la cual viene su antiguo amigo Guillermo Coûture. La embajada suplica a Isaac Jogues que vuelva a Ossernenon.

Isaac habla largamente con su amigo Guillermo Coûture y lo ayuda en su discernimiento. Si desea adoptar la vida de los iroqueses, es necesario pedir las dispensas de sus votos de donado en la Compañía de Jesús. Para obtener esas dispensas lo acompaña a Quebec.



El ofrecimiento más heroico
En abril de 1646, Isaac hace los Ejercicios espirituales anuales. En ellos decide ofrecerse a los Superiores para la Misión entre los iroqueses.

Terminados los Ejercicios, recibe una carta del Superior de la Misión de Nueva Francia invitándolo para iniciar la nueva misión en la nación de los mohawks. Isaac de inmediato contesta:

"Querido Padre, mi naturaleza recuerda todo lo que pasó. Verdaderamente tiemblo. Pero el Señor me tranquiliza. Sí, Padre, yo deseo todo lo que el Señor quiere. Yo le agradezco el que Ud. me envíe".

En tierra de iroqueses
El 7 de mayo de 1646, se inaugura el tercer concilio. En él se acuerda la paz y los mohawks aceptan recibir, en tierra iroquesa, a Isaac Jogues y al ingeniero y geógrafo francés, Juan Bourdon, como embajadores. También, a la embajada algonquina y a la de los hurones.

Después de la fiesta de Pentecostés, salen desde el Fuerte Richelieu hacia el sur, en canoas iroquesas. Son 150 kilómetros a través del río Richelieu hasta el lago Champlain.

Todo le recuerda a Isaac su cautiverio y sus terribles torturas. Y, sin embargo, avanza alegre hacia el sur.

En la fiesta del Corpus Christi, el 30 de mayo, Isaac bautiza al nuevo lago que cruza con el nombre de Lago del Santo Sacramento.

En Ossaragué encuentra a Teresa Chihwatenhwa convertida en la mujer de un mohawk. Ella no está a gusto. Isaac la consuela y la confiesa.

El 4 de junio llega al fuerte de Rensselaerswyck sin encontrar allí a sus amigos holandeses que con caridad le han ayudado.

Dos días después llega a Ossernenon. El recibimiento es muy distinto al de hace algunos años. Los mohawks lo reciben, entre sorprendidos y alegres, como a un gran embajador.

El 10 de junio, se tiene el concilio de la paz en Tionontoguen. Isaac, en lengua mohawk, representa a los franceses y a los algonquinos. Los mohawks contestan al día siguiente exigiendo ser ellos los únicos intermediarios para obtener la paz con los otros iroqueses.

Por fin la paz se establece con los mohawks, pero no así con las otras naciones de los iroqueses.

Isaac Jogues, Juan Bourdon y los algonquinos están de regreso en Trois Rivières el 29 de junio. Tres días después llegan a Quebec.



El misionero insistente
Ante las instancias de Isaac para volver a los iroqueses, el P. Bartolomé Vimont, Superior de la Misión, decide tener una consulta con los PP. Pablo Le Jeune y Jerónimo Lalement, los anteriores Superiores.

Ante ellos Isaac, el 8 de julio, expone los argumentos para regresar a tierra iroquesa. La decisión de los consultores es dejar a Isaac en Montreal y esperar una mejor ocasión para la misión iroquesa. Isaac acepta, por supuesto; pero de inmediato empieza a rezar para que esa mejor ocasión se presente pronto.

Esta llega en el mes de agosto. Los hurones se reunirán en Trois Rivières y si deciden enviar una embajada ante los mohawks, ellos quieren a Isaac como a jefe y consejero. En una carta escrita a Francia Isaac Jogues pone esta frase:

"Pasado el invierno regresaré y, si no muero allí, no volveré hasta junio del próximo año. Solamente mi propia cobardía y debilidad corporal son las que ponen obstáculos a los designios de Dios respecto a esa nación. Ruegue por mí para que Él haga lo que quiera y yo pueda ser un hombre conforme a su Corazón. Él puede ensanchar el mío que es muy estrecho por las experiencias pasadas. Yo me entrego amorosamente en los brazos de su divina y paternal Providencia. Estaré allá sin la libertad de poder rezar abiertamente, sin Misa y sin sacramentos. Mi confianza está en el Señor. Mi corazón dice, iré y no regresaré. En verdad, eso es bueno para mí, si Dios quiere mi sacrificio".



A la misión iroquesa
En el mes de septiembre de 1646, Isaac recibe la esperada misión de los Superiores. Irá a la nación mohawk de los iroqueses, con los embajadores hurones, y podrá quedarse allí con el propósito de establecer una misión cristiana. Como compañero le es señalado un joven donado, el francés Juan de La Lande.

El lunes 24 de septiembre, en Trois Rivières, Isaac dice su misa de despedida. Una hora después se embarca con su compañero, en las canoas huronas, rumbo a la tierra de los mohawks.

Los hurones, a la altura del abandonado Fuerte Richelieu, deciden posponer la embajada hasta el año siguiente. Solamente el jefe hurón Otrihouré mantiene la palabra empeñada.

Los tres, en una sola canoa cruzan los rápidos del río y, el 1 de octubre, llegan al lago Champlain. En la segunda semana de octubre, cruzan las cascadas hacia el Lago del Santo Sacramento. En ningún sitio ven a los grupos de mohawks que esperan encontrar.

El 14 de octubre, llegan a las cercanías de Ossernenon, exhaustos y con hambre. Los mohawks no los reciben amigablemente. Los amenazan, los empujan y los echan por tierra. Les desgarran la ropa. Con duras palabras, los iroqueses dicen que no quieren la paz. Todos gritan, con odio.

Isaac Jogues no puede comprender. ¿Por qué ese cambio?. ¿Qué ha pasado?.

Por los hurones cautivos, sabe parte de la verdad. La epidemia de gripe ha diezmado a los mohawks, después de su partida. Las cosechas se han arruinado por las tormentas. Y la culpa ha sido asignada a Ondessonk, sin contemplaciones. Hubo un concilio entre las naciones iroquesas y la paz aceptada en Trois Rivières ha sido repudiada.

Isaac escucha y comprende. No quedan dudas. De nuevo hay guerra y ellos son los prisioneros. Serán condenados a muerte.

El martirio
Esa noche hay nuevamente un concilio entre los mohawks. El clan de los lobos vota por la vida. El clan de los osos está por la muerte.

En la tarde del 18 de octubre de 1646 Ondessonk es convidado a comer a una cabaña del clan de los osos. Los lobos temen y algunos lo acompañan.

Al entrar a la cabaña un guerrero oso descarga sobre la cabeza de Isaac el tomahawk o hacha de combate. Cae muerto enseguida.

Después le arrancan el cuero cabelludo, cercenan la cabeza y la exponen en la empalizada.

La glorificación
San Isaac Jogues es canonizado el 26 de junio de 1930, conjuntamente con san René Goupil y san Juan de La Lande. Son los primeros santos jesuitas de los Estados Unidos de Norte América.

También en la misma ceremonia son canonizados los jesuitas Juan de Brébeuf, Antonio Daniel, Gabriel Lalement, Carlos Garnier y Natal Chabanel, los primeros santos del Canadá.
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