Santuario de Fatima

Santuario de Fatima

Palabras de Cristo a su esposa sobre cómo tiene que haber humildad en la casa de Dios; sobre cómo dicha casa denota la vida religiosa; sobre cómo los edificios, las limosnas y demás deben ser donados por los bienes rectamente adquiridos y sobre cómo hacer la restitución.
Santuario de Fatima

Palabras de Cristo a su esposa sobre cómo tiene que haber humildad en la casa de Dios; sobre cómo dicha casa denota la vida religiosa; sobre cómo los edificios, las limosnas y demás deben ser donados por los bienes rectamente adquiridos y sobre cómo hacer la restitución.

Libro 1 - Capítulo 18
Santa Brigida de Suecia: Revelaciones de Santa Brigida


En mi casa tiene que haber tanta humildad como esa que ahora sólo recibe desprecio. Tiene que haber una fuerte pared divisoria entre los hombres y las mujeres, porque aunque Yo soy capaz de defender a cada uno y de apoyarlo, sin necesidad de pared, por precaución, y debido al merodeo del demonio, quiero un muro que separe las dos residencias. Tiene que ser una pared fuerte, pero modesta y no demasiado alta. Las ventanas tienen que ser muy sencillas y transparentes, el tejado moderadamente alto, de forma que no se vea allí nada que no indique humildad.

Los hombres que, hoy día, edifican casas para mí son como constructores magistrales que llevan por los pelos al Señor de la casa y, cuando entra, le pisotean los pies. Elevan el barro muy alto y colocan el oro por debajo. Eso es lo que hacen conmigo. Construyen barro, o sea, acumulan bienes temporales y perecederos hasta el Cielo mientras que descuidan a las almas, que para mí son más preciadas que el oro. Cuando intento ir hacia ellos a través de mis prédicas o mediante buenos pensamientos, me agarran por los pelos y me pisotean, o sea, me atacan con blasfemias y consideran mis trabajos y palabras tan despreciables como el barro. Se creen así mucho más sabios.

Si quisieran construir algo para mí y para mi gloria, lo primero que harían sería construir sus propias almas. Quien construya mi casa ha de tener máximo cuidado de no dejar que entre un solo céntimo que no haya sido recta y justamente adquirido para destinarlo al edificio. Hay muchas personas que saben que poseen bienes conseguidos ilícitamente y no se apenan por ello, ni tienen intención de restituir y satisfacer sus robos y estafas, pese a que podrían hacerlo si quisieran. Sin embargo, como saben que no pueden mantener estas cosas para siempre, le dan una parte de sus bienes mal adquiridos a las Iglesias, como si me pudieran aplacar por su donación. Las posesiones legítimas se las reservan a sus descendientes. Esto no me agrada nada.

Una persona que desee complacerme con sus donaciones tiene que tener, ante todo, el deseo de enmendar su camino y después hacer todo el bien que pueda. Debe lamentarse y llorar por el mal que haya hecho y restituirlo, si puede. Si no puede, debe tener la intención de hacer restitución de sus bienes fraudulentamente adquiridos. Entonces, tiene que cuidarse de no volver a cometer dichos pecados. Si la persona a la que tiene que restituir sus bienes mal adquiridos ya no está viva, entonces me puede hacer a mí la donación, que a todos puedo devolverles el pago. Si no puede restituirlos, siempre que se humille ante mí con un propósito de enmienda y un corazón contrito, tengo los medios de hacer la restitución y, bien ahora o en el futuro, restaurar su propiedad a todos aquellos que hubieren sido estafados.

Te explicaré el significado de la casa que quiero construir. La casa es la vida religiosa. Yo soy el Creador de todas las cosas, a través de quien todo se ha hecho y existe, soy su fundamento. Hay cuatro paredes en esta casa. La primera es la justicia por la cual juzgo a los que son hostiles a esta casa. La segunda pared es la sabiduría, por la cual ilumino a sus habitantes con mi conocimiento y comprensión. La tercera es el poder mediante el cual los fortalezco contra las maquinaciones del demonio. La cuarta pared es mi misericordia, que acoge a cualquiera que la pida. En esta pared está la puerta de la gracia, a través de la cual, todos los buscadores son bienvenidos. El tejado de la casa es la caridad, mediante la cual cubro los pecados de aquellos que me aman, de forma que no sean sentenciados por sus faltas. El tragaluz del techo, por el que entra el sol, es la consideración de mi gracia.

A través de él se introduce en los habitantes el candor de mi divinidad. Que la pared sea grande y fuerte significa que nadie puede debilitar mis palabras ni destruirlas. Que debería ser moderadamente alta significa que mi sabiduría puede ser entendida y comprendida en parte, pero nunca completamente. Las ventanas sencillas y transparentes refieren que mis palabras son simples y, aún así, llega al mundo, a través de ellas, la luz del conocimiento divino. El tejado moderadamente alto significa que mis palabras no deben manifestarse de manera incomprensible o inalcanzable, sino en forma comprensible e inteligible.

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